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Caníbales

Un tipo sin móvil y sin esperanza

 

Publicada 06/06/2015 a las 06:00 Actualizada 06/06/2015 a las 10:51    
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Mi estrés y yo hemos llegado al teatro tan tarde que nos han sentado juntos. Mi estrés es gordo e invasivo, y deja siempre el móvil en silencio pero con la pantalla a la vista. Mi estrés es un personaje deleznable y por su culpa, por primera vez en mi vida, me he salido del teatro antes de que acabara la función.

Es muy feo salirse del teatro, lo sé. Es aún peor morir de estrés. Y, además, no me ha visto nadie.

O sí: una mujer rubia y encantadora.

- ¿Eres tú quién se ha escapado?

- Sí (avergonzado).

- ¿Por qué? ¿Estás mal? ¿Te has mareado? ¿Te consigo alguna bebida con azúcar?

Mi estrés se ha asomado por detrás y ha sonreído a la mujer con su sonrisa más loca y más perversa.

La mujer, claro, ha huido corriendo. Sola, con mi estrés, he encontrado la salida, una terraza y una mesa libre. En cinco minutos, tenía también un taburete, una botella de agua con gas y, gracias a una larga llamada de trabajo, tenía, además, un móvil por fin sin batería.

Faltaba una hora para que salieran del teatro mis amigos, más cultos, más libres y mejores que la estresada que se escapa de los palcos. Faltaba, pues, una hora sin móvil. Sin twitter, sin whatsapps, sin mails, sin webs.

He respirado hondo.

Me estresa no tener móvil.

O no.

Pero me debería estresar.

Me estresa un poco.

Cada vez menos.

Ya no me estresa.

Me da paz.

Y entonces me he puesto a mirar.

He visto un tipo sin móvil que paseaba una bolsa del Lidl.

Perdón, no la paseaba: la arrastraba.

Perdón otra vez y mejor dicho: la bolsa le arrastraba a él, como si llevara dentro toda su vida. Un hombre con el pasado a cuestas, aburruñado y demasiado presente.

Se ha sentado en mi terraza y ha pedido una cerveza.

Y entonces él también se ha puesto a mirar: miraba fijamente su cigarro. Lo miraba deshacerse en el cenicero. Sin esperanza.

¿Qué espera un tipo sin móvil y sin esperanza?

O quizá es que no espera nada.

¿Qué mira? ¿Qué ve?

En la mesa de al lado, dos chicas guapetonas cotorreaban. A veces entre ellas, a ratos con sus móviles. Dos chicas y un grupo de pantallas. Un hombre, un cigarro y una cerveza.

El hombre, extranjero, era el primer hombre que no las miraba en todo el día. Ellas venga a hablar. El hombre venga a mirar.

A mirar a su cigarro.

Y no a ellas.

Una se ha levantado. La otra ha soltado una carcajada.

El hombre ha seguido solo. Con su cigarro y su desesperanza.

Con su bolsa del Lidl y su vida dentro, llena de desgarrones y de manchas.

Yo estaba tomando notas en una libreta (notas antiestrés). Yo que no soy una chica guapetona y tiendo al silencio. El hombre me ha mirado y ha visto mi soledad.

Y me ha hecho un gesto de reconocimiento: “Hola mujer sin cigarro y sin bolsa. Hola, soledad”.

El encuentro de dos soledades es una ecuación exacta: no da nada.

Le he sonreído y he vuelto a mi cuaderno. Él ha hecho una mueca triste y ha vuelto a su cerveza.

Entonces ha llegado F. y le ha gustado mi silencio. Esperábamos todavía a los dos que estaban dentro del teatro, pero necesitábamos más tiempo a solas, callados, en paz. Necesitábamos mucha más ausencia de ruido para vaciarnos de todas esas miserias que no eran nuestras y cada día otros nos pegan al pasar.

Cuando han llegado los dos que faltaban, hemos hecho la paz a pullas y carcajadas. Como siempre.

El hombre de la bolsa del Lidl me ha despedido sin envidia ni rencor: “Ya volverás, soledad”.
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10 Comentarios
  • Copito Copito 17/06/15 13:56

    Qué bonito relato.

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  • Bacante Bacante 06/06/15 09:43

    137Bacante06/06/15 09:24 Por si no lo puede leer.  Me ha dado usted una lección de sensibilidad, de tacto, de elegancia y de honestidad. Me deja impresionado. Muchas gracias y espero seguir leyéndole por estos foros.  ResponderDenunciar comentario

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    • Macrons Macrons 06/06/15 12:18

      Muchas gracias a Ud. por su amabilidad y benevolencia. Nada más lejos de mi intención que dar lecciones a nadie. Me conformo con contribuir, tratando de aportar lo que puedo, aprendiendo de los demás. Lo aportado (si de algún valor) lo será en función de los -ya muchos- años vividos. La edad acarrea penalidades físicas, más probables cuanto más nos adentramos en ella, pero también experiencia (siempre que se mantenga curiosidad y amor por la verdad), eso que hoy en día es apenas valorado. Aquí estamos todos tratando de sumar. Muchas gracias, de nuevo, por su comentario

