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Nacido en los 50

Están entre nosotros

Publicada 27/09/2016 a las 06:00 Actualizada 26/09/2016 a las 21:12    
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En una reunión de corresponsales extranjeros se hablaba del auge de la extrema derecha en Europa y de su expansión demagógica favorecida por la tentación xenófoba que late en el subsuelo, exacerbada con discursos populistas de miedo a la pérdida de la identidad cultural y secuestro de los puestos de trabajo por los llegados de fuera. Se maravillaban estos periodistas por la ausencia de esos movimientos en España. Ignoran que aquí no han resurgido porque siempre han estado, habitamos con ellos. En las instituciones. Nunca se fueron.

Cuando los aliados liberaron Europa del fascismo y el nazismo, hicieron una excepción con España porque sabían que Franco sería un colaborador indispensable, en un lugar de la máxima importancia estratégica, en la lucha contra el comunismo que llevó a cabo aquella Guerra Fría que ya se pergeñaba por parte del bloque occidental durante la Segunda Guerra Mundial. Franco también sabía que de su aproximación a las democracias occidentales dependía su supervivencia en el poder cuando la guerra ya estaba perdida y, desde la capitulación de Alemania, una vez desaparecido ese loco primo de “zumosol” que fue Hitler (quien, dicho sea de paso, siempre le despreció), se mantuvo en un perfil bajo, de disimulo, mostrando hacia el exterior su cara más inofensiva, siempre intentando cautivar a quien pudiera incluirle en las organizaciones internacionales que iban a regir el mundo.

Como dijo Aznar de Gadafi, Franco quedó como un extravagant friend, fuera de la ONU y del Plan Marshall, y ese aislamiento le permitió vivir su realidad dictatorial con total autonomía.

En Yalta, los líderes de las tres principales potencias aliadas: Churchill, Roosevelt y Stalin, acordaron que al finalizar la guerra los países liberados de Europa decidirían libremente, con elecciones democráticas, su propio destino. Como España no fue liberada, los compromisos de este tratado no le afectaron. La cosa quedó en que Franco siguiera calladito en su rincón si dar guerra. Lo que pasara aquí dentro sería un problema de los españoles. Nos abandonaron a nuestra suerte. Mala, por cierto.

No sería hasta quince años más tarde cuando se formalizarían las relaciones de cooperación entre España y EEUU con el acuerdo para la implantación de bases militares americanas en nuestro territorio, que le valió la entrada en la ONU al comprar con ese pacto todas las reticencias que un régimen dictatorial suponía para que España fuera incluida como miembro de esa organización. La visita, unos años después, de Eisenhower a España legitimó la dictadura como el régimen político que nos gobernaría hasta la muerte de Franco en 1975.

Tras su muerte, la Transición constituyó un periodo de reforma que se encargó de que los altos cargos de las diferentes instituciones que gobernaron este país durante 35 años, tanto de la política, como de la Policía, el Ejército y la Justicia, tuvieran cabida en la democracia. Muchos de estos funcionarios que ostentaban puestos de responsabilidad durante la dictadura se reciclaron en diferentes partidos ya en la democracia, sobre todo en Alianza Popular, formada por siete ministros de Franco, con Fraga a la cabeza, y otros más moderados en UCD (Unión de Centro Democrático), partido presidido por Adolfo Suárez, que había sido ministro secretario general del Movimiento, la cartera con mayor carga política de aquellos gobiernos de Franco, y que aglutinando infinidad de formaciones de diferentes tendencias de la derecha y el centro, supo representar como nadie la metamorfosis del cambio entre sistemas. Él pasó de la dictadura a la democracia. Ganó las dos primeras elecciones generales, demostración empírica de que la sociología que había creado el franquismo apostaba por una moderna continuidad, no quería cambio. Querían esto sin perder lo otro.

Esa amalgama de fuerzas que se integró a la perfección en la democracia continuó su aventura, salvo exabruptos nostálgicos irredentos, bajo un manto de armonía y disimulo que aparentó terminar con aquella España de los vencedores que exigieron una rendición incondicional para llevar adelante una paz a sangre y fuego. Del mismo modo que en la Alemania de la posguerra todo el mundo afirmaba que nadie sabía lo que estaba pasando en su país durante los años del nazismo, aquí no quedó ni un solo español adicto al régimen. Como san Pedro, todos negaron tres veces antes de que cantara el gallo que daba el pistoletazo de salida para las elecciones. Corrían tiempos nuevos. España se convirtió en el único país del mundo que carecía de una derecha política. El espectro iba desde la extrema izquierda al centro. Hasta ahí. Más allá sólo quedaba la caverna que festejaba los aniversarios pertinentes en el Valle de los Caídos, monumento faraónico que Franco construyó para que la posteridad no olvidara su Santa Cruzada, y del que los portadores de la llama de la España verdadera hicieron su reducto festivo, su particular “fachódromo”.

