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Luces Rojas

¡Es la sociología, estúpido!

Publicada el 21/11/2016 a las 06:00 Actualizada el 18/11/2016 a las 19:53
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¿Es evitable la corrupción dentro de los partidos? Lo es, si desviamos el foco de donde lo posamos en el actual debate político: las personas. El estudio de las organizaciones nos ha dado herramientas para combatirla, siempre y cuando no creamos que la corrupción, o la carencia de ella, es el fruto de una moralidad (buena o mala) inherente a los miembros de los diferentes partidos y fijemos nuestro interés en los mecanismos de control dentro de las formaciones políticas. Hace unos días, pudimos volver a ver que los propios partidos y la mayor parte de la opinión pública centra el problema en la rectidud moral de los individuos. Hace unos días fue el caso Espinar. Antes había sido el caso Errejón, Monedero y tantos otros. Mañana será el de otro de más allá.

Cada vez que surge un asunto turbio entre los miembros de las filas de Podemos, como ahora con el caso Espinar, los seguidores de los partidos tradicionales se muestran exultantes, regocijados por el hecho de que los adalides de la regeneración se comporten supuestamente del mismo modo que se esfuerzan en criticar. Parece brotar en socialistas y populares una especie de alivio de la pesada carga moral que les han endosado, como culpables de un relato en el cual les ha tocado la peor parte. La revelación pública de casos como estos fija el foco de la amoralidad en el otro lado de la novela, en el que hasta ahora descansaba supuestamente el lado "bueno", con la consiguiente liberación de responsabilidades. Se oye un resoplido en la sala y desfila por el hemiciclo el plato frío de la venganza.

Antes de nada, situar el debate. Como revancha, esta actitud puede resultar humana y comprensible, pero no conviene dejarse confundir por una estrategia que consiste en colocar en el mismo plano casos graves que amenazan la democracia española, casos de cohecho, prevaricación, tráfico de influencias o malversación en las más altas instancias de la estructura política e institucional del país, comportamientos cuyos impactos en la sociedad son incomparablemente más onerosos (hablamos a menudo de millones de euros) y mezclarlos con casos menores de la vida privada, anteriores casi todos a la actividad política, y a menudo ni siquiera punibles, simplemente poco éticos. La diferente gravedad entre unas y otras categorías de hechos es descomunal, tanto que una lengua maledicente señalaría la confusión moral de los que se defienden de esta manera.

No pretendo en absoluto excusar los casos aludidos. Mi intención, en cambio, es señalar lo que me parece un error inherente a esta polémica, esto es, entender el debate político, repito, en clave personal. Seguramente muchos de los integrantes de los nuevos partidos lo concibieron así. Con certeza, muchos de los conservadores y socialistas se han sentido, con cierta razón, ofendidos por esta concepción. Pretender que en un lado campen los malos, los impuros, los corruptos, y en otro los buenos, los puros, los incorruptibles, es propio de ingenuos o de ilusos.

Más atinado y útil sería considerarlo en clave sociológica. Pensar en estos términos es entender que la sociedad no es una mera suma de individuos, sino que las organizaciones (partidos políticos, organismos públicos, corporaciones empresariales) tienen sus propias dinámicas, sus propios valores, su cultura, su ética y sus formas de salvaguardarla, sus códigos y sus instituciones. Los individuos hacen a las organizaciones, pero también las organizaciones condicionan las respuestas de sus miembros mediante una tupida red de restricciones o de incentivos. Visto así, los comportamientos de los miembros del Partido Popular no son tanto el resultado de naturalezas perversas, sino de una organización que ha gestionado mal sus mecanismos internos hasta incentivar, por activa o por pasiva, los hábitos nocivos. Mal parafraseando a James Carville, ¡es la sociología, estúpido!

