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Plaza Pública

Halcones y palomas en Vistalegre

Publicada 10/02/2017 a las 06:00 Actualizada 09/02/2017 a las 23:39    
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La izquierda se juega mucho en Vistalegre este fin de semana. El resultado comprometerá a Podemos, desde luego, pero también los deseos de aquellos que desde una posición independiente abogamos por políticas de progreso.

Después del pasado 20 de diciembre pudimos observar, muchos asombrados, que, cuando esperábamos diálogo entre las fuerzas de la izquierda, el equipo de Pablo Iglesias trazaba líneas rojas, imponía agendas y cargos, se desenvolvía con una actitud desafiante, prepotente y agresiva que acabó frustrando toda posibilidad de acuerdo con el PSOE. Desde mi punto de vista, toda la culpa no recayó en él y su formación, sino también, por lo menos a partes iguales, en un partido socialista que hizo todo lo posible por no pactar con su competidor por la izquierda. Pero hoy me toca hablar de Podemos.

Meses más tarde asistimos, algunos también estufactos, a una actitud del líder que El País calificó gráficamente como "Pablo Iglesias desencadenado": una nueva furia sobre la arena política que se manifestaba en una desconcertante radicalidad y en un constante activismo callejero del líder, al que observábamos un día con el puño en alto y otro también. Muchos tardamos en entender a qué se debía aquel cambio de modos y de escenarios, máxime cuando el PSOE se estaba desangrando y Podemos, con un mínimo de serenidad, podía haber aprovechado la crisis para crecer a su costa.

Hoy sabemos que la crítica interna dentro del partido por la manera en que se había llevado aquellas negociaciones (por llamarle a ese simulacro de alguna manera) condujeron al secretario general de este partido a una línea de autoafirmación en su proceder, de enroque, de negación de responsabilidades (fallo de comunicación, se argumenta), y también, ulteriormente, a una nueva estrategia que legitima en lo teórico y continúa en lo estratégico la línea dura llevada a cabo durante las semanas posteriores al 20 D.

El conflicto interno tardó en salir a la luz, pero hoy lo podemos describir con bastante precisión porque, entre otras cosas, Errejón lo explica claramente en sus pocas páginas de introducción a su documento para el congreso. La crisis se resolverá, supuestamente, en Vistalegre el próximo fin de semana. Las dos almas de Podemos frente a frente. Se acabaron las ambigüedades. Y una, más que probablemente, está destinada a perder todo el protagonismo en los próximos años. Tal vez a desaparecer.

Las diferencias no son tanto de liderzgo, aunque al final haya acabado siéndolo, ni de proyecto político, pues los programas son muy parecidos. Más bien se pueden definir según la clásica y universal dicotomía entre halcones y palomas, porque se trata de una diferencia estratégica en la relación del partido con su entorno.

Por un lado, el Podemos de los halcones: línea dura, intransigente, que desconfía de la negociación (incluso puede llevar a demonizarla) y de los acuerdos, que se buscan siempre de máximos, mediante posiciones de dominio (fundamental leer este artículo publicado en este mismo periódico, despreciando los acuerdos de mínimos y la geometría variable); se "cavan trincheras" (Iglesias dixit); se establecen "bloques" ("social y popular", define el documento de Iglesias, contra la "Triple Alianza" del PP, PSOE, C´S); se utiliza un lenguaje bélico (conquista) y normalmente se comienza a pasar de la dicotomía amigo/adversario a amigo/enemigo (Julen Freund: Sociología del conflicto); se desprecian los espacios de entendimiento con el oponente (en la línea pablista se minimiza el papel del parlamento; en este artículo de Vicenç Navarro, número tres de su lista, se llega a deslegitimar este); se entienden los oponentes políticos de una manera monolítica y maniquea (fuerzas de la Restauración) y se propugna una política dura y agresiva frente a ellos (en especial la relación "contra" el PSOE); identificación de un sector social contra otro (en el documento de Iglesias, el movimiento "social y popular", en el artículo de Navarro, las "clases trabajadoras" o "populares"). La coleta de Iglesias como símbolo diferenciador frente al resto y como baluarte de autenticidad y falta de corrupción por contacto con el otro.

En el lado opuesto del "ring", las palomas: línea blanda, contemporizadora y transigente con otros movimientos y partidos, que valora y busca la negociación y aprecia los acuerdos, aunque sean de mínimos; entre las palomas no hay dos campos de guerra ni una trinchera en medio; no se establecen bloques (en el documento de Errejón la palabra no se utiliza para el caso español en ninguna ocasión, sólo para referirse a la necesidad de formar un bloque progresista en Europa para oponerse a las políticas neoliberales, frente a las 11 veces que se emplea en el documento de Iglesias en referencia al contexto español) (la Triple Alianza no se menciona ni una sola vez en el documento errejonista frente a las dos ocasiones que lo hace en el de Iglesias); lenguaje morigerado, ausente de estridencias y conservación de la dicotomía amigo/adversario, sin pasar a enemigo; se respetan los lugares de encuentro, aunque sean imperfectos (en el sector errejonista, se opta por continuar una política activa y constructiva en el parlamento, frente a la priorización del activismo social extraparlamentario del sector pablista); se propugna una línea de negociación y entendimiento con los rivales políticos (en este caso, sobre todo, el PSOE); identificación débil con un sector social, religioso o de otro tipo (aunque en el errejonismo se siga señalando la dicotomía general pueblos-élites) (transversalidad en términos de este sector). La chaqueta de Errejón como símbolo de acercamiento y aceptación de señas de identidad comunes con el oponente político.

