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Oriente Próximo

El efecto espejo del covid-19 en Israel y las monarquías del Golfo

  • Las tasas de contagio más elevadas del mundo se registran en las monarquías del golfo Pérsico, donde la pandemia afecta sobre todo a los trabajadores migrantes
  • Los países árabes tomaron rápidamente medidas drásticas, como la suspensión de la asistencia a escuelas y universidades, reducción de los vuelos internacionales y sobre todo, el cierre de los lugares de culto
  • La respuesta israelí se demoró más, pero los ultraortodoxos, que según estimaciones representan el 10% de la población, no acataron las consignas de protección y pusieron bajo amenaza la salud y el orden público
  • infoLibre publica contenidos de Orient XXI, un digital independiente cuyo objetivo es contribuir a un mejor conocimiento del mundo árabe y musulmán, cuya imagen se presenta a menudo en los medios deformada y sesgada

Ezra Nahmad (Orient XXI)
Publicada el 10/10/2020 a las 06:00
Un judío ultra ortodoxo inspecciona el Hadas, o mirto, usado durante la celebración de Sucot, la Fiesta de los Tabernáculos, en el barrio ultra ortodoxo de Mea Shearim, en Jerusalén.

Un judío ultra ortodoxo inspecciona el Hadas, o mirto, usado durante la celebración de Sucot, la Fiesta de los Tabernáculos, en el barrio ultra ortodoxo de Mea Shearim, en Jerusalén.

EFE

Desde el comienzo de la pandemia hasta fines de septiembre de 2020, Catar lleva acumulados cerca de 45.000 contagios confirmados por millón de habitantes; Bahrein, cerca de 42.000. Se trata de las tasas más elevadas del mundo, el doble de Estados Unidos y de Brasil, consideradas como muy elevadas. Pero ambos Estados del Golfo tienen poblaciones modestas: Bahrein cuenta con 1,7 millones de habitantes; Catar, 2,8 millones. Y la cantidad de muertes vinculadas con el covid-19 es moderada, seguramente por el alto porcentaje de jóvenes en la población (1). Kuwait también ocupa un lugar elevado a escala internacional. Omán tampoco se queda atrás, siempre teniendo en cuenta la cantidad de infectados en relación a la población.

El 23 de septiembre se vivió un fenómeno preocupante en Israel, que supera a Estados Unidos en casos de contagio por millón de habitantes: la cantidad diaria de casos identificados dio un salto espectacular, multiplicando por cuatro la cifra del día anterior y por diez el índice estadounidense. Si hay un país cuyas curvas parecen descontroladas y desconcertantes, sin duda es Israel. El 29 de septiembre, el Times of Israel hizo a su modo la misma constatación: La semana pasada, Israel tuvo la peor cantidad diaria del mundo en contagios de coronavirus por habitante”.

La dinámica de la pandemia revela similitudes, pero también diferencias, entre las monarquías del Golfo e Israel. Las monarquías tomaron rápidamente medidas drásticas: suspensión de la asistencia a escuelas y universidades, reducción de los vuelos internacionales y sobre todo, cierre de los lugares de culto. Las prácticas religiosas que implican la lectura en voz alta, la salmodia o el canto acompañado de movimientos sitúan a las comunidades en la primera línea de vulnerabilidad, así que desde el comienzo de la pandemia esas actividades han sido fuertemente limitadas.

La respuesta israelí se demoró más, pero los jaredíes –los ultraortodoxos–, que según estimaciones representan el 10% de la población, no acataron las consignas de protección y pusieron bajo amenaza la salud y el orden público. Las argucias rabínicas florecen y los contagios se multiplican. La singular situación israelí adquirió cierta visibilidad debido al efecto de un segundo confinamiento general y por manifestaciones callejeras inéditas. Pero la dinámica sigue siendo subestimada en el caso de los países del Golfo. Según los estándares internacionales, los sistemas sanitarios de Israel y de los países del Golfo son relativamente eficaces: “En una evaluación publicada a mediados de marzo por la OMS en relación al grado de preparación a la urgencia del covid-19, los países fueron clasificados en función de una escala de 1 a 5: 1 significaba falta de preparación; 5, capacidad durable. Todos los países miembros del GCC (Gulf Cooperation Council, en español, Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo) salvo Catar obtuvieron una nota de 4 ó 5”, pero ese parámetro no tiene influencia directa sobre las causas de los contagios o las dinámicas de propagación del virus. El análisis de esas dinámicas singulares, interesantes pero todavía poco consideradas, revela menos una catástrofe que la psicología colectiva, comportamientos sociales y el modo de ejercicio del poder.

