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Plaza Pública

Del eurocomunismo al dilema Varufakis

Gaspar Llamazares y Pedro Chaves Publicada 12/12/2016 a las 06:00 Actualizada 11/12/2016 a las 20:39    
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El exministro griego ha formulado con la claridad que le caracteriza el dilema de nuestros días: es más fácil en nuestras sociedades, en la actual coyuntura, una salida política reaccionaria que la consolidación de una perspectiva de cambio socialista. Y tiene razón. Por mucho que nos parezca de toda evidencia que la alternativa civilizatoria expresada por Rosa Luxemburgo: o socialismo o barbarie, es tanto más actual hoy que cuando ella la formuló. En términos reales, de representación política, el socialismo no es hoy la expectativa que conmueve los corazones y las ilusiones de las gentes en Europa, sin ir más lejos.

Este es el drama de nuestros días: la evidencia de que las perspectivas de superar el capitalismo depredador y salvaje que nos asola están lejos, muy lejos de querer ser representadas por las organizaciones políticas de la izquierda transformadora. En el imaginario simplificador de cierta visión dogmática del marxismo, la crisis económica traería de la mano un incremento sustancial del caudal de apoyo a las fuerzas revolucionarias. Bastaba con sentarse en la puerta, hacerse el longui y esperar que de manera natural las fuerzas de la historia hicieran su trabajo.

Nos gustaría proponer la siguiente reflexión: ¿Qué problemas nos atenazan, que dificultades abordamos en la izquierda alternativa para poder cumplir nuestro deseo de representar a los oprimidos de tantas opresiones e injusticias en estas décadas ominosas? ¿Qué cosas no estamos haciendo bien? O, dicho de otro modo, ¿qué es lo que explica el avance imparable de las fuerzas de extrema derecha en Europa, por ejemplo? Y, a continuación: ¿por qué los partidos del sistema son más resilientes que nosotros? Quizá esta reflexión nos exigiría dar cuenta de los cambios vividos en nuestras sociedades y sacar las oportunas conclusiones. Quizá estas conclusiones no sean del agrado de todos, pero necesitamos hacer un esfuerzo de inclusión y de apertura de mente, considerando lo que nos jugamos. La condición de esa apertura es dejar a un lado las etiquetas. Aunque éstas contribuyen a simplificar el debate político, en lo que nos ocupa, intentar comprender qué ocurre para saber encontrar las mejores alternativas, el uso regular y sistemático de etiquetas es, ni más ni menos, un estorbo.

En segundo lugar, el revisionismo histórico no ayuda mucho. Esa inveterada manía de proyectar sobre el pasado los dilemas que entretienen nuestros días, pervierte el análisis sobre lo que ocurrió y ciega las oportunidades que una lectura más objetiva podría tener sobre el presente. Deberíamos reconocer, por último, nuestra limitada capacidad para predecir el pasado.

Siendo así, el debate sobre algunas partes de nuestra biografía política debería ser más histórico y menos doctrinario, más abierto en términos ideológicos y menos auto-centrado en las querencias del movimiento comunista oficial. Es oportuno e interesante abordar la aportación histórica del eurocomunismo, por ejemplo, pero también es útil no eludir la represión de la disidencia interna común en el modelo político y organizativo del estalinismo, o los desastres ocasionados por el sectarismo (el caso de Bórdiga en Italia minimizando el impacto de la Marcha sobre Roma de Mussolini, por ejemplo) o las condiciones de éxito de las revoluciones que fueron triunfantes y su legado; o los nuevos procesos de cambio abiertos en América Latina. Si no somos ni eurocéntricos ni pensamos que nuestra historia singular es la única historia, tendremos una mejor perspectiva para el análisis y un diagnóstico lo más cerca posible de la verdad. Desde aquí será más fácil compartir ideas y propuestas para ganar la batalla a la extrema derecha y al sistema que la alimenta.

