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Luces Rojas

¿Por qué crea el Estado desempleados que no quiere contratar?

Publicada 02/01/2017 a las 06:00 Actualizada 01/01/2017 a las 21:01    
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El trabajo es toda actividad productiva que realiza el ser humano. Trabajan el médico cuando trata a sus pacientes, el maestro cuando imparte sus clases, o el obrero que coloca ladrillos con maestría. Lo hacen también la madre que cuida de sus hijos o la mujer que desempeña labores de voluntariado en una ONG. La diferencia entre los primeros y los segundos es que a cambio aquéllos perciben una retribución dineraria, es decir, poder adquisitivo que da derecho a participar en el reparto de los bienes y servicios producidos en la economía de mercado que se encuentran a la venta solo a cambio de dinero creado por el gobierno o los bancos. Se desarrollan sin embargo numerosas tareas excluidas del ámbito del mercado, asignadas por cierto con mayor frecuencia a las mujeres en las sociedades patriarcales.

Un trabajador vende sus servicios al mercado porque quiere conseguir dinero a cambio. El empleo es siempre un fenómeno monetario. Por eso podemos definir el desempleo involuntario como mano de obra ofrecida al mercado a cambio de moneda del Estado que no encuentra comprador. Este empleo puede ser comprado por el sector privado o por el Estado. Si existe desempleo involuntario es porque ni el sector privado ni tampoco el gobierno quieren aumentar sus gastos para ocupar esos recursos ociosos.

Para entender esto describamos un escenario. Supongamos que partimos de un período en el que existe plena ocupación. En esta situación, de equilibrio inicial, supongamos que nadie ahorra, es decir todo el mundo gasta su renta íntegramente y por tanto todo lo que se produce se vende. El gasto de todos es igual a las rentas (salarios, beneficios, impuestos, alquileres, intereses, etc.) de todos y por fuerza es igual también a toda la producción de la economía. Si por la razón que sea (porque los hogares y las empresas decidan que quieren reducir su deuda, porque haya una situación de incertidumbre o porque los extranjeros decidan no comprar nuestros productos) en un período posterior cambia el comportamiento del sector no gubernamental —en el que incluimos a hogares, empresas y al sector exterior— y éste prefiere ahorrar una parte de su renta entonces una parte equivalente de la oferta de bienes y servicios se quedará sin vender. Entonces las empresas tendrán que reducir su oferta y es probable que despidan a algunos de sus empleados.

El trabajo no es un rábano

Nadie puede obligar al sector privado a consumir más de lo que quiere o a ahorrar menos. ¿Qué puede hacer un gobierno cuando aumenta el desempleo? Desde la escuela neoclásica nos dicen que la respuesta es bajar el coste de los salarios ya que el trabajo sería como cualquier otra mercancía. Si por ejemplo cae la demanda de rábanos en el mercado los productores podrían darles salida tirando los precios. Decimos entonces que la curva de demanda de los rábanos tiene una forma descendente hacia la derecha en el eje de ordenadas: a menor precio mayor cantidad vendida y viceversa. Si creemos que el trabajo es como los rábanos entonces la prescripción para acabar con el desempleo es sencilla: bajar los salarios. Sin embargo, el mercado de trabajo remunerado no es como el de los rábanos. Para la mayoría de las personas los salarios son su principal fuente de ingresos. Bájense los salarios y observaremos una caída en el consumo de los consumidores y en las ventas de las empresas provocando nuevas caídas de empleo. El economista Esteban Cruz y este autor ya explicamos en un artículo anterior la paradoja de los costes. Los ahorros en costes salariales pueden ir acompañados de menores ventas que deterioran la tasa de beneficios de los empresarios y por tanto desaniman el empleo (Cruz & Medina Miltimore, 2016).

