x

Nos gustaría enviarte notificaciones de las últimas noticias y novedades

PERMITIR
NO, GRACIAS
X

La buena información es más valiosa que nunca | Suscríbete a infoLibre por sólo 1 los primeros 15 días

Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Luces Rojas

Por qué Rajoy puede llegar de nuevo a la Moncloa

Publicada el 13/10/2015 a las 06:00
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

EFE
Hace unos días Ignacio Sánchez-Cuenca levantó un interesante debate con su atinado artículo ¿Y si al final no pasa nada?, en el que interpretaba las últimas encuestas que señalaban el retroceso de los partidos emergentes y el fortalecimiento de los partidos tradicionales en España, poniéndolo en relación con una tendencia general europea según la cual las sociedades acaudaladas siempre preferirían el “malo conocido” al “bueno por conocer”.

Aurora Nacarino, más que enmendar sus ideas, las complementó, regalándonos una deliciosa cita de Michael Oakeshott que nunca sobrará repetir: el conservadurismo es “preferir lo familiar a lo desconocido, lo contrastado a lo no probado, los hechos al misterio, lo real a lo posible, lo limitado a lo desenfrenado, lo cercano a lo distante, lo suficiente a lo superabundante, lo conveniente a lo perfecto, la risa presente a la dicha utópica”. Ignacio Paredero, por su parte, señaló que, independientemente de lo que sucediera en estas elecciones, la falta de cambios económicos e institucionales de fondo en Europa suponía una salida en falso de la crisis, por lo que seguiremos con toda probabilidad encontrándonos en el futuro cercano con réplicas de los problemas actuales y por tanto con una contestación popular con seguridad crecida.

Para muchos, sin embargo, la pregunta es más limitada. No se trata de entender por qué las demandas de cambio político de gran parte de la ciudadanía pueden no llegar a materializarse, sino simplemente cómo es posible que un partido tan profundamente podrido de raíz como el Partido Popular puede volver a ganar en España con unas cotas cercanas al 30% del voto. Las principales comunidades autónomas de poder popular han sido desnudadas por medios de información y organismos de justicia para mostrarnos una corrupción estructural que nada tiene que ver con el discurso defensivo del partido del Gobierno, que pinta los casos sacados a la luz como las “normales” ovejas negras que existen en todo corral.

Hemos presenciado cómo las fórmulas de enriquecimiento personal y de partido formaban parte de una cultura no sólo consentida, sino institucionalizada, y cómo la rendición de cuentas por los casos descubiertos brillaba por su ausencia, mediante una asunción de responsabilidades a mil leguas de los modos noreuropeos en los que pretendemos reflejarnos. Es decir, lo más terrible de este Gobierno no ha sido constatar cómo el partido gubernamental, y/o particulares dentro de él, se lucraban con dinero sucio mediante redes perfectamente organizadas, sino cómo el descubrimiento de estos mecanismos ha sido asumido por sus culpables como si no supusieran pecado alguno, como si por ello no debieran sufrir ninguna vergüenza. Para algunos es en esta obscenidad donde reside lo tremendo.

Y sin embargo el PP muy probablemente vuelva a ganar. Para explicarlo, la definición clásica de conservadurismo me parece insuficiente. No son pocos los pensadores sobre el conservadurismo que han llegado a la conclusión de que existe un germen profundo de la mentalidad conservadora que va más allá del propio deseo de conservar. Según ellos, el origen del conservadurismo se halla en su visión radicalmente pesimista de la naturaleza humana. El hombre es imperfecto o incluso malvado en esencia, y consecuentemente este estado natural no es perfectible ni puede ser enmendado.

El mito del pecado original en los países cristianos puede coadyuvar a esta concepción aunque, como decía Kaltenbrunnen, cabe verlo más bien al contrario: la mentalidad conservadora crea en cada una de sus culturas los mitos que explican y legitiman su concepción del mundo. Según esta interpretación, el conservadurismo sería la suma de una visión antropológica de la maldad inherente al hombre combinada con un fatalismo esencialista, según el cual no existe posibilidad de cambio ni de progreso. Y de estas dos convicciones combinadas derivarán todas las demás: conservadurismo (en realidad no es posible el cambio) o autoritarismo (al hombre hay que vigilarle y castigarle), entre otras.