Creo que elaborar las razones para defender la estrategia de las palomas da para un bellísimo ensayo, en el que se mezcle lo ético, lo político, lo social y hasta lo filosófico. Daré, sin embargo, sólo una razón que explique por qué me inclino en términos generales por las palomas y por qué lo hago en este caso concreto.

1. La victoria del "bloque social" frente a la Triple Alianza hoy en día es una entelequia, hasta un punto de que suena hasta ridículo e irrisorio. Una política progresista sólo puede conseguirse mediante mucha mano izquierda, mucha negociación y mucho acuerdo con otros partidos, especialmente el PSOE. Podemos debería ser el primero en entender que los tiempos de las grandes mayorías han desaparecido, a no ser que las izquierdas continúen abonando el terreno a una renovada mayoría del Partido Popular, como hasta el momento está sucediendo. Entender el PSOE como una fuerza simplemente regresiva (de Restauración en su lenguaje) es ver sólo una parte del problema, tan miope e incompleta como verle llanamente como una fuerza de progreso. Un acuerdo con el PSOE es imprescindible y, puntualmente, con otros partidos, hacia el centro derecha, más que deseable. La política de bloque, que desde un punto de vista filosófico me parece despreciable, es, además, desde el punto de vista estratégico, una enorme torpeza política. Para empezar, Podemos debería explicar cómo desea llegar al poder sin el concurso del partido socialista. ¿Sustituyéndolo? Esto no parece posible.

2. La historia nos ha enseñado que los medios con los que se consiguen el poder son determinantes para explicar la forma en que se ejerce posteriormente ese poder. Una línea intransigente de conseguir este augura un gobierno intransigente y autoritario. Si no prima ahora el espíritu de negociación y acuerdo con los oponentes políticos, es más que dudoso que se vaya a negociar posteriormente, una vez en el poder, con los otros partidos. Es de prever, entonces, un autoritarismo, un rodillo, similar al de Rajoy en la pasada legislatura, pero con diferente color político. El lenguaje bélico ¡atención! tiene graves consecuencias, nos lo grita la historia, en ulteriores fases de gobierno. El mismo Errejón nos señalaba recientemente con gran tino que este tipo de lenguaje (amigos/enemigos) ya está marcando el caracter de las mismas relaciones internas.

Norberto Bobbio señalaba hace muchos años la fijación de los partidos socialistas por el quién gobierna, cuando lo importante es siempre el cómo se gobierna. Dicha reflexión es perfectamente aplicable a este contexto. El cambio no se logra simplemente mediante la sustitución de los detentadores del poder, con una permuta en la hegemonía, sino con un cambio en los instrumentos y en los modos. Da la impresión de que Podemos a menudo lo olvida.

Hace años le pregunté al profesor Andrea Greppi, que acababa de publicar su (por entonces) último libro sobre la democracia, La democracia y su contrario, cuál era su tesis fundamental. Corría el año 2012 y había transcurrido, por tanto, escasamente un año del 15-M, movimiento en el cual se volvió a experimentar con la democracia asamblearia y a propugnar la democracia directa. En aquel contexto su respuesta me dejó estupefacto. Fue capaz de resumir su obra en una sola palabra: "hablar".

Efectivamente, la democracia es "hablar", seguramente una de las mejores definiciones que se han hecho hasta el momento. Esto significa (tomo de Greppi el espíritu, no la letra): a. La posibilidad de hablar: la libertad de expresión. b. La existencia de un interlocutor: los diferentes grupos (partidos, asociaciones, intereses) que representan cada una de las formas de comprender el problema y que pueden aportar soluciones creativas. c. La existencia de cauces libres e igualitarios para hablar (parlamentos, instituciones, medios de comunicación, negociaciones empresariales, sectoriales, tripartitas, etc., etc.). d. Se debe también alcanzar el significado último de la palabra: escuchar, intercambiar, alcanzar acuerdos y consensos.

En este sentido, es preferible comprender la democracia como un acuerdo de minorías que como la realización de la voluntad de una mayoría. La democracia de mayorías tiende a excluir al perdedor, mientras que la democracia de minorías incluye a los grupos, les congrega en una misma tarea y les suma en un mismo esfuerzo. La democracia de minorías contribuye en mayor medida que la primera a la inclusión y a la cohesión social.

Pues eso: a hablar. Nos jugamos mucho en el próximo congreso, aunque no sea el nuestro. Podemos se juega su naturaleza. Los demás nos jugamos tener una mayoría colaboradora o un enjambre que abra las puertas de nuevo a la derecha y sus políticas.
________________

Ramiro Feijoo es profesor de Historia Cultural y director de Washington University in St. Louis en España y autor de varios ensayos históricos


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