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Plaza Pública

La Universidad hoy


Eloy Anguiano Rey
Publicada el 08/02/2015 a las 06:00 Actualizada el 07/02/2015 a las 19:41
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Soy profesor universitario y me gustaría hacer un poco de historia sobre la Universidad reciente, contar cómo la están destruyendo y analizar todo lo que ésta supone. No entraré ni en la función social ni en la investigadora (que también están destruyendo) sino sólo en su vertiente docente.

Hace muchos años, cuando yo estudié, todas las carreras superiores eran de cinco años y las medias o técnicas de tres años. Las carreras superiores a los tres años permitían acceder al título de diplomatura –aunque casi nadie lo pedía– y a los cinco se accedía a la licenciatura, algo aparentemente muy similar a lo que ahora quieren implantar. Muchos pensarán que para este viaje no hacían falta alforjas. Pero, como se verá, no hemos vuelto al mismo punto.

De repente llegó el Plan Bolonia y se suponía que se iba a realizar una atención individualizada al alumno. Sin embargo, lo único que se ha conseguid es usar mucho Moodle [una plataforma digital de aprendizaje ]y algunos, incluso, pasar lista en clase (¡en la Universidad!). La atención individualizada significa más recursos humanos, muchos más profesores, grupos de veinte alumnos, a lo sumo de treinta, no de 120 como la mayoría de los grupos en la Universidad. No se quiso invertir en recursos humanos y el Plan Bolonia desde el punto de vista de la calidad docente quedó en agua de borrajas.

Con el plan Bolonia, a los cuatro años se obtenía el título de grado, algo más que el diploma pero algo menos que la licenciatura. Con un año más se obtenía el máster que es equivalente completamente a la licenciatura. Con éste plan hemos construido una universidad próxima a la formación profesional de alto nivel, muy encaminada al mercado laboral, lo que supone para mí un gravísimo error. En consecuencia subieron brutalmente las tasas académicas, sobre todo en máster. Y, aunque el coste es muy superior, la formación es similar o peor y no existe ninguna atención individualizada.

Ahora llega la gran contrarreforma volviendo al 3+2 de toda la vida pero con un coste de los dos últimos años unas tres veces superior. Además, para acceder al máster existe la obligación de haber terminado completamente el grado, no como antes, que los alumnos podían continuar en el cuarto curso con alguna materia de los anteriores. Esta modificación supone la posible pérdida de un año, sobre todo en ciencias e ingenierías. Claro que supondrá un ahorro de las familias porque muchas no podrán pagar el máster. Eso sí, sus hijos no podrán tener una formación completa exclusivamente por causas económicas.

Sin embargo, si esto no era suficiente, se hace de forma voluntaria. Unas universidades podrán tener grados de tres años y otras de cuatro años, de tal forma que el título de se obtendrá con distinto esfuerzo y conocimiento dependiendo del centro. Las primeras en poner en práctica esta medida, sin ninguna duda, serán las universidades privadas que, generalmente, no pueden competir en calidad con las públicas. A esto hay que añadirle que se decide empezar su implantación al final de una legislatura y puede que dure menos de un año. Las reformas universitarias son continuas y en las universidades aún mantenemos cursos del plan antiguo (para estudiantes rezagados que tienen derecho a acabar sus estudios) cuando tenemos una reforma más. Ahora tendremos que mantener tres planes distintos. Desde el punto de eficiencia universitaria es poco menos que una aberración.

Para rematar la faena hay que ver qué pasa con las ingenierías, la medicina o la arquitectura. Los colegios profesionales, después de partirse la cabeza para asignar competencias a los grados, resulta que ahora tienen que volver a revisar estas competencias y reducirlas aún más. Y todo esto en un entorno de universidades orientadas al mercado laboral. Desde mi punto de vista un enorme error. Un profesional universitario debe tener los conceptos claros, capacidad de aprendizaje e innovación, capacidad de razonamiento crítico y todo esto sólo se consigue con conocimientos completos y sólidos, no con conocimientos orientados a las necesidades empresariales.

Un profesional con esta última orientación será incapaz de adaptarse a cambios y en profesiones como la ingeniería informática o la ingeniería de telecomunicación es prever una vida laboral inferior a 10 años y después una necesidad de reciclado universitario o la obsolescencia laboral.

