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A la carga

El calor y la democracia

Publicada 05/07/2017 a las 06:00 Actualizada 04/07/2017 a las 19:35    
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Cuando suben o bajan mucho las temperaturas, el debate sobre el cambio climático se anima. Acabamos de pasar la primavera más calurosa desde que hay registros sistemáticos (1965) y las noticias sobre las penalidades que nos esperan si no frenamos la contaminación del planeta vuelven a ser frecuentes: migraciones masivas, conflictos sobre recursos naturales, desertización de grandes zonas, etc.

Quisiera aprovechar que el debate está más “caliente” para plantear un dilema que afecta a nuestras convicciones más profundas sobre el valor de la democracia.

Supongamos que no se encuentra una forma rápida y eficaz de resolver el problema del calentamiento global. No conseguimos, por ejemplo, dar con la manera de fusionar hidrógeno. La única manera de revertir el problema pasa por realizar cambios dolorosos en nuestros sistemas productivos y nuestros hábitos de vida. Un equipo de científicos expertos en clima y energía hacen las estimaciones pertinentes y preparan un plan para reducir drásticamente el uso de energías fósiles, alterando de manera profunda las bases de nuestra economía. Los autores del plan son los expertos de mayor reconocimiento en el mundo sobre esta cuestión. Tienen un objetivo claro, evitar el desastre ecológico, y proponen medios efectivos, aunque traumáticos, para ello.

Los gobiernos democráticos de los países avanzados, sin embargo, no atienden las recomendaciones de los expertos, o lo hacen solo con la boca pequeña, poniendo en práctica medidas cosméticas de corto alcance. Al fin y al cabo, el desastre que se anuncia no tendrá lugar hasta dentro de varias décadas. Aunque hoy se pueden advertir ya los primeros avisos, el desenlace final, la catástrofe ecológica, queda diferido a un futuro más bien lejano. Los políticos en democracia tienen un horizonte temporal no muy amplio, sus cálculos se reducen a lo que va a suceder en las siguientes elecciones, o en dos o tres legislaturas como mucho. Por eso, prefieren “procrastinar”, es decir, aplazar las decisiones difíciles tanto cuanto puedan, pasando así la responsabilidad a las generaciones futuras. Pero puede que para entonces ya sea demasiado tarde y no haya vuelta atrás.

En esas condiciones, surge un movimiento que aboga por una solución radical: puesto que es el futuro del planeta lo que está en juego y las democracias avanzadas no parecen capaces de abordar el problema, no queda más remedio que suprimir los regímenes democráticos implantando gobiernos compuestos por científicos de reconocido prestigio en cambio climático que, sin la presión de las elecciones periódicas, puedan tomar las decisiones necesarias para arreglar el problema. Los expertos de los distintos países tendrán ideas muy similares sobre las medidas a tomar y, por tanto, será muy sencillo que cooperen entre sí en la lucha contra el calentamiento global.  No les guía interés personal o nacional alguno, no tienen aspiraciones políticas de ningún tipo: sólo les anima la ambición de salvar el planeta de la raza humana.

En suma, lo que este movimiento propone es sacrificar la democracia a cambio de resolver el problema medioambiental. Ante un reto de esta magnitud, todo lo demás parece secundario. Si no se arregla la situación, grandes zonas del planeta se harán inhabitables, las economías colapsarán, habrá grandes desplazamientos de población, que provocarán guerras por el dominio de los territorios menos dañados por el desastre ecológico. ¿No estaría justificado, pues, acabar con la ineficiencia democrática y dejar las decisiones en manos de quienes realmente saben cómo podría evitarse la tragedia?

Quienes compartan esta solución basada en expertos, consideran que la democracia es valiosa en tanto que produce resultados buenos. Es una visión “consecuencialista” de la democracia, que supone que se puede elegir entre diversos regímenes políticos en función de su desempeño (crecimiento económico, desigualdad, libertad, destrucción del mediombiente, etc).

Por otro lado, aquellos que se muestran contrarios al gobierno de los expertos creen que la democracia es valiosa en sí misma, más allá de sus resultados. Se trata de una visión “procedimentalista”, que cree en la justicia y el valor intrínseco de la lógica democrática, desconfiando de la posibilidad de que los expertos, por mucho conocimiento que tengan, sean capaces de realizar las políticas adecuadas en ausencia de controles democráticos.

El desafío del cambio climático hace revivir las viejas tesis de Platón en contra de la democracia. Ante un asunto de esta importancia, que podríamos calificar casi de vida o muerte para la especie humana, ¿deberíamos dejar el futuro de la humanidad en manos de la gente y sus representantes, o deberíamos más bien delegar en los sabios y los expertos, aun si eso supone acabar con nuestras instituciones democráticas?

