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Brasil

La investidura de Bolsonaro coloca a la ultraderecha al mando de la mayor democracia de América Latina

  • La comunidad internacional observa con atención si cumplirá sus incendiarias promesas
  • Ana Pastor encabeza la delegación española en la toma de posesión del nuevo presidente brasileño

Publicada el 01/01/2019 a las 13:16 Actualizada el 01/01/2019 a las 22:42
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El nuevo presidente brasileño, Jair Bolsonaro, saluda junto a su esposa Michele, a bordo de un Rolls Royce durante su recorrido para dirigirse al Palacio de Planalto.

El nuevo presidente brasileño, Jair Bolsonaro, saluda junto a su esposa Michele, a bordo de un Rolls Royce durante su recorrido para dirigirse al Palacio de Planalto.

El líder ultraderechista Jair Bolsonaro se ha convertido en el nuevo presidente de Brasil, en una ceremonia de investidura que ha tenido lugar este martes en el Congreso Nacional, en Brasilia, en medio de una gran expectación internacional por las polémicas medidas anunciadas en campaña electoral.

El nuevo presidente ha prometido "proteger" la democracia brasileña liberándola de las "amarras ideológicas", al tiempo que ha ratificado algunas de sus promesas electorales, como "combatir la ideología de género" y "poner en valor las tradiciones judeo-cristianas". El líder ultraderechista se ha convertido en el nuevo presidente de Brasil en una solemne ceremonia en la que tanto él como su vicepresidente, Hamilton Mourao, han prometido proteger la Constitución y las leyes, según informa la prensa local.

En sus primeras palabras como jefe de Estado, ha indicado que su prioridad será "proteger y dar vigor a la democracia brasileña", después de una serie de gobiernos que ha calificado de "irresponsables" porque condujeron al gigante suramericano "a la mayor crisis ética, moral y económica de su historia".

"Tenemos una oportunidad única de rescatar a nuestro país y la esperanza de nuestros compatriotas (...) Vamos a unir al pueblo y a poner en valor las familias y las tradiciones judeo-cristianas. Brasil volverá a ser un país libre de amarras ideológicas", ha afirmado. En su opinión, "el sesgo político" es lo que convirtió al Estado brasileño en "ineficiente y corrupto", por lo que se ha marcado como objetivo acabar con esta parcialidad ideológica haciendo "reformas estructurales que serán esenciales para la salud financiera y la sostenibilidad de las cuentas públicas".
Como medidas concretas, ha reiterado que acabará con "la ideología de género" en las aulas para preparar a los alumnos para el mercado de trabajo, no para la militancia política, y ha confirmado su intención de combatir la corrupción y la violencia.

Bolsonaro ha reconocido que será "un trabajo arduo" pero ha confiado en que contará con el apoyo de los brasileños. "Brasil iniciará un nuevo capítulo de su historia en el que volverá a ser visto como un país fuerte y pujante (...) Brasil por encima de todo y Dios por encima de todos", ha zanjado.

A continuación, Bolsonaro, acompañado por su mujer, Michelle, se ha dirigido al Palacio de Planalto, sede del Gobierno, para designar oficialmente a sus 22 ministros, cuyos nombres ha avanzado en las últimas semanas a través de redes sociales; recibir la banda presidencial de su antecesor, Michel Temer; y dar un discurso dirigido a la nación.

En esta segunda intervención, ha proclamado que "Brasil ha sido liberado del socialismo" gracias a su victoria. "Esta es nuestra bandera, que jamás será roja. Solo se teñirá de rojo por nuestra sangre, si es preciso para mantenerla verde y amarilla", ha declarado. También ha declarado el fin de la "corrección política". Así, ha ensalzado que ha formado un Gobierno "sin conchabamientos". "Un equipo técnico para transformar nuestro Brasil", ha enfatizado. Entre sus ministros destacan Sergio Moro, responsable de Justicia y Seguridad, y Paulo Guedes, su 'gurú' económico.

Bolsonaro ha hecho hincapié en la necesidad de "acabar con el sesgo ideológico" y en este sentido ha considerado "urgente" eliminar "la ideología que protege a los criminales y criminaliza a policías y militares", "desburocratizar" el país y enmendar las relaciones internacionales. "Vamos a restablecer el orden", ha prometido.

