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Trump y la 'modernidad líquida'

Publicada 14/01/2017 a las 06:00 Actualizada 13/01/2017 a las 22:16    
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Trump y la 'modernidad líquida'

Puesta en escena de Donald Trump: cientos de documentos encima de la mesa para enviar el mensaje de que no habrá conflicto de intereses.

Nos cargamos las viejas estructuras monolíticas, abrimos grietas en la sociedad tradicional para acabar con desigualdades y abusos, hemos llegado a la capacidad de opinión global para cualquier ciudadano, se ha incrementado el poder de las personas y sus posibilidades de conexión e información, y resulta que donde llegamos es a Donald Trump.

Ha querido la casualidad, o quién sabe que fuerza del destino o los astros o vaya usted a saber, que en la misma semana en que moría Zygmunt Bauman resucitara el Donald Trump más ruidoso y bananero, que dos días después de que se despidiera el intelectual que nos avisó sobre esta realidad presente de la modernidad líquida, surgiera en todo su esplendor esta suerte de generalote civil rubiales, torpón y chulo de barrio, cuya existencia como presidente de los Estados Unidos se debe en gran medida a esa “liquidez” en el criterio, en las estructuras o en el pensamiento de este mundo contemporáneo.

Bauman venía a decir –y que me perdonen los sociólogos la simplificación– que el mundo contemporáneo había conseguido acabar con las estructuras rígidas del pasado que impedían el progreso, pero no había encontrado en los nuevos espacios democráticos la forma de seguir avanzando en la mejora de toda la sociedad. De la rígida solidez de lo antiguo, hemos pasado a la modernidad líquida en la que nada es firme, nada es constante, todo surge y desaparece rápido en todos los órdenes, la expectativas cambian continuamente, el valor de la acción supera al de la sabiduría, el mundo y nuestro ánimo son inestables y perecederos, como los objetos, como los trabajos, como las relaciones.

Hablamos en Facebook y por Whatsapp y lo hacemos a impulsos, profundizando tanto como los 140 caracteres de un tuit que a los pocos minutos ya se ha quedado viejo. No hay objetivos a largo plazo, no hay planes de futuro ni propuestas políticas de mejora global o local más ambiciosas que los cuatro años entre elecciones y elecciones… donde las hay, claro.

Se estropean las máquinas y desaparecen los compromisos antes de que unas y otros se marchiten o caduquen. Los horizontes se han abierto y todo el mundo puede opinar y participar a través de la red global que es Internet, pero ¿eso ha cambiado las palancas que sustentan el poder real? Nadie puede cuestionar que ahora el poder es más de las personas que antes, que se está avanzando en la participación democrática, que la sociedad de la información permite acceder a fuentes y formas de opinión que contribuyen a crear ciudadanos. Pero la liquidez del entorno y de nuestras actuaciones, la velocidad a la que hablamos y decidimos, criticamos y hasta amamos dificulta que algo real se consolide, y limita nuestras posibilidades de influencia social. Y es esa fragilidad, esa debilidad de la modernidad líquida la que engendra monstruos como Trump. O los que nos queda aún por descubrir.

La crisis económica global ha armado el argumentario de necesidad de cambio, de acabar con el sistema al que atribuimos su responsabilidad, de abrir caminos nuevos se supone que para mejorar las condiciones de todos. Pero esto no hace más que ahondar en esa liquidez de la que aún no habíamos conseguido salir.

El problema esencial es que seguimos sin sustituir lo viejo por algo nuevo que tenga entidad y vigor. Que nos ponemos a navegar sin hoja de ruta, sin papeles ni planos, ni siquiera conciencia del destino. Que seguimos dando motivos para compartir las inquietudes de Bauman y aumentarlas: asistimos a la sublimación de lo líquido, de lo inestable, a la canonización de la nada; confundimos ocurrencias con ideas y damos por buenas como tesis políticas arengas de cuartel, creemos que el estómago es el cerebro y digerimos como tesis políticas lo que son impulsos del ánimo.

