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Luces Rojas

La socialdemocracia, ¿cómplice o adversaria?

Publicada el 28/07/2015 a las 06:00 Actualizada el 27/07/2015 a las 21:02
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Huele a entreguerra. Huele a ese periodo de la historia magistralmente ilustrado en Lords of Finance que dio paso a los nacionalismos radicales. Un periodo definido por su inestabilidad política y económica, por una crisis económica arrastrada, por una deuda inasumible y humillante, exigida desde la moral y por una camisa de fuerza monetaria, unos tipos de cambio fijos que generaban asimetrías entre estados y forzaban políticas deflacionarias de austeridad. Unas políticas que, durante una década en Reino Unido o en el periodo del Canciller Heinrich Brüning alimentaron el extremismo que arrastró a Europa abismo.


Huele a nacionalismo y a miedo. Huele otra vez a esa sutil, recurrente convicción alemana de razón y virtud, a esa suave asunción de que el resto de países debemos saber cuál es nuestro lugar en la jerarquía, a esa percepción de que cuestionar lo decidido por los superiores, es insolencia.

Huele a tormenta, y a petricor. Hemos constatado en el retumbo que la democracia ha dado paso a los que saben lo que nos conviene. Hemos visto en un relámpago al poderoso humillando al débil. Oímos, como truenos, que solo son posibles unas políticas. Y los que se oponen, caen fulminados.

¿Qué papel ha jugado la socialdemocracia?

Los errores de análisis y visión, se pagan. La socialdemocracia apostó sin apenas crítica interna por el euro y esa falta de análisis se ha vuelto ahora fatal para su proyecto político de igualdad.

En el plano económico, es ya sabido que la puesta en marcha de una moneda con serias deficiencias, sin mecanismos de transferencia que amortiguasen los choques asimétricos, fue un acierto solo para determinadas políticas y para el modelo productivo alemán. En realidad, como apunta Wolfgang Münchau, el euro es más un tipo fijo de cambio tóxico que una moneda única. A su calor, se crearon instituciones con un alto grado de discrecionalidad y de informalidad, sin control democrático de la ciudadanía, como el Eurogrupo, o como el BCE, con una arquitectura institucional puramente ordoliberal y cuasi-deflacionaria para un euro que recuerda al patrón oro. Cuando el sudden stop de los flujos de liquidez norte-sur secó de liquidez, inversión y consumo unas economías del sur adaptadas a esos flujos (Paul de Grauwe), el diagnóstico ordoliberal de la competitividad y el despilfarro público se impuso. Se aprobaron nuevas vueltas de tuerca, como el Pacto del Euro, que apuesta por la competitividad, por menos protección laboral y la “sostenibilidad” del estado del bienestar o legislaciones como el two pack o el sixpack, ampliando el pacto de estabilidad y crecimiento hasta el control de los presupuestos de los estados de la UE. La reducción del estado del bienestar y la regla de oro pasaron a ser elementos casi constitucionales en la Unión Europea, especialmente en la zona euro y, como muestra Ignacio Urquizu en su libro La Socialdemocracia ¿qué crisis?, los partidos socialdemócratas dentro de la zona euro interiorizaron las limitaciones impuestas por el corsé del euro limitando sus demandas de izquierdas.

En el plano político, desde una bella voluntad europeísta se aceptó la reunificación de Alemania y la ampliación de la UE a múltiples países del este sin apenas controles o garantías del mantenimiento del equilibrio existente. La Unión Europea franco-alemana, norte-sur, mutó hacia un juego de contrapesos entre norte, sur y este como ilustran Naurin y Lindhal. El eje franco-alemán dejó de ser el central y, en su lugar se situó gradualmente el actor que vertebra las tres placas tectónicas, Alemania, pivotando ahora con el norte, ahora con el este, ahora con Francia y el sur, desplegando su influencia en nuevas instituciones y apostando por la dinámica intergubernamental. En poco tiempo, el mensaje estaba lanzado: nada o casi nada en asuntos monetarios o macroeconómicos podía aprobarse sin Alemania. La sombra del poder o del voto, el convencer a los demás de que tienes el poder o lo vas a ejercer, es muchas veces el propio poder.