Tal vez desde esta perspectiva nos sea algo más accesible entender a este 25-30% de votantes que todavía se muestran dispuestos a apoyar al partido al que tanta inmundicia se le ha descubierto en sus sentinas. Según este electorado, no hay alternativa a estas formas de hacer política. Los que prometen otra cosa son ingenuos o “buenistas” (maravilloso término) que, o bien se engañan a sí mismos, o bien intentan engañar a cándidos oídos prometiendo falsos edenes.

En lenguaje popular se expresa esta filosofía en el “todos son iguales”. Como afirmaba un tertuliano televisivo, desde el mismo momento en que se otorga un coche oficial al recién llegado (entiéndase que a cualquiera: principio esencialista), se comportará de la misma manera reprobable (principio pesimista). Sólo entonces entraría lo que normalmente se entiende como el principio conservador, como enunció la secretaría de Estado norteamericana respecto a Somoza: “Es posible que sea un hijo puta, pero es nuestro hijo de puta”.

Siempre he creído que Rajoy ha sido el más conservador de nuestros líderes conservadores, porque la escala del conservadurismo no es exactamente la misma que la del radicalismo derechista, es más, pueden resultar divergentes y hasta opuestas. Aznar fue un radical de derechas, en cuya cabeza guardaba la creencia en el cambio de las cosas, en la política proactiva. Aznar actuaba y transformaba según, por supuesto, sus propios principios y objetivos.

Rajoy, en cambio, representa la quintaesencia del conservador. Su pasividad fatalista le lleva a la inacción. Resistir, ser fuerte, permanecer –como buen gallego– impertérrito ante días y días de azotador temporal. No cambiar, no mover un músculo, dejarse agitar como un junco para no desplazarse del sitio. Es el que se mueve el que puede acabar herido. Inmóvil ante las adversidades, siempre se acaba venciendo. Sobre Rajoy se cierne la sospecha de que no cambió a alguno de sus ministros no porque no creyera que su acción política estaba resultando deplorable, sino porque se hallaba convencido de que no podía mejorarse.

Nadie como Rajoy ha podido entender la raíz conservadora de sus apoyos ciudadanos. Cualquier derechista como Aznar habría actuado para intentar cambiar algo, aunque sólo fuera como mero mecanismo instrumental o cosmético. Rajoy, en cambio, ha sabido enganchar con todos aquellos que tienen la misma concepción inmutable y fatalista de la acción política. Para mi sorpresa al menos, son muchos, muchísimos los que consideran que no existe alternativa a lo que tenemos.

Incluso en la apuesta programática del presidente del Gobierno a envidarlo todo a una sola carta, la de la recuperación económica, hay mucho de un pesimismo antropológico del que cree que el hombre sólo se rige por el enriquecimiento, sin que en la ecuación tengan mayor importancia otros principios, como por ejemplo la moralidad política. Y parece que de nuevo va a acertar en gran medida: entiéndase, claro, que va a sintonizar con un enorme sector de la población que piensa de la misma manera.

Con todo esto quiero decir que Sánchez-Cuenca y Nacarino tienen sólo una parte de razón en sus explicaciones. Porque rasgos de conservadurismo tenemos todos. En realidad, cada uno de nosotros estamos diariamente resolviendo grandes o pequeñas ecuaciones entre la seguridad de la conservación versus el riesgo del cambio. Pero lo que hace al conservador real y extremo comportarse como tal es su fatalismo antropológico, que le impermeabiliza frente a las pulsiones transformadoras. Es el fatalismo y no el conservadurismo entendido al uso lo que puede llevar de nuevo al PP a la Moncloa. Vistas así las cosas lo que aterra no es el cinismo, la desvergüenza ni la obscenidad ante la inmoralidad política de una parte de nuestra clase dirigente, sino esa generalizada y devastadora visión pesimista de nosotros mismos.

_____________________________________

Ramiro Feijoo es profesor de Historia Cultural y director de Washington University in St. Louis en España y autor de varios ensayos históricos.
 