Por este camino discurre el Brexit, la marea antidemocrática en Europa, el radicalismo nacionalista, el rechazo cobarde a los refugiados, o el acceso a la presidencia de estados unidos del más inmaduro y peligroso gobernante que dieron los tiempos desde mediados del siglo veinte.

Siempre hubo dictadores, siempre manipuladores de opinión, siempre hubo imbéciles con altas cotas de poder al frente de corporaciones y gobiernos. El problema es que ahora su contrapeso es menor porque hemos sido nosotros quienes les hemos colocado ahí o les hemos forzado a tomar un camino, decididos a cambiar el sistema pero sin saber cómo ni hacia dónde. Por abrazar lo inestable de la modernidad líquida como el camino firme de futuro sin ver que es un viaje a ninguna parte.


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18 Comentarios
  • cepeda cepeda 16/01/17 10:09

    1.Vi ayer una magnífica entrevista al Sr Bauman en Al Yazira. Sin duda era un hombre muy inteligente... y muy bien informado. La recomiendo a todo el mundo.2.Llegamos a Donald Trump y antes al Brexit porque mucha gente no ve las cosas de la misma manera que las pintáis vosotros, JuanRa. Son visiones muy diferentes de la realidad.3.Los que votan a Trump y a la derecha no liberal... son personas que están hartas de lo que están viendo y padeciendo.4.Están hartas de la "herencia" que está dejando estos 25 años de triunfo "liberal": Una herencia de CAOS, violencia, desigualdad creciente, de triunfo del crimen organizado a nivel mundial, del tráfico de drogas, personas y de todo aquello que tenga valor... y de la DESTRUCCIÓN DE LOS ESTADOS, DE LAS SOCIEDADES Y DE SUS VALORES. 5.Por eso siguen a aquellos que se enfrentan FRONTALMENTE y sin tapujos a esas políticas "liberales" que lo que están resultando es liberticidas de derechos, libertades REALES y del bienestar.Quieren otras políticas y quieren defender sus derechos y libertades REALES, su seguridad, su bienestar y sus señas de identidad como CIVILIZACIÓN.7."No hay objetivos a largo plazo, no hay planes de futuro ni propuestas políticas de mejora global o local más ambiciosas que los cuatro años entre elecciones y elecciones… donde las hay, claro". Esas son las consecuencias del desastre "liberal"... el perder la perspectiva, la idea de futuro y de cohesión de nuestras sociedades y de defensa de los valores auténticos de nuestras sociedades... no la basura que han estado metiendo los mediocres que nos llevan dos décadas gobernando a las órdenes de los masters del universo... y de sus medios de comunicación, ongs, think tanks y lobbies...Cada vez más gente se da cuenta de que esto nos lleva a la destrucción como CIVILIZACIÓN y reacciona. ¿Acertarán... será peor el remedio que la enfermedad?. Lo veremos en los años venideros... empezando con la presidencia de Trump... y con los resultados del Brexit.

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  • Tierrasaltas Tierrasaltas 15/01/17 12:59

    La "modernidad líquida" aparece como resultado de la desvertebración social, o sea, de la pérdida de cualquier estructura que diera consistencia al conjunto de la sociedad consecuencia a su vez del feroz cultivo del individualismo, del consumo sin límites y del desprestigio social de valores como solidaridad, colaboración, cooperación. Y del desmontaje sistemático de la educación humanista y clásica en favor de una formación profesional, utilitaria y basada en criterios estrictamente económicos

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  • Rafa77 Rafa77 15/01/17 11:00

