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En Transición

Sin gobierno: cosas que cuando no avanzan, retroceden

Publicada el 28/10/2019 a las 06:00 Actualizada el 27/10/2019 a las 17:57
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En todo Occidente crece el debate sobre la vida y la muerte de las democracias. Cada vez son más los teóricos que discuten y teorizan sobre su salud. Si en algo coinciden la mayoría es que el mayor peligro que tienen hoy las democracias occidentales –o que tenían, porque la situación que se está viviendo en Chile supera todas las previsiones–, no son los golpes de estado ni los tanques en las calles, sino la desconfianza y el descrédito de una parte importante de la vida política. Quizá por eso, cuando llevamos ya nueve meses con un gobierno en funciones –que como es sabido tiene muy mermadas sus posibilidades de actuar–,  se está planteando ya abiertamente la posibilidad de que el previsiblemente endiablado resultado electoral haga aún más difícil la formación de un gobierno estable, entendiendo por tal aquel que consiga agotar una legislatura de cuatro años aprobando presupuestos y sacando adelante iniciativas legislativas.

La semana pasada tuve la oportunidad –y el privilegio– de presentar en Vitoria Hackear la Política (Gedisa), uno de los títulos de la colección de Más Democracia de la que infoLibre se hace eco periódicamente avanzando contenidos de cada número. En la librería Elkar y en un acto magistralmente moderado y conducido por la periodista Raquel Ecenarro, surgió una de las preguntas fundamentales: ¿Por qué es tan difícil llegar a acuerdos para formar gobiernos estables en España cuando en las comunidades autónomas y ayuntamientos se hace habitualmente? Y en especial, ¿cómo es posible que sea más difícil de lo que ha sido en Euskadi en los años más complicados, tensos y violentos?

La respuesta a esta pregunta es, como siempre, múltiple. Por un lado, hace apenas cuatro años que en el Congreso de los Diputados el multipartidismo obliga a jugar con nuevas dinámicas de pactos, algo que todavía hay que aprender. Máxime, si se hace con reglas del juego pensadas para mantener el bipartidismo –aunque fuera imperfecto–, y los líderes además son en su mayoría nuevos en estos asuntos. Además, a la sociedad española todavía le cuesta aceptar que un acuerdo es un logro, y generalmente concibe un pacto más como una traición que como una victoria. En el caso del País Vasco, además, mediaba un buen superior: garantizar la convivencia, algo de lo que hoy unos y otros –ya casi todos– se congratulan.

Es posible que estas razones, formales e impecables, tengan que ser completadas con otras. El hecho de que a falta de dos semanas para ir a votar ya se esté planteando la posibilidad de que no se pueda formar gobierno puede ser un indicador de que en el debate no se ha introducido un elemento fundamental: aquellas cuestiones que inexorablemente retroceden cuando no avanzan, lo que ocurre con asuntos claves cuando se carece de un gobierno con posibilidades de ejercer como tal.

Abundan las referencias, reflexiones e informaciones sobre proyectos aprobados que no pueden ejecutarse, partidas presupuestarias de difícil gestión, o iniciativas legislativas que decayeron cuando se disolvieron las Cortes. Sin embargo, esto es solo una parte del problema, y ni siquiera es la mayor. Lo que realmente se está perdiendo es la posibilidad de gestionar un futuro cada vez más presente, y esas son las cuestiones que, si no avanzan, retroceden.

Para abordar el desafío que supone hoy el cambio climático no sólo es necesaria una ley –que se quedó a las puertas de su aprobación con la disolución de las Cortes–, sino todo un conjunto de estrategias que implican desde la energía hasta la política territorial pasando por la fiscalidad o la educación –por poner algunos ejemplos–. Algo que sólo un gobierno estable con un plazo de tiempo razonable por delante puede abordar. Máxime, si se quiere que esa transición se haga con justicia y no al grito de "sálvese quien pueda".

Algo parecido ocurre con la revolución tecnológica y todo lo que supone ya la inteligencia artificial en nuestras vidas. Desde ángulos distintos se está insistiendo cada vez con mayor apremio en la necesidad de que las políticas públicas gobiernen esta revolución para garantizar que no genere mayor desigualdad. Algo así no es posible con gobiernos de un año o con ejecutivos sumamente inestables que estén al albur de cualquier contratiempo.

Lo mismo podría decirse del desafío demográfico, de la creciente desigualdad o de asuntos más domésticos pero no por ello menos relevantes, como el debate de fondo sobre el modelo de organización territorial del Estado.