Nunca más se supo de los millones de españoles que abarrotaban la Plaza de Oriente de Madrid durante las apariciones públicas del dictador, ni de los que formaban la infinita cola para darle el último adiós al sátrapa de El Ferrol. Con Franco murieron, por lo visto, aquellos millones de españoles.

Así corrió el tiempo entre la euforia del derribo de los Pirineos, que era nuestro particular muro de Berlín, y la alegría de la incorporación a Europa, hasta que José María Aznar abrió la caja de los truenos y recuperó para esa España el orgullo de ser de derechas, que aquí es tanto como ser de aquello. Como decía Fraga, también con orgullo: “Nunca debemos olvidar de dónde venimos”. Ser de derechas en España es recuperar el mundo de los vencedores que no se dejan quitar un busto, un monumento a uno de los suyos, y tampoco desenterrar a los vencidos, a los asesinados en las cunetas, en las tapias de los cementerios y en los bosques para llevarlos junto a los suyos o darles sepultura como dios manda. Como a perros los mataron, como perros deben seguir. Y la Iglesia callada, como entonces.

Saca pecho Fernández Díaz, ese ministro que tiene una policía política a su servicio, como en los buenos tiempos, para difamar y buscar averías a sus rivales, que luego airean los medios de comunicación afines a los que pagan bien con la propaganda institucional, da la cara el ministro, decía, con motivo de la solicitud de traslado de los restos del general Mola por parte del Ayuntamiento de Pamplona que quiere que se los lleven a otro sitio, y suelta por esa boquita: “Algunos pretenden ganar la guerra cuarenta años después…”.

Entiende el señor ministro que son vencidos los que tal cosa pretenden. Y de sus palabras también se desprende que él se sitúa en el bando de los vencedores, aquellos que acabaron con la democracia y el orden constitucional a tiros tras fracasar el golpe de Estado de 1936.

Triste que tengamos un ministro todavía, ochenta años después, que reivindique aquellas salvajadas en lugar de encargarse, en cumplimiento de la ley que representa, debo entender que muy a su pesar, de limpiar de nuestro suelo, que no de nuestra memoria, esos monumentos y reliquias que dan gloria al fascismo. Alegan que eliminar los restos de aquella tiranía es atentar contra la Historia. Nunca han tenido vergüenza cuando se trata de salir en defensa de aquel fascismo al que dicen no haber servido ni representar. Les mueve una cuestión científica, intelectual. Los criminales, dicen, deben tener su espacio en nuestras ciudades, como lo tienen los huesos encontrados en Atapuerca. Forman parte de nuestra historia. Eso sí, cuando se denuncian atropellos, violaciones o crímenes, nos salimos del campo de la historia para pasar a remover el pasado, dividir a los españoles y pretender ganar una guerra que perdieron los demócratas.

También sale, cómo no, Esperanza Aguirre a echar gasolina en la trifulca que montan los legionarios intentando evitar que le quiten la calle a Millán Astray, fundador de la Legión, para sustituirla por otra llamada Avenida de la Inteligencia. Ella siempre se mueve por nobles ideales. Alega la defensora de esta causa, también la representación de su partido en el Ayuntamiento de Madrid, que Millán Astray no debe perder su calle porque hizo mucha obra social. Y pone algunos ejemplos. Yo le voy a recordar que Hitler hizo mucha más obra social que Millán Astray, para que le dé una vuelta al tema. A lo mejor habría que sustituir el nombre del general español por el del genocida alemán, si de obra social se trata. Hay que recordarle que no le quitan el nombre de la calle por haber fundado la Legión, ni por las virtudes que pudo tener, sino por su colaboración con el régimen franquista.

Les molesta que desaparezcan los vestigios de aquella España, tienen motivos, no los dicen. Nos toman por idiotas.

La sorpresa de los observadores internacionales ante la falta del resurgimiento de estos movimientos xenófobos, populistas, de extrema derecha, no debería ser tal. Como los marcianos, esa gente está entre nosotros. Por todas partes. Siempre estuvieron, nunca nos dejaron. Así nos luce el pelo.

Si los quieres ver, sólo tienes que quitar el nombre de una calle a un artífice de la dictadura. Aparecen como las moscas en torno a la miel, o a cualquier otra sustancia pestilente que, a usted, querido lector, le sugiera esta cuestión.

Qué hartura de fascismo. Ochenta años después.


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16 Comentarios
  • Artero Artero 03/10/16 05:45

    En cuanto a las moscas, no si son la mismas, pero acuden tanto a la miel como a la mierda.

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  • Laila Laila 01/10/16 23:03

    Magnífico escrito, Wyoming, como siempre. Sin ir más lejos, en mi pueblo, el pleno del ayuntamiento votó a favor de quitar unos restos franquistas y un par de personajes presentaron recurso contencioso administrativo contra esa decisión. Y así estamos, esperando el juicio. Por desgracia, no, no se han ido, siguen entre nosotros.

