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Los diablos azules

Magdalena versus Fallarás

  • La escritora y periodista le da la vuelta a María de Magdala, la María Magdalena que ha pasado a la historia como la prostituta arrepentida que acompañó a Jesús
  • Estas son las memorias que escribe la mujer al final de su vida, tras intentar analizar lo que pasó con su amante y los discípulos que le acompañaron

 

Publicada el 19/03/2021 a las 06:00
La escritora y periodista Cristina Fallarás.

La escritora y periodista Cristina Fallarás.

EP

Escribir es buscar un punto de vista. Escribir es elegir un personaje, sentirte parte de él, desmenuzarlo, ponerte en su piel, pensar cómo lo haría tu protagonista. Es lo que ha querido hacer Cristina Fallarás en El Evangelio según María Magdalena (Ediciones B), una propuesta arriesgada, pero no la única de un tiempo a esta parte. Hay un intento por parte de las mujeres de dar voz a otras mujeres, de reescribir la historia que nos han tergiversado, de plantear otros supuestos, no solo factibles, también verosímiles y que pueden acercarse bastante más a la realidad que lo que nos han contado hasta ahora.

Se recuperan mujeres importantes que fueron pintoras y estaban en los sótanos de los Museos. Se recuperan científicas que hicieron una labor impagable, aunque no aparecieran en los libros de ciencia y fueran ellos los que se llevaron la gloria. Se recuperan políticas, pensadoras, escritoras de otros momentos que, llegando a ser muy importantes en su época, cayeron después en el olvido por el simple hecho de no volver a editar sus libros. Todo ese trabajo nos va acercando a una realidad distinta y nos hace ver la complejidad de la historia, lo que en verdad fue, no lo que nos contaron después. Y la literatura es un arma para ello. Hace unos años empezó esta corriente que espero sea duradera, porque nos va restituyendo en el lugar del que nunca debieron apearnos.

Recuerdo cuando las mujeres empezamos a cuestionarnos las pinturas de las cavernas, el arte paleolítico, y lanzamos la pregunta de por qué se suponía siempre que eran de hombres, cuando las que pasaban más tiempo en las cuevas eran las mujeres, portadoras además de la magia. (Los últimos estudios en Francia han concluido que la mayoría de las manos en las pinturas rupestres halladas en Europa son de mujeres). Me viene también a la cabeza una frase de Virginia Woolf: “Durante la mayor parte de la historia, ‘Anónimo’ era una mujer”. Pienso también en la escritora Margaret Atwood, no con el famoso El cuento de la criada, sino con una novelita titulada Penélope y las doce doncellas, en la que se atrevía a darle la vuelta al mito, me imagino que basada en Los mitos griegos de Robert Graves, analizados desde el punto de vista de cómo sirvieron para consolidar el patriarcado en relación a una etapa anterior, la del matriarcado, en el que la vida, la moral, las diosas, eran distintas. Me viene también a la cabeza el que la primera persona que aparece con sus textos firmados en la humanidad fue una mujer, Enheduanna, escritora acadia, hija del rey Sargón. 2285 a.C. Aún se conservan fragmentos de sus versos.

Y, ahora, Cristina Fallarás se atreve a darle la vuelta al personaje de María de Magdala, la María Magdalena que ha pasado a la historia como la prostituta arrepentida que acompañó a Jesús. ¿Por qué una novela? Al no haber suficientes testimonios es la mejor manera de recrear cómo pudo ser ese personaje que, a todas luces, debió de ser una mujer de gran carácter, al estilo de Cristina Fallarás, una mujer alta, con esa melena rojiza, esa potente voz arrolladora. No olvidemos que cada paso de una etapa histórica a otra se ha iniciado con la quema y destrucción de los vestigios anteriores, entre ellos, lo escrito, lo edificado, lo oral. Seguimos viendo que es así, no solo pasó con la biblioteca de Alejandría, también con la de Sarajevo, por poner un ejemplo, una de las más importantes que había en cruce de culturas, que recogía en su seno corrientes orientales de pensamiento y que fue barrida en la guerra civil de Yugoslavia. Por no hablar ya de los destrozos en Siria, la destrucción de Alepo, ciudad símbolo de convivencia de culturas y religiones. Luego la historia dirá que nunca se ha convivido entre distintas creencias. Si se borran los vestigios, ese será el discurso predominante.

