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Ellos o nosotros

Houda Louassini
EL AUTOR
Publicada el 18/09/2016 a las 06:00
Me he otorgado el derecho de opinar con honestidad sobre una cuestión en la que he evitado profundizar por pereza y sobre todo por hartazgo. Advierto que este artículo no tiene pretensiones intelectuales ni pretende resolver ningún dilema, solo es un ejercicio terapéutico y quizás hasta un poco egocéntrico.

Las últimas semanas hemos vivido en Francia unas turbulencias burkinianas provocadas por unas decisiones torpes y mal avenidas de unos alcaldes de la Costa Azul, acrecentando más el malestar en un contexto que ya de por sí está electrizado y tenso a causa de los últimos atentados en el país. Afortunadamente, el Consejo de Estado de Francia ha rectificado el error al considerar que la prohibición del burkini atenta contra las libertades fundamentales.

La libertad es un concepto relativo y hasta cierto punto ambiguo. No voy a entrar en un debate sobre su definición, ni a polemizar sobre sus límites, ni a pretender negar su ejercicio a quien se halla bajo una presión social o alienación doctrinal, ni a llamar la atención sobre el hecho de que nunca podremos distinguir entre la libertad y la ilusión de la libertad.

Estaba de vacaciones en Tánger cuando me pilló el escándalo del burkini. La primera reacción que tuve al enterarme de la prohibición fue: “¡Toma ya! ¡Qué bien! ¡Vive la France!”. Desde que llegué a Tánger, iba a la playa con mis amigas por la mañana, muy temprano para evitar las horas de gran afluencia, porque cuando llegan ellos, los barbudos con sus mujeres y prole, se acaba la tranquilidad y la relajación. Al día siguiente, sentadas en la playa les pregunté a mis amigas su opinión sobre la prohibición del burkini. Todas sin excepción aplaudieron la osadía de Francia. Por fin alguien les para los pies a estos iluminados, pensamos todas, satisfechas disfrutando un momento del regodeo de la revancha.

Se preguntarán ustedes cómo es posible que me esté contradiciendo con la introducción de mi artículo. Pues allá va, les voy a explicar qué es lo que estamos viviendo las mujeres marroquíes que vamos a la playa con bañadores. Ellos, "los religiosos ultra practicantes", son muy cansinos, tremendamente agobiantes. Hoy en día las mujeres en Tánger nos organizamos para evitar los lugares que frecuentan ellos por miedo a su acoso.

Durante mi infancia no existía ni la abaya ni el burka ni el burkini. Estas prendas sencillamente no existían. Nuestras madres nadaban con bañadores y nuestras abuelas nos acompañaban para disfrutar de un día en el mar pero no se metían en el agua por pudor. Se quedaban vestidas bajo la sombrilla vigilando a los nietos. No olvidemos que la moda de bañarse es relativamente reciente en Marruecos. Llegó con los europeos a principios del siglo XX, y nuestras abuelas, que salían tapadas con hayek o yellaba, no se iban a desnudar como si nada. Sin embargo, no les parecía nada condenable que sus hijas y nietas lo hiciesen. Eran unos tiempos sosegados, en los que la religión se vivía en la intimidad del hogar. Antes la gente era practicante sin ostentación, discreta y pudorosa en su religiosidad. Hay que llamar la atención sobre esta nueva moda de practicar su fe cara al exterior en una carrera de “quién es mejor musulmán” con pruebas vinculadas a la apariencia externa como medidor del grado de devoción.

Rodeados del mar Mediterráneo y del océano Atlántico, los tangerinos pasábamos nuestras vacaciones en la playa. Nuestros atuendos eran diversificados, cuidados y coquetos, no íbamos a ponernos lo mismo todos los días. Así que ir a la playa requería todo un ceremonial y preparación: vestidos combinados con nuestros bañadores y toallas coloreadas que íbamos cambiando a lo largo del verano. Nos dábamos cita familiares y amigos para disfrutar juntos del día en la playa del centro de Tánger, donde había unas cabañas que se alquilaban para cambiarse y donde estaba prohibido entrar vestido con otra prenda que no fuese un bañador. Y nadie se quejaba, había que respetar las reglas. La gente que no quería bañarse se quedaba tomando un refresco en alguno de los numerosos chiringuitos o en los miradores y terrazas disfrutando de la vista. En las playas de las afueras de la ciudad, el acceso era libre y hasta podíamos acampar durante días, lo que hacíamos a menudo en familia o con amigos. Para los tangerinos, el mar y el disfrute del mar forma parte de nuestra cultura y de nuestros más preciados recuerdos.