Es recurrente una cierta fijación infantil con el eurocomunismo como ejemplo de los males tradicionales de la izquierda reformista y traidora en persecución de un espacio al sol del sistema. Con toda seguridad, esta división entre reformismo y revolución reformulada de diferentes maneras es común a todas las tradiciones políticas. Aznar también reprende a Rajoy por su alejamiento proverbial del buen camino del dogmatismo neoliberal y nadie diría de Rajoy otra cosa que no fuera que es un neoliberal de tomo y lomo.

El eurocomunismo se explica, ante todo, como un fenómeno de época. Es una propuesta setentera por las preguntas a las que quiere responder y por el tipo de soluciones que propone. Este intento de adaptación del cambio hacia el socialismo que el eurocomunismo propone no se entiende sin ponerlo en la perspectiva de la doble crisis del momento: la crisis del capitalismo y la crisis del socialismo real.

El eurocomunismo involucró a los dos partidos comunistas más grandes de Europa (el francés y el italiano) y a un tercero que aspiraba a serlo (el de España). Se olvida a menudo que la ciencia política del momento consideraba como lo más probable que en España se repitiera el caso italiano: la hegemonía del comunismo en la izquierda. Y con tal seguridad los poderes políticos en España y fuera de España se conjuraron para evitar tal riesgo.

Los debates que sustanciaron la división del movimiento comunista en ese momento parecen hoy cosa de un pasado muy lejano: el papel de la dictadura del proletariado, el papel de la democracia en el proceso de transición hacia el socialismo, el reconocimiento del pluralismo político como un elemento básico de nuestras sociedades etc. Había también cuestiones geopolíticas en juego: la defensa de modelos propios y específicos de transformación social frente a la voluntad del modelo hegemónico soviético. Convendría no olvidar el cisma que produjo la invasión soviética de Checoeslovaquia en 1968 o la turbación y el impacto del anegamiento en sangre del intento de socialismo democrático de Salvador Allende en Chile. Pero también y en ese mismo año se produjo la revolución del 68, y con ella la evidencia de la aparición de nuevos sectores sociales, nuevas demandas y nuevas exigencias de representación.

El eurocomunismo tuvo una gloria efímera, apenas tres años entre 1976-1979, si bien puso de manifiesto que la reflexión que proponía venía de más lejos y no iba a detenerse por el fracaso de sus proponentes. Para algunos, el declive de las fuerzas revolucionarias es imputable en exclusividad a esa estrategia, pero eso no explica por qué los partidos que no la siguieron se han hundido en la marginalidad o mantienen, a duras penas, un estatus periférico en el sistema de representación. De hecho, y desde entonces, el panorama de la representación política en la izquierda alternativa se ha vuelto más complejo y plural.

Hoy la cuestión está en saber si las preguntas parecían pertinentes más allá de sus propuestas y resultados. A nuestro juicio, sí. De alguna manera la reflexión sobre los cambios de época que se estaban viviendo había interesado a las mentes más lúcidas del marxismo no ortodoxo: Gramsci, por ejemplo. La articulación del dominio político alrededor del concepto de hegemonía ofrecía nuevas vías de interpretación sobre la dominación de las clases subalternas y sobre las perspectivas de la lucha revolucionaria y la transformación social.

Muchos factores condenaron al eurocomunismo. Uno, no menor, su voluntad de apertura político-ideológica junto al mantenimiento y defensa de un modelo de organización plebiscitario, jerárquico y centralizado: la enconada defensa del socialismo plural y democrático con la práctica de expulsiones de los disidentes como método de deliberación y decisión no parecía una combinación muy virtuosa.

Sin embargo, reducir la complejidad de aquel momento histórico y los debates que se suscitaron a una cuestión de meras texturas (ser más o menos blandito con la socialdemocracia) resulta muy empobrecedor.

Como afirmaba César Rendueles, consideramos que los procesos de larga duración no son ni monótonos, ni aburridos, ni opacos. Basta con tener la curiosidad de saber qué pueden ofrecernos. Y el eurocomunismo, junto a otras aportaciones, se inserta en un proceso histórico que conmueve hasta los cimientos a las fuerzas alternativas: su capacidad de adaptación al sistema dominante para transformarlo. En la medida en que hablamos de procesos vivos, no existen recetas precisas.

