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Plaza Pública

Sostenibilidades

Ariel Jerez Publicada 10/02/2017 a las 18:05 Actualizada 10/02/2017 a las 20:18    
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El ciclo neoliberal profundiza su fase política de la crisis mundial con una huida hacia adelante.  Con una renovación agresiva de los marcos neoconservadores, que pone al descubierto las propuestas excluyentes más agresivas como deportaciones y muros como salida de la crisis, se va produciendo un peligroso deslizamiento hacia el neofascismo social. Un proceso de deshumanización destructivo de relaciones sociales del que Boaventura de Sousa Santos nos vuelve a alertar en su último libro La Democracia Difícil (Akal). Como nos recuerda el jurista portugués, el relato del fascismo como fenómeno histórico felizmente superado por la democracia, nos hace correr el riesgo de olvidar la radicalidad que la propia democracia tuvo como lucha antifascista en toda la Europa de posguerra.

Las primeras iniciativas de la Presidencia Trump ponen encima de la mesa una hoja de ruta geopolítica alarmante, que exige una respuesta para aglutinar mayorías sociales que resistan a la  política mediática, que seguirá amplificando y normalizando su figura y su propuesta en los grandes conglomerados, si no hay respuesta urgente y contundente.

Con importantes recursos aportados por grandes corporaciones, los llamados "tanques de pensamiento" y los gurús de la comunicación llevan muchos años amasando imaginarios individualistas, religiosos, nacionalistas empresariales e hiperconsumistas para mantener la hegemonía capitalista a cualquier precio. Como encarna la imagen del propio Trump tras una década de televisión en el reality show El Aprendiz, van forjando un marco de defensa de una noción muy americana de libertad irrestricta y sin límite, que identificada con la dicotomía perdedores-triunfadores del discurso empresarial totaliza la realidad social en un nuevo marco de supervivencia sumamente peligroso. Deberíamos considerar la postverdad como la industria más sofisticada de la mentira, donde la movilización estratégica de prejuicios anti-intelectuales y anticientíficos conllevan el desprecio de dimensiones colectivas fundamentales de la vida social y política, que ya Margaret Thatcher apuntó cuando afirmaba que "la sociedad no existe". Un coctel de discursos individualistas e individualizadores combinados con racistas y patrióticos, que vienen a promocionar estos marcos de ignorancia activa para reforzar  las fuerzas políticas afines existentes en Europa.

La propuesta negacionista del cambio climático de la Casa Blanca ya desestima la imagen de capitalismo verde con que el sistema intentó justificarse con propuestas estrella hoy en descomposición o cuestionamiento, como el mercado de emisiones, el greening del agronegocio o la pretendida reconversión a las energías limpias.  Aprovecha para demoler los esfuerzos, tanto cínicos como sinceros, en pro de la sostenibilidad realizados hasta el momento por la comunidad internacional, al tiempo que pondrá en evidencia el limitado liderazgo que Europa ha tenido en esta materia. También el entramado de Naciones Unidas verá cuestionado sus discursos y su papel en este ámbito con la retirada de fondos para sus programas de corte social y ambiental.

Peter Mair, en su libro póstumo utilizó una sombría expresión que sería muy necesario pensar: Gobernando el Vacío. La banalización de la democracia occidental (Alianza). El teórico que nos legó la conceptualización de partido cartel (nueva etapa de un desarrollo partidario marcada por la financiación estatal favorecedora del bipartidismo y la progresiva cooptación del liderazgo por los intereses corporativos), llama la atención sobre el declive de la participación popular y la captura progresiva del gobierno de los partidos cuando las elites, se retiran a otros espacios de decisión promovidos por los poderes no democráticos (la conexión entre puertas giratorias y paraísos fiscales). Lamentablemente este politólogo que ocupó la cátedra de Política Comparada del Instituto Universitario Europeo de Florencia hasta su muerte en 2011, no llegó a ver la emergencia esperanzadora de Podemos en este contexto de polarización política.  Las coyunturas de crisis también abren oportunidades políticas para los pueblos, no solo para los negocios. Es una coyuntura sumamente interesante para iniciar un proceso de progresiva apropiación semántica de la sostenibilidad, un marco abandonado y maltratado por la socialdemocracia europea, y particularmente la española, que exhiben comportamientos absolutamente contradictorios en este campo, desde que abandonaron cualquier voluntad de paideia democrática en los años 80.