    Una visión un tanto pesimista la de Bauman, a mi juicio, y no tanto porque no esté en parte de acuerdo con su planteamiento sino porque creo que, como todo buen pesimista, obvia una parte importante de la realidad. Exactamente como hacen los medios con sus agendas que son las que construyen nuestra imagen del mundo. Es evidente que si todo lo que leemos, vemos u oímos es negativo, fugaz y superficial acabaremos creyendo que es la realidad es de ese modo. Se presta atención todo el tiempo a las corruptelas, los enredos políticos, el terrorismo, la contaminación...y se dejan de lado las iniciativas prácticas que puedan hacernos avanzar, el debate sosegado y en profundidad sobre los temas que pueden, de verdad, cambiar nuestro mundo a mejor. Aún estoy esperando que los medios hablen de verdad de la posibilidad de un cambio de modelo energético, de las trabas para la expansión de estas tecnologías, de compañías y profesionales españoles que existen para crear riqueza y propiciar cambios a mejor, de iniciativas ciudadanas que sirven para reforzar o ampliar los derechos de todas/os nosotras/os. Y, sin embargo, en la prensa sólo existe la corrupción, la desgracia, el terror, el politiqueo que ya huele a Sálvame, todo ello a velocidad de vértigo contribuyendo a la consolidación -aunque suene paradójico- de una sociedad líquida, confundida y atemorizada.

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  • AMIG@ AMIG@ 15/01/17 01:14

    El pesimismo no me parece la herramienta más acertada para ganar solidez y para lograr peso humano. Prefiero el optimismo de quien se atreve a luchar contra los elementos y la adversidad, con pocas posibilidades de salir victorioso pero con tesón y coraje. Si la gente se deja embaucar por tanto sinvergüenza suelto, hagamos que abran los ojos. Los periodistas y todos los personajes públicos, y también los que nos manifestamos en las redes sociales, todos aquellos que captamos el engaño debemos intentar competir contra quien nos bombardea de forma sutil y subliminal para aupar y entregar los gobiernos a desalmados legítimamente elegidos al son de unas urnas desconcertantes. Con respecto a la “liquidez” de nuestra sociedad, reconozco mi debilidad por la evolución y por la maleabilidad de los pueblos; la estabilidad siempre me huele a podrido y a zona pantanosa, a rancio y conservador. Si nos enfrentamos a un mundo líquido, dejemos de lamentarnos y aprendamos a nadar entre sus aguas.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 15/01/17 07:02

      Coincidimos en no dejarnos llevar por el pesimismo, ¡y menos por el optimismo!, ante la realidad politicosocial que nos rodea aquí y en el mundo aunque como se suele decir quizás un pesimista sea un optimista bien informado. Como dices, «debemos intentar competir contra quien nos bombardea de forma sutil y subliminal para aupar y entregar los gobiernos a desalmados…», a personas que superan en voracidad a las pirañas, diría hablando de «modernidad líquida»; esas pirañas si no las controlamos nos devorarán. Y puesto que hay que nadar, ¡no contaminemos «el agua»! Osasuna2 salu2.

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  • Delgiot Delgiot 14/01/17 22:52

    De verdad que no te entiendo, Juan Ramón Lucas. El artículo es muy correcto y plausible pero, extrapolado a la sociedad y política española, y teniendo en cuenta tus artículos previos publicados en este medio, no tiene ningun criterio que dices. Te contradices bastante!. Saludos

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  • novelero novelero 14/01/17 20:17

    Si quitamos los adornos basicamente se trata de ningunear a 50 millones de yankis que han vota conservadores, el resto esta por ver, me preocupa mas que en este pais se vote corrupcion y a los periodista no les importe.

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  • Alfredo Alfredo 14/01/17 12:03

    Acertado artículo, a mi juicio, en estos días de elevación al poder de Trumpo y despedida final de Bauman. La ocurrencia por idea, y el fluir donde el esfuerzo debería más bien crear solidez como ser. Otra forma de estar y relacionarnos, desde el amor a la política, es posible. Sólida, aunque no rígida. Cierto que no debemos confundir. Pero, a día de hoy, se muestra muy improbable. En lo político, la urna cada cuatro años y el dejar hacer a lo instituído hasta nueva vuelta a votar, en una supuesta pero irreal labor representariva y sin articulación de herramientas de democraxia directa y vigilancia del cargo electo, no labora a favor de ninguna solidez social, imposible en un mar de tamañas desigualdades.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 14/01/17 09:52

