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Los libros

La larga cadena femenina

  • El libro recopila fragmentos de novelas de 26 escritoras españolas de diferentes generaciones e ideologías, cuya narración se centra en la posguerra
  • A través de Ellas contaron la historia, el lector podrá hacerse una idea cabal de los asuntos que preocuparon a sus autoras a lo largo de casi cuatro décadas

Publicada el 12/03/2021 a las 06:00

Ellas contaron la historia
Novela y mirada de mujer (1939-1979)

Edición de José Luis Calvo Carilla
Institución Fernando El Católico
Zaragoza
2020

Este es uno de esos buenos libros que publican las instituciones públicas, a los que los medios suelen prestarles menos atención de la que debieran. Forma parte de la colección Letra última, dirigida por la profesora María Ángeles Naval, que consta ya de 12 volúmenes de interés, en la que encontramos libros de poesía y de cuentos, novelas y antologías.

Se trata de una recopilación de fragmentos representativos de novelas publicadas entre 1940 y el 2005, aunque algunas de ellas fueron escritas antes, sin que pudieran ver la luz a causa de la censura, por 26 escritoras españolas de diferentes orígenes sociales (del proletariado a la aristocracia), generaciones e ideologías (del falangismo al comunismo, pasando por el anarquismo y el feminismo, en algunos casos de raíz católica), cuya narración se centra en los distintos avatares de la vida durante la postguerra. A través de ellos, el lector podrá hacerse una idea cabal de los asuntos que preocuparon a estas autoras a lo largo de casi cuatro décadas.

De entre las narradoras seleccionadas, destacan obras de autoras representativas de esos años, como puedan ser Carmen Laforet, Carmen Martín Gaite, Josefina Aldecoa, Elena Quiroga, Esther Tusquets, Ana María Moix, Lourdes Ortiz o Rosa Montero. Se echa de menos, sobre todo, a Rosa Chacel, María Teresa León y Ana María Matute, la única de todas ellas que ganó el Premio Cervantes (otras han obtenido galardones como el Nadal, el Planeta, el Café Gijón, el Barral, el Tigre Juan, el Príncipe de Asturias, el de las Letras Españolas, el Ciudad de Barcelona, o el Ciudad de Barbastro y el España Errante), pero también podría haberse añadido a María Luz Morales y Carmen Kurtz. No faltan, es uno de los aciertos del libro, las narradoras del exilio republicano: María Dolores Boixadós, Luisa Carnés, Elena Fortún, Concha Castroviejo (su novela Los que se fueron, 1957, es considerada como la primera escrita en castellano que trata sobre el exilio, publicada en España), Carmen Mieza, Silvia Mistral o Carlota O'Neill. Todas ellas poco conocidas, con la excepción de la autora de Celia y la muy reivindicada en estos últimos años Luisa Carnés. La sorpresa más grata ha sido encontrar fragmentos de autoras y obras poco asequibles, a algunas ya las hemos citado, pero habría que mencionar el nombre de Elena Sanemeterio Navas, poco conocida hasta hoy.

El prólogo, la bibliografía, las breves presentaciones que contextualizan los textos recogidos, las sucintas biografías de las autoras y las actividades que se proponen para trabajar con las obras, todo ello al cuidado de José Luis Calvo Carilla, profesor en la Universidad de Zaragoza y uno los mejores conocedores de la literatura española de los siglos XX y XXI, resultan muy útiles, pues ayudan a entender y valorar mejor estas narraciones, en el contexto histórico del franquismo, el exilio y la Transición.

