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Tiempos Modernos

'Carpa' diem

Publicada 19/05/2017 a las 06:00 Actualizada 19/05/2017 a las 22:23    
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Mañana de San Isidro en la capital. El frenesí urbanita de este lunes permanece sedado por el ansiolítico de la fiesta. Paseo por Madrid Río, el nombre con el que la administración Gallardón bautizó la adaptación de la rivera del Manzanares. Una iniciativa que convirtió un barrizal preso entre dos ramales de la M-30 en zona verde y agradable itinerario por el que vagabundear en ratos ociosos. Lástima que, perdida ya la inocencia del contribuyente, sea imposible visitar una infraestructura pública sin preguntarse cuánto del presupuesto inicial y posteriores sobrecostes habrá ido a parar al bolsillo de los corruptos. En Madrid ese sentimiento es  molestamente habitual, una sensación agridulce parecida a la que debe de experimentar quien en el día de la madre recibe un regalo de un hijo cleptómano.

Gracias a Dios, como digo, es San Isidro y no se le hace difícil al paseante ahuyentar estas aciagas cavilaciones reparando en quienes, en el tramo del recorrido más cercano a la Pradera –el lugar donde los madrileños celebran la fiesta del santo–, se dirigen a ella ataviados de chulapos, la mayoría de ellos niños. El paseante, en un arrebato de antropocentrismo low cost, se pregunta por esa manía tan presente en el género humano de acompañar las celebraciones vistiéndose de algo raro. Afortunadamente, en el caso de Madrid, y a diferencia de otros atuendos regionales, el traje típico es elegante y claramente favorecedor, sobre todo en su versión femenina. Claro que el paseante es andaluz y se ha criado en el rigor estético de la indumentaria festiva forjado desde niño en muchas ferias, romerías y semanas santas y auspiciado en parte por una madre y una tía costureras para quienes el mayor pecado de un nazareno no era el que le había llevado a querer expiarlo caminando descalzo, con cadenas en los tobillos y  una cruz a cuesta de treinta kilos, sino el que, al alzar la mano para sostenerla, le tirase la sisa y le hiciera en la túnica un pliegue feísimo. Con esos antecedentes entenderán mi justificada indignación con esos padres que, en un execrable exceso de previsión, visten a sus hijos de chulapos  en 2017 con un traje que, si la criatura come bien y es asistida con los adecuados suplementos proteínicos, podría quedarle bien en 2020. Tienen suerte esos padres de vivir en Madrid. Si viviesen en Andalucía es muy posible que la Junta les retirase la patria potestad y entregase esos retoños a Karl Lagerfeld quien, por si ustedes no lo saben, es un andaluz que se nos fue de las manos.

En esas estaba yo cuando, en el tramo en que el paseo se estrecha y camina uno más cerca de la orilla del río, la protesta de un señor que se asomaba a él por encima del murete que lo delimita llamó mi atención. Cuando llego a su altura compruebo que el elevado tono de sus quejas ha convocado a un grupo de personas, todos también asomados mirando en la dirección en la que el señor ubicaba el motivo de su enfado. El río ese día no era tal, apenas algunos charcos dispersos constituían todo su cauce. En uno de ellos, frente a nosotros, escasamente cubierta por el agua una carpa varada sobre un costado intenta extraer del limitado humedal el oxígeno que necesita para sobrevivir. El señor me explica que, por algún motivo que desconoce, alguien debe haber activado río arriba alguna de las presas que jalonan el Manzanares haciendo desaparecer el agua que el día anterior circulaba por él.

A mi izquierda, dos chicos y una chica de unos veintitantos años contemplan cómo la carpa agoniza de esa forma tímida con que los peces lo hacen para no perturbar las conciencias de los pescadores. Son gitanos rumanos. No es difícil adivinarlo, llevan, pese a la lozanía propia de su juventud, la huella inconfundible con que te marcan las penurias de una vida montaraz. También hay un grupo de españoles, alguno de los cuales hace fotos a la carpa. Bastaría con bajar y llevarla a alguno de los charcos de mayor profundidad que hay a unos metros de ese diminuto donde yace pero no hay escaleras ni forma alguna de bajar al río que no sea descolgarse por el muro y dejarse caer hasta él. No es necesario ser Spiderman pero se necesita de cierta pericia.

Sigo adelante, retomo el paseo aunque me alejo unos metros de la senda por donde se contempla la orilla para evitar encontrarme con más peces en la misma situación. Pasado un tiempo doy la vuelta para emprender el regreso y tras caminar un trecho me cruzo con los tres chicos rumanos. Uno de ellos no lleva ahora zapatos y tiene los pies manchados de cieno. Pienso: “¡Qué lección!”. A ninguno de los que contemplamos el espectáculo nos conmovió suficientemente la escena como para descolgarnos y salvar al animal del suplicio al que la inacción de unos espectadores demasiado urbanizados parecía destinarla. Para aplacar mis remordimientos, invento una excusa: “Estoy un poco resfriado para andar descalzo y llevo unas New Balance de ciento y pico de euros”, pero no funciona. Me siento aún peor. Luego, en un ejercicio de madurez, lo intento de una manera más reflexiva y razonable: busco a alguien a quien echar la culpa. Claramente, el responsable es el señor que ha cerrado las compuertas de la presa y, para chivarme, llamo al 010 –el teléfono del Ayuntamiento de Madrid- y cuento a la chica que me atiende el drama del Manzanares. Amablemente, tras una consulta, me remite al 092 –la policía municipal– justo en el momento en el que dos agentes aparecen ante mi vista. Les cuento lo que ocurre y me dicen que no pueden hacer nada porque son los técnicos quienes deciden esas actuaciones sobre el curso del Manzanares.