En toda esta deriva hacia un proyecto ordoliberal, ¿ha sido la socialdemocracia engañada? ¿No podía hacer otra cosa? ¿Es un problema de captura ideológica de las élites socialdemócratas por el poder económico? Es difícil saberlo, pero si no fueron conscientes de lo que estaban alimentando, su falta de visión política es imperdonable y si lo sabían, lo sospechaban o consintieron buscando el corto plazo, su falta de visión es injustificable. Incluso desde el cinismo más racional, legitimar instituciones o cambios de equilibrios políticos que socavan los cimientos de tu proyecto político es peor que un crimen: es un error.

¿Qué papel le queda a la socialdemocracia?

En el brillante artículo de Victor Lapuente “Socialdemocracia, las crisis le sientan muy bien” el autor defiende una tesis clásica. La socialdemocracia triunfa cuando se modera y pacta, cuando cede. Su esencia es la tierra de nadie entre solidaridad y mercado, no la igualdad. La socialdemocracia ha logrado sus mayores triunfos cuando busca esa tierra de nadie, dominando el centro político. Pero en su argumentación Lapuente omite, me temo, muchos elementos clave.

En primer lugar omite el papel de la URSS. La amenaza soviética es un factor que no se puede obviar para explicar el éxito de la socialdemocracia. En segundo lugar, debido a tendencias sociodemográficas y a la convicción casi religiosa de un marxismo en su cúspide, el liberalismo jugaba a la defensiva y la estrategia del pacto entonces era óptima para la socialdemocracia, pues establecía como razonables y constitucionalizaba desde la negociación los cambios ideológicos que proponía. Y para terminar, Lapuente evita reconocer que el verdadero poder, nunca está del lado de la igualdad. Sin un contrapeso adecuado y una voluntad firme, una negociación se convierte siempre en una cesión.

Negociar sin buscar ganar ha demostrado ser en este momento histórico en el que la ideología liberal ha perdido el miedo al comunismo una estrategia que ya no funciona. No solo permite al liberalismo presentarse como razonable y constitucionalizar sus preceptos básicos, sino que compromete a la socialdemocracia con valores y proyectos como la regla de oro, la austeridad, la “sostenibilidad” del estado del bienestar y la apuesta por el libre mercado y el TTIP, que contravienen su proyecto político de igualdad.

Pero, ¿se puede renunciar a la negociación, a la transacción? Por supuesto que no. Lapuente tiene razón en que la negociación y el acuerdo, la moderación y la cesión, son centrales para la socialdemocracia. Pero la confusión estriba en que esas estrategias, el grado y el tono de las mismas son instrumentales para conseguir el objetivo, la igualdad, no objetivos en sí mismos. Negociar para que tu adversario prospere promoviendo sus marcos y políticas no es inteligente ni racional y decir eso no significa renunciar a la negociación. El problema no es la falta de voluntad de paz. El problema es no prepararse para la guerra: si vis pacem, para bellum.

La socialdemocracia ha interiorizado su papel de derrotada y su debilidad en la negociación hasta tal punto que no acude a la batalla con cartas y voluntad ganadora. Acude a la negociación, sí, ya derrotada: como dijo Margaret Thatcher, "su mayor victoria no fueron sus políticas sino que Tony Blair no diese la batalla para cambiarlas". Además, la socialdemocracia evita deliberadamente que se visibilice su derrota, lo cual es un error: a veces es esa visibilidad la que siembra la semilla de futuras victorias y su ausencia indica aquiescencia o acuerdo con el adversario.

Si algo puede aprender la socialdemocracia del fiasco griego es que, siendo derrotado abrumadoramente, Tsipras, de alguna forma, ha vencido a Alemania. Negociando a máximos y mostrando la victoria y la derrota por lo que son, ha mostrado que Alemania impone una opción política concreta, ha desenmascarado unas fuerzas que parecían casi invisibles. A veces, pelear con claridad por lo que defiendes, dar la batalla y perder, ilumina a los vencedores y a los vencidos, y muestra que si hay alternativas a las políticas liberales, planteadas como inevitables.

¿Cómplice o adversaria?

