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Luces Rojas

¿Por qué lo llaman “incentivos” cuando quieren decir “miedo”?

Publicada 04/01/2016 a las 06:00 Actualizada 03/01/2016 a las 18:08    
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Según un mito griego poco conocido, un día Sísifo logró llevar su famosa roca hasta la cima. Los dioses, encolerizados, lo obligaron a defender la renta básica universal. Hasta hace apenas un año parecía que la renta básica estaba abriéndose paso en España pero ya está claro que, una vez más, la idea tendrá que esperar para ser por lo menos tomada en serio.

Una de las barreras que impiden toda discusión al respecto es el llamado problema de los “incentivos laborales.” Según un argumento muy extendido, el principal problema de la renta básica es que daña los incentivos al trabajo porque, obviamente, al existir la posibilidad de subsistir modestamente sin trabajar (y, seamos claros, toda propuesta de renta básica realista garantizaría a lo sumo una modesta subsistencia), mucha gente optaría por no trabajar.

El argumento es plausible; tanto defensores como opositores están de acuerdo en que ese efecto es una posibilidad real. Buena parte de los desacuerdos tienen que ver con el posible tamaño de dicho efecto. Pero antes de discutir acerca del tamaño deberíamos discutir sobre el significado. Si el problema de los incentivos laborales es tan grave como dicen los críticos de la renta básica, llama la atención que en toda sociedad moderna hay enormes sectores de la población que viven en una situación similar y nadie ha propuesto hacer nada al respecto: los rentistas.

Prácticamente todo propietario de una segunda vivienda tiene la opción de recibir un mínimo de subsistencia sin tener que trabajar. Es perfectamente legal y legítimo disfrutar de rentas de este tipo, como es perfectamente legal y legítimo heredar sin trabajar. Sin embargo, nunca nadie ha propuesto ninguna medida para cambiar los incentivos laborales de rentistas y herederos prohibiendo las rentas y las herencias. Afortunadamente, digo yo, porque por razones que no puedo explicar aquí, estoy de acuerdo en que percibir rentas y heredar son derechos legítimos que no se deben suprimir. (Existen buenos argumentos a favor de gravar esos derechos, pero eso es distinto.)

De esta discrepancia infiero que cuando la gente dice preocuparse por los incentivos laborales en realidad está preocupada por otra cosa: la pérdida de control social, el miedo, que arrastramos desde los mismísimos inicios de la Revolución Industrial hace ya más de dos siglos, a que los pobres se desboquen si no están sometidos a la disciplina del mercado laboral. Se trata de un miedo que ha permeado todas las discusiones sobre política social desde los comienzos del capitalismo.

Sociólogos y antropólogos habrá que hablen con mucho más conocimiento que yo sobre el comportamiento de los seres humanos sometidos a privaciones económicas. Pero aceptemos que el problema del control social es una preocupación genuina. En cualquier sociedad moderna y compleja es necesario desarrollar instituciones que se encarguen de disuadir conductas nocivas y de ofrecer a los individuos oportunidades de canalizar sus energías en forma productiva. Ahora bien, la pregunta es si el actual sistema de control social es el mejor posible.

Lo primero que salta a la vista, a la luz de lo dicho hasta ahora, es que nuestros actuales mecanismos de control social son asimétricos: implacables para los pobres pero casi inexistentes para los ricos. Para los pobres, dejar de trabajar, o a veces un descuido en el trabajo, o incluso una enfermedad inoportuna puede ser el inicio de una espiral descendente de consecuencias terribles. En cambio, alguien con suficientes activos en su balance podría en principio darse el lujo de vagar un rato sabiendo que incluso un despido con justa causa no va a significar la ruina absoluta.

Pero no es el único problema. Con tasas de desempleo de dos dígitos está claro que el actual sistema de control social se está quedando pequeño. El mercado laboral, aquel en quien confiamos para asignarle a los ciudadanos tareas útiles y de beneficio social, está siendo incapaz de cumplir esa labor en un porcentaje muy elevado de los casos. Además, es un sistema que cada vez nos cuesta más como sociedad. Como decía el célebre economista Paul Samuelson, los retornos al capital son el dinero que le paga la sociedad a los dueños de la riqueza nacional para que cumplan con su deber de asignar recursos. La creciente desigualdad muestra que estamos pagando cada vez más por esta labor de asignación de recursos, que es también una labor de control social.