Hay quien se empeña en creerse y proclamarse poseedor del termómetro que mide con exactitud la temperatura correcta que discrimina entre un buen revolucionario y un traidor a la causa. Esa aproximación a una pluralidad que nunca va a dejar de existir nos ha hecho mucho daño y parece que promete seguir infringiendo feas heridas en el cuerpo de las fuerzas del cambio.

El dilema Varufakis nos interroga más allá de nuestras pequeñas andanzas personales. De hecho, si fuéramos capaces de sacar la nariz de nuestros ombligos, observaríamos que estamos ante un cambio de época, ante lo que Shakespeare llamaba “tiempo de bastardos”, un momento histórico, un parte-aguas de la historia. Un tiempo constituyente que, por el momento, dominan las fuerzas más reaccionarias y regresivas. Ahí están nuestros enemigos de verdad.

Nos situamos con Gramsci en la perspectiva de intentar construir un bloque social y político que, primero, reaccione frente a la barbarie; que la contenga después, y que finalmente sea capaz de enunciar la promesa de un futuro mejor para la inmensa mayoría. Haremos eso con el corazón, los sentimientos y los argumentos. Y para ese fin nos necesitamos todos: si es cosa de texturas, que el horneado de la mezcla de lo duro y lo blando resulte un bizcocho de intenso sabor, lo suficientemente esponjoso.                           
__________________________
 
Gaspar Llamazares es portavoz de Izquierda Abierta
y Pedro Chaves es investigador y politólogo


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11 Comentarios
  • viceval viceval 12/12/16 18:03

    ..... mande ???

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  • esfera esfera 12/12/16 15:02

    En mi opinión, es necesario realizar un análisis del papel desempeñado por los principales organizaciones  sindicales en Europa ,y su influencia sobre el Estado de Bienestar Social , hasta el inicio de la "crisis ".    En España, la derechona avalada por los medios de comunicación "oficiales " ha denigrado a los sindicatos de clase, y ninguneándolos, el Sr. Rajoy les ha excluido de los pactos de gobierno ,contraviniendo de forma flagrante el Pacto de Toledo. Es necesario,revertir esta  grave situación .    Los sindicatos a su vez, tendrán que demostrar, que son los auténticos valedores y representantes de los trabajadores y defender sus legítimos intereses, para seguir adelante.   Todos formamos parte de un puzzle que se trata de recomponer.  " Mucha gente pequeña, en lugares pequeños,haciendo cosas pequeñas a la vez,pueden cambiar el mundo." E.Galeano. 

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  • Juanjo Seoane Juanjo Seoane 12/12/16 15:01

    Lo siento. Ni veinte personas van a leer y reflexionar sobre vuestras psly citas

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  • Birth 1 Birth 1 12/12/16 14:28

    El armazón del artículo me produce una enorme incomodidad. Parece que lo que se echa de menos es que el rebaño vuelva al corral (izquierda). Puede que no sea el mismo rebaño y este no soporte el corral. La argumentación se vertebra en la evolución y adaptación de las izquierdas. Pienso que hay que darle la vuelta al relato. Interesarse por lo que está pasando y no darlo por sabido. Escuchar a Le Pen, Bernie Sanders, Trump, Corbyn enseña mucho más que volver a repasar la historia sabida. Hay una línea común de estos personajes, más allá del “populismo” que inquieta y facilita tanto el demonizar antes del esfuerzo de entender. Sus discursos responden a necesidades serias y no literales, (me apropio del acertado y manoseado latigo de Salena Zito en the Atlantic del pasado septiembre). Lo lamento, pero la contribución suena hueca, sin pulso. En mi opinión se están mirando a ese ombligo del que quieren escapar. O quizá fuera que mis expectaciones eran otras. Todo mi respeto.

