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La maldición de ser presidente del Gobierno

Publicada el 04/02/2014 a las 06:00
Mariano Rajoy, durante el pleno de la semana pasada en el Congreso de los Diputados.

Mariano Rajoy, durante una intervención en el Congreso de los Diputados.

JUAN CARLOS HIDALGO
En España, todos los presidentes del Gobierno han salido del poder repudiados por la opinión pública (excepto Leopoldo Calvo-Sotelo, que no tuvo tiempo dada la brevedad de su presidencia). Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero entraron con buenas valoraciones ciudadanas y al final de sus mandatos estaban totalmente quemados desde un punto de vista político. Mariano Rajoy sigue la misma senda que sus predecesores, sólo que la está recorriendo mucho más deprisa.

Las circunstancias en las que cada uno de los presidentes se ha quemado son muy distintas. Suárez perdió la iniciativa política en su segunda legislatura; además, el control de su partido, la UCD, se le fue de las manos. González, tras trece años de ejercicio del poder, se marchó envuelto en escándalos de corrupción y con el baldón de la guerra sucia contra ETA. Aznar perdió todo su crédito político por involucrar a España en la farsa de la guerra de Irak y, sobre todo, por mentir vilmente sobre la autoría del peor atentado terrorista de nuestra historia. Y Zapatero, que se resistió a reconocer la gravedad de la crisis y asumió como suyos los principios de las políticas de austeridad, abandonó el poder entre la incomprensión y el reproche generalizado de la ciudadanía.

Aunque las historias son distintas en cada caso, debe haber un hilo conductor que explique por qué todos los presidentes españoles se queman de esa forma y salen tan desprestigiados. Aquí va mi conjetura.

Pasado algún tiempo de la formación del gobierno, el presidente se enfrenta a sus primeros errores y a situaciones imprevistas que le obligan a tomar decisiones que no estaban en el guión original. En consecuencia, recibe los primeros ataques, muchos de ellos en ese lenguaje hosco, zafio y descalificatorio que resulta tan habitual en columnas y tertulias. Por muy dura que sea la piel del político, es inevitable que procure blindarse ante la crítica, sobre todo si esta se formula en términos tan brutales.

Ahí comienza un repliegue que acaba dando lugar al llamado “síndrome de la Moncloa”
. El presidente, quizá sin tener plena conciencia de ello, pondrá barreras psicológicas para que la crítica no le haga mella: pensará en los motivos mezquinos (envidia, resentimiento, ingratitud) que llevan a tantos comentaristas a criticarle de forma tan acerba. Y se refugiará, por tanto, en las opiniones “amigas” que transmiten algo de calor y complicidad ante la tarea ciertamente ardua de tener que tomar decisiones al máximo nivel.

El presidente, pues, se irá aislando poco a poco de la sociedad. Contribuye a ello la forma absurdamente jerárquica en la que se organiza el poder político en España, en la que el presidente nunca se mezcla con los niveles más bajos de su gobierno, por no hablar ya de posibles contactos con la ciudadanía. Durante su mandato, Bill Clinton reservaba una noche de viernes al mes para reunirse con todo su equipo de asesores, incluyendo los más junior, y cenar unas pizzas en un ambiente distendido en el que todo el mundo opinaba sin cortapisas, provocando así una “tormenta de ideas” de la que el presidente norteamericano sacaba provechosas enseñanzas. En nuestro país, que sigue en esto la tradición francesa, esta manera de proceder resulta simplemente inconcebible. El presidente siempre está recluido y rodeado por sus colaboradores más estrechos. El diálogo con gente que pueda proporcionarle una perspectiva más fresca es inviable.

A medida que se ahonda el aislamiento de la sociedad, el presidente llena el hueco con nuevos contactos, que proceden de las esferas más altas. Sus interlocutores, fuera del ambiente asfixiante y muchas veces viciado del propio gobierno, pasan a ser los consejeros delegados de las grandes empresas, directores de banco, directores de medios de comunicación y gente similar. Sus fuentes de información y análisis van sesgándose progresivamente a favor de las élites del país.

Por otro lado, todos nuestros presidentes, hasta el momento, se han caracterizado por no hablar idiomas, no haber vivido nunca fuera de España y tener unos conocimientos muy rudimentarios sobre la esfera internacional antes de llegar al gobierno. En este sentido, la experiencia del poder les cambia profundamente. Descubren un mundo nuevo y quedan deslumbrados por los consejos europeos, los encuentros con otros mandatorios y, en general, por la “alta política”. En ese ambiente reciben un mejor trato que en su propio país, gozando de un reconocimiento que en casa se les regatea.