El siguiente gráfico, elaborado por el economista Luis Gómez con datos de los ejercicios 2008 a 2014, demuestra que la caída de los salarios, lejos de haber aumentado el empleo, tuvo el efecto contrario. Luis Gómez explica que al iniciarse la crisis se desechó primero a los trabajadores ocasionales y jóvenes que eran también los peor pagados. Esto tuvo el efecto aparente de mostrar un crecimiento salarial asociado a un aumento del desempleo. Los economistas neoliberales y la Comisión Europea utilizaron este efecto estadístico para justificar el ataque contra los trabajadores iniciado en 2010. Sin embargo, después de 2010 la caída del empleo fue muy intensa pese a que también cayeron los salarios. La caída de los salarios ha sido inútil para crear empleo.


Gráfico de Luis Gómez que demuestra que la caída de los salarios no aumentó el empleo.


Las recetas prescritas por el dogma vigente fueron acompañadas en 2010 por un giro incomprensible hacia la austeridad. Desafiando toda la evidencia en contra de la utilidad de fijar unos objetivos de déficit, los dirigentes europeos llegaron a asumir una superstición aberrante, la austeridad expansiva, que es a la ciencia económica algo así como el hielo ardiente, la sosa cáustica potable o el plomo ligero. Esta doctrina oximorónica afirmaba que un recorte de los gastos públicos liberaría recursos para que el sector privado los empleara de forma más productiva acelerando la recuperación. Esta hipótesis fue introducida por Francesco Giavazzi y Marco Pagano en 1990 en un trabajo que presentaba las reestructuraciones fiscales de Dinamarca e Irlanda en los años 80 como ejemplo (Giavazzi & Pagano, 1990). Los autores, que observaron cómo recortes en el gasto público coincidieron en el tiempo con una recuperación de esas economías, olvidaron tener en cuenta que esos países, relativamente pequeños, consiguieron salir de sus crisis económicas gracias a la expansión de sus exportaciones a otros países europeos que sí aplicaron políticas fiscales expansivas.

La hipótesis fue vendida a los responsables de la UE por Alberto Alesina en un discurso ante la reunión del Ecofin que tuvo lugar en Madrid en 2010 en Madrid. En esta intervención aseguraba que los "ajustes fiscales, aunque sean grandes, que reducen los déficits presupuestarios, pueden conseguir una reducción relativamente rápida de los coeficientes de deuda sobre el PIB sin causar recesiones". Añadió que "(…) una política fiscal anticíclica basada en incrementos de gasto durante recesiones y aumentos de impuestos para corregir los déficits durante una expansión es probable que sea contraproducente además de implicar un avance inadvertido del tamaño del gobierno cuando éste ya está en torno al 50% del PIB en algunos países europeos. (…) [L]as distorsiones políticas (…) retrasan la reducción de los déficit además de las inevitables ‘demoras de larga duración y variables’ asociadas con la política fiscal en una democracia, que incluso en el caso de las expansiones fiscales hacen que esta herramienta sea torpe para la gestión del ciclo de los negocios" (Alesina, 2010).

A esta perversión doctrinal se añadió el diseño contraproducente de una unión monetaria uno de cuyos puntales, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), imponía un límite al déficit público del 3% sobre el PIB. Este límite podría ser efectivamente excesivo en una situación en la que la economía crece a buen ritmo y empiezan a producirse tensiones inflacionistas. Sin embargo en una situación de recesión lo conveniente puede ser que el déficit público alcance un valor superior a ese guarismo. Forzar una economía a entrar en una senda de reducción de déficit puede ser contraproducente no solo porque dificulte la salida de una situación económica desfavorable profundizando el desempleo sino también porque puede convertir el "objetivo" en uno móvil. Si la política fiscal prudente y razonable fuera aumentar el déficit pero un gobierno decide someterse a los dictados del PEC lo que sucederá casi con total seguridad es que no consiga sus objetivos. El efecto recesivo de tales políticas podría profundizar la caída en la recaudación o provocar caídas en el Producto Interior Bruto (PIB), el denominador de este coeficiente de deuda que nos imponen los TTUE, convirtiéndolo en un objetivo móvil que, cuanto más se esfuerza el gobierno en conseguir, más se aleja. Un objetivo de déficit sobre el PIB resulta extremadamente ambiguo e impreciso. De hecho el dato del cociente entre déficit y PIB ni siquiera nos da mucha información acerca del posicionamiento presupuestario del gobierno. Según las circunstancias, un aumento de este coeficiente puede reflejar una política consciente del gobierno por estimular la economía, la entrada en funcionamiento de los estabilizadores automáticos durante una recesión o incluso un posicionamiento fiscal contractivo.

