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Los diablos azules

Tres poemas de Ana Luísa Amaral

  • Recogemos tres piezas de la escritora, traducidas del portugués por Marisa Martínez Pérsico
  • Amaral, última ganadora del Premio Reina Sofía de Poesía, recitó estos versos con motivo de la Bienal Internacional de Poesía de Moscú

Ana Luísa Amaral
Publicada el 02/07/2021 a las 06:00 Actualizada el 26/07/2021 a las 18:08

Estos poemas fueron recitados por la escritora portuguesa Ana Luísa Amaral (Lisboa, 1956), ganadora del último Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, con motivo de la Bienal Internacional de Poesía de Moscú. Lo hizo en conversación con la poeta y doctora por la Universidad de Salamanca Marisa Martínez Pérsico, que traduce también estos versos y que se encargaba, junto al poeta griego Dimitris Angelis, de coordinar la Sección Sudeuropea (Southern Hub) del festival. Se recogen también los comentarios con los que Amaral fue introduciendo sus poemas.

_____

Ana Luísa Amaral. Bien, voy a leer en primer lugar, como acordamos, un poema que se llama “Prece no Mediterrâneo” [Oración en el Mediterráneo] que pertenece al libro Ágora, que es un libro que dialoga con la Biblia. Aquí aparece el Milagro de los Panes y los Peces que decora esa basilica increíble que es Sant'Apollinare Nuovo, en Ravenna. El poema es sobre los refugiados.

Prece no Mediterrâneo

Em vez de peixes, Senhor,

dai-nos a paz,

um mar que seja de ondas inocentes,

e, chegados à areia,

gente que veja com coração de ver,

vozes que nos aceitem

É tão dura a viagem

e até a espuma fere e ferve,

e, de tão alta, cega

durante a travessia

Fazei, Senhor, com que não haja

mortos desta vez,

que as rochas sejam longe,

que o vento se aquiete

e a vossa paz enfim

se multiplique

Mas depois da jangada,

da guerra, do cansaço,

depois dos braços abertos e sonoros,

sabia bem, Senhor,

um pão macio,

e um peixe, pode ser,

do mar

que é também nosso

 

Oración en el Mediterráneo

En vez de peces, Señor,

danos paz,

un mar que sea de olas inocentes,

y una vez en la arena

gente que mire con el corazón abierto,

voces que nos acepten

El viaje es tan difícil

que hasta la espuma hiere y hierve,

y es tan alta que ciega

durante la entera travesía

Haz, Señor, que no haya

muertos esta vez,

deja las rocas lejos,

que el viento amaine

y que tu paz por fin

se multiplique

Que después de la balsa

la guerra, la fatiga,

tras los brazos abiertos y sonoros,

haya, Señor,

un poco de pan tierno

y un pescado, tal vez,

del mar

que es también nuestro 

*

Ana Luísa Amaral. Y ahora voy a leer un poema breve que se llama “Matar é fácil” [“Matar es fácil”]. Esto pasó de verdad. Yo estaba en París y este mosquito se posó en la página donde estaba escribiendo.

Matar é fácil

Assassinei (tão fácil) com a unha

um pequeno mosquito

que aterrou sem licença e sem brevet

na folha de papel

Era em tom invisível,

asa sem consistência de visão

e fez, morto na folha, um rasto

em quase nada

Mas era um rasto

em resto de magia, pretexto

de poema, e ardendo a sua linfa

por um tempo menor

que o meu tempo de vida,

não deixava de ser

um tempo vivo

Abatido sem lança, nem punhal,

nem substância mortal

(um digno cianeto ou estricnina),

morreu, vítima de unha,

e regressou ao pó:

uma curta farinha triturada

Mas há-de sustentar,

tal como os seus parentes,

qualquer coisa concreta,

será, daqui a menos de anos cem,

de uma substância igual

à que alimenta tíbia de poeta,

o rosto que se amou,

a pasta do papel onde aqui estou,

o mais mínimo ponto imperturbável

de cauda de cometa

 

Matar es fácil

Asesiné (tan fácil) con la uña

un pequeño mosquito

que aterrizó sin permiso y sin licencia

en la hoja de papel

Era tan insustancial,

de alas imperceptibles a la vista,

que dejó, muerto en la hoja, un rastro

igual a casi nada

Pero era un rastro

con un resto de magia, un pretexto

de poema, y ​​con su linfa ardiendo

por un tiempo más breve

que mi vida

no dejaba de ser

un tiempo vivo

Abatido sin lanza ni puñal,

sin sustancia mortal

(digno cianuro o estricnina),

murió, víctima de una uña,

y volvió al polvo:

una efímera harina triturada

Mas ha de contener,

igual que sus parientes,

una cosa concreta,

que de aquí a unos cien años,

será la misma sustancia

la que alimenta la tibia de un poeta,

el rostro que se amó,

el pedazo de papel en el que escribo,

el más pequeño punto imperturbable

en la cola de un cometa (traducción mía – MMP)

*

Ana Luísa Amaral. Y para terminar, “O excesso mais perfeito” [“El exceso más perfecto”]. Fue el primer poema traducido al italiano por Livia Apa, en Parma (con ese jamón maravilloso que hay en Parma, ñam, ñam, ñam).

