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Andrés Saliquet, el criminal que no merece calles ni medallas

Alejandro Sánchez Moreno
EL AUTOR
Publicada el 13/10/2016 a las 13:15
A las diez y media de la noche del 1 de abril de 1939, el Cuartel General del Generalísimo transmitió el último parte anunciando el final de la Guerra Civil española. Aquel escueto comunicado declaraba oficialmente terminada la contienda que había partido en dos España desde hacía tres años, aunque muy pronto se supo que la paz prometida no iba a ser para todos. Una vez lograda la victoria, llegaba la hora de ajustar cuentas a los territorios que todavía no habían conocido cómo se las gastaban en la zona autoproclamada como “nacional”, y así las detenciones, torturas y asesinatos masivos volverían a reproducirse en la media España que había resistido al fascismo hasta el final.

Los nuevos amos no estaban dispuestos a perdonar. A la vez que organizaban la represión, se dispusieron a levantar la estructura de una dictadura que –por supuesto–, debía estar cimentada en la justificación de un golpe de Estado que había sido bautizado como Alzamiento Nacional. Por todos es sabido que los vencedores siempre intentan escribir su propia historia, y atendiendo a ello la verdad fue reinterpretada por el franquismo a conveniencia. Así, los militares que faltaron a sus juramentos pasaron a ser héroes; los defensores de la legalidad fueron tratados de rebeldes; los que entraron brutalmente en España con ayuda alemana, italiana y mercenarios magrebíes pasaron a ser patriotas... El control absoluto de la opinión pública se antojaba vital para el Estado, y si era necesario hacer responsables a los "rojos" del bombardeo de Gernika, se hacía y punto, pues nadie iba a atreverse a protestar por ello.

Desde un principio, la hábil propaganda franquista se destacó en honrar a los mártires y héroes de la llamada "Cruzada". Las autoridades locales, en agradecimiento al poder que les había sido otorgado por la fuerza, no dudaron en enaltecer a los golpistas, y por ello el nomenclátor de nuestras ciudades y pueblos empezó a albergar nombres de militares que se habían destacado más en labores represivas que en hazañas bélicas. La llegada de la democracia primero, y la Ley de Memoria Histórica de 2007 después, fue cambiando esta situación, aunque ciertamente todavía son muchas las calles que resisten ante los nuevos tiempos.

Uno de los personajes que más está dando que hablar últimamente por la retirada de su calle en Madrid es el general Andrés Saliquet. Desde que se supo que el Comisionado de Memoria Histórica había propuesto renombrar su calle en la capital, la reacción de la ultraderecha no se hizo esperar, iniciando toda una campaña de desprestigio hacia la alcaldesa en la que destacó una carta escrita por un nieto del militar. En ella, José Luis S. Saliquet –que se ha convertido en un tuitero muy reconocido entre la extrema derecha, por cierto–, atacó a Manuela Carmena recurriendo al insulto fácil, y acusándola de intentar mentir al tratar de fascista a un "héroe" que tan sólo "defendió la propiedad privada, los derechos civiles y su juramento a España".

Lejos de esa visión idílica y tergiversada de la realidad, Saliquet podría ser considerado como uno de los más sangrientos genocidas que ha conocido la Historia de nuestro país. Un militar que no sólo faltó a su deber sublevándose contra un régimen legalmente constituido, sino que además fue un destacado responsable de la represión que sufrieron los demócratas españoles, durante y después de la guerra. Sus innumerables crímenes, que se saldaron con el asesinato sistemático de miles de personas, pueden ilustrarse en las ejecuciones públicas que el general permitió en Valladolid, en las que una multitud sedienta de sangre presenciaba divertida los fusilamientos de sus vecinos. En ese dantesco espectáculo, que hoy sólo se nos ocurriría imaginar en regímenes brutales como el del Estado Islámico, un tendero vendía anís y churros a los asistentes, entre los que se encontraban incluso niños de corta edad.