Después de este nostálgico salto hacia atrás, voy a volver al presente para describir el estado de las playas tangerinas hoy en día. A pesar de todo el empeño público en cuidar los litorales, la dejadez y la sinvergonzonería han expoliado las buenas maneras de antaño. Algunas mujeres se meten vestidas en el agua, y les aseguro que parecen sábanas flotantes. Y yo les digo que si quieren seguir los preceptos del profeta que sepan que la gente no se bañaba por aquel entonces y que simplemente deberían quedarse en sus casas. Si quieren acompañar a sus hijos, pues les recomiendo que permanezcan sentadas bajo la sombrilla, con pudor y sobre todo con dignidad como lo hacían nuestras abuelas. Porque si la intención es no provocar, el resultado es contraproducente, están completamente erradas, no hay nada más sugerente que una ropa mojada que se pega al cuerpo. Llaman la atención más que nadie cuando entran y salen del mar, cuando el Islam lo que recomienda es una vestimenta discreta que pase desapercibida, el resultado es el inverso.

El burkini, este nuevo atuendo que empieza a invadir las playas, es una moda reciente, no forma parte de nuestra cultura ni de nuestra tradición vestimentaria. A quienes llaman al respeto de culturas ajenas, se les agradece la intención, pero les aseguro que no es el caso. Esas prácticas que nos vienen de los países del Golfo representan una nueva colonización cultural que estamos sufriendo y que tenemos que aguantar en nombre de una tolerancia que no es correspondida ni recíproca. Ellas, las cuervas, y sus maridos nos hacen sentir como bichos raros. Para evitar sus miradas condenatorias, y a veces hasta comentarios en voz alta, nos cubrimos con nuestros pareos una vez fuera del agua. Además, no se dan cuenta de lo absurdo de sus ropajes cuando sus maridos están al lado con sus bañadores, relajados, frescos y tan a gusto. Mucha rabia me ha provocado ver tal regresión en mi tierra. Es como una pesadilla o una película de ciencia ficción donde una ciudad ha sido invadida por unos extraños seres que se apoderan de los humanos, los habitan y controlan sus mentes. Son arrogantes y agresivos, se creen en su derecho y nos niegan el nuestro. Son una marea negra que se extiende y se propaga, se hallan en todas las clases sociales, presionan y acaparan a más seguidores. Muchas mujeres terminan por acceder a cubrirse por cansancio y no por convicción, para que las dejen en paz. Y lo reconocen: amigas y conocidas me lo confirmaron.

Así que perdonen ustedes la aversión que siento hacia los partidarios del burkini. Por respeto hacia la memoria de las feministas árabes que han luchado desde finales del siglo XIX, solo puedo lamentar este retroceso de nuestras libertades alimentado por la propaganda wahabista que nos llega desde Arabia Saudí. Hace décadas que empezaron su invasión y están ganando esta guerra de ideas gracias a su dinero e influencias. Nosotros corremos el riesgo de mudarnos en minoría en nuestras tierras, mirando impotentes como nuestra sociedad se está convirtiendo a una religión nueva. La deriva es patente y por mucho que en Marruecos se insista oficialmente sobre nuestra tradición de moderación, la verdad es que las corrientes de carácter salafista se están incrustando con fuerza, el adoctrinamiento sibilino ha dado sus frutos. Tenemos una generación joven (víctima de la política errada del sistema educativo en Marruecos y de sus reformas introducidas hace más de dos décadas) absorbida por majaderías, con sus páginas de Facebook plagadas de oraciones y recomendaciones religiosas. En sus conversaciones parecen saber más que nadie de teología islámica como si fuesen todos ulemas y doctos graduados de la Universidad de Alkarawiyin. Hablan de lícito e ilícito en el Islam a diestro y siniestro, amenazando con el infierno a cualquiera que discrepe con ellos. No escuchan al otro, no respetan al otro.

Nuestro silencio ante su estupidez les refuerza y les da alas. Porque en el fondo estamos convencidos de que cualquier intento de diálogo con ellos es inútil. Por ello solemos guardar silencio, quizá un mutismo despectivo, pero silencio al fin y al cabo. No en vano sentencia el dicho “quien calla, otorga”. Mientras nosotros nos apocamos, ellos se empoderan. No es la mejor manera de contrarrestar el radicalismo islámico, nuestra inercia nos convierte en cómplices involuntarios.

Después de los primeros instantes de euforia y después de digerir la noticia de la prohibición del burkini en algunas playas de Francia, empezamos a analizar la cuestión mis amigas y yo, y entonces nos quedó claro que lo que sentíamos era humano y comprensible, pero no aceptable. Nuestra impotencia nos cegó. La prepotencia y arrogancia de los islamistas nos ha hecho perder la objetividad. No podemos aplaudir tal iniciativa que parte de la misma intención viciada, controlar los cuerpos de las mujeres. Son las dos caras de la misma moneda.

La mayoría de las feministas nos oponemos a la prohibición de llevar un burkini. Nuestras convicciones como defensoras de los derechos humanos y de las libertades individuales nos impiden justificar tal intromisión. Ahora bien, que quede claro que si algún día ellos consiguen el poder, podemos decir adiós a nuestro modo de vida. Tenemos que tragar nuestra rabia y frustración ante su insolencia y jactancia porque creemos en valores que no son compartidos por ellos. Estamos condenados a ser mejores que ellos, porque nos rigen ideales más racionales, nos mueve la ética y no el miedo a un dios cualquiera.