Pero la literatura, la novela, nos da pie a la recreación de personajes míticos. Eso es lo que nos propone Cristina Fallarás. La Magdalena siempre ha sido un personaje fascinante, defendido por unos y denostado por otros, oculto para la mayoría. Y así la describe en el libro:

Soy fuerte. Eso soy y eso he sido… "No podréis conmigo".

 

Lo que propone Fallarás en El Evangelio según María Magdalena son unas memorias que escribe al final de su vida, tras reflexionar e intentar analizar lo que pasó con su amante, Jesús, y los discípulos que le acompañaron. No está de acuerdo con la versión oficial, la que se construyó y, por tanto, escribe la suya. Así le da para analizar la época, parte de los personajes evangélicos o de la historia conocida desde otro prisma, otra perspectiva: la femenina, el punto de vista de una mujer que amó.

No tengo tiempo de más. Ha pasado otra vida entera desde su desaparición. No tengo tiempo en términos estrictos, a mi ser en esta tierra le quedan quién sabe si días. Pese a eso, decido narrarme aquí, incluirme. Rechazo abiertamente en este momento cualquiera de los textos de Pablo de Tarso y sus semejantes que vierten su propia necesidad de permanecer en escritos de supuesta doctrina. Y, de ese modo, los intoxican. 

 

Según el libro, María de Magdala pertenecía a una familia adinerada, hija única, educada por su padre para que tuviera libertad de elección, algo poco frecuente en aquella época (o no, vayamos a saber). Culta, rica, descendiente de los asmoneos, que tuvo la única reina de los judíos: Salomé Alejandra. Con un padre de mente abierta, razonable, que deja un espacio en la casa para que determinadas mujeres, las curanderas, las sabias, pudieran encargarse de los partos, de mujeres que llegaban violadas, mutiladas, enfermas. Mujeres que curaban heridas, atendían a enfermos, conocían la medicina. Tras el asesinato de su padre a mano de los zelotes, Magdalena marcha a Roma, a vivir acogida en una familia de clase alta, a estudiar, a prepararse para encontrar un marido. Pero decide regresar a Magdala y regentar el negocio familiar, relacionado con la pesca. Ya tenemos el ambiente creado: los pescadores, los apóstoles que dejan su oficio para seguir a Jesús, los panes y peces que se multiplican y que no es otra cosa que las dotes organizativas de Magdalena, empeñada en dar de comer a todos los seguidores, a miles, que siguen a Jesús, alojado en su casa. Cuestiona el milagro, pues, por mucho que ella organizara la intendencia junto a sus colaboradoras, el fanatismo de la turba seguía viéndolo como un milagro, y no como ese trabajo oscuro hecho por mujeres que siempre es invisible. Y se enamora:

A él, el Nazareno, y a mí, María la Magdalena, nos juntó nuestra deformidad. Éramos una excepción, una excrecencia en nuestro tiempo. Ambos soberbios, ambos convencidos de que cualquier sacrificio da sus frutos. Ambos deformes. La diferencia entre él y yo residía en aquello que habíamos decidido sacrificar y para qué. Yo había resuelto pagar con una parte de mi vida la posibilidad de volver a ser, ser yo, o sea, la arrogancia no solo de conocerme, sino de vencer al otro, da igual quién fuera el otro, incluso si se trataba de una tradición milenaria e indestructible como la judía. Él había decidido pagar con su vida la posibilidad de ser eterno, convertirse en un texto, difundirse. Era un iluminado que se alimentaba de sí mismo. 

 

El último tercio del libro está centrado en dar otra visión de lo que pasó en aquella Pascua, en la entrada a la ciudad montado en el borrico, en lo que sucedió después, en la última cena, en la traición de sus seguidores más fieles, que no estuvieron allí y se inventaron después lo que pasó.

