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Crónica del ‘Des-Prestige’

Publicada el 14/11/2013 a las 06:00 Actualizada el 13/11/2013 a las 23:58
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La lectura de las 263 páginas de la sentencia sobre la catástrofe del Prestige produce la sensación de ir atravesando una especie de chapapote jurídico-político. Las cosas que empiezan mal no suelen acabar bien. Esta historia comenzó con improvisaciones, actitudes prepotentes, desprecios a la lógica y engaños clamorosos. Continuó después con una de las más impresionantes reacciones de solidaridad y civismo vividas en este país, con 120.000 voluntarios recogiendo chapapote incluso con sus propias manos a falta de herramientas. Y, once años después, concluye (provisionalmente) su recorrido judicial con un relato que descarta toda responsabilidad penal por delitos medioambientales. Es decir, el mayor desastre ecológico sufrido en las costas españolas se salda sin encontrar culpable alguno, sin aclarar la causa del siniestro y sin despejar tampoco el monto de los daños provocados ni quién deberá pagarlos en la hipótesis de que la vía civil lo permita.

Conviene recordar que en el banquillo se sentaban tres jubilados: el capitán del barco y su jefe de máquinas, ambos de nacionalidad griega, y el exdirector de la Marina Mercante del Gobierno de Aznar, José Luis López-Sors. Al magistrado autor de esta sentencia, Juan Luis Pía, presidente de la sección 1 de la Audiencia Provincial de A Coruña, se le escapó al finalizar la vista oral que echaba de menos en ese banquillo a cargos públicos y altos responsables de la armadora del buque. No deberían, en ese sentido, presumir de su actuación los dirigentes del PP que intervinieron en el desaguisado, porque el fallo se limita a eximir de responsabilidad a esos tres jubilados desde el punto de vista penal. No es que el auto proclame que hay responsables políticos que se van de rositas. Esa no es la tarea de un tribunal. Pero la sentencia alude a las responsabilidades políticas cuando recuerda sin mencionarlos expresamente aquellos "hilillos de plastilina" de los que hablaba el hoy presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuando critica que "las autoridades españolas trivializaron sobre los vertidos y no calibraron debidamente las consecuencias del hundimiento". O cuando afirma que el entonces delegado gubernativo en Galicia, Arsenio Fernández de Mesa,  "desempeñó una tarea de coordinación difusa y confusa". Estas consideraciones incluidas en el fallo judicial deberían haber formado parte de las conclusiones de una comisión de investigación parlamentaria que el PP abortó en su día en Galicia.

Sí pero no

El relato de la sentencia es un constante sí, pero no, quizás, no obstante. De modo que tan pronto deja claro que el barco tenía "fallos estructurales" y una "conservación y mantenimiento deficientes" como descarta que esas nefastas condiciones de navegación sean la causa del siniestro. Lo mismo admite que la carga "quizás era excesiva" como relativiza ese dato a la hora de explicar el hundimiento. Considera que "se han demostrado negligencias, incurias y modus operandi inaceptables", pero que no conllevan responsabilidad penal (al menos para los tres únicos acusados). Asume que el capitán es un anciano con problemas cardiacos al frente de una tripulación insuficientemente cualificada, aunque tampoco considera que ese perfil profesional afectara a lo ocurrido. Describe someramente el entramado societario tras el que la armadora y el propietario de la carga esconden su responsabilidad, pero eso tampoco parece afectar al meollo jurídico-penal. El abanderamiento del barco en Bahamas responde al manual de opacidad en el macronegocio del transporte marítimo, pero estima el tribunal que "hay quien piensa que ese abanderamiento tiene mejor imagen que el español". Alude el fallo también al disparate que supone que una entidad privada, la gigantesca ABS, sea la encargada de conceder o no permiso internacional de navegación a un mercante, lo cual convierte lo que debería ser un control de carácter público y transparente en un entramado absolutamente lucrativo.

Entre las muchas obviedades que recoge la sentencia destaca la de que no hay dolo o intencionalidad porque los tripulantes "no habrían navegado si fueran conscientes del riesgo". Incluso se llega a afirmar solemnemente que "no se ha demostrado que los acusados quisieran hundir el buque". Si se tratara de un accidente de avión, y existiera un aluvión de indicios de que el avión no estaba en condiciones de volar, el caso no podría despacharse con la obviedad de que los pilotos no pretendían estrellarse. 

"Al quinto pino"

El punto quizás más polémico y clave del desastre del Prestige fue la famosa orden de enviar el barco "al quinto pino", atribuida a Francisco Álvarez Cascos y negada por el entonces ministro de Fomento, que andaba de cacería. Acepta la sentencia que existen informes periciales "contradictorios" sobre si hubiera sido más conveniente (como quería el capitán) remolcar el Prestige a un puerto o ensenada cercana (Seno de Corcubión), blindar el buque de pantallas que frenaran los vertidos y abordar la operación de extraer el combustible. Pero los jueces de A Coruña vienen a concluir más o menos que se hizo lo que en ese momento se consideró menos arriesgado y que ni siquiera a posteriori "nadie ha sido capaz de señalar lo que debe hacerse aparte de algunas opiniones particulares más o menos técnicas". Curiosamente los jueces firmantes sí ejercen de técnicos al afirmar que la decisión de enviar el barco al quinto pino es "cuestionable pero parcialmente eficaz".