Las finanzas funcionales dictan la fiscalidad responsable

Un gobierno responsable debe encargarse de que las personas que hayan perdido su puesto de trabajo vuelvan a encontrarlo. Depende del Estado movilizar esos recursos ociosos gracias a su capacidad fiscal. Para comprender este protagonismo del Estado hay que entender antes cuál es la función de la fiscalidad. Al imponer tributos a la población el Estado pretende encauzar recursos reales hacia los fines públicos. La forma en que opera este mecanismo es que el Estado genera demanda por su moneda al imponer un tributo que los ciudadanos solo pueden pagar con ella. Para conseguir esa moneda hogares y empresas ofrecen sus servicios al Estado. Naturalmente esta oferta incluye la oferta de empleo. De esta forma el sector privado obtiene la moneda con la que puede saldar su deuda con el Estado.

El sector privado tiene unos objetivos de consumo y ahorro que no necesariamente serán compatibles con comprar toda la oferta disponible de bienes y servicios a la venta. Pero el Estado siempre puede comprar la diferencia. Si el Estado impone tributos demasiado elevados o no gasta lo suficiente dejará en manos del sector privado una cantidad de dinero insuficiente para saciar sus necesidades de consumo y sus objetivos de ahorro. En estas circunstancias surgirá el desempleo involuntario. Hay personas que quieren dinero del Estado y no lo encuentran. Existe pues una demanda por el dinero del Estado que no se ha satisfecho y por tanto los agentes económicos no mantendrán un nivel de gasto agregado que adquiera todo lo que está a la venta en la economía. Si existe producción que se queda sin vender el desempleo aumentará. Esa oferta total de bienes y servicios por supuesto incluye la oferta de mano de obra.

Los impuestos son el mecanismo que utiliza el Estado para canalizar recursos reales hacia los fines públicos. Si el gasto es insuficiente o los impuestos son demasiado altos la manifestación será el desempleo. Como decía Warren Mosler, "¿qué sentido tiene que el Estado no contrate a todos los trabajadores que ha dejado desempleados?". En una situación de desempleo elevado la única respuesta sensata es que o bien el Estado baje los impuestos para dejar mayor poder de compra en poder del sector no gubernamental y aumente su gasto o bien aumente el gasto público para comprar la producción que el sector privado no quiere adquirir. Las políticas tradicionales ponen mayor poder de compra en manos del sector privado confiando en que éste lo destine a crear empleo. Este mecanismo indirecto en el que la política fiscal trata de cebar la bomba de la demanda normalmente resulta decepcionante. La forma más directa, eficiente y económica de crear empleo es que el Estado contrate a todos aquellos que quieren trabajar y no encuentran empleo en el sector privado mediante un programa de empleo garantizado. Este programa permitiría atender muchos de los múltiples problemas sociales que el Estado ahora no atiende de forma adecuada. El desempleo es la prueba de que el déficit fiscal es insuficiente. Es hora de que el Estado asuma su responsabilidad en el problema del empleo y aumente el déficit.
 
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Stuart Medina es economista y MBA por la Darden School de la Unversidad de Virginia. Fundó en 2003 la consultora MetasBio desde la que ha asesorado a numerosas empresas.
 