Con estas premisas intenta dar un vuelco a una historia no contada, sobre otra historia, acaso la más contada de todas y siempre sin tener en cuenta el otro punto de vista, el que ella intenta recrear, el femenino. Esa es la validez de su libro que, imagino, no sentará bien a mucha gente. Yo le reconozco el mérito y me he divertido, por su valentía, por intentar trastocar y dar la vuelta, por añadir a la historia que nos han contado ese otro punto de vista ausente que planteaba al principio de la reseña.

_____

Carmen Peire es escritora. Su último libro es Cuestión de Tiempo (Menoscuarto, 2017).

 

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14 Comentarios
  • MIglesias MIglesias 26/03/21 01:42

    A ese relato contribuyó activamente Gregorio Magno (s. VI) que fusionó en Magdalena las figuras de la mujer pública de Lucas, la suya propia y la de María hermana de Lázaro en una exégesis moralista que la presenta como pecadora redimida por la presencia de Jesús. Sin embargo para las primeras comunidades cristianas María Magdalena ocupa un lugar distinguido al lado de Jesús por derecho propio, los textos gnósticos la presentan en igualdad con el resto de discípulos, como en el evangelio de Tomás en el que aparece interviniendo en una asamblea de hombres y mujeres al mismo nivel, en el de Felipe en el que es la compañera de Jesús en una unión mística entre lo humano y lo divino, gracias a la cual se superaba la dualidad sexual que era interpretada como un signo de imperfección o en el Pistis Sophia en el que se presenta como exégeta de la palabra de Jesús, abriendo paso a la incorporación de las mujeres a dignidades sacerdotales a través de la experiencia espiritual por encima de la tradición. En todos estos textos aparece como una constante la rivalidad con Pedro que apunta una misoginia considerable hasta para la época.

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  • MIglesias MIglesias 25/03/21 19:15

    Cielos! Después de escribir un tocho que seguía al primero le he dado a borrar. Me voy a llorar un rato y luego si eso sigo. Porca miseria.

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  • MIglesias MIglesias 25/03/21 18:44

    Para entender la figura de María de Magdala en la Biblia hay que dar marcha atrás hasta el proceso de establecimiento del canon bíblico que se formaliza a finales del s.IV de nuestra era. En este proceso se descartan numerosos textos que no concuerdan con la cosmovisión que se pretende exponer, los llamados libros apócrifos.
    La Biblia no es un libro, es un conjunto de libros de diversos autores escritos en diferentes momentos hasta el s.II, con una línea unitaria que da cuerpo a la tradición.
    Hay que tener en cuenta que no es solo un texto religioso, sino también histórico, literario, mitológico, legal e identitario y por lo tanto el canon se establece en base a todos estos aspectos en un momento histórico y cultural determinado buscando una coherencia dogmática, literaria e histórica y que la religión cristiana es más ortodoxa que ortopráctica, al contrario que la judía que partiendo de unos textos comunes y de la tradición oral, da una gran importancia a la exégesis (midrash).
    En este contexto la figura de María aparece ubicada en un sistema social patriarcal en el que la mujer no tenía voz propia, pero de la interpretación de los libros tanto canónicos como apócrifos se desprende un estatus privilegiado, es la única mujer de la Biblia no definida por su pertenencia a un varón, no lleva el apellido de su padre, su hermano o de su esposo, sino el de Magdala, su lugar de nacimiento; en el evangelio de San Juan es la primera persona a la que se aparece Jesús después de resucitar y es nombrada como la primera de entre todas las mujeres que siguen a Jesús; los primeros padres de la iglesia occidental la definen como "apostola apostolarum" (apóstol de apóstoles) y para la iglesia oriental es "isapostolos" (igual que un apostol).
    Su condición de prostituta no está descrita en la Biblia, es una interpretación posterior en la que se la identifica con la "pecadora pública" de Lucas 7, 37-38, por su proximidad textual en el relato en el que se narra la presentación de María a Jesús (Lc 8, 1-3).

