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Nacido en los 50

Por alusiones

Publicada 05/04/2016 a las 06:00 Actualizada 04/04/2016 a las 22:32    
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A mí me gusta Ada Colau.

Es más, sin que ella lo sepa, presumo de ser amigo suyo a pesar de que hemos coincidido cuatro veces, las he contado. Tres antes de ser alcaldesa.

El primer encuentro se produjo en una comida en la que yo pretendía que tres mujeres de Barcelona, Itziar González Virós, Marina Garcés y Ada Colau escribieran sobre lo que hacían para editar un libro de gente que “hace cosas”, con el que financiar una película que llevaría el mismo nombre que el libro: No Estamos Solos.

En realidad el responsable de la cita fue Pere Joan Ventura, que dirigiría la película y me habló de ellas como de tres referentes interesantes para lo que queríamos contar. Se trataba de retratar la historia de personas que, al margen de la realidad que relatan los medios de comunicación, estaban ayudando de diferentes maneras a crear un espacio de convivencia nuevo, más justo, más equitativo. No eran noticia, pero conformaban una extensa red en todo el Estado que Itziar estaba ubicando en un mapa que llamaba “Cartografía de la Revuelta”. Al observar el mapa y descubrir la cantidad de colectivos que se encontraban “haciendo cosas” por los demás, diferentes movimientos que eran vecinos, con un mismo fin, ignorando los unos que existían los otros, se reproducía la imagen de las películas del oeste cuando los colonos al despertar se encontraban rodeados de indios. ¿De dónde salían? Ya estaban allí, pero no nos lo habían contado.

A pesar de mi edad provecta me caí del guindo. Yo que llevaba años trabajando en la televisión y en programas relacionados con la actualidad, con la información, creía que estaba en contacto con la realidad y descubrí que vivía en “la realidad de los medios de comunicación”. El tópico de que hay más mundos en éste se confirmaba. Había cientos de colectivos paliando la dramática situación en la que se encontraban miles de ciudadanos de los que no sabía nada de nada.

Comiendo con Pere Portabella, coproductor de la película, gran cineasta, muy buen testigo y que toda su vida ha estado pendiente de la política, fue senador independiente por el PSUC en los años ochenta, me dijo algo que me dejó perplejo: “Es la primera vez en mi vida que creo que las cosas van a cambiar”. Dicho por un señor que había vivido y participado en la Transición, que fue un cambio importante, aquellas palabras me dejaron noqueado. Yo no sospechaba que hubiera un cambio en marcha que marcara una diferencia sustancial con lo que había.

Todavía no se habían celebrado las elecciones europeas en las que Podemos concurrió con todos los sondeos vaticinando que no obtendría ningún diputado, salvo los más optimistas que planteaban la posibilidad de que obtuviera uno. Sacaron cinco y IU triplicó su resultado anterior obteniendo seis diputados. El voto útil estaba dejando de ser la opción de muchos votantes para evitar males mayores en beneficio de nuevas fuerzas. Recordé las palabras de Portabella. Por cierto, recomiendo la visión o revisión de su película Informe General sobre unas cuestiones de interés para una proyección pública (1977), un desfile de personajes políticos que tuvieron una trascendencia capital en el desarrollo de la política de España, donde se verán actitudes de personajes como Felipe González que en su día causaban desconcierto y ahora, cuarenta años después, se entienden perfectamente.

Aquella comida con las tres mujeres me impresionó. Era consciente de que estaba con tres personas muy especiales, de un bagaje personal, intelectual y humano difícil de encontrar. Reconozco que salí del restaurante convertido en admirador, salvo por un pequeño detalle que no entraba en mis previsiones.