 
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10 Comentarios
  • juan alvarez juan alvarez 20/02/17 10:33

    Simplificando. La deuda pública interesa sumamente al acreedor, y es un forma de esclavitud de los paises deudores a merced de los intereses que imponga en las bolsas el acreedor. Segundo el desempleo estructiral interesa porque permite a los empresartios y emprendedores, que no emprenden nada ni siquiera, como el denominado "capital riesgo", sufren riesgo y ventura alguna, por lo que si siquiera son empresas, sino meros parásitos, rebajar los salarios por una oferta gigantesca de mano de obra. Los discusos de todos estos cabrones, por más que a los economistas les guste dar explicaciones para mantener las cátedras, son puras y simples mentiras, sin otra pretensión que "complicar" la economía para que los pobres de espíritiu no entiendan nada. Lo que hace falta aquí es un Clodio con dos tetas, que anule de un plumazo todas las deudas. Por lo menos para darnos el gustazo de ver cagarse por la pata abajo a todos los criminales avariciosos de este mundo. Luego vendrá un Sila degenerado, seguido de un Cesar cruel y engreido, igual y reiteradamente dictador. Despues el Imperio. Del 1 por mil, incluyendo los sicarios y ejecutivos de Wstreet. Todo esto es dilatar lo inevitable. Europa vive un poilítica de dilatación, sin comprender que cuanto más se dilatan las enfermedades, se agravan. Al menos los en los paises del sur, con deudas públicas de un millón de millones de euros, sus gobernantes son ya meros lameculos embusteros, pretendiendo que la gente no se de por aludida, de los fondos de inversión y capital riesgo. Par muestra un botón. El CETA, y la receta que vendrá a continuación. Veremos si un 1 por mil, 74 millones de 7400 millones de seres humanos son capaces de mantener el consumo necesario para la supervivencia del sistema, antes de que el planeta reviente. Si los 7326 millones de seres humanos fueran pensantes, al menos como la fusca negra, dejarían de consumir excepto lo indispensable, y se negarían a todo préstamo. Esperarían para ver como los otros 74 millones son atacados por la rabia. Me temo que esa es la única salvación de esta humanidad, que se cree estable, y vive a cuatro dias vista de su extinción, "sin intervención divina"

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    • svara svara 04/03/17 21:00

      Ha dado usted en la diana. Pero con tanta necesidad creada al mundo por los mismos que le están chupando la sangre, ¿quien se atreverá a empezar esta angustiosa tarea de convencer a los becerros consumistas, en lo que nos hemos convertido, de que la única forma de salir de este atolladero es vivir normalmente, sin gastar en aquello estrictamente innecesario?

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  • CHOMSKY CHOMSKY 02/01/17 16:26

    El "gasto de todos", exceto el de los excluídos ( que apaenas cuentan en la balanza ), se traduce en pérdida de poder adquisitivo de asalariados y pensionistas, a la mayor gloria de los beneficios de los "Amos del Universo" o poderes financieros dominantes ( el G-7 lleva muy bien la contabilidad por medio de las instituciones que controlan ). En nuestra economía globalizada, el sector gubernamental es un convidado de piedra. El Estado nunca va a asumir la responsabilidad de poner el cascabel al gato.La democracia anda tirada por los vertederos. El sector privado no tiene ningún problema con la reducción de costes...deslocalizo producción y sálvese quién pueda. En cuanto a la política fiscal y la reducción del déficit... oiga !... lo que diga la "troika", es decir, la CE, el BCE y el FMI. El Estado nunca asumirá lo que usted llama "ineficiente dinámica capitalista", añada neoliberal. Esta contradicción, la resolveremos la ciudadanía...sí o sí. ¿ Por qué será que no me fío ni un pelo de los MBA ( Master in Bussines Administratión )? En mi haber cuento con un master mucho mejos...veinticinco años contando parados...qué horror !!! CHOMSKY

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  • itnas itnas 02/01/17 16:05