Es en este punto donde debería ponerse el acento y desde luego no en las cualidades morales individuales de los políticos. Este planteamiento "sociológico" (me perdonen los sociólogos) puede resultar algo más "intelectual", pero su ventaja estriba en que se aleja de un estéril debate entre buenos y malos, aporta soluciones y previene comportamientos inicuos. A día de hoy se conoce muy bien cómo debe mantenerse una organización libre de malas prácticas. Resumiendo, a grandes trazos:

Primero, se debe tener un código de conducta ético interno. Segundo, unos mecanismos de denuncia anónimos para que los propios miembros puedan exponer las conductas ilícitas ocurridas en su seno. Tercero, protección de los denunciantes frente a las represalias. Cuarto, un(os) departamento(s) interno(s) específicamente diseñado(s) para investigar, juzgar y castigar las conductas que se apartan del código ético. Quinto, unos organismos estatales de control externo a la organización, los cuales, en el supuesto de fallar la fiscalización interna, puedan poner coto a los desmanes (da la casualidad de que, dada la incompleta separación de poderes de nuestra democracia, sobre esto también tienen bastante que decir los partidos). Y sexto y fundamental: no existe estructura de control interna ni código de conducta institucional, por muy perfecto que sea, que no pueda convertirse en papel mojado si no cuenta con el apoyo decisivo de la dirección ejecutiva, apoyo que les aporte medios, confianza, libertad e independencia para cumplir con su trabajo.

No, el PP no es un partido formado por gente despreciable y corrupta por naturaleza, desde su cuna hasta su tumba, sino que las malas prácticas se han hecho ubicuas porque han sido permitidas e incluso fomentadas por la dirección. Cuando existe intención de controlar realmente las conductas improcedentes dentro de una organización, estas se convierten en anecdóticas y no en sistémicas o generalizadas. La dirección del partido debería hacerse responsable, por lo menos por ineficacia, de no haber sabido mantener a raya la corrupción en sus filas.

En realidad, todos sabemos que no fue por ineficacia, sino por todo lo contrario, por permisibilidad, manga ancha e incluso, en muchos casos, fomento de estas malas prácticas, por lo que la corrupción se ha hecho endémica en el partido del gobierno. Otro asunto es que a este tipo de partidos con escaso control interno se acerquen a posteriori individuos con poca integridad y muchas ganas de trepar.
Conservadores y, en mucha menor medida, socialistas (sus malas prácticas sólo han sido sistémicas en los últimos tiempos en Andalucía) deberían preocuparse menos en sentirse personal e íntimamente aludidos por las críticas justificadas que parten de fuera y mucho más en buscar unos cargos directivos verdaderamente comprometidos con la dotación de unos instrumentos de control interno del partido que pongan fin a las conductas ilegales o inapropiadas. La desconfianza de que llegara a surgir este compromiso sincero y espontáneo desde dentro de los partidos tradicionales fue el sustrato del que han nacido los nuevos partidos.

Y Podemos, por supuesto, debe tener extremo cuidado en considerarse personal o intrínsecamente mejor en lo moral que sus oponentes y aplicarse el cuento de los estrictos mecanismos de control interno. Antes de que sea demasiado tarde.

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Ramiro Feijoo es profesor de Historia Cultural y director de la Washington University in St. Louis en España
y autor de varios ensayos históricos.
 


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15 Comentarios
  • itnas itnas 21/11/16 21:50

    Bueno, estoy de acuerdo con los tres, AML, R12 e irreligionproletaria. Lo que ocurre es que me parece que hablamos de planos diferentes del mismo objeto. Yo me refiero a que una organización no es un ente con vida propia e independiente de los miembros que la componen, AML habla certeramente de los mecanismos de control externos que deberían impedir el mal funcionamiento de la organización, R12 también con acierto de los miembros de la organización en relación a su conducta supra-individual, e irreligionproletaria del modo en que uno puede devenir miembro de la organización compartiendo ideales, como no podía ser de otro modo. Y perdón por ponerme delante, como los burros. 