    Veo que han corregido lo de Estados Unidos, con lo que mi comentario original pierde el sentido y sería mejor que lo borraran. Sobre el artículo: no sé qué es la modernidad líquida y estos hablares metafóricos en asuntos que se pretenden reputar de científicos me ponen algo nervioso. Sí sé que Trump presentaba el "reality show" llamado "El aprendiz" y ahora, en parte aplicando técnicas allí ejercitadas, es presidente de los EE.UU. También sé que los programas de mayor audiencia televisiva en España son, desde hace muchos años, de telebasuras diversas y que nuestras jóvenes luminarias de la sedicente izquierda política destacan sobre todo en la habilidad de usar las más modernas técnicas de comunicación para embaucar al electorado. Todos esos elementos juntos me ponen todavía más nervioso: más que de "modernidad líquida", para caracterizar nuestra época habría que hablar de manipulación científica, deliberada y carente de escrúpulos de las más bajas inclinaciones de la especie humana.

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  • AMP AMP 14/01/17 09:35

    Juanra, hoy ha merecido la pena leer tu artículo. Todos somos contradictorios de alguna forma, pero hoy tú de has destapado fielmente cotradictorio.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 14/01/17 09:12

    Lo peor de esa modernidad líquida es que el líquido siempre desemboca en el pantano de los poderosos, de los financieros internacionales y desde ese inmenso embalse que controlan nos van soltando otra vez su líquido ideario a través de los mass media con todos los medios que poseen: periódicos, radios, TV, móviles, ocio, publicidad, desde los cuales nos informan o desinforman, mienten y hasta entretienen a su antojo, ¡y con nuestro beneplácito!, pues coincido con lo que dices: «El problema es que ahora su contrapeso es menor porque hemos sido nosotros quienes les hemos colocado ahí.» Pues no parece tan difícil abrir las compuertas del pantano: ¡botémoslos! Osasuna!

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    • mcn mcn 14/01/17 09:35

      Totalmente de acuerdo... Hay que botarles... Y para ello, lo sólido y fundamental es que cuando se vote, no abandonemos nuestros principios delante de la urna... para recogerlos después de votar.

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      • M.T M.T 14/01/17 10:33

        Quién nos garantiza el respaldo de nuestros principios delante de la urna? Cuántas veces hemos votado confiando en las promesas de un programa electoral y uns vez instaladis en el poder las promesas se hicieron para incumplirlas? Harta! es la palabra más educada que aun siendo sábado de mañana me brota. Necesariamente todo tiene que ser tan licuoso y volátil como J. R. Lucas presenta? Solo nos queda el derecho al pataleo?

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    • Bacante Bacante 14/01/17 09:35

      La liquidez ligerísima de ciertas ideologías que creíamos nacieron para el progreso y la defensa de los parias,  la liquidez de las promesas, la acuosidad de las opiniones de quienes nos administran, la evaporización de las esperanzas más legítimas y elementales, la negación de futuro para la mayoría, el desprecio solidísimo hacia nuestro hábitat y,  cósmico,  respecto a los derechos  humanos. 

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    • Bacante Bacante 14/01/17 09:34

      La liquidez ligerísima de ciertas ideologías que creíamos nacieron para el progreso y la defensa de los parias,  la liquidez de las promesas, la acuosidad de las opiniones de quienes nos administran, la evaporización de las esperanzas más legítimas y elementales, la negación de futuro para la mayoría, el desprecio solidísimo hacia nuestro hábitat y,  cósmico,  respecto a los derechos  humanos. 

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      • paco arbillaga paco arbillaga 14/01/17 09:51

        Lo que describes más que liquidez le deja a uno congelado. Osasuna2 salu2.

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        • Bacante Bacante 14/01/17 09:59

          Y a botar y botar como posesos.  Aúpa! 

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        • Bacante Bacante 14/01/17 09:58

          Hola, Paco.  Osasuna y República Libertaria! 

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