    Espero transmitir al Sr. Medina mi opinión sobre su artículo. Supongamos tenemos un enunciado E y un modo de exponerlo M y otro modo N; el M es para los entendidos en la materia de la que trata el enunciado, los especialistas, mientras el N es para los no entendidos, el público que puede leer un diario generalista. ¿Qué ocurre si recurro al modo M cuando escribo en el diario generalista? Pues que entre otras cosas la audiencia pierde interés en lo que expongo y, más importante, si quiero dar a entender algún mensaje no lo conseguiré. Lo que conseguiré son las reacciones que pueden verse en los mensajes hasta el momento escritos, del que destaco el de 'korrosivo' cuya exposición sobre el castigo duro sobre el costillar del interfecto es lo que más me ha gustado - metafóricamente hablando - Hablar sobre las medidas de centralización de la distribución de una variable aleatoria, o de las de dispersión, por ejemplo, va bien para la audiencia pertinente, no para un diario generalista si antes no he hecho la pertinente labor pedagógica. Se da la circunstancia, sin embargo, de que lo que explica en los párrafos 1º y 2º se entiende, en general, y pasa al párrafo 3º diciendo que 'para entender esto…' adentrándose en un terreno en el que los párrafos 1º y 2º pierden su significado. Saludos.

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  • Juanjo Seoane Juanjo Seoane 02/01/17 13:26

    Hace dos años oi en una conferencia que la política económica era más dogmática que la religión. Este artículo lo demuestra. Años y años de neoliberalismo. Años y años de fracaso. E insisten e insisten. Claro que ellos si ganan.

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  • Bacante Bacante 02/01/17 13:18

    Yo también comparto el cabreo de korrosivo, aunque me he propuesto eliminar de mi cabeza cualquier atisbo de pensamiento violento contra nadie. También intuyo que esta situación acabará en un baño de sangre porque,  tarde o temprano, reventarå. Cada noticia y cada día delitos, robo, privilegios y desvergüenza.  No sé en qué clase de país nos quieren convertir la panda de enfermos que nos gobiernan. No,  no les disculpó, ni en broma,  pero unos son psicópatas; otros,  adictos al dinero y al poder; otros,  unos pobres diablos acojonados; otros unos amorales sin principios,  salvo su propio culo y su poltrón. Son escoria,  con nuestro permiso. 

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    • korrosivo korrosivo 02/01/17 15:10

      Que no soy violento, hombre, que a mí la violencia se me va por la tecla del ordenata, pero luego soy un cacho pan. Duro, pero pan.

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  • M.T M.T 02/01/17 11:43

    Comparto el cabreo de Korrosivo y la misma petición a los Reyes Magos. Todo ello en relación con el artículo del Sr. Medina y con el respeto y consideración wue merece cuslquier tipo de trabajo: el del médico, maestro, obrero, madre o mujer en voluntariado. Saludos.

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  • korrosivo korrosivo 02/01/17 10:55

    Que si, que sí, que la teoría económica queda de rechupete para escribir artículos, y si van acompañados de gráficos, pues mejor que mejor. Pero luego leemos que Alcampo no paga impuestos durante diez o quince años, que ElCorteInglés lleva cinco años sin hacerlo y que Hacienda devuelve más de 1.000 millones de NUESTRO dinero al BancoSantamder, que la hermana del rey emérito tenía una cuenta en Suiza "por si la secuestraba la eta" (¡hay que joderse!), que el ex ministro Soria tenía unas cuentecillas de nada en paraísos fiscales "no se sabe bien para qué", que el PP nos recargaba contratos públicos para repartirse las mordidas entre los gerifaltes y pagar dispendios electorales, y que un sinnúmero de nuestros empresarios, responsables políticos, faranduleros y demás especies parasitas, saltan igualmente de paraíso nfiscal en paraíso fiscal, y te empieza a cuadrar el puzzle: sobra la economía; aquí lo que pasa es que entre una legión de gilipollas le pagamos la vidorra a una panda de golfos que se lo están llevando crudo, se descojonan de nosotros y, para más INRI, se muestran como los únicos que pueden sacarnos de este marasmo. ¡Lástima de revolución, a lo ruso, con exterminio de parásitos y con tipificación del delito de mala administración publica y el establecimiento para el mismo de una pena de 20 años de cárcel y palo diario en el costillar! ¡Ibamos a tener que elegir gobernantes como en las comunidades de vecinos, por sorteo! ¡Ni Dios iba a opositar al cargo y los partidos se quedarían vacíos de parásitos! ¡ReyesMagos! ¡Traédmelo, porfa!

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    • cepeda cepeda 02/01/17 11:54

      Amén-

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