Es importante tener en cuenta que hay tres elementos responsables en la formación de un profesional y que tienen funciones distintas. A saber:

  1. La universidad. Proporciona la capacidad de realizar razonamiento crítico, conocimientos básicos sólidos, metodologías de trabajo, un lenguaje profesional y la necesaria deformación profesional
  2. El propio profesional. Adquiere una formación específica en los conocimientos que en ese momento suele solicitar la empresa
  3. La empresa. Proporciona la formación específica que necesita. Si alguno de los tres elementos falla los profesionales no están bien formados. En la situación actual no funciona, generalmente, ninguno de los tres como debiese

Y ahora unas pocas cuentas de un caso bastante normal. Dos hijos en edad universitaria en Madrid. Ambos estudiando carreras experimentales. Las tasas cada año cuestan unos 4.000 euros. Cuando estén los dos haciendo máster costarán unos 8.000 euros al año. Y eso sólo de tasas. A esto hay que añadir gastos de desplazamiento y libros (nada baratos). Con un sueldo medio es complicado mantener esta situación y es un grave quebranto económico para las familias. No quiero imaginar lo que supone a familias con ingresos de 20.000 euros anuales. Y ya no quiero hablar de menos ingresos, pues hasta que no se llegue a ingresos de pura subsistencia y se pueda acceder a becas por ingresos familiares van aún peor. En el caso de las becas por ingresos familiares, las condiciones familiares para acceder a ellas son tan duras que el estudiante tendrá que ser también trabajador o no hay forma humana de estudiar.

Aunque la CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas) ha decidido realizar una moratoria de dos años en la aplicación de éste nuevo plan no se soluciona nada. Sólo se pospone el problema esperando que un cambio político lo elimine.Con la tasa de reposición de las plantillas de profesores que hay en la actualodad, si al final se lleva a cabo la implantación aunque sea en 2017, el número de docentes será tan escaso que, además de los citados problemas, se creará una situación de gran estrés laboral. 

A esto hemos llegado y nos quieren llevar aún más allá. En serio, no entiendo nada. Exagerando un poco diría que "por menos se asaltó el palacio de invierno". En otra ocasión tal vez comente el desmantelamiento de la función social e investigadora de la universidad, pero hoy no es el día.
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Eloy Anguiano Rey es doctor en Física y profesor titular de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad Autónoma de Madrid

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3 Comentarios
  • Miguelin Miguelin 08/02/15 09:53

    Viniendo de donde viene, los comentarios de este profesor son seguramente fiables y un reflejo de su realidad. Sin embargo, no debemos olvidarnos de que no toda nuestra Universidad es la Autónoma de Madrid (o Barcelona, o algunas otras excelentes). Un parte importantísima de nuestra Universidad es muy mediocre, probablemente como consecuencia de una endogamia incorregible. Algo habrá que hacer con esa parte de la Universidad. Lo mismo la medida de Wert sirve para apretar las clavijas un poco a esa casta mediocre de la Universidad Española.

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    • Itsasmir Itsasmir 08/02/15 10:16

      En efecto, es otro de los múltiples aspectos podridos en que se mueve la Universidad española: la enndogamia.

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  • Itsasmir Itsasmir 08/02/15 01:28

    Por experiencia propia puedo asegurar que lo que dice este profesor no sólo es real, sino que se queda muy corto. Haría falta más espacio, pero yo acabo de experimentar en una hija mía, recién licenciada según Bolonia en la misma facultad que estudié yo en la década de los setenta, que el sistema de enseñanza ha sido idéntico al que me aplicaron a mí: asistencia a clases masificadas tipo anfiteatro, toma de apuntes, empollada final, exámenes a una carta y entrega de notas. El autor pone un ejemplo sobre costes en el que no incluye lo que supone, además, pretender estudiar fuera de casa. Respecto al intento general de hacer de la Universidad un gran centro superior de FP es algo que venimos denunciando desde que surgió Bolonia: el desprestigio a que se está llevando las carreras de humanidades es sibilino y continuo: no sirven a los intereses de la empresa. Hay mucho de que hablar sobre este tema pero, evidentemente, aquí no hay espacio suficiente.

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