Antes de bosquejar algunas hipótesis sobre la propagación del covid-19 en Israel y en las monarquías del Golfo, recordemos que la anterior epidemia de coronavirus, el MERS-COVID (acrónimo de Middle East Respiratory Syndrome-Related Coronavirus), bastante menos extendido, apareció en Arabia Saudita y se instaló sobre todo en Oriente Próximo. El primer caso oficial fue el de un saudí de 60 años, fallecido en junio de 2012 durante una hospitalización por neumonía aguda e insuficiencia renal. La OMS señala que el 80% de los casos identificados de MERS-COVID fueron reportados por Arabia Saudita. Y el origen de ese virus, aparentemente corroborado, estaría en un vector animal, el dromedario, cuya carne por cierto se consume. Tras un pico en 2014, el MERS-COVID permaneció endémico, sobre todo en Arabia Saudita. Ahora su transmisión es menor, pero con riesgos más graves.

Sociedades partidas en dos

La sociedad israelí y las de las monarquías están totalmente partidas en dos. Los países del Golfo presentan una sociología singular: una parte importante de su población, entre el 50 y el 90%, está compuesta por hombres y mujeres trabajadores migrantes. Esos trabajadores son las primeras y principales víctimas de la enfermedad (2). El primer estudio epidemiológico realizado en Omán demuestra que dos tercios de los enfermos son trabajadores migrantes. En Israel, la fractura entre los religiosos ultraortodoxos y el resto de la sociedad repercute en la mayoría de las esferas de la vida social. Si bien los principales focos de Covid-19 se encuentran entre los jaredíes, también hay focos en los lugares de esparcimiento de Tel Aviv o en las aglomeraciones palestinas dentro de las fronteras israelíes. Al igual que los trabajadores extranjeros de las monarquías del Golfo, los jaredíes padecen tasas de pobreza y de precariedad sanitaria más elevadas que el resto de la población. En ese contexto de desigualdad de riqueza y de las divisiones comunitarias, la Covid-19 produce crisis inéditas cuyos efectos aún son difíciles de calcular.

Conscientes de esos riesgos, durante los últimos años las monarquías del Golfo tomaron varias medidas para reducir la cantidad de trabajadores migrantes. Pero sus economías se paralizarían si se vieran privadas de mano de obra extranjera. La mayoría de los trabajadores extranjeros del Golfo viven separados de sus familias, que permanecen en el país de origen (India, países asiáticos o africanos), pero algunos trabajadores tuvieron derecho a la reunificación familiar. En uno u otro caso, la deficiencia en la protección social y en el acceso a la atención sanitaria que padecen ha sido motivo de numerosas denuncias. Además, los trabajadores viven en espacios confinados y periféricos que favorecen la aparición de clústers epidemiológicos.

Crecimiento acelerado y modo de vida tradicional

Israel y los países del Golfo son países jóvenes que durante las últimas dos décadas experimentaron un crecimiento económico astronómico y una urbanización acelerada. Son países con territorios modestos, y debido al avance del desierto y del clima cálido, las poblaciones suelen estar concentradas en los litorales y en espacios reducidos. La densidad urbana es elevada. Bahrein está a la cabeza de los territorios con mayor densidad del mundo, como Dubái, Sharjah y algunas localidades de la aglomeración de Tel Aviv, en particular aquellas donde residen los ultraortodoxos. El modo de vida y de alimentación que prevalece en esos Estados hipermodernos aceleró la propagación de la obesidad y de las enfermedades cardiovasculares, factores que agravan la enfermedad por covid-19.

En Israel no faltan los ejemplos de bodas y de celebraciones masivas religiosas o comunitarias que se convirtieron en clústers de covid-19. Preocupado por preservar la mayoría parlamentaria, el gobierno de Netanyahu no puede oponerse a los ultraortodoxos, a quienes les concedió el derecho de realizar plegarias colectivas durante el reciente confinamiento generalizado. La estrategia de protección sanitaria pende de un hilo, del mismo modo que el consenso social. La difusión acelerada del covid-19 está acompañada de una serie de manifestaciones inéditas. Cabe preguntarse si la pandemia no contribuye a consolidar las comunidades y al mismo tiempo no pone en riesgo la unidad de los Estados.