Resulta escalofriante pensar que podemos permanecer más tiempo sin un ejecutivo estable mientras una nueva era se abre paso en lo global y aquí no hay nadie que la gobierne. Para remediarlo, hay quienes apelan a la construcción de una cultura de acuerdo entre los líderes políticos y otros que proponen cambiar, entre otras cosas, la forma de la investidura del presidente o presidenta del Gobierno, con referencias al sistema que impera en Asturias o Euskadi, por ejemplo, donde no se puede votar en contra de un candidato, sino a favor o abstención. Aquí mi colega Pablo Simón recoge lo sustancial del debate y las alternativas que existen. Ninguna de ellas va a ser perfecta, por supuesto, pero se trata de elegir la que más se adapta a la situación actual, sin renunciar a seguir buscando fórmulas de mejora.

Se puede aducir que una vez investido el presidente o presidenta, seguirá haciendo falta una cultura del pacto para hacer posible la estabilidad del gobierno, y efectivamente, así es. No obstante, dado que existen evidencias de las dificultades de construcción de esa cultura de pacto por sí sola, habrá que ayudarla con normas que lo faciliten. Teniendo en cuenta todo lo que está en juego, no conviene dilatar las decisiones. Si la sociedad española es múltiple y los partidos que la representan también, es el momento de adaptar las reglas del juego a esa realidad y optar por fórmulas de investidura que favorezcan al acuerdo, lo que, sin duda, ayudará a crear esa cultura de pacto.
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15 Comentarios
  • Isa. Isa. 28/10/19 18:38

    Un placer para mi leerte, Cristina. Y al politikon también. Tenéis una forma muy didáctica de explicar y analizar lo que a los políticos les resulta tan complejo. Seguro estamos en proceso.. el tiempo de procesarlo, veremos. Entre lo inédito y lo advenedizo transitamos. Tengo la impresión. Lo intolerable es no avanzar por incapacidad política.

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    • Isa. Isa. 29/10/19 10:01

      Hay personas que dicen que el púlsar de negativos es de poca importancia y lo puedo compartir. Hasta cierto punto. Porque es cierto el punto, que existe cierta costumbre a "negativizar" un comentario dependiendo si la persona es critica con unas siglas o no defiende otras, evitando lamentablemente, el debate. Lo quiero mostrar en éste artículo y como ejemplo mi comentario (ahora con 2) por el mini debate que se ha originado tan interesante y tan escaso en la temática: Nuestro grado de responsabilidad como síntoma del, 'no avance o retroceso' que padecemos. Todos los días hay cantidad de ejemplos donde resulta intrigante e infantil el hecho del púlsar negativo, en comentarios qué deberían incitar un debate o que son llamativos porque un saludo se llega a negativizar. Me ha parecido muy oportuno escribirlo en esta columna. Me pregunto qué pasaría si saliese reflejado el autor-a de la puntuación, ó, si por el contrario el hecho de que no hubiese, motivase el debate. Somos una sociedad tan infantil cómo para llegar hasta eso. Me pregunto. Saludos.

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      • irreligionproletaria irreligionproletaria 29/10/19 12:02

        Hola, Isa!

        Generalmente, mis negativos, llevan la justificación, adjunta.

        ¿Por qué tengo que admitir que expresar mi disconformidad con lo expuesto por otro comentarista, es un acto 'infantil'?

        Ciertamente, responder a semejante 'contexto', me cabrea conmigo misma.

        Dices y comparto, que a veces, un saludo, provoca negativos... infinidad de veces. Hasta la transcripción del tenor de la ley, provoca negativos:

        - ¿con el/la que lo transcribe?
        - Con el tenor de la Ley, ¿por exponer la realidad para que no se hable por boca de ganso?

        También -mi caso es de libro- decenas de comentarios aparecen días y ollas, con '0' '0' Créeme, es peor. Soy muy consciente de que mi observación, provocará mayor abundamiento; no importa.

        ¿Qué respuesta obtiene el algoritmo?

        Saludos, Isa.