O excesso mais perfeito

Queria um poema de respiração tensa

e sem pudor.

Com a elegância redonda das mulheres barrocas

e o avesso todo do arbusto esguio.

Um poema que Rubens invejasse, ao ver,

lá do fundo de três séculos,

o seu corpo magnífico deitado sobre um divã,

e reclinados os braços nus,

só com pulseiras tão (mas tão) preciosas,

e um anjinho de cima,

no seu pequeno nicho feito nuvem,

a resguardá-lo, doce.

Um tal poema queria.

Muito mais tudo que as gregas dignidades

de equilíbrio.

Um poema feito de excessos e dourados,

e todavia muito belo na sua pujança obscura

e mística.

Ah, como eu queria um poema diferente

da pureza do granito, e da pureza do branco,

e da transparência das coisas transparentes.

Um poema exultando na angústia,

um largo rododendro cor de sangue.

Uma alameda inteira de rododendros por onde o vento,

ao passar, parasse deslumbrado

e em desvelo. E ali ficasse, aprisionado ao cântico

das suas pulseiras tão (mas tão)

preciosas.

Nu, de redondas formas, um tal poema queria.

Uma contra-reforma do silêncio.

Música, música, música a preencher-lhe o corpo

e o cabelo entrançado de flores e de serpentes,

e uma fonte de espanto polifónico

a escorrer-lhe dos dedos.

Reclinado em divã forrado de veludo,

a sua nudez redonda e plena

faria grifos e sereias empalidecer.

E aos pobres templos, de linhas tão contidas e tão puras,

tremer de medo só da fulguração

do seu olhar. Dourado.

Música, música, música e a explosão da cor.

Espreitando lá do fundo de três séculos,

um Murillo calado, ao ver que simples eram os seus anjos

junto dos anjos nus deste poema,

cantando em conjunção com outros

astros louros

salmodias de amor e de perfeito excesso.

Gôngora empalidece, como os grifos,

agora que o contempla.

Esta contra-reforma do silêncio.

A sua mão erguida rumo ao céu, carregada

de nada –

 

El exceso más perfecto

Quería un poema de respiración tensa

y sin pudor.

Con la elegancia redonda de las mujeres barrocas

y un refinado arbusto en su reverso.

Un poema que, de solo verlo, Rubens envidiase

desde lo hondo de tres siglos,

con un cuerpo magnífico recostado en un sofá,

y los brazos desnudos, reclinados,

con brazaletes tan (pero tan) bellos,

y un Cupido en la cima,

en su nicho de nubes,

para cuidarlo con ternura.

Quería un poema así.

Más allá de los ideales griegos

de equilibrio.

Un poema hecho de excesos y dorados

pero, aún así, hermoso de una fuerza oscura

y mística.

Ah, como quería un poema diferente,

de la pureza del granito, y la pureza del blanco,

y la transparencia de las cosas transparentes.

Un poema que exultara de angustia,

un gran rododendro color sangre.

Una entera avenida de rododendros donde el viento,

al pasar, se detuviera deslumbrado

y en desvelo. Y se quedara allí, preso en el canto

de sus brazaletes tan (pero tan)

bellos.

Desnudo, de redondas formas, tal poema quería.

Una contrarreforma del silencio.

Música, música, música ocupando su cuerpo

y el cabello con trenzas de flores y serpientes,

y una fuente de asombro polifónico

corriéndole en los dedos.

Tumbado en un sofá de terciopelo,

con su desnudez plena y redonda

haría palidecer grifos y sirenas.

Y los pobres templos, de líneas tan limpias y tan puras,

temblarían de miedo ante el fulgor

de su mirada. De oro.

Música, música, música y explosión de color.

Asomado desde el fondo de tres siglos,

un Murillo callado vería qué sencillos habían sido sus ángeles

comparados con los ángeles desnudos de este poema,

cantando a coro junto a otros

astros rubios

salmos de amor y de un perfecto exceso.

Como los grifos palidece Góngora

ahora que lo observa.

Esta contrarreforma del silencio.

Su mano levantada rumbo al cielo, cargada

de nada –

_____

Ana Luísa Amaral es poeta, ganadora del XXX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y autora de más de una treintena de libros. Los más recientes son Ágora (2019) o What's in a name (2017). 

Marisa Martínez Pérsico es poeta y doctora en Literatura Española e Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca.

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2 Comentarios
  • Confi Confi 05/07/21 08:46

    Que gran poeta

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    0

    0

  • pantera pantera 03/07/21 20:49

    Qué bien (re)encontrarnos con la poesía en la voz de nuestra vecina portuguesa Ana Luísa Amaral y la traducción de Marisa Martínez Pérsico. Felicidades por el premio y gracias por sus versos.

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