Quienes defiendan el mantenimiento de la democracia han de ofrecer argumentos persuasivos de cómo los gobiernos representativos van a ser capaces de resolver el problema ecológico. Muchas personas tienen fe en que los avances técnicos nos eximan de tener que tomar decisiones difíciles, pero ¿y si estos avances no llegan o llegan demasiado tarde? ¿Estarán a la altura las democracias avanzadas?
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14 Comentarios
  • manpel manpel 19/07/17 22:04

    El dilema es sintomático:¡menuda panda de fachas!
    ¿Que científicos pondríamos al frente, los que afirman o los que niegan el cambio climático?
    Si no hubiera debate, los politicos no tendrían alternativa, tendrían que actuar ante la evidencia cientifica

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  • Braulio Braulio 06/07/17 10:39

    Para mi la democracia debería dar como resultado la elección del virtuoso o sabio para ejercer labores de gobierno. Quizá el problema no esté en el sistema democrático en si sino en la calidad del mismo. Si éste no tuviera vicios ni fuera en la práctica un sistema clientelar, y además viviéramos en un mundo con mayor grado de moralidad, menos líquido y cansado, daria como resultado gobiernos de entendidos guiados por ciertos principios éticos. Es decir, aumentando la calidad de la democracia y los valores morales de la sociedad aumentaríamos el virtuosismo de los gobiernos. Braulio.

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  • Mirenchu Mirenchu 06/07/17 10:09

    Dominique Bourg, un profesor suizo, ofrece soluciones mixtas, por ejemplo un congreso democrático y un Senado científico, en el que ciertas decisiones deban ser validadas por los científicos.

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  • vianero vianero 06/07/17 07:31

    Me ha gustado releer el artículo y los doctos comentarios así como el artículo réplica de esta mañana ofreciendo una 3a vía. Es un honor para mí tener en InfoLibre tal calidad humana con quién codearse humildemente, y poder aprender de todos. Salud

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  • mrosa mrosa 05/07/17 23:01

    Una vez que los científicos estén en el poder y no tengan que rendir cuentas a nadie por qué van a mirar por el bienestar de la sociedad más que por el suyo y el de sus allegados. Pasará como con los políticos, algunos lo harán y otros no. Habremos cambiado una democracia por una dictadura para nada. La democracia, con todas sus imperfecciones sigue siendo más útil que otro sistema; la cuestión no es eliminarla sino mejorarla.

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  • Galeno1 Galeno1 05/07/17 20:14

    En mi opinión, el asunto de la defensa del planeta, entra en lo que se considera materias de defensa, en el sentido del ministerio de defensa (antiguamente llamado ministerio de la guerra).

    Habría que acometer esa defensa con mentalidad y hacerla global a través de la ONU (cascos azules de defensa del planeta) bajo un acuerdo internacional análogo a los de comercio (NAFTAs, TTIPs, CETAs, etcétera) en cuanto a soberanía en esa materia de defensa del planeta, por lo que estarían por encima de los gobiernos, mediante paneles (mesas) de resolución de conflictos.

    Esos científicos y técnicos serían de defensa del planeta, donde habría como actualmente personas análogas a los bomberos o los que luchan contra los incendios forestales, etcétera.

    Al igual que hay poder ejecutivo, legislativo, y judicial, habría un nuevo poder (y además global) de defensa del planeta.

    Saludos cordiales.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 05/07/17 19:03

    «El presidente de la CEOE reconoce ahora que es "imposible llegar" a fin de mes ganando 800 euros»:

    http://www.eldiario.es/economia/presidente-CEOE-afirma-imposible-mes_0_661783874.html

    ¡Y este genio es nada menos que el Presidente de los empresarios! Quizás también hasta la ministra devota de la Virgen del Rocío se entere de que revalorizando las pensiones un 0,25% se pierde poder adquisitivo.

    ¡Vaya par de lumbreras! A esta pareja el calor les debe haber achicharrado la sesera. Osasuna!