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        • Isa. Isa. 29/10/19 14:33

          Hola irreli!
          Tus negativos, generalmente, llevan una justificación adjunta. Desde mi experiencia como comentarista en este digital. Lo constato. Sin duda ninguna. Y también que aprecias el debate respetuoso y motivador, en el sentido reflexivo, al menos para mí. Te lo agradezco mucho.
          Hay unas frases que me parecen primordiales en éste mini debate. Las traigo de tu comentario en el artículo de B.Prado “Una cita con las urnas es siempre una cita a ciegas” debido a problemas informáticos que acontecen en el digital para puntuar. Este problema lo he leído en varias ocasiones a diferentes comentaristas. A mi también me sucede. Y a eso le doy importancia. Estoy de acuerdo.
          Dices: “No importa quienes seamos los actores o los receptores: esto, no es admisible, manipula la opinión de los comentaristas. Y también : “Todos los suscritos deberíamos manifestar nuestro desacuerdo con estas 'anomalías' por faltarnos el respeto debido. “
          Valoro mucho tus opiniones, éstas en concreto.

          Lo que considero infantil es que, en el afán de pulsar o votar, no debería ir implícita la amistad o enemistad con el opinante. Porque como expresas, manipula la opinión.

          Soy escéptica a que esa actitud o comportamiento se pueda transformar así como así. Soy más partidaria de que se anulen los “deditos” para incentivar más el debate, ya sea para manifestar la discrepancia o el aplauso. Porque el exceso de negatividad en la forma que se está mostrando, incrementa en mayor medida el conflicto, que la convivencia. Y además es manipulada la opinión, como muy bien expresas y esa es la relevancia.

          He pensado en manifestarlo en el chat que de vez en cuando J.Maraña, abre. Gracias por tu opinión.

          Un abrazo.



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          • Orlinda Orlinda 29/10/19 15:02

            Tanto o más que los negativos me impresionan a mí muchos de los positivos.
            Me sumo a tu propuesta de que se anulasen los deditos. Participo en un par de blogs donde no hay posibilidad de votar, quien quiere o tiene algo que decir lo escribe, algo que favorece la comunicación y la convivencia, como dices.

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            • Isa. Isa. 29/10/19 15:22

              Alguna vez lo he comentado. Me preocupan más los positivos. Es un hecho para mí, haber pensado que cuanto más negativos adolezca un comentario, más relevante es la opinión que manifiesta. Lo mismo al contrario. Porque además se llegan a puntuaciones desorbitantes tanto en un sentido negativo como positivo, desmesurado, sin que el comentario sea tan trascendente. Esto es lo que percibo como síntoma preocupante, por el comportamiento infantil y nada armónico ni real que genera. Por eso lo de la manipulación. Gracias Orlinda.

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  • Aserejé Aserejé 28/10/19 16:03

    https://spanishrevolution.org/el-plan-presupuestario-enviado-por-el-gobierno-del-psoe-a-bruselas-calca-las-politicas-de-recortes-del-pp/
    Esto hace el gobierno. Y encima, por no haber pactado con UP por obedecer a los jefes y a su gurú, nos vamos a tragar al trifachito ¡Vaya ojo q tienes, Sanchez!

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  • JJJ JJJ 28/10/19 11:07

    "El anuncio de Pedro Sánchez sobre un acuerdo para la reforma constitucional con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sorprendió este miércoles". Esto decían en 2017, cuando la aplicación del 155 en Cataluna. Los políticos se caracterizan por decir y hablar, y no hacer ni actuar. Político igual a mentita, igual a problema!!!

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 28/10/19 10:18

    No falta una cultura de pacto: falta una cultura social. Lo que ocurre en el gobierno no es sino reflejo de lo que pasa en la sociedad. Llegara acuerdos es casi imposible. Se ha desarrollado de tal manera la cultura del individualismo (por no decir egoísmo) que somos incapaces de acordar con el vecino cualquier cosa. Un ejemplo: en todos mis años de trabajo he formado parte de equipos que debíamos acordar cuándo tomábamos vacaciones para que el servicio o la sección correspondiente no quedara solo o sola. La elección se producía por orden de antigüedad en la empresa pero hasta hace unos veinte años, todos renunciábamos a algo para que todos los compañeros pudieran gozar de vacaciones dentro de los tres meses típicos de veraneo. Y en equipos grandes era difícil pero llegábamos a acuerdos. Poco a poco los acuerdos se fueron haciendo más difíciles. Y quienes dificultaban más el acuerdo eran los menos antiguos que exigían (no solicitaban) la "tajada del león", aduciendo las razones más diversas y a veces disparatadas. Hace diez años más o menos se constituyó una comisión para ver por qué era difícil el acuerdo y cómo solucionarlo. En la primera cuestión no se llegó a una respuesta consensuada (¡qué raro! ¿no?) y en cuanto a la segunda durante un par de años se estableció un sistema de sorteo que funcionó a medias. Los cinco años siguientes se estableció un sistema rotatorio que tampoco funcionó. Y finalmente desde hace tres años hemos vuelto al sistema de prelación por antigüedad, salvo que en estos tres años en una sección que no es la mía, dos personas copan los meses de Julio y Agosto, y hay quien se ve obligado/a a tomar sus vacaciones a finales de Mayo o a mediados de Octubre. Incapaces de renunciar a una parte por el bien común, de encontrar puntos de acuerdo. La calidad social de nuestra sociedad se ha resentido muchísimo. No lo hemos sabido hacer quienes ya tenemos una edad cercana a la jubilación que somos quienes vivimos los coletazos del franquismo y la transición. Nuestro ejemplo no ha sido suficientemente intenso para que la cultura del pacto y el acuerdo impregnara la sociedad que vivimos. Ese el el auténtico problema la onfalocracia personal.