Dada mi natural desidia, mi idea era que ellas, junto a otras diez personas, hicieran el trabajo y yo me proponía de coordinador, pero no me di cuenta de que estaba ante personal solvente que supo darle al vuelta a aquel propósito mío de capitalizar el esfuerzo ajeno, y Ada planteó la posibilidad el que el libro lo escribiera yo ya que era mi proyecto. Se salió con la suya. Fue una gran idea, porque implicó la obligación de realizar entrevistas extensas con cada una de las personas que aparecían en el libro y creo que ha sido la experiencia didáctica más importante de mi vida. Al tiempo que me reconcilió con el ser humano al darme una sobredosis de contacto con la buena gente, esa que no sólo se preocupa por sus semejantes sin pretender sacar beneficio de ello, sino que también dedica su tiempo, parte de su vida, a sacar adelante sus proyectos en lugar de, como yo, limitarse a describir los problemas en la barra de un bar o frente a la pantalla del ordenador. Además, lo hacen enfrentándose a la demonización de la mayoría de los medios de comunicación, de intelectuales clasistas premiados con puestos en las instituciones, y de la autoridad competente que viendo venir el peligro se inventa normas para, a través de castigos ejemplares, quitárselos de en medio. Con la ley en la mano, nadie lo niega.

Gracias a la idea de Ada Colau tuve que entrevistar a estas mujeres y mi opinión sobre ellas mejoró. Me dejaron pasmado, se convirtieron en protagonistas del libro.

Yo continuaba escéptico, encantado con la posibilidad de un cambio real, pero no creía que la población estuviera dispuesta a apoyar alternativas encabezadas por alguien tan demonizado como Ada Colau, cuando decidió presentarse a las elecciones municipales y autonómicas. Acepté encantado participar con ella en un debate al aire libre en Barcelona, consciente de la injusticia que se estaba cometiendo con su candidatura. Contra todo pronóstico iba la primera en la mayoría de los sondeos y ninguna televisión le concedió espacio alguno, a pesar de que sus intervenciones antes de convertirse en un peligro real, en una apestada, hacían subir la audiencia, en clara muestra de la pluralidad en la que vivimos. Aun así ganó.

Ahora tiene que sufrir los improperios de esa clase dominante que embutida en su esmoquin corona nuestras instituciones y se queja de la falta de cultura de la masa, mientras utiliza exabruptos de una educación dudosa, pero delatan el desprecio de la elite clasista hacia los ciudadanos, esos a los que venden que vivimos en una democracia con igualdad de oportunidades y a los que, paradójicamente, exigen un comportamiento exquisito y respetuoso con las instituciones.

No, no nos representan.

El fundador de Ciudadanos, colaborador de El País, recientemente elegido miembro de la RAE, Félix de Azúa, se indigna por la baja clase de la alcaldesa de Barcelona. Cree que debería estar vendiendo pescado. No se ha manifestado con tanta contundencia durante estos años ante personas que han ostentado cargos parecidos, también elegidos como ella, y que se han dedicado a saquear las arcas públicas de manera sistemática a lo largo y ancho de la geografía, pero probablemente le parecería que, al menos, tenían estilo. Yo los veo todos los días y no se lo encuentro. Me da la impresión de que esa salida de tono elitista es debido a lo que ella representa, no a lo que es, les puedo asegurar que sabe lo que dice y que tiene una verdad, y se le nota, por eso la silencian. Lo que no le gusta no es que sea un cateta, sino lo que dice, y lo dice bien, a pesar de ser bilingüe. Ha tenido un arrebato antiguo, manido, con el estilo que utilizan los señoritos cuando se ríen de las chachas y de los “tontos del pueblo”. De siempre la clase dominante apela a los estudios para distinguirse. Por eso le da risa, según afirma, cada vez que habla Pablo Iglesias, precisamente a él, qué casualidad, le hace gracia la incultura de estos personajes.

A mis sesenta años es difícil recordar la cantidad de veces que he escuchado ese comentario y siempre en la misma gente, no renuevan el repertorio. Es una mirada de arriba abajo. Sí, todavía hay clases, lo sabemos y no pasa nada, estamos acostumbrados, pero no es de buena cuna manifestar la superioridad que depara la abismal diferencia social, que en la mayoría de los casos no es mérito propio, fuera del la más estricta intimidad. No es de buen gusto.