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  • itnas itnas 21/11/16 18:09

    Contesto a R12 y AML. No creo que la suma de conductas individuales sea una conducta global. Dejemos si es el PP u otro grupo y voy al punto, según mi idea: un conjunto de personas forman una organización y la dotan de una normativa. Cuando debe aplicarse dicha normativa, ¿quién lo hace? ¿es la organización? ¿es(son) una(s) persona(s) de la organización? Es obvia la respuesta. No hablo del 'sentimiento' de adhesión a la organización que, en efecto, sobrepasa al individuo, hablo de la conducta dentro de la organización con normas que las aplican personas concretas, no la organización. Es más, como sabemos, las normas pueden ser violadas legalmente por acuerdo de una mayoría de los miembros de dicha organización: no tengo espacio aquí para desarrollar ejemplos concretos de este tipo de conducta anormal pero legal. En resumen, gráficamente, con el partido político X no puedo tomar un café, si puedo hacerlo con ciertos miembros relevantes de dicho partido; en Dinamarca, no puedo comer con el sistema incorrupto, si con las personas que se ocupan de que ese sistema lo sea. Espero haberme expresado claramente.

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    • R12 R12 21/11/16 20:09

      Y yo precisamente hablo de la conducta de las personas en el seno de los grupos. Verás, la conducta del itnas que está leyendo este mensaje tranquilamente en su casa es distinta a la conducta del itnas que está en una manifestación o en un partido de fútbol. Puede ser posible que seas una persona tolerante y educada en tu casa y vociferar insultos racistas a jugadores de color en los estadios de fútbol, o insultar gravemente a los policías en una manifestación. A menor escala ocurre eso en los partidos políticos: los políticos tienden a recoger actitudes y conductas propias del partido, no suyas, ya que pertenecen a ese grupo y muchos de ellos tienen una vinculación muy fuerte con él. De esa forma se sienten más integrados dentro del mismo. ¿Son malos todos los corruptos del PP? Pues seguramente no, tal vez la ética individual de algunos de ellos se viera relajada debido a la influencia de las personas del partido que le rodeaban (su grupo). Probablemente a nivel individual nunca se plantearían robar ni un sólo euro, todo depende de la persona y su resistencia a la influencia grupal. A menor escala aún nos pasa lo mismo a los votantes de los partidos: tendemos a recoger opiniones o conductas de nuestros partidos (representado por sus dirigentes) porque pertenecemos al mismo grupo que ellos. Por eso muchos socialistas son monárquicos, muchos podemitas piden el referéndum y muchos peperos consideran que la corrupción no es para tanto. Hemos delegado parte de nuestro ideario al grupo del que formamos parte. ¿Qué hacer? Difícil pregunta... Lo primero es conocer todo esto, para poder tomar decisiones sin estar influenciados; Controles internos y externos; educación ciudadana, etc. Para mi el artículo de queda un poco corto pero, como punto de partida, no está mal.

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      • irreligionproletaria irreligionproletaria 21/11/16 20:31

        "...Habla ud. de conducta de las personas en el seno de los grupos..." no comparto su ejemplo, si generaliza. Una manifestacion, suele connvocarse en demanda de unos derechos que han sido restringidos o limitados, generalmente. No requiere que los manifestantes sean militantes de un partido político concreto, pueden/mos, no pertenecer a ninguno. Además, podemos participar personas que a la llegada al punto de concentración, solemos dar los ¡buenos dias! al grupo policial destinado a la seguridad por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Claro que existen las características que Ud. menciona en los grupos; pero, referido a un partido politico, creo que lo primero que induce a afiliarse al mismo, es compartir criterios socio-politicos con las ponencias programaticas del partido . Requiere identificación, la afiliación.

