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'Corona-news': la lección que aprendió Sudáfrica, las enfermedades ocultas tras el covid-19 y los riesgos de Zoom

  • The Economist explica que los errores de Sudáfrica a la hora de enfrentarse al VIH han permitido afrontar con más cautelas y garantías la pandemia de coronavirus
  • The Washington Post recaba testimonios que aseguran que muchos enfermos de otras dolencias están retrasando la visita al médico por miedo al coronavirus con resultados fatales
  • The New York Times desvela que las vulnerabilidades de la aplicación de videollamadas Zoom se conocían desde hace años
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Publicada el 22/04/2020 a las 06:00
Cola para conseguir alimentos en Sudáfrica.

Cola para conseguir alimentos en Sudáfrica.

Efe

infoLibre resume semanalmente las informaciones más interesantes sobre el covid-19 publicadas en la prensa internacional. Esta es nuestra selección de hoy.

 

Las lecciones que aprendió Sudáfrica del SIDA (The Economist)

The Economist publica un reportaje basado en el posible caso de éxito combatiendo el coronavirus de Sudáfrica, un país que no sale tanto en los titulares como Corea del Sur, el gran referente a la hora de aplanar la famosa curva. Los expertos consultados por el periódico aseguran que sus buenos datos cosechados hasta ahora son derivados del fuerte impacto que tuvo en el país africano la epidemia de SIDA vivida hace unos años, que se llevó cientos de miles de vidas por delante.

Thabo Mbeki, el presidente de 1999 a 2008, se creyó a pies juntillas una teoría conspiranoica que leyó en Internet: aseguraba que el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) no causaba el SIDA. Retrasó el tratamiento para salvar vidas, lo que causó la muerte a miles de sudafricanos. “Hoy Sudáfrica todavía tiene más personas infectadas por el VIH que cualquier otro país”. El país, sin embargo, ha aprendido de la experiencia. Las medidas de distanciamiento social se aplicaron el 15 de marzo, una fecha en la que el SARS-Cov2 ya atacaba duramente al continente europeo, pero en la que aún no se registraban graves brotes en África. El 27 de marzo se decretó el cierre del país.

El VIH ha dado forma a la respuesta de Sudáfrica al coronavirus de dos maneras principales, explica el epidemiólogo Salim Abdool Karim. En primer lugar, ha sido mucho más fácil convencer al Gobierno de que debe escuchar a los expertos, afirma. El resultado ha sido visible y la curva se ha aplanado mucho antes que otros países, dibujando una parábola parecida a la surcoreana y lejana al dramático aumento de casos detectados y de fallecidos vivido en España o en Italia. Estas buenas noticias se han producido porque el SIDA enseñó a los sudafricanos la segunda lección: “Necesitas ir de casa en casa, estar en la comunidad”.

Sudáfrica ha reclutado a unos 30.000 trabajadores sanitarios que combaten el covid-19 en barrios degradados y abarrotados, donde el aislamiento es difícil de ejecutar. Tratan a los posibles casos, recetan cuarentenas si es necesario y evalúan a los habitantes de las casas circundantes. “Una vez que Sudáfrica dejó de esperar a que las personas se presentaran en los hospitales con sida y buscó prevenir o tratar el VIH, desaceleró esa pandemia”, explica The Economist.

 

Las enfermedades ocultas tras el covid-19 (The Washington Post)

El periódico estadounidense The Washington Post alerta de una de las consecuencias de la salud más inadvertidas pero más preocupantes de la pandemia: las personas con otras enfermedades o trastornos que no acuden al hospital durante los primeros síntomas por miedo a contraer el covid-19 y que lo acaban pagando con su vida.

“Las variaciones sobre esta cuestión han desconcertado a los médicos no solo en Nueva York, el epicentro del brote de coronavirus, sino en todo el país y en España, el Reino Unido y China. (…) Muchos médicos creen que la pandemia ha producido una subepidemia silenciosa de personas que necesitan atención en hospitales pero que no se atreven a entrar”, explica el reportaje, que recoge un caso de un hombre que, aquejado de fuertes dolores de barriga, no acudió al hospital. Y lo que se pudo haber solucionado con una operación rutinaria ha llevado a semanas de intervenciones y un desorden gástrico muy severo.

No solo se trata de sospechas basadas en casos individuales. Los datos respaldan la teoría. El 70% de los casos de apendicitis que se tratan estos días en la Universidad Médica de Carolina del Sur son de diagnóstico tardío, lo que agrava la enfermedad. Y un informe del Journal of the American College of Cardiology refleja que han caído en un 38% los pacientes tratados por un evento potencialmente mortal conocido como STEMI, más conocido como infarto de miocardio en español. Es muy improbable que, de repente y coincidiendo con una pandemia global, se hayan reducido los accidentes cardiovasculares, y más en tiempos de ansiedad y miedo generalizado.

"Deberíamos tener una mayor incidencia de estos eventos, pero estamos viendo dramáticamente menos en el sistema hospitalario", afirma un médico. "Eso tiene que significar que están en casa o en la morgue". Muchos hospitales de Estados Unidos están lanzando campañas para insistir en que lo mejor sigue siendo que acudan al sistema sanitario si perciben un síntoma preocupante, aunque aún sea leve. Sin embargo, el reportaje no menciona el posible impacto de un sistema de salud absolutamente privatizado en el país norteamericano, donde muchos trabajadores se están quedando sin seguro médico al perder su empleo.