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  • cepeda cepeda 12/12/16 13:05

    1.¿Qué explica el avance arrollador de la derecha-derecha en Europa?. Que están dando una respuesta a los problemas, y a las angustias, de una parte de la población que se ha dado cuenta que el modelo de los "liberales" (con lo ajeno) nos lleva al desastre. Está por ver que sus alternativas en economía devuelvan el crecimiento, la creación de empleo y combatan la desigualdad social que los liberales están ensanchando... pero en otros campos como el combate contra la quinta columna, la inmigración ilegal y descontrolada... pero controlada y promovida por las mismas fuerzas que se aprovechan de la quinta columna... no hay duda de que aciertan y van a combatir el CAOS actual. 2.El problema de la izquierda, Sres Llamazares y Chaves, es que aun no se ha enterado de qué va el siglo XXI... y por eso defienden unas cosas a las que la gente simplemente no les presta atención. 3.¿Es izquierda y socialismo lo que hay en China y en Vietnam?. Si lo es... aprendan de ellos. Si no lo es... expliquen por qué... y presenten un modelo alternativo... que funcione mejor. Un saludo. 2.

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  • itnas itnas 12/12/16 12:48

    1/2. En primer lugar me gustaría felicitar a los autores por su artículo y a la dirección del diario por su elección, que hace que al lector se le muevan más circuitos neuronales que los precisos para la crítica personal y fácil. Lo primero que me llama la atención es saber para quién han pensado los autores escribirlo a la vista de los comentarios que hasta el momento ha suscitado, y más personalmente, a la vista de afirmaciones como "La articulación del dominio político alrededor del concepto de hegemonía ofrecía nuevas vías de interpretación sobre la dominación de las clases subalternas y sobre las perspectivas de la lucha revolucionaria y la transformación social". Me parece que hablando de cambios que la historia ha enseñado deben producirse, seguramente es pertinente modificar el 'tipo' de discurso en orden a que éste se expanda y no quede para el consumo del especialista; mi actividad profesional (la matemática) me lo ha hecho comprender con frecuencia. El denominado dilema de Varoufakis, quizás mejor expresado por Rosa de Luxemburgo, con independencia de su plausibilidad, a mi me parece que suscita alguna pregunta.

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    • jorgeplaza jorgeplaza 12/12/16 14:25

      Sospecho, señor/a itnas, que esto va para el consumo interno IU-Podemos. En todo caso, da un poco de pena ver con qué soltura se maneja un lenguaje tan retorcido y tan críptico que a cualquiera podría producirle complejo de idiota... si no fuera porque, en el antepenúltimo párrafo, los mismos autores que no parecen encontrar una forma más sencilla de transmitir su mensaje confunden, como cualquier mal alumno de Bachillerato, infringir con infligir. Nada menos que un diputado nacional en varias legislaturas y un "investigador y politólogo": así va el país, que diría el otro.

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    • itnas itnas 12/12/16 12:51

      2/2. ¿Está el pensamiento capitalista más cercano a las 'entrañas' del ser humano? ¿El modo socialista de enfocar el mundo se consigue casi exclusivamente mediante la educación (no es por ello cercano a la visceralidad humana)? ¿Cómo comprender entonces que no hace tanto tiempo, a las puertas de bares y restaurantes de la Europa central se pudiesen ver carteles con el aviso de multa para todo aquél que no procurase un cuenco de comida y bebida para perros? Si resulta que el problema es representar al oprimido, ¿cómo puede ser que este, el oprimido, no sepa discernir quién debe representarle? ¿Será acaso que lo importante sea considerar a qué llama 'representar' el sistema capitalista en el que vivimos? Por ejemplo, ¿cómo representan los partidos políticos al ciudadano estando vigente la prohibición del mandato imperativo para el representante elegido, lo que le faculta el poder estar exento de cumplir promesas electorales y no tener el elector vías para denunciar el incumplimiento? Finalmente, me ha resultado chocante la frase “predecir el pasado”, aparentemente una incoherencia, aunque comprensible de añadirse 'pasado desconocido'. 