Los actos protocolarios han continuado en el Palacio de Itamaraty, que alberga el Ministerio de Exteriores, donde ha dado una recepción oficial a los emisarios internacionales. De acuerdo con la Cancillería, a la toma de posesión han asistido diez jefes de Estado y de Gobierno, incluido el presidente boliviano, Evo Morales. "Acompañamos en su posesión al hermano presidente, Jair Bolsonaro, con la convicción de que las relaciones Bolivia-Brasil tienen raíces profundas de lazos de hermandad y complementariedad de nuestros pueblos", ha escrito en Twitter el líder indígena. Morales es el único representante de la llamada corriente bolivariana porque Bolsonaro retiró la invitación que el anterior Gobierno de Michel Temer había formulado al venezolano Nicolás Maduro, el nicaragüense Daniel Ortega y el cubano Miguel Díaz-Canel por considerar que son "dictadores".

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha enviado a su secretario de Estado, Mike Pompeo, pero le ha felicitado a través de Twitter. "¡Estados Unidos está contigo!", ha dicho, confirmando una cercanía entre ambos presidentes que alcanza también a sus agendas de Gobierno.
De hecho, Bolsonaro ha anticipado estos meses que trasladará la Embajada de Brasil en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, imitando los pasos de Estados Unidos. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha sido otro de los asistentes a la toma de posesión.

El 'Trump tropical'

Jair Bolsonaro se ha convertido en presidente de Brasil este 1 de enero en medio de una enorme expectación internacional por el verdadero rumbo que adoptará su Gobierno, después de una campaña electoral dominada por lo políticamente incorrecto que le ha valido el apodo del "Trump tropical".

Bolsonaro ha llegado hasta el Palacio del Panalto en un ascenso meteórico que ni él mismo imaginaba. Llamó primero a la puerta de las Fuerzas Armadas y fue capitán del Ejército hasta que una crítica pública a los bajos sueldos de la tropa y un supuesto plan para dinamitar el baño de su academia militar acabaron con su carrera castrense en 1987.

Tras su expulsión de la institución armada dio el salto a la política. Pasó hasta por siete partidos hasta encontrar su lugar en el Social Liberal (PSL). Su hábitat durante los últimos 27 años ha sido el Congreso federal, aunque con escasos resultados porque solo consiguió aprobar dos proyectos de ley de los cientos que impulsó.

En las elecciones generales de 2014 fue el político más votado de Río de Janeiro, lo que le colocó en una posición privilegiada para lanzarse a la pugna presidencial en nombre del PSL cuatro años después. Los sondeos sobre intención de voto le dibujaban en un principio como un aspirante marginal, pero poco a poco fue ganando espacio hasta dar la sorpresa.

Paradójicamente, el empujón en las urnas se lo dio un perturbado mental que el 6 de septiembre, durante un acto electoral en Minas Gerais, le asestó una puñalada en el abdomen. Con ello, Bolsonaro saltó a las portadas de la prensa nacional e internacional consiguiendo que muchos brasileños le pusieran cara.

El 7 de octubre, en la primera vuelta, arrasó sumando un 46 por ciento de los votos. El segundo más votado, el izquierdista Fernando Haddad, se adjudicó un 29 por ciento. Bolsonaro repitió victoria en el balotaje del 28 de octubre, con un 55 por ciento frente al 44 por ciento obtenido por el candidato petista.

Los analistas políticos fundamentan la hazaña electoral de Bolsonaro en un discurso populista que ha capitalizado el creciente descontento social por la crisis económica y la extendida corrupción en los partidos tradicionales, que incluso ha llevado a prisión al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

A ello se suma una estrategia de comunicación que ha apostado por las redes sociales, donde tiene millones de seguidores, rechazando los canales habituales -prensa, radio y televisión-, y ha desafiado el formato clásico de la contienda electoral, ausentándose de los debates con otros candidatos.

Sin complejos

Bolsonaro se ha perfilado en estos meses como un político irreverente que no ha dudado en abordar todas y cada una de las cuestiones espinosas que han surgido, aportando algunas de su propia cosecha, y en alimentar la polémica hasta convertirse en protagonista indiscutible de la campaña electoral.

El líder ultraderechista ya era conocido por su militarismo. En 2016, confesó que era un nostálgico de la dictadura militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985. "El error fue torturar y no matar más", llegó a decir en una entrevista con una emisora local.

Tampoco era un secreto su aversión hacia las mujeres. En 2003 le dijo a una diputada del PT que "no merece ser violada porque es muy fea" y se ratificó once años después. La misoginia alcanza también a su entorno familiar: "Tuve cuatro hijos y, en un momento de debilidad, tuve una hija".

Además, hace gala de su homofobia. Ha declarado que prefiere ver morir a un hijo en un accidente de tráfico antes que "con un bigotudo", que si un hijo "empieza a ser 'gay'" hay que darle "un buena tunda" para corregirlo, y que "el 90 por ciento de los hijos adoptados por (parejas de hombres) van a ser homosexuales y se van a prostituir".