Movilidad e intensificación de la circulación

La vida y la economía de los jóvenes Estados de Oriente Próximo se basan en intercambios, viajes y desplazamientos en fuerte aumento. En el transcurso de los últimos veinte años, las monarquías del Golfo desarrollaron sus aeropuertos, flotas aéreas y puertos mercantes. Israel, que le da la espalda a la mayoría de los países contiguos, también experimentó una intensificación del flujo de los intercambios comerciales y turísticos. Dentro de los Estados y de los espacios urbanos hubo una importante intensificación de la movilidad, que favoreció los intercambios y los diálogos de todo tipo, pero también las enfermedades. En los países del Golfo, la mano de obra extranjera va y viene entre su lugar de alojamiento y una serie de espacios sociales, públicos y privados que se encuentran en el corazón de la economía y de las ciudades. Los desplazamientos cotidianos de una población protegida de manera deficiente en términos sanitarios presentan riesgos para el conjunto de la sociedad, sobre todo en los lugares donde la cantidad de migrantes es mayoritaria.

Sumada al estrés del trabajo y de las ciudades con tecnología de punta, la tensión particular producida por las guerras en Oriente Próximo seguramente no ha recibido suficiente atención: si bien incide sobre la salud y la moral de las poblaciones, aumenta sin embargo su capacidad de resiliencia3.

Acuerdos estratégicos en pos de una vacuna

En septiembre de 2020, Israel, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos firmaron en Washington un acuerdo de cooperación en materia de seguridad. Desde el mes de mayo de 2020, la prensa hace referencia a un acercamiento entre Israel y las monarquías del Golfo “para combatir la pandemia”, que tal vez no era más que un pretexto. Pero unos días después de la firma del acuerdo en territorio estadounidense, empresas israelíes y emiratíes sellaron “acuerdos comerciales estratégicos” en torno a la investigación en Covid. Un mes antes, Sinopharm, un importante productor chino de vacunas, lanzó oficialmente una campaña de test en los Emiratos y en Bahrein. Limitada principalmente a los trabajadores migrantes, esa campaña les permite a los Estados del Golfo presentarse como laboratorios y territorios de ensayo.

En las bambalinas de los llamados acuerdos Abraham firmados en Washington, la amenaza del covid-19 probablemente dio lugar a conversaciones e intercambios de documentos no virológicos ni sanitarios, sino relativos al orden del mundo durante y luego de la pandemia. Esos riesgos sin duda tienen que ser evaluados e integrados en las nuevas dinámicas regionales. Los temblores de la pandemia ya se sienten en la seguridad de los Estados y las formas de gobierno. En Israel, el gobierno perdió el control de la lucha contra la pandemia o abandonó la partida, y ahora el ejército tomó las riendas. En Oriente Próximo, las esferas íntima y religiosa están siendo cuestionadas por intereses políticos de un modo mucho más nítido que en otras partes. La penetración de sistemas de información inéditos en esas esferas debe ser considerada seriamente, sobre todo porque está motivada por el afán de ir siempre un paso adelante en materia tecnológica. En esa región, al igual que en el resto del mundo, la pandemia modifica profundamente el ejercicio del poder y suscita nuevos interrogantes.

Notas

(1Ese fenómeno fue apuntado en relación a las monarquías del Golfo desde el mes de julio de 2020: “Las dos monarquías vecinas de Bahrein y Catar presentan índices que se encuentran entre los más elevados del mundo en contagios de coronavirus confirmados en relación con la cantidad de habitantes”. Jon Gambrell, «Two Mideast countries have highest confirmed virus rates», AP News, 23 de julio de 2020.

(2Ejemplo de Catar: Laith J. Abu Raddad y col., «Characterizing the Qatar advanced-phase SARS-CoV-2 epidemic».

(3Rémi Noyon recuerda, tras los pasos de Jean Delumeau, el peso de los comportamientos y de la psicología colectiva. «Pour comprendre la psychologie d’une population travaillée par une épidémie…», L’Obs, 27 de marzo de 2020.

Ezra Nahmad. Nacido cerca de Nazaret, autor de varios reportajes en Israel, adonde viaja regularmente, publicó en particular la trilogía fotográfica 'Without/Sans' (2013), 'Sounds Hel' (2015) y 'Leave' (2016) en ediciones Peperoni Books (Berlín). También es crítico de arte para varias revistas publicadas en Francia. Vive y trabaja en París.

Traducido por Ignacio Mackinze.

Aquí puedes leer el texto original en francés.

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