La sostenibilidad como concepto de la teoría ecológica utilizado en el marco jurídico internacional y de forma más general en una gestión ambiental, a pesar de sus ambigüedades y limitaciones, tiene resonancias reconocibles y positivas para amplios sectores sociales. La preocupación ecosistémica por las generaciones venideras forma parte de un sentido común de época, que permite ampliar procesos de comprensión-politización en torno al funcionamiento político del mundo. "El mundo depende de nosotros, las corporaciones se lo están cargando, ya es hora de que hagamos algo de manera decidida", como evidencia europea compartida frente al sentido común norteamericano mucho más alienado por su propia trayectoria político-cultural en el capitalismo hiperconsumista.

La noción originaria de sostenibilidad promulgada en el marco de Naciones Unidas por el llamado informe Brundtland, Por un futuro Común (1987) se apoyaba en un análisis crítico que la considera articulada con factores socio-laborales, económico-financieros y político democráticos, una perspectiva clave para seguir pensando la desigualdad y los nuevos derechos en el orden social emergente de la profunda crisis en curso (donde los refugiados climáticos superan a los desplazados por guerras). Con la sostenibilidad declinada en plural, se abre la posibilidad de un abordaje crítico desde una perspectiva plural donde podemos comprender que sostenibilidad eco-ambiental se apoya en redes de bienestar y participación ineludibles para una convivencia humana que busque mitigar las causas de los conflictos. En última instancia, permite avanzar un marco de confluencia de perspectivas teóricas en un diálogo sobre los estudios de cooperación,  bienestar y fiscalidad trasnacionales; el campo del empleo, el trabajo y las rentas sociales; las propuestas de reforma de la administración en el marco de la democracia participativa y deliberativa; el ecosocialismo, ecofeminismo, perspectivas de transiciones, cuidados y decrecimiento; las agendas de democratización de la comunicación, la ciberparticipación y la regulación de Internet; nuevos procesos constituyentes para las sostenibilidades.

Sostener viene de sustinere, "afirmar, sostener desde abajo", lo que permite una declinación subalterna, convergente con los marcos discursivos populares que viene instalando Podemos en la esfera pública para desafiar este orden social injusto e insostenible.  Necesitamos antagonizar con lo insostenible,  activando indignaciones que lo hagan insoportable para una sociedad democrática, que tiene que reaccionar frente a los fascismos sociales, o pronto puede dejar de ser democrática. Las múltiples acepciones DRAE como "sustentar, mantener firme algo; defender una proposición; sostener los trabajos; prestar apoyo, dar aliento o auxilio; mantener, proseguir conversaciones" permiten alimentar las necesarias politizaciones progresivas para alcanzar el sentido común para distintos públicos con distintas perspectivas ideológicas, incluso los más despolitizados.

Una alimentación adecuada y el derecho al agua potable como bienes básicos son demandas que se intuye como justas por toda persona y abren un escalabilidad interrogativa de enorme potencial político. Son cuestiones a disputar, presentes en las regulaciones derivadas de la propia normativa europea que vela por la sostenibilidad y promociona la economía circular, a todas luces de manera ineficaz, pero que sirven para confrontar con el proyecto suicida de la administración Trump con nuestros marcos de denuncia (abajo-arriba: pueblo-patria; abuso casta, establishment insostenible; triple alianza cómplice; soberanía popular, nacional y alimentaria; memoria histórica y huella ecológica; los antisistema son los insostenibles).

Es urgente organizar la lucha por la sostenibilidad en las calles, las instituciones y los medios de comunicación. Pero este cambio de marco de época que empuja la Administración Trump sorprende a Podemos en un momento de debate delicado. En nuestra herramienta política para el cambio parece que no hemos sabido cambiar de código y estrategia, y seguimos usando en las primarias el mismo armamento comunicacional que usamos en la confrontación electoral contra la gran coalición. Nuestra vertiginosa construcción organizativa en una coyuntura electoral trepidante han imposibilitado abrir los debates políticos necesarios en los órganos, y en buena medida las diferencias legítimas entre corrientes no han tenido trayectoria suficiente para cristalizar, y por el contrario han sido perfiladas al interior de los medios de comunicación, que nos fuerzan a alimentar los papeles por ellos asignados. Tenemos que seguir aprendiendo a diseñar tanto el discurso político emancipador, como el marketing y el cartón piedra en la política mediática, siendo conscientes que deben discurrir por canales y con formatos diferentes para atender públicos y audiencias diferenciados. Para un nuevo orden social sostenible, la política democrática debe mandar sobre la economía neoliberal y luchar contra el neoconservadurismo dispuesto a alimentar el fascismo social para mantener su hegemonía. Construir un mundo para todas desde este país solo es posible con Podemos, por eso necesitamos que Vista Alegre sirva para tener un liderazgo, un partido y una comunicación sostenibles también para nosotras.
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Ariel Jerez es consejero estatal responsable del Área de Mundo Rural y Marino de Podemos.


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