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Mientras tanto

Publicada el 15/03/2015 a las 06:00
Recibo y leo el nuevo número de la revista Mientras tanto. Me entero por la “Carta de la redacción” que será el último publicado en papel después de una trayectoria de 35 años. Fundada en 1979, la memoria de la revista me devuelve una constante sensación de debate intelectual y de lectura. Pienso en la tarea que los redactores asumieron en el primer número, cuando yo era todavía estudiante en la Universidad: trabajar por una humanidad justa en una Tierra habitable. Pienso en meditaciones que desde entonces me han acompañado, ese activo de palabras abiertas, entre otras muchas, por las manos de Giulia Adinolfi, Manuel Sacristán, Juan-Ramón Capella, Francisco Fernández-Buey, José Antonio Estévez, José Luis Gordillo o Jorge Riechmann.

Leer Mientras tanto era y es volver a las ilusiones y las exigencias del pensamiento emancipador, dispuesto a unir el rojo, el verde y el violeta. En medio de una inercia que tiende a fragmentarlo todo o a buscar una ambigüedad acomodaticia, la revista ha querido integrar durante años los diversos frentes de una única emancipación, el viejo esfuerzo de reunir la teoría y la práctica, la alianza entre el movimiento obrero y la ciencia. Así han pasado por sus páginas el compromiso pacifista, la batalla contra la OTAN, el cuestionamiento de la cultura neoliberal, la búsqueda de una democracia verdadera y la denuncia de un orgullo nacional ciego, prepotente e irresponsable en los años del lujo.

Tan peligrosos son los viejos cascarrabias como los jóvenes sin memoria. El tiempo es una plaza pública cuando la historia se convierte en herencia y se sienta hablar con la experiencia del presente y con un compromiso de futuro. Reconozco el espíritu de Mientras tanto en la “Carta de la redacción” que despide el papel y consolida la edición digital. Del mismo modo que hace años se asumía la feminización del sujeto revolucionario o la obligación de superar las contradicciones entre la ecología y las extensiones productivas del mundo laboral, hoy se explica el abandono de la edición impresa por el cambio del contexto social, la transformación en los hábitos de lectura de los jóvenes politizados y sus dificultades económicas para sostener la suscripción de una revista en papel.

Siento melancolía al tener entre las manos el número 122-123 de Mientras tanto. Pero si se me permite forzar las palabras, aclaro que se trata de una melancolía sin nostalgia. La emoción del recuerdo adquiere un impulso vivo cuando establece complicidad con los jóvenes politizados que necesitan la agilidad del medio digital para intervenir en la realidad. Respetar la sombra de aquel joven que, a principios de los años 80, comprendió el horror de los dogmáticos y los acomodados ante la teoría significa ahora entender la mirada de los jóvenes que intentan abrir un interrogatorio sobre las carencias y las injusticias del presente. Y si los jóvenes no se atreven a entender la razón de esta melancolía sin nostalgia, de este suceso íntimo que es el último número en papel de Mientras tanto, será que no son tan jóvenes o tan nuevos como piensan, porque responden más a una biología condenada a envejecer que a una historia llamada a imaginar el pasado y el futuro.

Reencuentro, cómo no, a Pasolini en estas páginas. Es uno de los aliados imprescindibles para comprender el vértigo de nuestro tiempo: “Cinco años de desarrollo han convertido a los italianos en un pueblo de idiotas neuróticos; cinco años de pobreza pueden devolverle su humanidad, por mísera que sea”. Y me emociona la cita de unos versos de Valente en la voz de Fernández Buey: “lo peor es creer que tenemos razón por el mero hecho de haberla tenido”. Lo avisa también la “Loa a la dialéctica” de Bertolt Brecht que cierra el número: “Quien aún esté vivo no diga jamás. / Lo firme no es firme. / Todo no será igual”.

Pues no, no todo es igual. Pero hay un diálogo posible entre los jóvenes que vieron como la prepotencia del capitalismo homologaba las conciencias de un país y los jóvenes que necesitan ahora de la teoría para defenderse de las nuevas formas de miseria.

La historia se hace y se deshace. El pensamiento vigila, mientras tanto.
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6 Comentarios
  • ikkeikke ikkeikke 17/03/15 17:18

    Me gusta tu reflexión! Arte,literatura,serigrafía i pintura, reflexión y teatro,imaginación y intentar mantenerse Joven! Actuar pero ser tu mismo! Espero encontrar mas poetas,artistas y malabaristas en los partidos políticos!

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  • Laniebla Laniebla 15/03/15 22:53

    Somos muchos los jovenes trabajadores de los 80 atropellados por este sistema, cuento de la lechera, que mientras mas gano mas quiero ganar, y les da lo mismo los peones que vayan cayendo por el camino. Un mundo empresarial sin ética, donde las personas no importamos. Y se llevan sus fabricas al pais que mas dinero ganen, no importan los derechos ni las situaciones de los nuevos trabajadores, solo dinero, dinero, mas dinero.

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  • Maca Maca 15/03/15 21:42

    Entiendo profundamente su emoción, Sr. García Montero. Por lo menos le queda el medio digital. Las palabras y emociones serán casi las mismas...........A los que ahora somos bastante más viejos, el fin de TRIUNFO, AÚN NOS EMOCIONA, y "todo no ha sido igual...". Un beso, Maca. ¡MUCHA SUERTE EN SU NUEVA ETAPA! Personas como usted nos hacen mucha falta.

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    • M.Stirner M.Stirner 16/03/15 03:23

      Maca, ¿sabes que todos los números de Triunfo son accesibles, en digital? http://www.triunfodigital.com/ Una gran obra. Del gran Ezcurra. Que resistió hasta hace pocos años  (http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_%C3%81ngel_Ezcurra) , superando la muerte de otros grandes como Vázquez Montalbán o Haro Tecglen, y la traición de César Alonso de los Ríos. Yo tengo muchos números en papel, también de Mientras Tanto, a la que estuve suscrito desde el primer número. ¡Qué tiempos aquellos, en que los jóvenes íbamos con Triunfo, Índice o Cuadernos para el Diálogo bajo el brazo, bien a la vista, como un desafío a franquistas y borregos. Me temo que hoy, 40 años después, igualmente rodeados de (pseudo)franquistas y borregos, no merece la pena un gesto desafiante. Ahora ya sabemos que perdimos nuestro futuro, aquel en el que soñábamos, convertido en este presente miserable, en el que lo más revolucionario que puede hacerse es votar a un partido ambiguo que ni siquiera pretende cambiar el Sistema.

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  • gusalo gusalo 15/03/15 20:03

    Confieso que no conocía la publicación con cuyas exequias arranca el artículo. Lo he leído y releído por placer estético y me quedo sobre todo con alguna imagen para grabar en piedra (“El tiempo es una plaza pública cuando la historia se convierte en herencia y se sienta [a] hablar con la experiencia del presente y con un compromiso de futuro”) y con esa llamada del penúltimo párrafo al diálogo entre “la sombra de aquel joven de los 80” y los jóvenes de hoy, que necesitan “defenderse de las nuevas formas de miseria”

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  • Irenepaz Irenepaz 15/03/15 16:28

    Para la vida sobran dogmas ella sigue su curso dinamico en otros tiempos que no son ni mejores ni peores, en otras vidas que buscan encontrar su sitio también y hacerse un espacio. ¿Señor montero puede ser la voz de un poeta, la misma voz que la de un politico?. Encuentro controversia, el proximo domingo podia escribir algo al respecto. Un saludo. 

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