Al final, estas son las dos opciones que tiene la socialdemocracia. Incluso manteniendo su estilo y su moderación, su negociación continúa, la socialdemocracia tiene que reflexionar sobre si su estrategia negociadora clásica funciona en el siglo XXI. Son muchos años ya de retroceso continuado, de derrotas silenciosas, de constitucionalización de la desigualdad, y de legitimación del ordoliberalismo como para seguir apostando por una estrategia que, en Europa, ha demostrado su impotencia. Hay que seguir negociando, cediendo y pactando, sí, pero con otro tono, abandonando la capitulación previa y el silencio en la victoria y la derrota. Hay que recuperar la voluntad de hegemonía. A veces tocará disentir y fracasar contra el poder hasta que sea evidente quién gana y por qué gana. Y, por supuesto, hay que dejar de legitimar los marcos y las políticas liberales.

La socialdemocracia lleva décadas ya de retroceso continuado, tanto electoralmente como en su proyecto de sociedad. Es hora de reflexionar y cambiar de estrategia. La negociación y el tono es solo un instrumento, no un objetivo.

El objetivo es la igualdad.

_______________________
Ignacio Paredero Huerta es sociólogo, politólogo y becario FPU en la Universidad de Salamanca, donde imparte docencia. Su tesis se centra en las divisiones sociopolíticas Norte-Sur-Este en la Unión Europea, para la cual ha realizado una estancia de investigación en el Parlamento Europeo.


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17 Comentarios
  • Rafael María Rafael María 28/07/15 19:05

    La socialdemocracia es uno de los temas clásicos para los analistas de las izquierdas, como diría el maestro Montalbán. Su autodestrucción como fuerza alternativa por abducción del sistema neoliberal merece la pena ser investigada. ¿Para cuándo un riguroso análisis de la autovoladura del muro comunista? Sin una autocrítica fina y profunda, difícilmente se desarrollará una evolución política más allá de la indignación y la derrota ante el poder alemán.  Hay ideas y propuestas, pero... ¿quién puede vertebrarlas? El nuevo sujeto histórico requiere imaginación y consciencia, más aún, que un nuevo programa. El diálogo y la reflexión colectiva pueden ser un gran instrumento para dar alas a la evolución que necesitamos para salir de la rabia a la arena... 

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    • Irenepaz Irenepaz 28/07/15 21:43

      Su comentario me ha parecido el mejor. el dialogo y la reflexión colectiva como instrumento, desde que en España surgio el 15M, han cambiado la percepción de las cosas. Los ciudadanos nos comunicamos más y mejor un ejemplo es infolibre o diario.es o  otros medios de información alternativos donde es interesante debatir y leer cada opinión. Es otra manera de información de saber. Un saludo 

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  • L´inconsciente L´inconsciente 28/07/15 18:01

    Muchas gracias por el artículo, además estoy de acuerdo con lo que dice. Creo que tiene mucho que ver con un extenso artículo de opinión publicado hoy en El Mundo titulado “La valentía de la desesperanza” escrito por Slavoj Zizek, y que recomiendo fervientemente. Hacer ver al enemigo el resultado de sus acciones le pone en evidencia y aunque hay una vaga probabilidad de que recapacite pudiera ser que se viera obligado a ello si es la sociedad la que toma conciencia. No sé si aquí admiten enlaces o está considerado Apología de la Competencia pero lo voy a intentar. Un saludo. http://www.elmundo.es/opinion/2015/07/28/55b65ff8268e3e4d678b4596.html

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  • Antonio Basanta Antonio Basanta 28/07/15 14:16

    Buen artículo, pero limitado, porque olvida el cambio mas importante que explicaría la estupefacción política del socialismo democrático europeo. Ni que decir tiene que las izquierdas mas radicales la estupefacción debiera ser mayor: No entienden nada. El cambio mas importante, sin el que no se puede entender las dudas del socialismo democrático, es la globalización, la munidalización de la economía y la aprición de paises emergentes, que compiten en un mercado global. La socialdemocracia europea tiene que conseguir por un lado que Europa sea mas competitiva en el mercado global, cosa que solo puede hacer estando mas unida política y economicamente y tirar de la igualdad dentro de cada país y dentro del conjunto europeo. Plantear eso de manera individual en cada país le llevaria a la irrelevancia política y a la decadencia economica. Por eso, el quid de la questión es intentar conseguir la dosis de igualdad necesaria en cada país y dentro de Europa aumentando la competencia global.