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        • R12 R12 21/11/16 21:16

          No hablo de las afiliaciones a un partido (eso tendría que pensarlo... la afiliación es una decisión que se toma a nivel individual, por lo que creo que aquí aplica en menor medida). Cuando acudimos a una manifestación nos convertimos en un integrante más del grupo que compone dicha manifestación, y te sorprenderías al comprobar cómo cambiamos nuestras conductas en esas situaciones. Respecto a los partidos políticos, pensemos por ejemplo en el PP de Valencia. ¿Son todos corruptos? Yo lo dudo. Creo que muchos (o algunos) se vieron influenciados por el comportamiento del resto, y acabaron haciendo lo mismo que ellos. Si una persona se encuentra en un entorno donde la gente suele tener una conducta determinada es probable que acabe adoptando también esa conducta, fomentando si la pertenencia a ese grupo. Los humanos somos seres sociales y tendemos a agrupados (y no siempre por afinidad). Todos los individuos estamos influenciados en mayor o menor medida por los grupos a los que pertenecemos, a través de las interacciones entre sus individuos, y esta influencia depende de cada persona, siendo unos más influenciables que otros.

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    • AML AML 21/11/16 19:12

      Yo creo que en ningún caso el control VERDADERO debe estar dentro de esa organización. Debe estar fuera, con unas normas pactadas por la sociedad (leyes justas). Puedo citar, por ejemplo, leyes de transparencia objetivas, y leyes de control objetivas ejecutadas por organismos independientes. Eso eliminaría el problema del café, porque las dos partes que toman el café estarían sometidos al mismo control en sus acciones. En Dinamarca las elecciones no producen un cambio en los funcionarios, y éstos están sometidos a un control estricto que garantice su independencia. En el momento que el cumplimiento de las normas esté vigilado por los mismos que las hacen y ejecutan, existe el problema. En definitiva, de ahí parte Montesquieu.

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      • R12 R12 21/11/16 20:15

        Por supuesto el chiringuito que se han montado tanto PP como PSOE fomenta claramente la corrupción en los gobiernos... A ninguno de los dos les ha interesado nunca atajar las corrupción.

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  • AML AML 21/11/16 17:14

    Yo estoy de acuerdo con el planteamiento del artículo. Me impresionó un programa de Salvados sobre Dinamarca. Évole habló con el Presidente del Parlamento (funcionario, no adscrito a ningún partido) y le preguntó por qué no había casos de corrupción, si es que los daneses eran más éticos. Él contestó que eran iguales a cualquier otro país. La razón estaba en que el sistema de control era muy bueno y hacía casi imposible la corrupción impune. La cuestión en un país como el nuestro es que no nos podemos fiar de que ninguno de los dos grandes partidos establezca sistemas honrados de control. ¿Cómo se hace y quiénes lo hacen funcionar?

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  • jorgeplaza jorgeplaza 21/11/16 12:29

    Creo que el artículo se deja en el tintero lo principal: ganar elecciones cuesta mucho dinero. Si ese dinero no se puede conseguir (casi nunca se puede) por medios legales, se consigue... de otra manera. Con los encargados de mancharse las manos en tan pringosos asuntos, los partidos hacen la vista gorda si parte de lo pringado se les trasvasa mágicamente a cuentas privadas: al fin y al cabo, son ellos los que se arriesgan a ir a la cárcel porque el partido siempre se las arreglará para convertir el asunto en algo privado y es difícil probar que no en un tribunal. Si Podemos o el sursuncorda llega al poder alguna vez y quiere mantenerlo tendrá la misma necesidad inagotable de dinero que el PP o el PSOE y, precisamente porque esto no es una cuestión subjetiva (en eso sí coincido con el artículo) hará más o menos lo mismo que el PSOE. Es contradictorio que el artículo diga que no se trata de una cuestión personal para después proponer soluciones que dependen exclusivamente de la moral personal (código ético interno, responsabilidad moral de los denunciantes y apoyo de la ejecutiva... que difícilmente se tendrá si el precio es perder las elecciones). En el control externo creería algo más si no fuera porque los que lo ejercen son, casi con seguridad, miembros de los mismos partidos políticos que están en el ajo. Difícil solución.