Llega un momento en que la sociedad se desdibuja en la mente del presidente, quedando reducida a las tablas de datos de las encuestas de opinión pública. Inevitablemente, los puntos de apoyo del presidente pasan a ser entonces su camarilla de gobierno, las élites económicas y financieras del país y sus homólogos en otros países. Cuando actúa, piensa en mayor medida en la reacción que van a tener estos grupos que en la reacción de la ciudadanía. Como todo ser humano, el presidente necesita contar con un cierto grado de aprobación, pero ya no lo busca en la sociedad, sino en las élites del país y en la esfera internacional.

Cuando se consuma este divorcio entre el presidente y la sociedad, los errores se multiplican. La sociedad deja de entender al presidente y su valoración ciudadana inicia un descenso que sólo se detendrá con la salida del poder. Se rompe la sintonía que había en los primeros tiempos con la opinión pública y se pone en marcha una erosión popular imparable. La historia se ha repetido con nuestros cuatro presidentes anteriores y todo apunta que ya está ocurriendo de nuevo con Rajoy. Es una forma única de combustión política que merece algo más de atención de la que se la prestado hasta el momento.
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9 Comentarios
  • molete molete 19/02/14 20:38

    Un breve comentario como continuaciòn  he tratado de ser racional en mi expposicion, no he tratado de ser cientifico porque no lo soy,  pero si  cuento con la suficiente experiencia y conocimientos para saber y conocer que  los Medios, Intelectuales, etc. con sus adhesiones è intereses sobrevenidos se pasaron  de ciencia y racionalidad, apoyando a ultranza y sin matices  una opciòn pobre-por decir algo-, y a muchos asì les va ( no culpen a nadie )un necio por mucha apostura que tenga leyendo un discurso no pasa de ser necio a brillante de la nocha a la mañana, y aqì estamos - en salarios camino de 1.990- para la mayor paerte dee la clase traabajadora, el resto haber qque pasa, esperando recuperar Educacion y Sanidad con el tiempo ??... Que decir de los propios medios protagonistas principales..?En fin pasamos de una deuda bruta del 54% del PIB de 2.011 al 94% de final 2013, por castigo los medios castigados a no mentir por interes-Hoy Hiberdrola se va de España para no arruinarse

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  • molete molete 19/02/14 20:06

    La maldiciòn de ser presidente.... que nos plantea el Profesos Sanchez Cuenca, se paareceria por asì decirlo a la soledad del Jefe, por muchos Directores, Consejeros y demàs "staff" que mantenga, llegarà el momento en que se encontrarà solo. Totalmente solo-sus decisiones seràn solo suyas y en situaciòn de que cuanto mas resisstencia oponga mas agresiònprovocarà, le abandonaran los medios y la opiniòn  publica lo reshazarà , ahì comenzarà el declive. En este momento me biene a la memoria un magnifico articulo periodistiso  leido el 24 de Mayo de 2.009- La Derechizaciòn de los Intelectuales Españoles, los mas "peligroosos", por su innegable pooder de influencia,que junto a pposibles  cicunstancias de crisis ocasionales ò sistemicas que puedan acaecer en el devenir de la Legislatuta es el principio de la maldiciòn de ser Presiente del Gobierno Puede existir alguna vez un Presidente que sabiendo que la verdad ABSOLUTA no existe, nos enseñe a disfrutar de las verdades relativas. Lo hubo?

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  • Fernando Alomar Fernando Alomar 06/02/14 09:40

    Muy interesante. Lo que comentas de Clinton no es inusual en este pais, pero se da solo en algunos empresarios. He leido que tanto Botin como el de Mercadona hacen minimo una vez a la semana visitas sorpresa a sucursales o supermercados, para ver de primera mano como lo hacen y detectar problemas o mejoras que no pasan por los filtros jerarquicos. Y asi les va de bien. No los defiendo, después racanean mucho los sueldos de los empleados. Si creo que ese contacto con los escalones mas bajos les debe abrir los ojos un poco. Otra cosa que detecto en muchos, demasiados politicos, es el terror a la autocritica. Y eso a medio plazo es suicida. Por eso se queman tan rápido. George Soros, otra persona que tampoco es modélica pero sí muy avispada, contaba en una entrevista que no tenía ningun reparo en hacer autocritica, ya que la veia como una herramienta para mejorar. Saludos de un primo! (Fernando S-C)

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  • Kai Kai 05/02/14 11:36

    No generalice, no son todos iguales. La mayoría de la gente -de la ciudadanía- no somos tontos. Sabemos distinguir, sabemos que no son lo mismo Aznar que González, que universalizó la sanidad y educación públicas, dignificó la pensiones....como también sabemos que Aznar no es igaual que Suárez. Por favor, o contribuya usted -e INFOLIBRE- a esa estrategia de la confusión -en favor de la derecha, por supuesto- de la que fue maestro el inefable intoxicador Jota Pedro.