Si el sistema de sanidad diera muestras, año tras año, de que es cada vez más costoso, ineficiente e inequitativo, seguramente habría llamados clamorosos a reformarlo. De hecho, eso es lo que ha ocurrido en Estados Unidos. Pues eso mismo ocurre con nuestro sistema de control social. Por supuesto, dado que el mercado laboral lleva cumpliendo esta tarea por tanto tiempo, conviene que cualquier cambio sea una reforma incremental que nos permita preservar las cosas buenas que tiene el sistema actual mientras se va experimentando con otras opciones. La renta básica universal es un paso en esa dirección.

El primer efecto de la renta básica, el que más ansiedad genera, es eliminar la desigualdad subyacente en nuestro actual sistema ya que exime a los pobres de la tiranía del control social existente, exención de la que ya disfrutan amplios sectores de la sociedad. Pero este efecto no debe acaparar la discusión. De hecho, creo que un error tanto de defensores como de detractores de la renta básica es que suelen verla únicamente como una herramienta de política social contra la pobreza. En realidad, la renta básica podría ser el primer paso para construir un nuevo sistema de control social más democrático que el que tenemos ahora.

La renta básica permitiría viabilizar muchas formas de organización socialmente productivas que hoy no son posibles porque no cumplen el requisito, excesivamente estrecho, de ser económicamente rentables tales como cooperativas, proyectos colectivos autogestionados, asociaciones vecinales entre otros. Por supuesto, para que los posibles beneficiarios de la renta básica hagan uso de esas oportunidades en lugar de marginarse en la total inactividad, es necesario promover y articular dichas iniciativas. Por esa misma razón, la renta básica debe ser vista como un complemento, no como un sustituto, de ideas tales como las de la garantía de pleno empleo o los presupuestos municipales participativos.

El mercado laboral es un buen sistema de control social: permite que millones de personas se encaminen hacia actividades socialmente productivas. Pero en la sociedad, al igual que en los ecosistemas, el monocultivo tiene sus peligros. Nuestra dependencia exclusiva en el mercado laboral le confiere demasiado poder a los dueños del capital y priva a la sociedad de la oportunidad de decidir en condiciones democráticas y transparentes cómo va a movilizar las energías productivas de sus ciudadanos. Es hora de comenzar a construir contrapesos a ese poder y de generar más diversidad de alternativas.
_____________________________________

Luis Fernando Medina es investigador del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales del Instituto Juan March, realizó el doctorado en Economía en la Universidad de Stanford, ha sido profesor de Ciencia Política en las Universidades de Chicago y Virginia (EEUU) e investiga temas de economía política, teoría de juegos, acción colectiva y conflictos sociales.

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8 Comentarios
  • Llaranes Llaranes 22/05/16 09:54

    Existe un miedo ilógico a que la gente si recibe una renta básica deje de ser activa, eso es probable en muy escaso porcentaje de la población, ¿quién no ha conocido a una persona que en su trabajo era un incompetente, un vago y un escaqueado pero que nada más jubilarse se dedicó con ahínco a un trabajo/entretenimiento (artesania, huertos, jardinería,...) al que dedicaba esfuerzos y horas muy superiores a las 40 horas semanales?. La renta básica permitiría a las personas buscar un trabajo motivante en el que seguro rendiría para la sociedad mucho más que en otro envel que dada la ineficiencia del mercado de trabajo y la premura de la necesidad de conseguir la renta de subsistencia tiene la mayoría de la gente que conformarse con ejercer. Además, los trabajos más tediosos y penosos, con la evolución tecnológica tienes en a disminuir y con el tiempo llegará a ser innecesario la presencia humana en esos trabajos. Se puede decir, aplicando los conceptos matematicos de limites, que cuando  el desarrollo tecnológico tiende a infinito, el trabajo tiende a cero... ¿que va a ser entonces de aquellos humanos que no sean dueños de la tecnología?. Otro punto a favor de la renta básica es la ambición humana y la necesidad de hacer o de tener, la mayoría de los humanos nos gusta hacer cosas y a otros tener cosas, más y mejores y la renta básica nunca daría para tener una casa en la playa, un coche todoterreno último modelo o unas vacaciones en un crucero de lujo.

