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Túnez

Túnez elige este domingo a su segundo presidente en democracia tras la muerte del anterior

  • La muerte de Essebsi el 25 de julio obligó a un adelanto electoral de los comicios que se consideran cruciales para la consolidación de la transición democrática
  • Unos 7,2 millones de tunecinos están registrados para votar, pero desde que se produjo la caída del régimen de Ben Alí, la participación electoral ha ido en declive por la desconfianza de los ciudadanos en el sistema político

Publicada el 15/09/2019 a las 13:35 Actualizada el 15/09/2019 a las 17:30
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Una mujer tunecina emite su voto en un colegio electoral durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Túnez

Una mujer tunecina emite su voto en un colegio electoral durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Túnez

EFE
Los tunecinos acuden a las urnas este domingo para elegir al sucesor de Beyi Caib Essebsi, fallecido en julio, en unos comicios que se consideran cruciales para la consolidación de la transición democrática en el país que vio nacer la Primavera Árabe y en el que la inestabilidad social y el declive económico están haciendo mella, informa Europa Press.

La muerte de Essebsi, justo el Día de la Independencia el 25 de julio, obligó a un adelanto electoral de los comicios que estaban previstos para noviembre, alterando el calendario electoral y pillando a contrapié a los partidos, que tenían su vista puesta primero en las elecciones parlamentarias de octubre.

Unos 7,2 millones de tunecinos están registrados para votar en esta ocasión, pero desde que se produjo la caída del régimen de Zine el Abidine Ben Alí en enero de 2011, la participación electoral ha ido en declive en medio de la desconfianza de los ciudadanos en el sistema político.

Un sondeo de 2016 publicado por Arab Barometer mostró que solo un tercio de los tunecinos confía en el Gobierno. La pérdida de confianza ha quedado reflejada en una serie de protestas y huelgas en los últimos años, con los trabajadores de distintos sectores reclamando mejores salarios y condiciones laborales.

Los jóvenes en la ciudad de Sidi Bouzid, la cuna de las protestas que dieron el pistoletazo a la Primavera Árabe, no tienen esperanzas en el resultado de las elecciones. "Las elecciones no tienen sentido (...) no va a cambiar nada", afirma Hafez al Hidori, un joven de 27 años desempleado. "Hemos perdido la esperanza por la mala actuación del Gobierno. Los políticos no tienen una voluntad real de reforma", se queja.

La tasa de desempleo en Túnez se mantiene en el 15,3 por ciento. Karim Fadel, un portavoz de los desempleados en Sidi Bouzid, afirma que "desde las elecciones de 2014, no se nos ha tenido en cuenta en el proceso político. Los políticos vienen a la ciudad y hacen promesas durante las campañas, luego se van y sus promesas se olvidan por completo", denuncia.

El país norteafricano está también bajo presión de los acreedores internacionales, principalmente el Fondo Monetario Internacional (FMI), para que adopte drásticas medidas que permitan recuperar su economía. El FMI, que en 2016 aprobó un préstamo a cuatro años por unos 2.800 millones de dólares, ha dicho este año que la economía tunecina ha mejorado desde 2017. Sin embargo, Túnez aún necesita reducir su déficit fiscal y exterior y reducir la inflación.

26 candidatos se disputan la jefatura del Estado

En total, 26 candidatos concurrirán este domingo en los comicios, después de que la Comisión Electoral rechazara las candidaturas de otros 71 potenciales candidatos. Entre ellos, solo hay dos mujeres.

El movimiento islamista Ennahda presenta candidato a la Presidencia por primera vez. El elegido es su vicepresidente, Abdelfatá Morou, cuya designación se produjo tras un fuerte debate en las filas del partido, otrora prohibido bajo Ben Alí y actualmente muy influyente.

Una victoria de Morou, de 71 años y que actualmente es presidente interino del Parlamento -su titular Mohamed Ennaceur tuvo que ser nombrado presidente a la muerte de Essebsi-, generaría preocupación en otros partidos y podría generar alianzas de cara a las elecciones parlamentarias de octubre con el fin de evitar que Ennahda controle tanto la jefatura del Estado como el Legislativo.

El primer ministro, Youssef Chahed, en el cargo desde agosto de 2016, también es candidato. A sus 43 años es uno de los más jóvenes y cuenta con el respaldo del partido Tahya Tounes, que fundó en 2018 tras desertar del partido del presidente a raíz de disputas con Essebsi y altos cargos de la formación. La disputa política y la mala situación económica del país han provocado una caída en la popularidad de Chahed.

Por su parte, el partido de Essebsi, Nidaa Tounes, apoya al ministro de Defensa, Abdelkarim Zbidi, si bien este concurre como candidato independiente. Zbidi es visto como el responsable de mantener la estabilidad en los últimos meses del mandato de Essebsi, cuando el presidente fue hospitalizado varias veces, según destaca Laryssa Chomiak, experta de Chatham House.

La principal candidata femenina es leal al dictador Ben Alí

La candidata femenina más destacada es Abir Moussi, que ha depositado su esperanza en lo que calificado de "una mayoría silenciosa" que comparte sus puntos de vista anti-islamistas. Considerada como leal a Ben Alí, Moussi busca cambiar el sistema político para dar al presidente más poderes.

Otro de los principales candidatos es el empresario y magnate mediático Nabil Karoui, detenido la semana pasada por blanqueo de dinero y evasión fiscal y que el jueves inició una huelga de hambre para protestar por su arresto, que ratificó a la espera del juicio el viernes un tribunal. La comisión electoral ha aclarado que aún puede ser elegido pese a que permanece en prisión. También figuran entre los candidatos el expresidente Moncef Marzouki, quien ocupó la Presidencia del país tras la caída de Ben Alí, y el antiguo primer ministro Mehdi Jomaa.

Túnez es considerada como la única historia de éxito democrático tras la ola de levantamientos de la Primavera Árabe de ahí que estas elecciones sean vistas como una prueba de la capacidad de los candidatos para convencer a los tunecinos de que acudan a las urnas en lugar de salir a las calles a manifestarse.
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