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    • Arouet Arouet 28/07/15 15:58

      En efecto la globalización es la clave porque significa transferencias millonarias desde los paises desarrollados hacia las economías emergentes en la que los grandes beneficiarios son las élites corruptas de los emergentes, las multinacionales y sus accionistas que succionan los beneficios y a través de los paraísos fiscales no tributan por sus beneficios, acumulando cantidades ingentes de dinero que promueven el capitalismo financiero de casino. La gente no se beneficia, solo pierde y además se rompe el contrato social que ha sustentado la socialdemocracia. La solución, más Europa reconvertida en la fortaleza protegida contra el dumping social, ambiental y fiscal y contra el capitalismo de casino y entonces si dispondrá de recursos para financiar el estado del bienestar o salir de Europa apostando por un cambio de alineamiento geopolítico rompiendo el statuquo. Ese es el drama de la socialdemocracia, para sobrevivir tiene que romper con lo correcto políticamente.

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      • Antonio Basanta Antonio Basanta 29/07/15 08:27

        En realidad su panfleto (en el sentido volteriano) no dice nada, dice cosas sin ton ni son. ¿Intenta decir que no son beneficiados los 600 millones de chinos que han dejado el hambre? ¿Ni los 300 millones de indues que han dejado la extrema pobreza? !Que cosas cuenta usted!. Luego propone para Europa barreras proteccionistas como si estuvieramos al comienzo del siglo XX. ¿Protegidas por ejércitos y guerras como en el siglo XX? En general dice usted topicos de los manuales panfletarios sobre la globalización. Ya se que el drama del socialismo democratico en Europa va unido al drama de la propia Europa y su pérdida de poder en un mundo globalizado, pérdida que solo se puede solventar con mas Europa unida, mas producción, mas productividad, mas inteligencia, mas iniciativas y a la vez mas igualación social. A la vez, no igualdad SI y productividad NO, porque es imposible.

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        • Arouet Arouet 29/07/15 17:04

          Los país es periféricos solo podemos ser competitivos con una devaluación interna de caballo, porque nunca podremos ser competitivos en la mayoría de los sectores industriales porque gracias a la eficacia de nuestros gobernantes no hicimos a tiempo el cambio de modelo. Su propuesta es salarios de miseria, servicios públicos privados de calidad y públicos para pobres, eliminación de las trabas a la destrucción del medio ambiente viva el CO, viva la contaminación para ser competitivos. Ese es el mantra del tea party y el problema de la social democracia es que se mantiene en sus tópicos de liberalización de mercados y de la superioridad de los mercados como acaban de decir los sabios de Merkel. No regulemos dejemos que las élites extractivas nos exploten y se lo lleven crudo y demos gracias al capitalismo compasivo de permitirnos cobrar 400 euros de pensión. Pues no

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          • Antonio Basanta Antonio Basanta 29/07/15 22:04

            Otro panfleto. Es imposible debatir con un panfleto.

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            • Arouet Arouet 30/07/15 17:19

              Panfletos!!! Pura realidad. Panfleto es decir que Martín Schulz es de izquierdas o social demócrata, Panfleto es votar a Juncker. Panfleto es humillar a Grecia. Panfleto es apoyar el tratado trasatlántico. Panfleto es llamar panfleto a todo para no reconocer la incapacidad de garantizar un estado del bienestar desde el social democratismo de tercera vía blairiana. Una pregunta, gravamos las transacciones financieras en serio o con el 0.05% y aun con esa tasa ridícula hay dudas. Simplemente la SD o se resetea o desaparece. Creo que desaparecerá porque esta demasiado involucrada ya con las élites extractivas con las que se mueven las puertas giratorias.