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  • Macrons Macrons 06/06/15 07:34

    No sé "¿Qué espera un tipo sin móvil y sin esperanza?" Tengo móvil "Sin twitter, sin whatsapps, sin mails, sin webs." Además y sobre todo, conservo la esperanza, que defiendo con uñas y dientes cada día, a pesar de los pesares. Mirando lo que me rodea, tratando de atrapar lo que se esconde tras lo superficial. Filtrando un ruido mediático ensordecedor, para poder discernir la información, el mensaje. Aún se puede gozar del canto de los pájaros, de la risa de los niños, del susurro del agua discurriendo; darlo todo sin esperar recibir nada. Se puede ser simplemente bueno, sin creer en el cielo. Vivir, muriendo un poco cada día, sentir, amar, gozar de las cosas aparentemente pequeñas. En murmullo del viento, los destellos de sol, soñar. La esperanza de un nuevo mundo al despertar.

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    • Irenepaz Irenepaz 07/06/15 21:11

      Me da su comentario pie, para decir que tengo movil con wappsa y con interne, desde el cual puedo hablar con mi hija exiliada por motivos de trabajo en el extranjero. Veó las tortillas de patata que se prepara, la escucho a veces hablar en ingles, me llegan fotos de los lugares y paisajes que solo ella puede contemplar en ese instante.Y  me gusta el silencio y la soledad, me gusta observar a los demás e imaginar como será su vida en este momento, pero estoy muy agradecida de poder ver y hablar con mi pequeña gracias a la tecnologia y poderla expresar mi deseo de que pueda volver pronto. Gracias por sus reflexiones y por el articulo tan bien traido. Un saludo.

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      • Macrons Macrons 08/06/15 15:17

        Pido disculpas si ha podido parecer que desprecio los adelantos técnicos. Simplemente no uso algunos como los móviles potentes (uso uno muy simple y antiguo) con WhatsApp o “microblogging” tipo Twitter, porque no creo -quizá erróneamente- necesitarlos. Prefiero el contacto personal y apenas me resta tiempo. Pero me congratulo de lo que para Ud. (como otros muchos) representa esa aplicación, de lo mucho que le aporta. Buena prueba de que toda herramienta, todo adelanto bien usado, es una bendición. Ya que nuestros (malos) políticos en el poder, han avocado a una parte importante de nuestra juventud -lo que constituye una autentica sangría- a emigrar para poder ganarse los garbanzos, bueno es que existan medios para posibilitar el máximo contacto posible. Poder compartir momentos, sensaciones, emociones e ideas, a distancia. Anulándola, venciendo esa barrera el tiempo que dura la comunicación. Un cordial saludo.

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        • Bacante Bacante 08/06/15 21:34

          Yo entiendo lo que usted dice. El WhatsApp parece facilitar las citas y la fluidez de ciertas relaciones, sobre todo en las grandes urbes. Nos creemos que nos sale gratis cuando no nos damos cuenta de cómo nuestras comunicaciones van subiendo y subiendo el pistón, en la misma medida en la que las Compañías se enriquecen y nos roban, con descaro, con excesiva frecuencia. Ya apenas la gente llama por teléfono fijo y yo me niego en redondo a vivir pendiente del silbidito o del número que marca los mensajes recibidos. Me niego a llevar el teléfono encima, como una muleta o un apéndice y empiezo a rebelarme ante lo que no conseguiré cambiar. Un saludo. 

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          • Macrons Macrons 09/06/15 09:41

            La vida nos fuerza a hacer continuamente elecciones. Parece evidente que Irenepaz, como otras muchas personas, resulta muy beneficiada por las posibilidades aportadas para mantener un contacto, lo más cercano posible, con su hija (en general seres queridos) Así, su elección, está más que justificada. Quizá por ser ya mayor, valoro mucho el calor humano. El tiempo físicamente compartido con familia y amigos. De los teléfonos móviles potentes y aplicaciones como WhatsApp me asustó, ver que era imposible mantener una charla o comer tranquilos, sin que mi contertulio fuera interrumpido constantemente e invirtiera un tiempo en consultar y/o responder a los mensajes. Creo, como François Truffaut, que no se puede tener un número de amigos infinito, porque la amistad requiere ser cultivada, dedicación y tiempo compartido. Quizá por ello, pero relativizando mucho la bondad de la decisión, prescindo de herramientas, que mal usadas, lejos de contribuir a acercarnos, pueden ahondar el aislamiento.

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    • Bacante Bacante 06/06/15 09:40

      Le he dejado un post en el artículo de Arroyo. Me gustaría que lo leyera. Un saludo. 

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  • Maria garcia Maria garcia 06/06/15 03:49

    P.A.

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