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Crisis humanitaria

Hungría usa su aparato penal contra 35 inmigrantes que entraron ilegalmente desde Serbia

  • El país penalizará hasta con tres años de cárcel a quienes reincidan en su intento de entrar en el país ilegalmente y cinco años de prisión si existe el agravante de dañar la valla metálica 
  • Construyó una alambrada que alcanza los 175 km de largo para evitar que los desplazados entren al país en la frontera con Serbia

infoLibre
Publicada el 16/09/2015 a las 11:54 Actualizada el 16/09/2015 a las 13:35
Dos agentes de la policía húngara interpelan a un refugiado.

Dos agentes de la policía húngara interpelan a un refugiado.

EFE
Hungría no pone fácil la entrada a los refugiados. Así lo manifestó ayer el país al anunciar el procedimiento penal que caerá sobre 60 desplazados que dañaron las vallas fronterizas con Serbia en su intento desesperado de entrar. 

De esta manera, se agrava las penas a los refugiados que llegan hasta tres años de cárcel si entran de forma "ilegal" al país y hasta cinco si se ha dañado la valla metálica fronteriza con Serbia. 

La policía húngara inició el proceso penal contra 35 personas que lograron entrar al país de forma "ilegal" por cruces con la frontera con Serbia. 

El país de Europa Central construyó una alambrada que alcanza los 175 km de largo y cuatro metros de alto para evitar que los desplazados entren al país en la frontera con Serbia. 

Con este mecanismo, el Gobierno húngaro prevé que solo puedan entrar aquellos migrantes que "justifiquen" su condición de refugiados en los puestos fronterizos de control que ya habilitaron. 

El Gobierno de Viktor Orbán anunció las primeras sentencias dirigidas a quienes entren de forma "ilegal" en Hungría, que conllevarán su expulsión del país. En el caso de que uno de los detenidos entre de nuevo en el país, se enfrentaría a penas de cárcel de hasta cinco años. 

Otra de las medidas que avisó el Gobierno húngaro es la de incorporar la aceleración de los procedimientos de dar asilo en pocos días. En caso de no ser aceptadas las solicitudes, los refugiados se devolverán a Serbia. Por el momento, ya recibieron un total de 94 peticiones de asilo, por lo que 19 fueron rechazadas. 

Mientras se tramita la burocracia de admisión de acogida en el país, el Gobierno de Orbán diseñó dos zonas de tránsito en los puestos fronterizos de Röszke y Tompa, donde se tiene previsto que permanezcan los refugiados a espera de las resoluciones.

La tragedia que les depara a estas víctimas de la guerra siria, no es solo proveniente de las bombas del Gobierno de Al Asad y de las torturas del Estado Islámico, sino que han experimentado que la acogida también puede ser dura.  

Los refugiados que llegaron a Occidente tuvieron que enfrentarse con otras dificultades. En Alemania, simpatizantes de la ultraderecha prendieron fuego a un gimnasio habilitado como centro de acogida para refugiados. 

El sábado 22 de agosto, también en Alemania, según recogió el diario alemán Der Spiegel, dos hombres de 32 y 37 años increparon a una mujer y sus hijos sirios en uno de los vagones de un tren berlinés S-Bahn.

Otra de las imágenes con mayor repercusión fue la de las zancadillas y patadas que propinó la reportera húngara Petra László a un padre que corría junto a su hijo a su entrada en el país.

A todo ello, se sumaron las trabas que interpuso Hungría para dificultar la llegada de más desplazados cuando selló los pasos fronterizos y puso puntos de control para permitir la entrada solo a aquellos cuya documentación determine que provienen de zonas conflictivas. Ni uno más.

La guerra en Siria dio comienzo el 15 de marzo de 2011. Entonces hubo cooperantes internacionales que adviertieron que, meses antes, los ciudadanos, víctimas del régimen de Bachar-al-Asad, perdieron el miedo a represalias cuando empezaron a expresar sus opiniones políticas en las calles. 

Hungría tiene difícil impedir pasar a una gente que huye desesperada de la guerra. 
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