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  • José V. José V. 25/01/16 10:24

    Muy buen articulo de Luis Fernando Medina analizando y desmontando reflexivamente el concepto "incentivo" respecto a los intereses tanto de unos ( empleador) como de otros ( empleados).  Desde un enfoque cercano y fácil de entender , consigue llegar al lector desde la evidencia. Si me lo permitís, considero muy importante y complementaria la lectura del artículo que lei publicado por Antonio J. Mayor (La "necesaria" flexibilidad laboral)    http://www.elvorticeradio.com/2016/01/21/la-necesaria-flexibilidad-laboral/#.VqXggvnhCM8     De manera conjunta, ambos artículos permiten ofrecer la visión completa de la realidad de nuestro mercado laboral y los intereses que lo modifican. Creo que ambos no pueden estar mas acertados. Un saludo

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  • José V. José V. 25/01/16 09:46

    Junto al artículo de Luis F. Medina, recomiendo encarecidamente la lectura del publicado por Antonio J. Mayor respecto a la flexibilidad laboral y sus "positivos" efectos. Imprescindible la lectura de ambos. http://www.elvorticeradio.com/2016/01/21/la-necesaria-flexibilidad-laboral/#.VqXggvnhCM8 Un saludo , enhorabuena al autor por el enfoque del articulo.

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  • Demetrio Vert Demetrio Vert 04/01/16 19:02

    A algunas manifestaciones del artículo se le podría sacar punta, pero como dice el autor"explicarlas aquí" sería largo y tal vez embarrullado. Yo estoy de acuerdo con una renta básica, sobre todo cuando hay tantos parados. Si la demenda de trabajo fuera superior a l oferta, no harian falta leyes de protección del trabajo ni sindicatos. Cuestión de oferta y demanda. Pero hay paro (tal como está estructurado el mercado). Y en esas circunstancias es lógico pensar que alguién pueda decidir vivir del subsidio (dejemos aparte ventajas y perjuicios sociales de esta situación). Por la misma razón yo pienso que el capital puede tumbarse a la bartola si no le salen las cuentas que codicia. ¿Por qué no se habla de que al capital se ele debería presionar para que se mueva? Y hablo de inversiones, no de casinos-bolsa. Tal vez unos impuestos, tasas, o cosas así, para que fueral capital le fuera mas rentable producir bienes que especular tendría el mismo efecto disuasorio que el que aluden los que defienden que cada uno dbe apañarse como pueda en esta vida. Por cierto, aprovecho para decir que cada vez habrá menos trabajo (menos horas patra producir lo mismo o más), al menos mientras dispongamos de una energía barata y cómoda, por lo que el único proyecto razonable es repartir entre todos el trabajo y la renta en cada momento.

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  • Charlie Charlie 04/01/16 16:09

    Esta era una condicion sinequa non la flexiseguridad no puede funcionar . Osea si no hay un salario digno no se trabaja . Ya veriais como subirian los salarios

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  • Charlie Charlie 04/01/16 16:00

    Pues no les ha ido nada mal a los paises que la aplicaron (Noruega, Suecia Dinamarca e Islandia) Por supesto ahora la derecha en esos paises recorta como en Europa . La escuela de Chicago ya sabemos de que va 

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  • TOTOFREDO TOTOFREDO 04/01/16 14:57

    Yo creo que no hay que darle tantas vueltas al asunto. La renta básica para quién, en el momento de la solicitud, no tenga posibilidades de subsistir dignamente. Como toda "subvención" debería ser tutelada por quién la concede y así no caer en la tentación de perpetuarse. Lo pregunto con total ignorancia, los PER y otras ayudas, no cumplen en parte ese objetivo ?.

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  • anamp anamp 04/01/16 13:02

    Totalmente de acuerdo.

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