Gobierno Bolsonaro

Bolsonaro ha confeccionado ya un Gabinete que contará con 22 ministerios, siete menos que los del Gobierno saliente de Michel Temer, entre ellos dos 'súper ministros' que dan una idea de cuáles serán sus prioridades a partir de este martes.

Sergio Moro, el juez que puso entre rejas a Lula, será el ministro de Justicia y Seguridad. Su intención, según ha explicado, es trasladar a la arena política la batalla judicial contra la corrupción que ha liderado a través de la macro causa Lava Jato.

La segunda pata de su Ministerio le obligará a implementar la agenda de seguridad de Bolsonaro. Propone una política de "armas para todos" que facilita su compra y uso por particulares y autoriza a las fuerzas de seguridad a disparar a matar a los criminales, en un país que en 2017 batió récord de homicidios, con una media de siete por hora.

Paulo Guedes será el 'súper ministro' encargado de materializar la "economía liberal con un Estado fuerte" que pregona Bolsonaro. Según ha avanzado, se traducirá en una ola de privatizaciones que excluirá a las "campeonas nacionales" Petrobras y Electrobras y en reformas estructurales para aumentar los ingresos y reducir los gastos.

El cuadro gubernamental lo completan varios militares, entre los que destacan el vicepresidente electo Hamilton Mourao y el astronauta Marcos Pontes, un grupo de tecnócratas procedentes del PSL y Los Demócratas (DEM) y la pastora evangélica Damares Alves.

El DEM y Alves son un claro guiño al Congreso, más fragmentado de lo habitual -hay 30 partidos-, con dominio del gran centro, en el que se enmarcan Los Demócratas, y una influencia notable de los diputados evangélicos. El PSL es la segunda fuerza pero solo representa un diez por ciento, por lo que Bolsonaro necesitará pactar para hacer realidad su hoja de ruta.

"Estos nombramientos van configurando un Gobierno liberal en lo económico, conservador en los principios sociales y religiosos y seguidor de la política exterior de los Estados Unidos de Donald Trump", señalan Anna Ayuso, investigadora senior del CIDOB, y Julimar da Silva Bichara, de la Universidad Autónoma de Madrid, en un informe del think tank.

Una de sus primeras medidas en política exterior será trasladar la Embajada de Brasil en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, tal y como hizo Trump rompiendo el consenso internacional sobre la necesidad de que el estatus de la ciudad santa se decida en un eventual diálogo de paz entre israelíes y palestinos, que la reclaman como capital.

En el escenario regional, ha prometido combatir -solo en el ámbito diplomático- a los gobiernos de Nicolás Maduro en Venezuela y Miguel Díaz-Canel en Cuba, empezando por retirar la invitación que el Gobierno de Temer les formuló para asistir a la toma de posesión, por lo que no estarán presentes.

También ha seguido los pasos de Trump sobre medio ambiente. Bolsonaro sopesa retirar a Brasil del Acuerdo de París y el gigante suramericano ya no acogerá la cumbre de la ONU sobre cambio climático de 2019 (COP25). A nivel interno, ha prometido neutralizar al Movimiento Sin Tierra (MST), que pide un reparto más equitativo del campo.

Bolsonaro imita igualmente el comportamiento del magnate neoyorquino en comercio exterior. Aunque Brasil "ya es bastante proteccionista", apunta el CIDOB, el nuevo presidente desdeña Mercosur y ve con recelo la inversión china. Por todo ello, el China Daily llegó a definirlo en un editorial como el "Trump tropical".

Delegación española

La presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, encabeza la delegación española en la toma de posesión del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, que tendrá lugar este martes 1 de enero en Brasilia.

Pastor está acompañada por el secretario de Estado de Cooperación y para Iberoamérica y el Caribe, Juan Pablo de Laiglesia y por el embajador de España en Brasil, Fernando García Casas -que fue el anterior secretario de Estado-.

Aunque el Gobierno de Pedro Sánchez evitó felicitar de forma expresa y pública al ultraderechista Bolsonaro por su victoria electoral, sí ofreció la colaboración española para los desafíos futuros. Brasil es un país muy importante para España por su peso regional y por la estrecha relación económica entre ambos.

Además, el Ejecutivo socialista ha hecho hincapié en su voluntad de reforzar e institucionalizar la relación con todos los países de Iberoamérica, al margen de ideologías e intereses bilaterales.
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1 Comentarios
  • Ferova Ferova 02/01/19 15:14

    ¿ Hasta cuando se puede ensuciar la palabra democracia ?

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