Andrés Saliquet, al que el propio Azaña definió en sus memorias como un bruto, fue el estereotipo perfecto de militar golpista. Tan enemigo de la democracia como sanguinario en sus formas, tomó parte del complot para acabar con la República desde un primer momento, siendo uno de los colaboradores más cercanos a Mola, y sirviendo de enlace entre la Falange y los oficiales destinados en Valladolid. Al iniciarse el golpe de estado, Saliquet depuso por la fuerza a las autoridades de la ciudad castellano-leonesa y rápidamente proclamó el estado de guerra en la región, iniciando con ello las acciones que le harían ser conocido como el "carnicero" de Castilla. Como pieza clave en la insurrección, Saliquet pasó a formar parte de la Junta de Defensa Nacional, y llegó a ser el máximo responsable militar del Ejército de Centro, pasando –una vez acabada la guerra– a presidir el Tribunal Especial de Represión de la Masonería y el Comunismo.

Ahora conocemos por este mismo medio que además de su calle en Madrid, Saliquet conserva el título de hijo adoptivo y la medalla de oro de la ciudad de Almería. Por higiene democrática, creemos que este hecho debería ser corregido cuanto antes. No es justificable desde luego que una persona con una biografía así pueda presumir de tales premios en una ciudad que –para colmo–, fue arrasada durante la guerra por la aviación nazi, aliada de los franquistas. Los criminales no merecen medallas, y por eso es de desear que le sean retirados todos los honores en la ciudad andaluza. Esperemos que así sea, y que pueda ser por unanimidad de todos los grupos políticos, aunque mucho me temo que no será así, pues todavía hay algunos que no han sabido romper con el pasado franquista. Ojalá me equivoque.
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Alejandro Sánchez Moreno
es historiador
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8 Comentarios
  • massaluca massaluca 14/10/16 11:44

    Ya lo digo yo,Franco,mientras haya uno vivo del PP.no ha muerto,son los mismos que el 36,mas modernos y muy ricos,pero los mismos.

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  • Luis Aras Luis Aras 14/10/16 11:06

    Ya va siendo hora de que se conozca la verdad. Esperemos que también la Justicia y la Reparación a las victimas sean pasos inmediatos. Todos y especialmente los ciudadanos honestos de Almería tenemos que actuar.

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  • Juango Juango 14/10/16 10:53

    La justicia castiga a los cómplices, encubridores, etc, de los ladrones, asesinos y o cualquiera que optaculice la acción de la misma. Los asesinatos contra la humanidad no deben tener caducidad. ?Por qué no se persigue a los que siguen defendiendo a los asesinos de este país?. ?Por qué se enaltece impunemente a los golpistas que asesinaron y torturando a una gran parte de este país después de la guerra civil?. ? Y los jueces qué? Entre todos tenemos que cerrar las heridas de este país, pero será imposible sin restituir la dignidad y el derecho de todos.

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  • JoanCavalle8746 JoanCavalle8746 14/10/16 10:09

    Gracias por su artículo, SR. Sánchez Montero. Gracias a estos artículos, nos podemos documentar sobre los antecesores de los que hoy se esconden bajo cínico nombre de Partido Popular. Digo cínico por que estos no representan La PUEBLO SOBERANO, si no a ladrones, estafadores, meapilas,fascistas de nuevo cuño,ect,ect.

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  • Bellum Bellum 13/10/16 21:14

    Ojalá se equivoque Sr. Sánchez Moreno, y los dignos representantes de la muy honorable ciudad de Almería retiren el título de hijo adoptivo a un asesino genocida. Almería no se merece tan vergonzante deshonor. En Almería se cumplirá la Ley y se restituirá la Memoria enterrando a quien no debió entrar nunca en la Historia por sus criminales actos.

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  • Sísifo1948 Sísifo1948 13/10/16 14:39

    ¿Qué tiene de «descabellado» que un franquista asesino sea hijo adoptivo de Almería, una ciudad con alcalde y votantes del Partido Putrefacto? Coherencia absoluta.

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    • Alonso Quijano Alonso Quijano 13/10/16 19:13

      En Almería, además de tener un alcalde y votantes del signo que Vd. afirma, hay votantes del resto del espectro político, que no comparten su comentario sobre su generalización. Respeto absoluto.

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      • RFripp RFripp 13/10/16 20:40

        Totalmente de acuerdo desde Galicia.

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Opinión