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  • poeta pucela poeta pucela 21/03/21 13:07

    yo he leido el libro y me ha gustado describe muy bien la realidad de ese tiempo y la relación de Magdalena con Jesús. Lo recomiendo

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  • Ayla* Ayla* 19/03/21 21:19

    Libro que leí en un día, no podía parar. Me supo a poco.

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    • Isabelle006# Isabelle006# 22/03/21 13:12

      El libro me ha enganchado desde el principio, hace años leí los evangelios extracanónigos, pero este libro narrado desde la óptica de una mujer como testigo extraordinario de aquellos sucesos, es fascinante.

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  • GRINGO GRINGO 19/03/21 10:56

    Hay algo que nunca me ha cuadrado sobre María Magdalena, su condición de "prostituta", algo que no encaja con su pertenencia a la Clase Alta, y si lo fue, porqué se debería arrepentir..

    Podría haber sido perfectamente una elección propia, orientada a facilitar el amor que era capaz de dar al prójimo, sabiendo de la incapacidad para acceder al sexo que tienen muchas personas, y la necesidad que tenemos todos de sentirnos amados, aunque sea sólo un momento.

    Con esto que comento, no trato de poner en duda que en nuestra sociedad, la inmensa mayoría de personas que ejercen esa profesión no lo hacen de forma voluntaria, y estaría bien que, por la seguridad presente y futura de las afectadas, se regulara convenientemente.

    No debemos cerrar los ojos ante ésta realidad, aunque nos incomode, las personas oprimidas lo agradecerán.

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    • MIglesias MIglesias 26/03/21 01:46

      Por mucha poética que quieras darle, la prostitución es prostitución, utilización y cosificación del cuerpo de la mujer para obtener placer. Para sentirnos amados no necesitamos el sexo. No le llames amor si quieres decir sexo.

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    • zarapitotrinador zarapitotrinador 19/03/21 14:27

      Gringo: en el libro en absoluto aparece como prostituta. Tampoco en muchos de los evangelios apócrifos de la época. Ha sido una manera de vilipendiarla.

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      • Isabelle006# Isabelle006# 22/03/21 13:38

        Cierto, entre los apócrifos hay un texto conocido como el evangelio según María Magdalena, que le da un papel mucho más preponderante a la figura de María, hija de Magdala, según los especialistas fue originalmente escrito en el siglo II.

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  • Rodik Rodik 19/03/21 10:06

    Realmente tenemos un gran desconocimiento de la Historia. Sólo sabemos lo que nos han contado, lo que ha llegado a nuestros días, tergiversado, manipulado y reinterpretado mil veces por todos estos que ahora nuevamente quieren llevarnos a esos tiempos oscuros, en los que la Humanidad cae ciclicamente.....
    Cristina Fallarás, seguramente será una de esas "brujas" de las que quemarán en la hoguera, aunque creo que ella ya lo sabe, porque bien parece la reencarnación de una de esas que quemaron en el pasado, que viene a recordarnos toda esa sabiduría que sistematicamente se ha tratado de ocultar, aunque esperemos que esta vez sólo sea metaforicamente.....

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    • GRINGO GRINGO 19/03/21 10:42

      La cruda realidad es que hay muchísima gente que no conoce ni la realidad que vive, como para pedirles que se ocupen de la Historia, eso sería "extraescolares" agotador....

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  • josemª josemª 19/03/21 08:59

    No hay que ir tan lejos. A Elinor Ostrom, primera mujer en ganar el premio Nobel de economía, en el 2009, no la conoce nadie. Su obra y su figura han sido totalmente silenciadas. en un mundo en el que tanto proliferan los cotilleos y especialmente sobre mujeres. es el "rayo que no cesa" del machismo y de la economía oficial que nos lleva al desastre.

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  • SirDrake SirDrake 18/03/21 23:05

    Siempre AGRADECIDO, es una suerte tener letras incendiarias, atrevimiento y valentia..... ahora solo nos falta que enseñen a leer, que la lectura sea un camino.... un aprender....
    SALUD

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