Volver a Luces Rojas
Más contenidos sobre este tema




17 Comentarios
  • cepeda cepeda 15/10/15 11:47

    1.El PP no va a ganar a pesar de que ha conseguido frenar la caída de España en la intervención y recuperar, algo, la economía (que crece que más que la mayoría del resto de países de la UE). 2.El PP no va a ganar porque... NO TIENE LIDER. alguien que convenza y se lleve a los ciudadanos detrás de él... como hizo durante 14 años Felipe González... por ejemplo. Estoy de acuerdo en que es serio,  responsable, con visión de estado, prudente (demasiado)....etc, etc, etc PERO NO ES LÍDER y ese es un requisito, sine qua non, ante una situación como la actual. 3.El PP no va a ganar porque está dividido y porque los "liberales" (con lo ajeno) dirigidos por Aznar le han puesto la proa.... y sabido es que los ciudadanos españoles castigamos ese comportamiento. 4.Si el PP no va a ganar.... me parece que nos quedan dos opciones con posibilidades. El PSOE (es decir Zapaterismo 2.0) o Ciudadanos (un partido de aluvión nucleado en torno a un líder joven que es muy bueno debatiendo PERO que hasta ahora no ha tenido responsabilidades de gestión) 5.En estas circunstancias no es necesario ser pitoniso para saber que, después del 20D, tanto las dificultades como la prima de riesgo... van a crecer (y las preocupaciones por el futuro de España...) también).

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    0

    0

    • LUIS RAMON LUIS RAMON 15/10/15 20:06

      A pesar de lo que dice usted en su comentario, yo creo que el PP por desgracia va a ganar las elecciones. Otra cosa es que pueda gobernar. En cuanto a la última parte de su comentario, fíjese usted Sr. Cepeda que si dudamos de aquellos jóvenes que no han tenido responsabilidades de gestión, siempre acabarían gobernando los mismos y esos ya sabemos lo que tienen que ofrecer. En mi opinión es necesario el cambio, hay que ser valientes y apostar por gente joven que se atreva a dar un vuelco a este país y no es bueno, en mi opinión, que la prima de riesgo condicione nuestro voto. A mí me gustaría que la gente conservadora se decantara por C's y la de izquierdas por PODEMOS o IU. Yo lo voy a hacer.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      0

  • Tubal Tubal 14/10/15 11:57

    Es bueno este artículo porque toca, aunque sólo sea de soslayo, la raíz antropológica del problema. Lo que los científicos han llamado cerebro primitivo o "de serpiente", albergue de los instintos primarios humanos, ha necesitado milloenios para verse recubierto por nuevas capas cerebrales....Yendo al grano: sin asumir los riesgos que implica la evolución no habría habido nunca evolución. Lo verdaderamente importante es que exista una oposición fuerte, inteligente y activa a partir del próximo 20 de diciembre. El inmovilismo de los "rajoys" no va a ser desarraigado de la noche a la mañana, pero la sacudida que se les dé debería marcar (esta vez, de verdad) el CAMBIO que permita la evolución cultural-ciudadana estancada desde 1978 (por lo menos).

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • LUIS RAMON LUIS RAMON 13/10/15 21:19

    Muy buen artículo. Tal como yo lo veo, entre los conservadores de derechas hay dos grupos: El primero votará siempre al PP. Hagan lo que hagan y roben lo que roben. Es el voto cautivo que todos los partidos tienen. El problema es que el voto cautivo del PP es muy alto (en torno a l 25-30% en mi opinión) y ese lo tiene seguro. El que Rajoy pueda gobernar o no depende del segundo grupo, es decir, de aquellos que no tienen su voto comprometido y son capaces de cambiar según las circunstancias. Igual que al Sr Feijoo a mí también me alucina ver que elección tras elección el PP sigue siendo el más votado, no porque sea de derechas o no, si no porque es el partido más corrupto de la historia de la democracia moderna que se va a ir de rositas con el único argumento del "Pues anda que tú". Es desesperante.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Dossy Dossy 13/10/15 20:42

    Artículo muy interesante. Gracias por sus reflexiones. En la mano , y en el voto, está la solución para no repetir un gobierno como el que hemos tenido estos penosos años. La ciudadanía tenemos mucho que reflexionar sobre nosotros mismos y el porqué de nuestras actuaciones. ¿Cómo elegir conservar lo que tenemos, si lo que tenemos es desigualdad, injusticia, pobreza, sufrimiento y falta de futuro?. Yo, sí creo en el cambio y el la capacidad humana de renovar las estructuras. Juntemos nuestras fuerzas y hagamos posible lo imposible.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Copito Copito 13/10/15 16:45