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 12/12/16 10:56

    Siempre tuve la sensación (dogmáticamente poco comprobada) que el eurocomunismo fue un intento de encontrar una ideología tan camaleónica como el capitalismo, capaz de adaptarse a cualquier cambio. Coincido punto por punto con el comentario #2 de Mario José. Un año más joven pero en lo demás pienso lo mismo, sobre todo en alcanzar el poder por parte de las clases menos desfavorecidas. No hablo de "clase obrera", de un lado porque creo que son varias y diferentes las clases en la base de la pirámide social y de otro porque esas clases se han autodesclasado y les molesta un poco que les llamen "obreras". Suena a mono y manos llenas de grasa tan demodé en la era digital que vivimos. Y creo que esas clases sólo alcanzarán el poder en un procedimiento que desposea del poder a quienes lo detentan. Difícil veo que por procedimientos pacíficos y consensuados ese cambio sea posible. No creo que nadie renuncie a sus privilegios si no espera conseguir otros más importantes con esa renuncia. Falta ideología sin perder de vista la historia, los errores cometidos y los aciertos (ha habido alguno) de los movimientos populares de los siglos XIX y XX. Estructurar una doctrina ideológica para luchar con garantías contra algo tan poco ideológico (aparentemente) como el capitalismo, es muy difícil. A mi juicio el gran problemas de los movimientos populares ha sido no ponerse de acuerdo en el camino a transitar hacia el cambio y recorrer juntos las etapas que lo compongan, si es que las hay. Hemos querido siempre llegar al final sin pasar por estados intermedios que ilusionaran no sólo a los nuestros, sino a la mayor parte de la sociedad que, piense lo que piense, forma parte de alguna clase menos favorecida. Mientras no encontremos la fórmula me temos que estamosm condenados a soportar esta sociedad.

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  • Mario José Mario José 12/12/16 07:51

    No soy ninguna luz brillante ni destacada, simplemente alguien que empezó a militar con 15 años con la ilusión de cambiar este mundo que me parecía injusto. Con casi 62 años sigo con la misma ilusión y pensando que hay que cambiarlo. Pero si bien comprendo a los autores del artículo, una vez descalificados y apartados todos aquellos que defendieron y siguen defendiendo la idea de que el sistema no se puede cambiar pacíficamente, no porque los que lo quieren cambiar sean belicistas si no porque los verdaderos detentores del poder no nos dejarán hacerlo pacíficamente, a los otros les piden sentarse conjuntamente alrededor de una mesa para reflexionar y que más allá de las etiquetas…. ¿qué? En definitiva, lo que nos proponen los autores del artículo, si he comprendido bien, es la transversalidad de la que Podemos (y ahora Unidos Podemos) nos está hablando desde que irrumpieron en la escena política. Por parte de Gaspar me parece extraño a sabiendas de que Podemos no es santo de su devoción y de que la decisión del PCE, (porque digan lo que digan IU es 90%, por no decir 99, el PCE) de juntarse con Podemos y crear Unidos Podemos tampoco lo es. Los hechos son necios. Precisamente, habrá que pararse, porque por lo visto tampoco ahí los autores quieren pararse, en los resultados de lo que ha sido el llamado eurocomunismo. El “más allá de los resultados” de los autores no es aceptable. Partido comunista italiano: desaparecido, partido comunista francés en fila india detrás de un ex trotskista, ex socialista ex ministro de Jospin y que a la primera vuelta de esquina cambia de chaqueta, y para terminar el partido comunista de nuestro país que piensa que escondiéndose detrás de las siglas de IU y después de IU en UP (Unidos Podemos) va ofrecer las perspectivas necesarias para cambiar la suerte de la clase obrera.

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  • frida56 frida56 12/12/16 01:48

    No sé si he entendido bien,pero si el eurocomunismo es la respuesta a los problemas de la izquierda actual : o no ha quedado bien explicado,es decir,hay ausencia de argumentos;o yo no lo he comprendido,bien por torpeza,bien por una falta de conocimiento más profundo sobre el eurocomunismo;o apaga La Luz y vámonos si está es la solución. No encuentro relación argumentaría suficiente entre el eurocomunismo y el dilema Varoufakis. En lo único que estoy completamente de acuerdo es en que,ciertamente,vivimos una época bastarda.

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