Con esa absurda sensación del deber cumplido que da el haber tocado infructuosamente los resortes burocráticos necesarios, me dispongo a recorrer el último tramo de mi paseo. Mientras lo hago, me juro a mí mismo no volver jamás a Madrid Río si no es acompañado de Emilio Lledó para que me ayude a salir indemne de las trampas éticas que esconde el sitio.

Ya a punto de concluir la caminata, me encuentro de nuevo con el señor cuyas protestas dieron la voz de alarma. “Se resolvió lo de la carpa, ¿no?”, le pregunto. “Se la llevaron los tres chavales”, me contesta sonriente. Y para mi asombro añade: “Enseguida me iba a comer yo una carpa de esas”.

Entonces, como en esas películas en las que uno de los protagonistas tiene un flash back que ilumina su entendimiento, recuerdo que, al cruzarme con ellos, la chica sostenía bajo el brazo una caja que antes no llevaba y pienso: “¡Qué lección!”. Donde el atribulado paseante, en su universo teórico y suficientemente abastecido de carbohidratos, ve un dilema moral, ellos, náufragos en su isla de pobreza, veían sólo un suculento almuerzo.
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9 Comentarios
  • El Diablo  Cojuelo El Diablo Cojuelo 21/05/17 07:12

    ...." Algunas personas se ahogan en un vaso de agua, 'otras' se beben el agua y venden el vaso.....El Diablo Cojuelo.

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  • Lunilla Lunilla 20/05/17 09:38

    ..."Estamos creciendo en proporciòn a la cantidad de 'caos' que podemos sostener y disipar. (Ilya Prigogine) // ..."Las personas fueron creadas para ser amadas. Las cosas fueron creadas para ser usadas. La razòn por la que el mundo està en 'Caos', es porque lasa cosas estan siendo amadas, ylas personas usadas" ... Lunilla.

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  • declamados declamados 19/05/17 15:58

    Buen relato. Para hacerse una idea del conjunto de mordidas, recomiendo visitar http://www.casos-aislados.com/ Una página reciente donde se enumera el monte total de los sablazos a los ciudadanos, de los decubiertos hasta ahora, claro... Abrazos.

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  • El Diablo  Cojuelo El Diablo Cojuelo 19/05/17 13:01

    ....Estimado Sanchez Romero (Miguel): Leo su enunciado: "Carpa Diem" y me surje una duda....No sera..mas Bien ...Carpe Diem...? // Topico LIterario..."Aprovecha el momento sin esperar el futuro"...lo de Carpa mas bien me suena a Circo; Tambien lo entenderia tal y como estamostodos metidos en este [ 'cir/culo'] 'vicioso'..Estimado  Sanchez Romero (Miguel). El Diablo Cojuelo, ..Saludos.....   

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  • R12 R12 19/05/17 10:21

    Hoy le felicito, me ha encantado su relato. Enhorabuena!

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  • M.T M.T 19/05/17 09:09

    Debo felicitarle una vez más por su artículo.  A lo largo de su lectura y transformando su título he rememorado en una especie de ' carpe diem' la lectura de ' El Jarama' de Ferlosio, tal vez por describir orillas del Manzanares que he trasladado  al otro río y por la veta poética que siempre hallo en sus descripciones. Desde una perspectiva más prosaica y siempre al hilo de su lectura también he llevado a un ámbito de lo doméstico, que no deja de ser público esos presupuestos iniciales en el arreglo de espacios comunidades de vecinos cuando consultados los expertos: peritos, constructores, banqueros, un presupuesto inicial se sobrepasa en miles de euros por eso de adecentar, de elegir mejores materiales y de cuidar la estética. Todo ello sin menoscabo de la supuesta honradez de esos expertos asesores a costa del bolsillo de los vecinos copropietarios. Concluyo reiterándole mi felicitación. 'Carpe diem'.

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  • yaguarete yaguarete 19/05/17 08:35

    Buen cuento. Mañana a SOL. Donde hay latrocinio no hay justicia.patos y peces de estanques lo saben 

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  • pardinabaxa pardinabaxa 19/05/17 07:50

    Que bueno. ¡¡¡

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  • vianero vianero 19/05/17 07:27

    !qué insustanciales y bucólicos me parecen está mañana los del club de la tiá Susi! ¿con qué nos regalará hoy la vista y las meninges el señor de las comarcas? Hablarán por un casual de la manif de Sol y de la ética de las censuras? Qué no qué no qué no nos representais!

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