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        • Arouet Arouet 29/07/15 16:57

          Siento discrepar y en su posición esta el origen de la decadencia de los socialdemócratas. El debate de la fortaleza europea no es de 1900 pocos sino de aquí y ahora. Los chinos e indios comidos y poco más es la gran coartada del capital financiero y de las multinacionales. Tomemos un ejemplo la iPad con la que escribo se produce en China se produce por un fabricante chino que explota a sus empleados y que suele tener buenas relaciones con el partido, la iPad se vende a Apple por unos 60$ y se vende en el CI a 500 $ donde se queda la diferencia, ni beneficia al consumidor europeo, ni beneficia al chino solo al explotador, los impuestos se evaden como bien sabemos, los beneficios se depositan en paraísos fiscales para alimentar el capitalismo de casino. Y de paso nos cargamos nuestro estado de bienestar para qu exploten a gusto a los chinos, para que destrocen su medioambiente, y para que evadan los impuestos. Esa es la globalización real y su defensa es patética.

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          • Antonio Basanta Antonio Basanta 29/07/15 22:04

            Vaya panfleto que me suelta

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  • viaje_itaca viaje_itaca 28/07/15 14:03

    La democracia, desde los mismos inicios con Bernstein, siempre ha tirado al liberalismo. Si el liberalismo, amenazado por el riesgo que suponía el atractivo de la URSS cuando no se conocía realmente lo que ocurría en ella, cedía, les dejaba gobernar un poco para aplicar la política Bismark: hacer concesiones para evitar riesgos revolucionarios, pero la situación distaba de ser estacionaria. Simplemente, se esperaban mejores tiempos, con el declive de la URSS. En ese momento, surgió el neoliberalismo, con apoyos importantísimos en las ambiciones de USA. Y los partidos autodenominados socialdemócratas, que ya siempre les tiró el asunto, se convirtieron de hecho en neoliberales. Su apoyo al proyecto europeo, al timo de la UE, bien descrito en estas páginas, así lo demuestra.

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  • LUIS RAMON LUIS RAMON 28/07/15 10:14

    Magnífico artículo. El problema de la socialdemocracia es que ya no busca cambiar las cosas. Se conforma con que no empeoren. Se limita a subsistir para no desaparecer "virgencita virgencita que me quede como estoy". Está tan desvirtuada que se ha convertido en una caricatura de sí misma. Y al más mínimo atisbo de recuperar sus orígenes los neoliberales la ponen en su sitio con la manida táctica de ¡cuidado que vuelven los radicales! ¡que vuelven los soviets! que sorprendentemente les sigue funcionando

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  • benicadell benicadell 28/07/15 08:44

    "Negociar sin buscar ganar ha demostrado ser en este momento histórico en el que la ideología liberal ha perdido el miedo al comunismo una estrategia que ya no funciona."Creo que el liberalismo y el comunismo son lo mismo. Control de unos pocos sobre unos muchos. La libertad u obligación de vestirte con uniforme o sin el en esencia no es lo importante. Un esclavo que profesa una religión libremente es igual de esclavo  que al que le obligan a no profesar ninguna religión. Ya no se trata de si socialdemocracia o liberalismo. Se trata de hacer respetar los derechos humanos, hete aquí  la gravedad del asunto.

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  • Hormiga Hormiga 28/07/15 00:02

    La socialdemocracia no es el contrapeso del sistema sino la perversa creación del mismo para tener bajo control a las fuerzas opuestas y para dar credibilidad democrática a un sistema que teme las manifestaciones democráticas que escapen a su dictado. La socialdemocracia es el gran y peligrosísimo engaño. Nunca llegaremos a terrenos de igualdad por medio de ella.

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    • MI15 MI15 28/07/15 11:23

      Exactamente. No nos engañemos, son las dos caras de una misma moneda de ahí su retroceso. ¿Qué pensar de esa operación de marketing que sitúa como jefe de una oposición deslavazada a un tal Pedro Sánchez venido directamente de las entrañas del mismo sistema? ¿Es este el que va a regenerar la iz cuando uno de sus primeros movimientos es torpedear y cargarse el ala más izquierdista de Madrid para colocar a una de los suyos mediante unas primarias con apariencia de democracia?

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    • Bacante Bacante 28/07/15 09:07

      Y no nos engañemos, camuflando esa gran verdad. Un saludo. 

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