 

Los riesgos de Zoom (The New York Times)

Zoom, la aplicación para hacer videollamadas inicialmente enfocada al plano empresarial, está en pleno auge ante el confinamiento de muchos países del mundo. En pocas semanas se ha convertido en el programa favorito para otras conexiones, con fines educativos, de ocio o entre familiares y amigos. Pero sus responsables ven como, paralelamente al repentino éxito que disfrutan, les crecen los enanos: cada vez se reportan más fallas de seguridad que pueden provocar que sus usuarios se vean expuestos a ataques informáticos o robos de información privilegiada. The New York Times ha desvelado que ya se sabía. Concretamente, desde hace dos años. Lo descubrió Dropbox, el servicio de almacenamiento en la nube.

La historia es curiosa: Dropbox pagó, de manera privada, a dos hackers para que se infiltraran en los sistemas de otras empresas con las que el sistema de almacenamiento pretendía hacer negocios. Y los informáticos detectaron en Zoom una vulnerabilidad por la cual era posible controlar de manera encubierta los ordenadores Mac de algunos usuarios. Dropbox tomó la decisión de vigilar a partir de entonces las políticas de seguridad de la aplicación de videoconferencias, ya que podrían comprometer su propia seguridad corporativa.

Los responsables de seguridad de Zoom se defienden: ninguna aplicación puede soportar un aumento tan rápido de usuarios en tan poco tiempo. Además, insisten, es un software pensado para su uso empresarial, no lúdico. “Es como conducir un coche en el agua”, insisten. Pero los ex ingenieros de Dropbox citados por The New York Times no se lo creen: las vulnerabilidades existen desde hace mucho tiempo.

 

Cuidado con el teletrabajo (The Economist)

Internet (o más bien, su uso) ha cambiado durante el coronavirus. Es la conclusión y el titular de un reportaje de The Economist que recoge un estudio de Cloudfare, una empresa dedicada a las infraestructuras de la red. Algunos de los cambios de hábito de los internautas que se perciben son evidentes: las páginas con recursos educativos son mucho más visitadas, así como las dedicadas a videojuegos. Otros datos son más curiosos: el acceso a juegos de azar y a pornografía no ha experimentado grandes cambios, según el análisis de la navegación de usuarios norteamericanos, franceses y británicos. Las aplicaciones para encontrar pareja han descendido en tráfico bruscamente.

Pero la conclusión más interesante es la que afecta al teletrabajo. Los grandes núcleos de negocios de ciudades como Londres están registrando un descenso en el uso de aplicaciones destinadas a la comunicación entre empleados de una misma empresa, como es el caso de Slack. Aumenta, sin embargo, en barrios fuertemente gentrificados, desde donde posiblemente muchos de estos empleados están teletrabajando. Su utilización, sin embargo, está aumentando en horas intempestivas: los mensajes enviados en la capital de Reino Unido, así como en París y en Nueva York, han aumentado tanto a la hora del almuerzo como por la noche. “Uno de los costos de no tener que presentarse al trabajo es que nunca podrá desconectarse”, afirma el periodista, que relata cómo el empleo a distancia ha desdibujado el inicio y el final de la jornada laboral.

Uno de los tópicos asociados al teletrabajo es el que asegura que hace disminuir la productividad de los trabajadores, sujetos a múltiples distracciones en el hogar. Sin embargo, múltiples estudios recogidos por The Economist aseguran que no solo la productividad aumenta entre los teletrabajadores, sino que esta opción podría ser una herramienta para los empresarios: para ahorrar en espacio de oficina y poder retener al personal durante los años de crianza de los hijos. Así que el cambio, pronostican, podría ser permanente para muchos. “Las citas en línea volverán algún día. Pero los trabajadores de oficina del futuro aún pueden tener que defenderse de los mensajes a las 9 p.m. de los colegas de teletrabajo”, concluye la pieza.

 

Trabajadores en tierra de nadie (The Guardian)

The Guardian ha publicado un extenso reportaje sobre las condiciones de los trabajadores migrantes en Europa, al igual que hiciera The New Yorker en Estados Unidos la semana pasada con los indocumentados en Estados Unidos. Cientos de miles de ellos están en tierra de nadie: desempleados, exponiéndose en trabajos peligrosos, sin seguro médico: y sin poder volver a casa, porque allí tampoco tienen trabajo y porque tampoco les dejan volver. El periódico británico dedica varias líneas a los rumanos y búlgaros en Austria.

El Gobierno austríaco organizó vuelos chárter para traer a decenas de mujeres rumanas para hacer de cuidadoras de personas mayores durante turnos de 24 horas. “Sus acuerdos laborales requieren que pasen la mitad del mes en la casa de su paciente en Austria, y la mitad en Rumania”, puntualiza el reportaje, pero el Gobierno rumano no las deja volver, y en Austria no conocen el idioma, muchas no tienen acceso a ayudas y el aislamiento propio de sus labores no les permite organizarse.

Muchos países de la Europa del este, como Rumanía, Bulgaria o Moldavia, han visto como cientos de miles de trabajadores volvieron a casa durante marzo para estar con los suyos en esta época tan difícil. Otros ya no pueden volver, y se enfrentan al riesgo de trabajar en empleos de alto contacto con el virus. O directamente se han quedado sin empleo. Los que han vuelto no tienen trabajo tampoco en sus países de origen. Es un callejón sin salida para millones de personas. Ante la difícil situación, países como Portugal o Irlanda, han flexibilizado sus políticas migratorias para evitar las deportaciones masivas y garantizar el cuidado médico de los más vulnerables.

 

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