Contribuye también a ello la división del material en tres partes, denominadas: “Los desastres de la guerra”, “Sobrevivir en la posguerra” y “En torno a la Transición”. Tratan estas novelas de los avatares de la contienda (la toma de Madrid); del sacrificio de una generación; del hambre y la falta de aseo; del trabajo en los hospitales; la vida en las cárceles; la fisiología femenina; la condición del exiliado (“El hombre fuera de su patria no es nada”, se afirma con contundencia, p. 140); la vida en los campos de concentración del sur de Francia y la ruindad del país vecino con los exiliados republicanos; el sufrimiento de los niños; los años terribles de la Victoria; la vida de los exiliados en México y el deseo mutuo de diálogo con los que permanecieron en el interior (p. 142); las crisis matrimoniales; el relato detallado del nacimiento de un niño; el maquis, los del monte, que Luisa Carnés nos presenta como patriotas, los buenos hijos de España (p. 163); la visita de una niña de 5 años a su padre, en la cárcel, a quien solo puede ver a través de unas alambradas, a lo lejos; el viaje en tren de una señorita por la España profunda; el decepcionante reencuentro de una pareja tras la guerra, cuando él ya no es aquel hombre que ella esperaba; las gentes que suben y bajan de un autobús (otra variante de La colmena y de La noria); la condena que supone haber nacido mujer y la preocupación por el qué dirán..., en la narración de Concha Alós; el adulterio, en diferentes versiones, y sus correspondientes trampas; la prostitución, con sus razones y sinrazones; las huelgas en el campo andaluz, la represión y el caciquismo; el entierro de Franco visto desde la televisión de un bar; la separación de un matrimonio que ha militado en el antifranquismo, la explicación que ella nos proporciona, a través del retrato muy crítico de Enrique; la descripción de la familia de Esther Tusquets, vencedores en la guerra; el reencuentro en 1977, muchos años después, de dos mujeres, Irene (alter ego de Juana Doña, la autora) y Beatriz, y la revelación de un misterio que ni siquiera sospechaban, cuando “en el año setenta y ocho aún no habían comenzado las grandes decepciones ni las huidas en masa de los ideales” (p. 296); la vida en un internado femenino y la relación lésbica que mantienen Dorita y Sela; los abusos a los que Lidia somete a Julia, compañera de clase, la posterior estancia de esta en la Universidad, la rebeldía sin causa de una niña bien, el conflicto con sus padres y abuelos, las huelgas y manifestaciones, y la burla de los numerosos jóvenes que cultivan la poesía social; los inconvenientes a los que tiene que enfrentarse una joven separada y con un hijo, llamada Ana, y los acosos que padece de un falangista untuoso a quien le solicita trabajo, los agresivos acercamientos en los transportes públicos, etc.; y los problemas de la vida en pareja, con un personaje, Luis, prototipo del narcisismo y la estupidez, en la novela de Consuelo García. En el último texto, que proviene de Otras mujeres y Fabia (1982), de Carmen Gómez Ojea, situado al final del libro de manera muy oportuna, la protagonista se siente parte de una cadena de mujeres que han estado en el vientre de otras a lo largo de los siglos, lo que podríamos denominar la larga cadena femenina del ser.

Como lector, uno tiene la impresión de que hay mucho de histórico y autobiográfico en estas novelas, que a menudo utilizan el punto de vista femenino. En el fragmento que se recoge de El cuarto de atrás (1978), de Carmen Martín Gaite, podríamos hallar algunas pistas, no todas, ni mucho menos, sobre lo que el libro de Calvo Carilla nos quiere contar: “lo que yo quería rescatar era algo más inaprensible, eran las miguitas, no las piedrecitas blancas. Aquel verano releí también muchas novelas rosa, es muy importante el papel que jugaron las novelas rosa en la formación de las chicas de los años cuarenta. Bueno, y las canciones...” (p. 274 y 275).

No faltan en estos textos imágenes impactantes, como la del desfile por la Castellana de animales disecados de la colección Medinaceli que llevan al Museo de Ciencias Naturales (p. 85); o la del moro que guarda la cabeza de un muerto, con la dentadura de oro, en la bolsa de sus pantalones (p. 122). Ni tampoco los retratos y los detalles, a veces minuciosos, de la psicología de los personajes, ni las alusiones literarias, culturales (Lope de Vega, Gorki, Pedro Salinas o Silvio Pellico). Y todo contado a veces con un estilo que se caracteriza por la utilización de párrafos muy breves.

Calvo Carilla no elude cuestiones palpitantes y se mete en esos avisperos, de los que acaba saliendo bien parado, al plantearse —por ejemplo— si “la mujer aporta a la novela una visión del mundo distinta y, por lo general, más personal e íntima” (p. 15). El caso es que se muestra consciente de que puede ser un estereotipo más, aunque no ignora la parte de verdad que pueda tener en función de los temas tratados (p. 15). O la idea de la mujer nueva, que aparece en Carmen Laforet, a quien luego replica Almudena Grandes, desde una ideología muy diferente. Pero quizás el mayor mérito de esta antología estribe en llamar la atención sobre novelas que no conocíamos, abriéndonos el apetito y el deseo de leerlas.

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Fernando Valls es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario.

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