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  • delgado delgado 05/02/14 09:41

    Muy acertado el análisis. Yo añadiría que, además, los órganos de dirección del PP y del PSOE están formados por cooptación y burocracia, siendo más importante la lealtad personal que la opinión política. Lo que se espera de los dirigentes del PP y del PSOE es que apoyen al líder, no que hagan política. En consecuencia, el presidente del gobierno carece de cualquier lazo con la sociedad real, incluso a través del filtro de su partido. Lo estamos viendo con la contrarreforma del aborto promovida por Gallardón: muchos dirigentes del PP están en desacuerdo, pero no pueden manifestarlo, porque se entendería como una deslealtad al partido. Los únicos que pueden discrepar son lso dirigentes territoriales que no dependen del aparato central.

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  • nessie nessie 04/02/14 22:56

    El problema ya viene en los partidos, y más con la estructura jerárquica que tienen en España. La prioridad es no ser un disidente, porque no se sale en la foto. La consecuencia es que al final lo más importante es la unidad interna del partido, y el desprecio de la realidad exterior, que se salda en decisiones erróneas simplemente por absurdas. ¿Soluciones? La única es una ciudadanía crítica, que saque a los partidos del poder y ponga otros, se salte el bipartidismo y repita el proceso hasta que los políticos se conciencien de que tienen que gobernar para los ciudadanos, pero eso lo tienen que imponer los propios ciudadanos, reactivando la participación política fuera de los partidos, o entrando pero manteniéndose críticos, sin interés en carrera política personal, como en la Atenas clásica, que al que no participaba en política se le consideraba un inútil. ¿Puede hacer esto la ciudadanía española? Lo dudo, pero no hay otra esperanza.

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  • OsKarTel OsKarTel 04/02/14 19:53

    En teoría un presidente de una nación debería gobernar para l@s ciudadan@s de esa nación, que para eso le han votado. En mi opinión, un buen dirigente debería contar con mecanismos de comunicación bilateral con la ciudadanía para cotejar como lleva su mandato y así servir a su nación con eficacia. Nada más lejos de la realidad en este santo país. Los presidentes que hemos tenido no solo no han gobernado para sus ciudadan@s sino que se han aislado, como bien dice el artículo, con sus amiguitos, dando prebendas a unos pocos (o sea a esos amiguitos) a costa de la mayoría. Por otro lado, cuando la evidencia de sus malas gestiones les cae como una losa, en vez de actuar con dignidad y dimitir, se escudan en mentiras y falsas autovanaglorias que, a estas alturas de la película, no se las creen ni sus “sanchos panza”.

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  • Maria garcia Maria garcia 04/02/14 11:18

    Me ha gustado el análisis. Ser presidente del Gobierno precisa de una fortaleza interior enorme, conseguida con esfuerzo intransferible.. Ser ministro no sirve como preparación. Interfiere en la paz interior previa indispensable para empezar con objetividad.

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  • Belley Belley 04/02/14 00:38

    A todo lo expresado en este artículo, que es cierto, hay que añadir un factor adicional en el caso de Mariano Rajoy: la corrupción. Para poder sobrevivir como gobierno –e incluso como político en activo–, Rajoy se ha visto obligado desde el primer momento a negar la mera existencia del caso Gürtel como algo consustancial al Partido Popular. Pero la realidad es tozuda y, a día de hoy, mientras los españoles estamos ya mayoritariamente convencidos de que el PP es un nido de corrupción y de que  el presidente ha estado al tanto desde siempre e incluso ha cobrado dinero en B, él sigue aparentemente ajeno a lo que sucede en los juzgados y mantiene un absurdo discurso triunfalista que no es sino huida hacia adelante. Conozco a gente del PP y puedo asegurar que, en privado, ni siquiera ellos lo creen.

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