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  • soriafar soriafar 29/09/16 16:30

    Ayer viendo a Ferrer en la secta, y posteriormente a Mamen, en mas vale tarde, me dije: esta no es mi secta que me la han cambiado!!!. Y claro como hago todas las noches, a esperar a Wyo a ver como salia del atolladero del dia. Y como siempre, "ahora les contaremos la verdad", puso los puntos sobre la ies, y salio del atolladero del dia, brillantemente como él acostumbra, acompañado por supuesto, de sus compañeros de programa. Hoy he sustituido al rojo vivo por la IV.

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    • BOTIJA BOTIJA 29/09/16 19:25

      Me paso lo mismo ...Farreras esta enfermo ...como su mujer,Pastor No dejan hablar al entrevistado contrario a su pensamiento. El peor periodismo. La Maman estaba como loca. La SECTA siempre fue asi. No olvidar que en su nomina esta INDA y MARUENDA.Nos engaño un tiempo, ya no.

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      • POZO POZO 02/10/16 19:03

        Y despues del programa de ayer, en Ferraz, ya , ni te cuento. Estos, de la 3 sexta, desaradamente nos quieren entregar a las fauces de los que habla Wyoming en su magnifico articulo de arriba. Que pena que en la publica manden los sinverguenzas que mandan, si no, le pediria a Wyoming que se fuese de la sexta. Los nacidos en los 50 somos fieros, pero los grandes de los 50 como Wyoming son irreductibles. Ya hace años de lo del Palacio de los Deportes, y siempre hemos estado con el.

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  • Bacante Bacante 29/09/16 12:30

    Osasuna y República, Paco! (Ando azacanado). 

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  • Deahi Deahi 28/09/16 18:45

    Por qué no os preocupáis de las dictaduras actualmente vigentes, como Venezuela?

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    • Frank Einstein Frank Einstein 29/09/16 14:51

      O China. O España.

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    • unaimunariz unaimunariz 28/09/16 19:14

      Tambien nos preocupamos pro hay dictaduras mas cruentas que no se nombran nunca porque son de extrema derecha, te voy a dar dos Guinea Ecuatorial, Arabia Saudi y hay muchas mas solo tienes que informarte un poco

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  • Pelegrino Pelegrino 28/09/16 17:47

    Los beneficiarios, directos o por herencia, del expolio patrimonial (incautación, decían) del franquismo a los asesinados, los encarcelados y los forzados al exilio prefieren un régimen que impida hablar del asunto ("reabrir heridas", sería). Lo que prometa hacer o haga al gobernar les trae sin cuidado. Son ese núcleo fijo que vota al PePé pase lo que pase.

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  • massaluca massaluca 28/09/16 11:33

    La extrema derecha de este país,nunca se ha ido,siguen aquí,solo se marcharan cuando dejen de votarles.Esto solo tiene una solución,yo me la se,pero callo..?..

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    • Frank Einstein Frank Einstein 29/09/16 20:04

      Si 'la solución' es empezar a tiros, mejor sí, mejor te lo callas. Si no, habla. Por favor

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  • paco arbillaga paco arbillaga 28/09/16 11:30

    Recogida de firmas para que «Cierren el Madrid Arena hasta que cumpla con las medidas de seguridad adecuadas» promovida por Isabel De la Fuente: «El próximo 1 de noviembre se cumplirán tres años desde la tragedia del Madrid Arena en la que murieron cinco jóvenes durante una fiesta de Halloween. Se cumplirán también tres años desde la última vez que vi a mi hija Cristina, una de las fallecidas aquella noche …» ¶ https://www.change.org/p/ayto-de-madrid-cerrad-el-madrid-arena-hasta-que-cumpla-con-las-medidas-de-seguridad-adecuadas?source_location=discover_feed

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  • El chipionero El chipionero 28/09/16 02:28

    ¡Y lo que nos queda al paso que vamos!, pues el fascismo no sólo está en los cuatro nostálgicos, que no quieren que les quiten el nombre de sus "héroes"  a las calles, está en las instituciones, en los ministerios del interior y otros, en los beneficiarios de los fondos reservados, muchos de ellos "periodista". Está incluso camuflado en algún partido llamado de "izquierda", "OTAN de entrada NO", recuperado por servicios de inteligencia extranjeros, para empezar diciéndole al pueblo que "a por la III República" y acabar siendo el lacayo del más rico del mundo y sirviendo al IBEX 35 con sus puertas giratorias. No sólo está en los cuatro legionarios, del porro y la cabra, Wyoming. Han copado la izquierda y la están haciendo polvo. De todas formas, ¡felicidades! Un gran artículo.

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  • Arroutado Arroutado 27/09/16 23:19

    Y en Galicia tenemos que aguantar a mini Fraga 4 años más, con el apoyo de todos aquellos que no quieren acordarse de lo que Franco (Francisquiño para algunos) le hizo a Galicia. Están escondidos, pero son muchísimos.

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    • Frank Einstein Frank Einstein 29/09/16 14:53

      dos de cada diez. Cinco se quedan en casa, porque 'todos roban' y los otros 3 andan a ostias y suma y sigue

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