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Elecciones Estados Unidos

Clinton y Trump llegan al día de las elecciones con una impopularidad récord y el resultado abierto

  • El magnate ha logrado reducir la ventaja de la ex secretaria de Estado y todavía puede dar la sorpresa
  • Clinton aspira a hacer historia aunque la investigación del FBI ha supuesto un revés en su camino

infoLibre Publicada 07/11/2016 a las 13:08 Actualizada 07/11/2016 a las 13:31    
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Un atril con la bandera estadounidense de fondo.

Un atril con la bandera estadounidense de fondo.

Europa Press
El sucesor de Barack Obama en la Casa Blanca será uno de los dos candidatos más impopulares entre los que los estadounidenses han tenido que elegir en su historia. Tanto la candidata demócrata, Hillary Clinton, como el republicano, Donald Trump, no parecen ser del agrado de los electores y muchos de ellos optarán por quedarse en casa este 8 de noviembre o incluso por dar su voto a los candidatos minoritarios, informa Europa Press.

Un sondeo publicado una semana antes de la votación por Washington Post y la cadena de televisión ABC dejó de manifiesto que la inmensa mayoría de los estadounidenses no ven con buenos ojos a los dos aspirantes a llegar a la Casa Blanca. Así, el 60% de los probables votantes dijeron ver de manera desfavorable a Clinton, mientras que el 58% dijeron lo propio de Trump.

Lo que muchos creían que iba a ser un camino de rosas de Clinton hacia la Casa Blanca ha resultado ser un camino plagado de obstáculos. La ex secretaria de Estado tuvo que pelear más de lo esperado para obtener la candidatura demócrata ante el senador Bernie Sanders, cuyo respaldo entre los jóvenes le permitió aguantar con opciones hasta bien entrado el proceso de primarias.

Una vez designada por la convención demócrata en julio, los sondeos daban a la antigua secretaria de Estado una cómoda ventaja, que aumentaba o se reducía mínimamente, en función de las declaraciones, frecuentemente polémicas, de su rival.

Por su parte Trump, que muchos confiaban en que rebajaría el tono una vez designado, ha mantenido su carácter de confrontación con distintos sectores de la sociedad y se ha visto salpicado por varios escándalos, el último de ellos, la publicación de un vídeo de 2005 en el que hacía comentarios obscenos y denigrantes sobre las mujeres.

Aunque el vídeo generó una oleada de críticas, incluso entre algunos miembros del Partido Republicano que llegaron a retirarle su apoyo, y se produjo antes del segundo debate contra Clinton, no fue la puntilla a un candidato que ha sido denostado por buena parte del establishment republicano. Finalmente, se vieron obligados a respaldarle ante sus arrolladores resultados en las primarias.

De hecho, la caída momentánea experimentada por el magnate en los sondeos en los días posteriores pronto comenzó a recuperarse y entonces saltó una nueva sorpresa: el 28 de octubre el director del FBI, James Comey, anunció que su departamento iba a investigar una nueva batería de emails enviados por Clinton durante su etapa al frente del Departamento de Estado, a pesar de que en septiembre rechazó presentar cargos contra ella.

La noticia cayó como una bomba a menos de dos semanas para las elecciones, desenterrando el fantasma de los correos de Clinton que le ha perseguido durante toda la campaña y provocando una tromba de críticas hacia Comey, de quien se ha cuestionado incluso su intención de influir en el resultado del 8 de noviembre al hacer el anuncio y por la falta de base en la que sustentar la investigación. Todo ello para indicar este domingo nuevamente que no hay base para imputar a la ex primera dama.

'Efecto Comey'

Lo cierto es que se ha producido lo que se ha denominado efecto Comey y Clinton ha cedido algo de terreno frente a su rival, aunque hay quien considera que en realidad Trump venía ya en línea ascendente. Según la media de todos los sondeos que recoge RealClearPolitics, Clinton cuenta con un apoyo del 46,6% frente al 44,8 para Trump.

Sea como sea, la brecha entre la ex secretaria de Estado y el magnate se ha reducido y con ello han aumentado las opciones del segundo, para quien la Casa Blanca era en un principio un objetivo nebuloso al final del camino.

Charlie Cook, editor de Cook Political Report, una web especializada, dice que su "corazonada es que es demasiado tarde para Donald Trump". "El jurado había deliberado largo y tendido y estaba llenando la sala para emitir su veredicto cuando se conoció la noticia", escribe en su blog.

Por su parte, la conocida web FiveThirtyEight, especializada en hacer análisis y pronósticos sobre las elecciones, ha ido reduciendo a lo largo de la última semana las opciones que tiene Clinton de alzarse finalmente con la Presidencia, aunque sigue dándole ventaja con respecto a Trump. Su último pronóstico da a Clinton un 66,9% de opciones, frente al 33% para Trump.

Según explica en su último artículo su director, Nat Silver, desde que Comey hizo su anuncio la ventaja de la candidata demócrata sobre su rival ha pasado de ser de unos 5,7 puntos a 2,9. No obstante, reconoce que es difícil de determinar cuánta de esta pérdida de apoyo se debe al anuncio del director del FBI.

Los sondeos

Otro de los temores que planean en la recta final de una campaña especialmente agitada y marcada por las descalificaciones es que los sondeos no estén reflejando la realidad del electorado. Desde el Partido Republicano, algunos dirigentes han sostenido que existe un "voto oculto" que se resiste a reconocer públicamente que votará por Trump pero que el 8 de noviembre depositará en la urna la papeleta con su nombre.

Así las cosas, Trump sigue convencido de que puede dar la campanada este martes, pese a que cuando se lanzó al ring en junio de 2015 pocos pensaban que llegaría tan lejos y pese a que en el último año ha acumulado agravios contra diversos colectivos como los hispanos, los musulmanes o las mujeres que teóricamente le han restado votos. Además, ha amenazado con no reconocer el resultado si no es él el ganador, algo que no ha ocurrido nunca hasta ahora y que le ha granjeado no pocas críticas.

Su llegada a la Casa Blanca supondría la entrada de un outsider. Por norma general, los presidentes de Estados Unidos han ocupado previamente algún cargo electo, han pasado por el Ejército –como fue el caso de Dwight Eisenhower– o han ocupado algún tipo de cargo público –como Hebert Hoover, que fue secretario de Comercio y director de la Administración de Alimentos–.

El magnate no cumple con ninguno de estos requisitos. En 1940 los republicanos también nombraron a un outsider cuya trayectoria es muy similar a la Trump: Wendell Willkie. Este empresario de Nueva York, que inicialmente había sido demócrata y cuyos discursos también eran incendiarios, tuvo que pelear para ganarse el apoyo de los republicanos para finalmente perder en las elecciones frente a Franklin D. Roosevelt.

Clinton quiere hacer historia

Por su parte, Clinton aspira a hacer historia por varios motivos. En primer lugar, porque sería la primera presidenta de Estados Unidos, un país en el que la presencia de las mujeres en la política todavía es reducida. En segundo lugar, porque sería la primera vez que una antigua primera dama vuelve a la Casa Blanca, ahora como inquilina principal.

Además, una victoria de Clinton permitiría a los demócratas mantener tres mandatos seguidos la Presidencia, algo que no ocurre desde que en 1945 Harry Truman tomó el relevo a Franklin D. Roosevelt. Asimismo, si la antigua secretaria de Estado gana, las opciones de que los demócratas puedan recuperar el control del Senado, que perdieron en 2014, aumentan, puesto que su vicepresidente, Mike Pence, sería el presidente de la Cámara y solo necesitarían arrebatar cuatro escaños a los republicanos.
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