De modo que ese macronegocio opaco del transporte marítimo de hidrocarburos que la propia sentencia describe puede quedarse tranquilo. Y aquellas proclamadas intenciones de crear puertos refugio que limitaran los daños en otra situación similar pueden volver al cajón. Se calcula que este jucio ha costado millón y medio de euros, cuyas dos terceras partes pagarán los contribuyentes gallegos. Las indemnizaciones reclamadas tendrán que esperar a la vía civil o a los posibles recursos ante el Tribunal Supremo. Y es deseable que en esa instancia se corrija en lo posible lo que el periodista Gustavo Catalán definió como 'Desprestige' en el libro de referencia prologado por Manuel Rivas, impulsor del movimiento Nunca Máis. No debe quedar asentado, como en Aznalcóllar, que el que contamina no paga.

Galicia tiene hoy más medios técnicos y humanos para prevenir desastres marítimos. Hay que agradecérselos al movimiento civil que se produjo contra el chapapote, no desde luego a la impresentable reacción de las autoridades políticas ni al rigor y premura exigibles a la actuación judicial. 
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6 Comentarios
  • tintarroja tintarroja 23/11/13 17:23

    Los ciudadanos de a pie no somos ni jueces, ni técnicos, ni investigadores, ni especialistas, pero muchas veces, sin embargo, cuando nos unimos en una causa común, como en el caso Prestige, somos capaces también de dictar sentencia mucho antes que los jueces e incluso más justa que en este caso. Esto pudiera parecer una tontería, pero ahora se ha demostrado que, al menos en el caso del Prestige, los "jueces" no han sentenciado nada ni a nadie, pues han dejado sin castigo a los auténticos culpables -una de tantas ocasiones de hacer justicia al medio ambiente- Es una pena que la sentencia de los ciudadanos no sea vinculante, pues la voz siempre es aplastada por los de siempre: los que buscan el lucro a toda costa, quienes les dan su visto bueno para que sigan destrozando la vida de los demás, mientras ellos también destrozan con la caza. Es una infamia que se seguirá perpetrando si Dios no lo remedia. Y vamos hacia el punto de no retorno. ¡Viva Nunca Mais!

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  • BASTE BASTE 16/11/13 11:39

    Es una novela más de las que, al leer el título, ya conoces el desenlace. Hay otras, Noos-Amazon, Bárcenas, Gurtel, Bankia, BSCH, diversas Cajas, Palau y así pasando pasando hasta Venta de Rumasa, PSV, Flik…..etc. Tenemos lo que hemos elegido en cada momento entre los que van y vuelven, o afinamos la puntería y elegimos mejor o tendremos más de lo mismo. Ya se lo dijo Leónidas a sus espartanos “haced otra cosa”. Peor no nos puede ir ¡ensayemos algo distinto!

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  • Maria garcia Maria garcia 15/11/13 00:41

    El Prestige es uno de tantos petroleros en malas condiciones.. La península ibérica está okupada por los españoles y portugueses. No quieren andrajosos en sus costas. A Catalunya le pasa lo mismo. Las lanchas con droga llegan presuntamente a mares..Esta navidad el cava va a sufrir una crisis peor que en 2004...Los antepasados de los actuales inquilinos, combatieron guerra tras guerra, para dejarles esta herencia..Sin impuestos de sucesión planetarios..

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  • Belley Belley 14/11/13 09:37

    Si el control de los permisos de navegación internacional es una entidad privada; si el gobierno español es una entidad pública sometida a los intereses privados y si buena parte de la justicia española está asimismo sometida a los intereses del gobierno español, el resultado es esta sentencia. España no es un país, sino una desgracia. Hasta que el pueblo español no se dé cuenta de que la única posible solución pasa por sacar a patadas a toda esa casta que gobierna contra los intereses de la nación, seguirá padeciendo esa desgracia.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 14/11/13 07:27

    Por lo visto en la sentencia: 1) nidiós tuvo ninguna responsabilidad por lo que pasó allí; 2) tenía razón Rajoy (¡hoy Presidente de Gobierno!) cuando decía que sólo eran hilillos de plastilina; 3) hasta quizá la sentencia le dé la razón al periodista "Chani" que en "Al Rojo Vivo"  decía que los voluntarios que acudieron a limpiar las playas fueron a una romería (¡hay que ver cómo son algunos ex-PCE!: son más de derechas que nadie). Mi solidaridad con la plataforma Nunca Máis y con tantas personas voluntarias que estuvieron trabajando para paliar aquella catástrofe y que muchas de ellas ahora lo estarán pasando mal viendo el comportamiento de la ¿Justicia? Algunos se mancharon de chapapote, otros se están manchando de mierda.

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  • Retornado92 Retornado92 14/11/13 00:27

    Esto viene a ser una repetición de lo que seguramente pasará con el caso Bárcenas, y acaso con el caso Gürtel, pues ahí está la banda del PP al completo para salirse con la suya, pues el país entero es suyo por designación divina, y el pueblo alienado les da mayorías absolutas a pedir de boca... Es la potencia del capital y de la religión... El mayor error jurídico fue dejar en manos de un juzgado insignificante un asunto de esta envergadura, así como lo fue dejar en manos del juzgado de Nules el caso del cacique Carlos Fabra... Decididamente, nuestra llamada justicia es un simulacro, razón por la que ni siquiera nos atrevemos a hacer películas de juicios, porque serían una vergüenza clamorosa... En cuando al ministro de Fomento de entonces, anunció su catadura moral, que después rubricaría cuando, perdidas les elecciones por sorpresa, pasó una semana destruyendo documentos y se fue de vacaciones, sin más...

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