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    • Isa. Isa. 29/10/19 09:38

      Interesantìsimos comentarios. Abordar la responsabilidad individual y cultura/convivencia social es una cuestión de conciencia. Completamente de acuerdo que la política es reflejo de nuestra convivencia sin descartar, la viceversa. Se evidencia en la escasez de diálogo entre posturas diferentes, y digo posturas, porque no hay tanta diferencia si mostramos nuestras exigencias, más que la de si eres seguidor de unas siglas o de otras. Por otro lado, somos conscientes de porqué batallamos? Se pone a parir el IBEX a PRISA y ect.. y luego se consume de todo eso. Qué significa pertenecer a un partido o ser de izquierda hoy por hoy? Un eslogan? Gracias por el mini debate. Un saludo

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    • Zapehc.com Zapehc.com 29/10/19 07:54

      Estoy con ustedes: cultura social y responsabilidad individual.
      Siendo una necesaria para conseguir construir la primera.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 28/10/19 15:06


      ArktosUrsus: Tengo una historia parecida a la que cuentas. Desde mediados los 70 hasta iniciados los 80 en la empresa donde yo trabajaba conseguimos que los aumentos de sueldo anuales fueran lineales, la misma cantidad para todos, con lo que se consiguió que los salarios más bajos subieran bastante al cabo de unos años…

      Pero, al igual de lo que nos cuentas, los trabajadores más nuevos en la empresa empezaron a decir que cómo un oficial, un encargado, podía tener el mismo aumento que un peón u otra persona con menor calificación (como si la cesta de la compra no hubiera subido lo mismo para todos) con lo que el aumento lineal se cambió por el IPC individual, y ello no fue por imposición de la empresa sino por la voluntad de los trabajadores.

      El pueblo unido, ¿quéééééééééééééé? Osasuna2 salu2.

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      • AMP AMP 29/10/19 10:51

        Toda la vida cargando con el engaño de las subidas porcentuales. «Sindicatos» y trabajadores sustentándolas. Encima tenías que soportar al imbécil de jefecillo de turno decirte: te han subido tres décimas más que a mí, de qué te quejas. Como si fueras imbécil y no supieras lo que supone un porcentaje.
        ¡Ay, señor!

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        • paco arbillaga paco arbillaga 30/10/19 06:59


          AMP: Veo que hemos pasado por lo mismo y has captado mi recuerdo. Lo triste es que algunas de aquellas mejoras conseguidas se han perdido o estancado. Osasuna2 salu2.

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  • Silk Road Silk Road 28/10/19 06:32

    Es evidente que hay que cambiar el sistema de designación del gobierno para que no ocurra lo que llevamos sufriendo tanto tiempo. Lo más sencillo es que gobierne la lista más votada aunque, como dices, hay otras fórmulas. El caso es evitar que haya que repetir elecciones por falta de acuerdo entre los partidos a la hora de formar gobierno.
    Los pactos y las negociaciones se debería dar después, para cada apartado de los presupuestos y para cada ley. Al menos, el país no se quedaría parado por culpa de estos inútiles.
    Ahora bien, en el caso de España, la agilización de la formación del gobierno debería ir acompañada de dos cosas, para que la lista más votada no pudiera hacer de su capa un sayo: una separación efectiva de poderes y la eliminación del decreto ley, de manera que sólo en el parlamento se pudieran tomar decisiones y el poder ejecutivo fuera sólo eso, ejecutivo. No como con Rajoy, con quien, en la práctica, los tres poderes estaban concentrados en su persona.

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