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    • yaguarete yaguarete 18/07/17 23:24

      No empecemos con el fútbol y de segunda vísca barza

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  • jorgeplaza jorgeplaza 05/07/17 18:09

    Se suele dar por sentado que solo la irresponsabilidad o la ciega codicia a corto plazo pueden explicar la actitud más bien displicente de muchos gobiernos y otros poderes planetarios respecto al cambio climático, pero eso no es necesariamente así. Hay intereses contrapuestos aunque a veces los países no actúen de una manera muy coherente para defenderlo. Pensemos, por ejemplo, en Rusia, con 17 millones de km2 o Canadá, con más de 10, en ambos casos a latitudes muy altas, con poblaciones relativamente reducidas (sobre todo Canadá) e inviernos muy rigurosos con o sin cambio climático. Un vistazo al mapa indica que la inmensa mayor parte de la población de Canadá y de Siberia se acumula cerca de su frontera meridional, por razones obvias. La parte norte de ambos países (tundra) son inmensas extensiones gélidas, desprovistas de árboles y casi inhabitables. Sus extensas costas boreales están congeladas gran parte del año y no son navegables. Las actitudes de los dos países no son, de momento, coincidentes pero sus intereses respecto al cambio climático sí lo son y no está nada claro que estos dos países salieran perdiendo --más bien está claro lo contrario-- con un clima más cálido. Lo anterior no es más que un ejemplo, pero podrían citarse más y es que nunca llueve (ni cambia el clima) a gusto de todos.

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    • itnas itnas 05/07/17 18:54

      Un argumento un tanto peligroso el suyo. Primero porque según lo que expone puede pensarse que no hay que preocuparse, quedan aún grandes extensiones de tierra donde cobijarse si aumenta la temperatura; claro que esto supone considerar a estas extensiones 'islas' independientes del resto de las tierras, lo que no es correcto como puede saberse al estudiar la enorme imbricación de fenómenos de todo tipo que se dan en la Naturaleza. Segundo porque estas extensiones beneficiarias del cambio climático serían paraisos deseados por la población con lo que se plantearía el problema de una fuerte emigración hacia ellas, y de ondas migratorias de gentes desfavorecidas en la actualidad sabemos alguna cosa. En resumen, no me parece que Canadá o Rusia sean impermeables al cambio climático por las razones que aduce.

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      • jorgeplaza jorgeplaza 06/07/17 09:41

        Más que por lo que le conviene a cada poder en liza, la política suele venir determinada por las diferencias entre unos y otros, por las ventajas relativas. La riqueza y el poder son conceptos relativos. Un calentamiento global perjudicará mucho más a los EE.UU. o a China que a Rusia, por ejemplo. Como en la fábula, si un dios les concediera su mayor deseo a cambio de darle el doble a su vecino, la mayoría de los participantes en la competición pediría que le sacaran un ojo. Engañarse acerca de la naturaleza real de las cosas solo puede conducir, lógicamente, al desengaño.

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      • El Diablo Cojuelo El Diablo Cojuelo 05/07/17 21:45

        ..."Hacemos 'juicios de valor cada vez que calificamos acciones o cosas; Los juicios de valor pueden ser
        juicios morales, eticos o politicos, religiosos etc. y, se contraponen a alos juicios de hechos. Los juicios de valor expresan nuestros gustos, referencias, ideologias, etc: Hasta donde alcanza el 'influjo' del estereotipo, el juicio de valor esta puesto cabeza abajo, los conceptos verdadero o falso estan necesariamente invertidos " (nietzscche)

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  • El Diablo Cojuelo El Diablo Cojuelo 05/07/17 18:03

    ...A la redaccion de comentarios: Señor@s: A primera hora de la mañana de hoy, mi compañera Lunilla ha enviado aEditar un comentario , han pasado ya mas de 8 horas, sin ser devuelto Editado. ¿No creen que es tiempo suficiente,son 8 horas oigan...-piense que nosotros lo pagamos por anticipado !!. El DIablo Cojuelo.. Gracias...

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  • viaje_itaca viaje_itaca 05/07/17 16:04

    Hay otra cuestion importante en relación con el valor de la democracia, y es la utopía. Consiste ésta en una sociedad imaginada, supuestamente imposible de llevar a la práctica, a menudo expuesta en formato novela, que es perfecta. El valor de tal exposición puede ser tanto una propuesta idealizada como una crítica a la sociedad del momento, probablemente siempre hay una mezcla. En ese formato, el hacerla algo verosímil suele pasar por resolver los problemas de defensa situándola en una isla de difícil acceso. Normalmente se da por imposible llevar a cabo tal sociedad, pero resulta que hay un ejemplo, y en el territorio del antiguo Imperio Español: la República Guaraní, regentado por los jesuitas. Sus habitantes renunciaron a la libertad, pero en la práctica eso supuso aceptar la evangelización y la organización del trabajo. Ésta consistía en una jornada de 36 horas semanales (6 horas diarias, eran cristianos, así que probablemente los domingos no trabajaban), que pulverizó los recórds mundiales de productividad de la historia. Su lengua y cultura, salvo la religión, fueron respetadas, y no había más libertad alcanzable en esa región en tal época. La organización era bastante a lo república platónica, con los jesuitas haciendo de guardianes. Consiguió durar 150 años. Reflexiones, cada uno.

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