Yo siempre he tenido un profundo respeto por los que trabajan para los demás, los que bajan y meten sus pies en esa basura en la que vive la gente baja, la hez social. Ada Colau lo hizo durante años. Yo no lo hago y se lo agradezco, los admiro, tratan de evitar que la mierda les supere el umbral del cuello y los incultos desfavorecidos se ahoguen en ella. No es mucho pedir que les traten con un respeto que se han ganado, del mismo modo que a los que dan comer todos los días a Félix de Azúa, a Ada Colau, a mí y a los que leen esto.

Bueno, dice que no pretendía insultarla al mandarla a vender pescado sino ponerla en el nivel cultural que le corresponde, y que es ella la que ofende a las pescaderas si tal cosa le parece horrible. Es lo malo de poseer tamaño poderío intelectual, que a uno no le entienden. También hay verduleras en el mercado, señor Azúa, lo digo por si un día quiere echar otro piropo a alguien, esta vez cercano, tal vez una candidata de su partido. El que extraiga un sentido peyorativo de esas palabras tiene un problema, ahora sabemos que lo dice como un elogio, como una simple tasación. A mí, que no tengo ese nivel, no se me ocurriría. Bueno, se me ocurre muchas veces, pero me reprimo, ahí reside mi concepto de respeto y educación, claro que yo no pertenezco a esa clase que habla de los de “bajo nivel cultural” como si fueran cosas, como los cazadores de safaris de las películas cuando se refieren a los negros porteadores y los califican delante de sus narices.

Lo malo, como decía, de estar tan por encima en los estudios es que uno corre el riesgo de ser interpretado erróneamente, y también de acabar pensando que los demás son gilipollas.

Cuide un poquito las formas porque va a terminar siendo un maestro de aquello que tanto le repatea, me refiero a eso que afirma de que en Cataluña se enseña a odiar al enemigo. Como cuando dice que “la ideología es para los tontos”. La verdad es que podría ser un poco menos lenguaraz y un poco más discreto porque se delata, y perdone que le diga que no es usted el único tasador del planeta, todos podemos ejercer en algún momento ese oficio y lamento confirmarle que usted tiene ideología, y ya puestos, más que yo, dicho desde el respeto.

No hay por qué ponerse así, no va tan mal la cosa; su líder político, Albert Rivera, ha llegado bastante lejos, y a la primera, creo yo.

Por cierto, por simple curiosidad, en ese mundo donde sólo la élite debería gobernar llamado aristocracia, ¿en qué oficio situaría usted a Albert?

Y sí, me he sentido aludido.


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15 Comentarios
  • massaluca massaluca 16/04/16 11:50

    Votantes,¿que hace falta para saber que es la extrema derecha?

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  • canutitta canutitta 07/04/16 22:18

    Cuanta razón tienes. Gran articulo.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 07/04/16 19:45

    Osasuna = salud (euskera, de lo poco que sé). Pues eso: osasuna! y más de la Ⓐ.

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  • jucies jucies 07/04/16 17:50

    estoy de acuerdo con el twuit que recientemente he leído que dice " La inteligencia es un proceso cíclico, cuando te pasas de listo vuelves a ser gilipollas"

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  • Bull Bull 07/04/16 17:23

    Soy hija de una gran mujer que fue republicana cuando la República y sufrió por ello con aquel paseo que se hacía con el pelo afeitado y aceite de ricino antes fue pecadera con un burro vendiendo por la ciudad y hasta casi su muerte también lo fue pero sobretodo quitó mucho habré a mucha gente una mujer que a los 98 año leía la prensa yo hija de pescadera y también tuve un tiempo el mismo oficio le reto si es usted más culto y más personal que yo no creo que acepte porque ya se le ve el plumero Si los que están en le R .A son como usted sólo le digo que pobre país He dicho

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  • JOSE LIJO BERASARTE JOSE LIJO BERASARTE 06/04/16 23:18

    El pueblo es sabio cuando vota lo que el poder establecido determina, cuando no, es que está borracho y es inculto. Hay muchos "Félix de Azúas" dentro del mundillo del periodismo y de las letras que claman por esa democracia tan suya y tan antidemocrática, donde las cosas son como dios manda. Por eso quiero manifestar mi agradecimiento por la valentía del Gran Wyoming.