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  • irreligionproletaria irreligionproletaria 21/11/16 11:50

    Me posiciono con Itnas, respecto al arlo. Cierto que son las organimaciones las que diseñan sus objetivos programáticos y la forma para desarrollarlos. No soy socióloga y desconozco la disciplina en profundidad; pero, Ud. Dice que no se debe fijar la corrupción en "las personas" para, a renglón seguido, demandar el amparo al delator -disculpame si lo he mal interpretado- las organizaciones las componemos las personas y aceptamos/fijamos directrices y objetivos para su desarrollo. Cada ciudadano desde sus principios éticos, se integra, militando y/o votando a los diferentes partidos políticos. Cierto, es la sociologia, como ciencia que estudia el desarrollo del comportamiento de las personas en los diferentes acontecimientos sociales, desde donde entender/analizar/dirigir esos comportamientos. Pero, los partidos políticos traen su bagaje y los ciudadanos, llegamos a ellos por afinidad. El contenido doctrinarío y procedimental es importante; el que llega, lo ¿acepta? O ¿entra en el partido para cambiarlo? Son, a mi entender, las leyes las que deberían fijar los límites a sus doctrinas...el arlo 6 de la CE los demanda democráticos ¿lo cumplen todos? No ha mucho que hemos visto...gestoras "democraticas" tomando el poder otorgado a la militancia...En cuanto a la financiación-causa de la corrupción- deviene de principios históricos. La derecha ha gestionado el erario como propio...y los que han ido llegando, en algunos casos, han aceptado/adoptado el comportamiento. Normas para probar/castigar la apropiación indebida y los ilícitos consecuentes, todas. Legislar la delación -no entra en mis principios- Saludos.

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  • itnas itnas 21/11/16 09:55

    Honestamente Sr. Feijoo, en absoluto desacuerdo con Ud. Da la impresión de que garantiza la existencia de esos entes (aprtidos, empresas, etc.) como propia, para luego contradecirse. Por ejemplo, dice Ud. "los comportamientos de los miembros del Partido Popular no son tanto el resultado de naturalezas perversas, sino de una organización que ha gestionado mal sus mecanismos internos hasta incentivar, por activa o por pasiva, los hábitos nocivos", de forma que me pregunto ¿la organización tiene vida propia? ¿o más bien está compuesta de personas que interpretan sus mecanismos internos? En mi opinión, toda organización humana es interpretable precisamente por humanos de manera que son éstos los que, en base a su educación, califican a la organización a la que pertenecen. Otra cuestión es que la conducta de unos pocos defina la de todos, cosa que es habitual en organizaciones piramidales. Finalmente, me da la impresión de que estamos carentes de más democracia directa y nos sobra democracia representativa, ésta con sentido claro hace ya un par de siglos pero no hoy.

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    • AMP AMP 21/11/16 10:09

      Efectivamente, itnas. Debe ser que la organización tiene vida propia, sin personas, no te jode

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      • R12 R12 21/11/16 15:12

        Pues en este caso tengo que estar en desacuerdo con vosotros: este es un tema interesante (al menos para mi) y creo que vuestro error procede de pensar que la conducta del PP se entiende como la suma de la conducta de los miembros que forman parte de él, y creo que no es así: la conducta de un grupo (el PP) influye directamente en cada individuo que lo compone, formando vínculos afectivos y cognitivos que el individuo recibe a través de su experiencia dentro en dicho grupo. Por supuesto que no todos somos igual de influenciables por el grupo al que pertenecemos (cada uno definimos nuestro propio equilibrio entre individuo/grupo), pero sin duda que afecta en gran medida en las conductas que tenemos. Hay que tener en cuenta que no somos individuos aislados en sociedad y que nuestras conductas influyen en las conductas de los demás, sobretodo si pertenecemos a los mismos grupos. Hoy me explico fatal... cuando formamos parte de un grupo existe cierta "desindividuación" que hace que recojamos actitudes inherentes a dicho grupo, en vez de utilizar las nuestras propias actitudes (y esto es más fuerte aún cuando existe cierto grado de anonimato dentro del grupo). Y lo voy a dejar aquí porque me veo un tanto torpe...

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  • Vplaquita Vplaquita 21/11/16 09:35

    Un placer.

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  • Navir Navir 21/11/16 02:26

    Totalmente de acuerdo con el análisis y la conclusión, estupendo articulo. Gracias,

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