Me siento mucho mejor ahora que lo he dicho.
___________________

Houda Louassini
es escritora e hispanista marroquí.
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14 Comentarios
  • viceval viceval 19/09/16 22:25

    Pero cual es el motivo para que cada vez haya más mujeres musulmanas que utilizan el burkini? No lo captó.....

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  • Visotsky Visotsky 19/09/16 19:04

    Bravo por Houda Louassini. Recomiendo también leer las opiniones de la argelina Marieme-Hélie Lucas o de la iraní Nazanin Armanian sobre este mismo tema. De todos modos, la cuestión no está tanto en "burkini si" o "burkini no", si no en "cómo hemos llegado a esta situación". Y aquí hay miga. Miramos el dedo y no la luna.

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    • cepeda cepeda 19/09/16 20:35

      Exacto.

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  • Sancho Sancho 19/09/16 15:41

    Muy interesante escritora, que ya ha escrito más de un artículo en infolibre sobre feminismo. Me alegra saber por ella cómo se mueven las cosas (mal) en las sociedades islamizadas...No es lo mismo hablar desde aquí, nuestra Europa oronda y egocéntrica, que desde lugares en los que sufren la represión social, cultural, etc. todos los días.

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  • estovamal estovamal 19/09/16 12:51

    Me alegra sinceramente que se sienta mucho mejor despues de su escrito. Está muy bien y estoy completamente de acuerdo con lo que dice y piensa. Me he alejado de todas las religiones, pero reconozco que hay algunas diferencias dentro de ellas, sobre todo las normas que dictan los fanatismos. Y pienso que estos generalmente provienen de razones ajenas a cualquier religión, y siempre regidos por una irracionalidad llamativa. Es curioso pero, a pesar de todo lo que se ha publicado, es la primera vez que alguien señala la irracionalidad del burkini, precisamente por esa razón que usted cita: la ropa mojada es mucho más sugerente, seductora diría yo, en contra del recato pretendido o impuesto. Un detalle más de esa irracionalidad. Y de la agudeza, sinceridad y sensibilidad de su escrito. Muchas gracias por todo ello.

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  • cepeda cepeda 19/09/16 11:36

    1.Artículo maravilloso escrito por alguien que conoce el problema desde dentro y en profundidad. Muchas gracias Houda por un testimonio que ayuda a entender lo que pasa... y por qué está pasando. 2.Gracias y enhorabuena a infolibre por tratar un tema en el que nos va tanto... con respeto, seriedad y claridad. 3.Me siento mucho mejor ahora que lo he leído (algún otro no podrá decir lo mismo) porque demuestra que los que decimos estas cosas ni somos xenófobos ni otras cosas peores... sino simplemente ciudadanos que hemos conocido épocas mejores en nuestras sociedades... y que estamos alarmados ante lo que está ocurriendo.

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  • jhgb jhgb 19/09/16 00:26

    Mi emocionado respeto a su honesto comentario. Yo siempre me pregunto si esta justificado basandome en mis principios reconocer los derechos del distinto que intenta limitar mis derechos, hasta ahora va ganando el si pero hay días que estoy muy harto de mis principios, son los días que pienso en lo que me conviene y no en lo que esta bien. Yo no creo que intenten controlar el cuerpo de las mujeres, quieren despojar a las personas, hombres y mujeres de sus derechos para darselos a los poderosos, las religiones, a las naciones etc.

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    • cepeda cepeda 19/09/16 11:38

      Así es.

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  • Bacante Bacante 18/09/16 21:06

    Menos mal. No puedo estar más de acuerdo y pienso exactamente como ella.

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  • Nicole Muchnik Nicole Muchnik 18/09/16 13:15

    Lo mismo he vivido en Tunes, a la playa con mis amigas tunecinas, vestidas desvestidas, libres, tomando el sol exactamente como yo y compartiendo los últimos bronceadores. Pienso con tristeza  a estas mujeres que vean sus hijas y nietas volviendo al tiempo de sus bisabuelas, y negando todo lo conquistado o otorgado - en el caso de Tunes - a  sus madres. Y aceptando la no prohibición en el nombre de la “libertad” , me siento  traicionarlas. 

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    • Visotsky Visotsky 19/09/16 18:28

      Completamente de acuerdo con Vd. Nicole, sobre todo con su última frase. "No prohibir llevar esa prenda en nombre de la libertad, es traicionar a las antepasadas."

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  • JUANCAR JUANCAR 18/09/16 13:12

    Guau!!! Muchas gracias por este artículo. Es el mejor que he leído sobre estos temas en los últimos meses. Felicidades 

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  • maridolo maridolo 18/09/16 10:15

    Gracias, muchas gracias Houda, pero una pequeña precisión: No siempre quien calla, otorga; demasiadas veces no quiere discutir con idiotas, sencillamente. Maridolo

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