    Excelente artículo. Pienso que además una educación súper conservadora , que reprime cualquier atisbo de cuestionar la autoridad, empezando en la familia por los padres, desemboca en falta de crítica eficaz. En vez de ser educados en libertad de espíritu, este país ha tenido una dictadura y una educación acorde. Es por ello que se cargaron La República?. Sin haber hecho una revisión sería de la Memoria Histórica y con un montón de medios a su disposición para acallar las voces disidentes y tacharlas de antisistema, es fácil meterle el miedo en el cuerpo a mucha gente que teme ir a contracorriente puesto que les han educado en un sistema sado-masoquista de obediencia ciega. Es una opinión.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • cepeda cepeda 13/10/15 13:58

    Salvo un milagro de los gordos, Rajoy y el PP no estarán en la Moncloa el año que viene. Todo apunta a que será Sánchez el que esté... con la ayuda de unos o de otros. Independientemente de cual sea la valoración de estos 4 años de gobierno del PP hay, en mi opinión, un factor que va a decantar el resultado final: El PP no tiene un LÍDER capaz de lograr el apoyo de la mayoría. Rajoy será un hombre preparado, con mucha experiencia, buena persona, con sentido de estado...etc, etc, etc PERO NO ES LÍDER y si algo necesita en este momento España es LIDERAZGO alguien que resulte creíble para una sociedad desencantada. Yo creo que Albert Rivera lo tiene bastante bien (aunque no tiene partido) y que se pondrá de acuerdo con Pedro Sánchez. El problema que veo es que Sánchez se parece demasiado a Zapatero y eso le perjudica. En cuanto a Podemos y a Iglesias... poco más que marketing.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Ignacio Paredero Ignacio Paredero 13/10/15 13:26

    Que gustazo leer artículos así . Solo le pongo un pero: el problema no es el fatalismo, ni este es algo consustancial a los españoles. El problema es la percepción de que no hay alternativas viables que lleva a ese fatalismo, aderezadas con un "ya estamos saliendo de la crisis, quedémonos como estamos".   El problema no son los que nos están vendiendo el "virgencita que me quede como estoy". El problema es que las alternativas que se venden no convencen, por bisoñas o por timoratas. Sobran complejos y salvapatrias,  faltan propuestas serias de cambiar esta situación, sin pretender tirar todo abajo. Un gran artículo. Felicidades. 

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Irenepaz Irenepaz 13/10/15 12:32

    Un articulo brillante. Yo solamente me hago una pregunta ¿Por qué los partidos de izquierdas o socialdemocratas, hablan de reformar y no de romper, no será por esta cuestión que usted dice?. Europa es conservadora hoy por hoy porqué nadie quiere romper con el capitalismo. Un saludo. 

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Lunilla Lunilla 13/10/15 12:28

    Lo que viene a continuacion solo nos sirve como forma y manera de reflexiòn: "Supongo que la Basura que creamos tambien es necesaria y desde luego tiene su lugar dentro de la civilizaciòn  Industrial y  la economia capitalista. El reciclaje de la basura es Industria y es  Negocio.La basura que genera la polìtica qe estaba en lugares  apartados fuera de  nuestra vista, fueron creciendo tanto que al fìn  todos hemos sabido  de montañas de corrupciòn  que asomaban en las noticias. Corfrupciòn y mas corrupciòn, y  ya solo vemos y havlamos de esa basura. Pero recordemeos que la basura tabien es ujn negocio al que le sacan partido los listos: Los poderosos saben como reciclar la corrupciòn  y sacarle partido polìtico.  Precisamente los dos partidos emergentes basan su crecimiento en ese debate, la corrpciòn es su alimento polìtico y en la practica es lo que les dà todo su sentido. Creo que son necesarias las  mismas estrategias històricas y que el  nuevo tacticismo es aceptable para sus verdaderos poderes, y no  tardarà en mostrarse como oarte del juego de   los poderes instituidos. Molete.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Ferdinand30 Ferdinand30 13/10/15 12:17

    El Partido Popular será el partido más votado. Ciudadanos alegará lo mismo que ha alegado en las comunidades andaluza y madrileña, y les dará el gobierno. Y en España no es como decía creo que Clinton "Es la economía, estúpido". En España, "Es la televisión, estúpidos".

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0



Lo más...
 
Opinión