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  • Raúl Suárez Raúl Suárez 06/04/16 14:47

    Gracias tito Wyo por el artículo. Orgulloso de mi alcaldesa y de leerte. Saludos desde Catalunya.

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  • Raúl Suárez Raúl Suárez 06/04/16 14:46

    Ya están por aquí los versos de los "pro-pactos con la derecha monárquico-falangista" que se expresan con su nueva visión de las cosas, proporcionada por su afinidad y simpatía por el partido de Rivera. Cada vez quedamos menos en la izquierda, pero ánimo, que a la Quinta Columna también se la descubre. Día a día. Salud y III República Española a la verdadera izquierda.

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    • Bacante Bacante 07/04/16 10:17

      ¡SALUD Y REPÚBLICA! 

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      • paco arbillaga paco arbillaga 07/04/16 10:41

        Y una miaja de anarquía. Osasuna!

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        • Bacante Bacante 07/04/16 18:35

          A mí me va la anarquía más que a un niño un chupete . ¡Osasuna! (Jaja, no sé de qué va este grito de guerra)

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          • paco arbillaga paco arbillaga 07/04/16 19:40

            Osasuna = salud (uskera, de lo poco que sé). Pues eso: osasuna! y más de la Ⓐ.

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  • Lunilla Lunilla 06/04/16 14:38

    La maledicencia y la envidia, corroe la menete de los dèbiles, la envidia es una adoraciòn de los hombres por las sombras del mèrito, por la mediocridad, es ele rubor de laa mejilla  sonpramente abofeteada por la gloria ajena ; elo grillete que arrastran los fracasados,l es el acibar que paladean los impotentes, es un  venenoso humor que mana de las heridas abiertas por el desengaño y la insignificancia propia. Por sus "horcas caudinas" pasan tarde o temprano los que viven esclavos de la vanidad, defilan lìvidos de angustia, torvos avergonzados de ssu propia tristura,  sin sospechar que su ladrido envueelve una consagraciòn inequìvoca del mèrito ajeno. La inestinguible hostilidad de los necios fue siempre el pedestal de un  monumento. Es la mas innoble de las torpes lacras que afean los caràcteres vulgares en que la envidia se rebaja sin saaberlo, se confiesa subalterna; Esta pasiòn  es elestigma psicològico de una humillante inferrioridad, sentida, reconocida. No basta se inferior para envidiar, pues todo hombre eo mujer lo es de alguien en algun sentido: es necesario sufrir del bien ajeno, de la dicha ajena, de cualquier humillaciòn . En ese sufrimiento  esta el nucleo moral de la envidia..-muerde e, corazòn  como un acido que lo corroe, como la herrumbre al metal. Entre las malas pasions ninguna le aventaja; Plutarco decia: Existen almas corrompidas, las hay que se jactan de vicios infames pero  inguna a tenido el coraje de confesarse envidiosa. El Odio que injuria y ofende es temible, la envidia que calla y conspira es repugnante. Algùn libro dmirable dice que es como la caries de los huesos 'ese libro es la Biblia' casi  seguro o, deberia serlo. Las palabras mas crueles que un insensato arroja a la cara, no ofende la centèsima parte de las que un envidioso va sembraando constantemente a la espald. Es la ponzoña que eenvenena el pensamieento. Molete.

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    • Lunilla Lunilla 06/04/16 14:53

      Le aconsejaria humildemente al sr. Raul Suarez Que lea y medite, -tambien humildemente, el contenido de este comentario que le brindo en nombre de todos nosotros y de la convivencia, que olvide sus mantras y sus chacras, en favor de esa convivencia. Molete:PD: -y se lo ruego  en nombre de todos nosotros, somo pocos  -pero valemos mucho, no lo dude.

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  • arrossinat arrossinat 06/04/16 12:36

    Sin ninguna duda el mundo sería MUCHO MEJOR si hubieran en él MUCHOS MÁS WYOMINGS Y MUCHOS MENOS DESPRECIABLES ENGREÍDOS PRESUNTUOSOS ALTANEROS, por muy eruditos que estos sean.

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