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Urgencia climática: ¿lograremos poner límites al gran capital sin una catástrofe de por medio?

Publicada el 09/08/2021 a las 18:40 Actualizada el 10/08/2021 a las 08:49

A lo largo de la historia, muchos economistas heterodoxos han señalado cómo las macrorreformas estructurales han llegado generalmente a través de guerras y revoluciones. Especialmente cuando consisten en poner coto a poderes económicos salvajes. Es la idea que el viejo Marx resumía en una de sus habituales escalofriantes imágenes: “La violencia es la partera de toda sociedad vieja preñada de otra nueva”.

Según esta tesis, para poner fin al poder monárquico absolutista no bastaron la imprenta y el Renacimiento, fueron necesarias las frenéticas guillotinas del Termidor durante la Revolución francesa. De igual modo, la lucha por acabar con la esclavitud legal desembocó inevitablemente en la Guerra de Secesión. Tanto para establecer el sistema colonial que permitió amasar las grandes fortunas industriales del capitalismo temprano, como para pasar después al actual sistema neocolonial del capitalismo tardío, han mediado grandes dosis de violencia: primero de expropiación forzosa, y más tarde en las innumerables Guerras de Independencia o de “liberación nacional”.

Siguiendo esta idea, el Estado del Bienestar tampoco fue fruto directo de un consenso inteligente, sino de la destrucción de Europa en la Segunda Guerra Mundial. Nunca se hubiera pasado del libremercado desbocado de principios del siglo pasado (y su consecuente Crac del 29) al periodo de crecimiento estable de postguerra, si no hubiera emergido la necesidad de estabilidad y pacto social para las élites tras un holocausto y dos guerras mundiales. También habría influido la necesidad de competir en conquistas sociales con el bloque surgido de la Revolución soviética. Otras corrientes prefieren ver esos avances como fruto de la genialidad humana, no de la necesidad creada por periodos de crisis. El presente nos ofrece una oportunidad privilegiada para contrastar ambas hipótesis. Fatalmente privilegiada.

Desde hace ya décadas, la urgencia climática pone a la humanidad ante el reto de demostrar si es capaz de gobernar su destino aún en contra de los intereses de sus élites económicas, o si por el contrario las perspectivas marxistas más ortodoxas refuerzan su visión de la violencia como ley inexorable de las transiciones históricas. Por desgracia, la segunda opción va ganando por goleada según la evolución de las previsiones científicas.

Este lunes se hizo público otro informe sobre el caos global que viene, que ya está aquí. Como en cada ocasión, esta vez los datos son más graves, los pronósticos peores, el plazo para enmendarlos más breve, la tarea más imposible. El mejor panel científico sobre el tema (IPCC) nos concede apenas cuatro años para evitar el caos. O lo que es lo mismo, apunta a que no lo lograremos. En realidad, los científicos saben bien que ciertos puntos de no retorno ya se han atravesado, pero también saben que decirlo así no ayudaría a tomar las decisiones acuciantes. Desde que nadie les hace caso, los científicos climáticos se están haciendo expertos en comunicación política. Qué remedio.

La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica informó recientemente de que el cambio climático causa 250.000 muertes al año en todo el mundo. ¿Cuántas vidas costará que los llamados países desarrollados se atrevan a poner en cintura a las industrias macrocontaminantes? ¿En cuántas migraciones climáticas o desastres ambientales calculan las multinacionales el óptimo para comenzar a aflojar en su loca carrera hacia el abismo? La respuesta es sencilla: no pueden hacer ese cálculo, no pueden frenar. La dinámica ultracompetitiva del actual orden capitalista se lo impide. El primer país, la primera transnacional, el primer sector industrial que ceda ante sus competidores obedeciendo a su conciencia medioambiental, les regalaría la ventaja que necesitan para hacerse con una posición dominante de forma permanente. O así lo viven ellos, dentro de la lógica competitiva neoliberal que gobierna la humanidad en su fase actual. Necesitan normas impuestas desde fuera, no pueden parar por sí mismos.

La solución que nos gusta imaginar sería ver a gobiernos soberanos y democráticos con capacidad operativa para gestionar de manera coordinada cómo encarrilar esa competición contaminante. Pero esto suena muy parecido a otra cumbre internacional cuyos protocolos acordados volverán a incumplirse. Y el plazo ha terminado antes de empezar. Las otras salidas no nos gusta imaginarlas. Por eso, todo lo que no sea construir grandes movimientos sociales transversales sobre la urgencia climática es hoy, por desgracia, una relativa pérdida de tiempo. Lo sabemos. Pero estamos demasiado ocupados, agotados y entretenidos para asumir esa responsabilidad. Algunos dicen que el tiempo del Indignez-vous! de Stéphane Hessel ya pasó, me pregunto si no será ya el tiempo del Sauvez-vous, de Gaëtan Noël.

¿Hacía falta llegar a este punto, a sentir el cañón en la sien y el dedo acariciando el gatillo, para comprobar que no disponemos del tipo de gobiernos que nos gustaba imaginar? ¿Había que asomarse al vacío para descubrir que la soberanía y la democracia eran en gran medida una reconfortante ilusión óptica, que oculta las salvajes corrientes de fondo de una economía ingobernable? ¿Será el tiempo que separa descubrir de arreglar inferior al lapso entre asomarse y caer? Para quien siga la evolución de los informes del IPCC en los últimos 30 años, todo parece indicar que no. Hoy ya no luchamos para prevenir la barbarie, luchamos desde la barbarie para evitar hundirnos más y más en ella. Ayer pudo ser tarde, mañana lo será con toda certeza.

 

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15 Comentarios
  • Cinfante Cinfante 11/08/21 09:48

    Es urgente parar. Pese a quien pese. No le estamos tomando el peso a la gravedad del cambio climático. Muy de acuerdo con el articulo

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  • paco arbillaga paco arbillaga 11/08/21 07:58


    El documental es de 2009. ¡Ahora estamos aún peor!:

    https://www.youtube.com/watch?v=d2Ri7Y3-Lbk

    Y además eligiendo dirigentes políticos como Ayuso, casi negacionista del desastre climático. Osasuna.

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  • RFJ RFJ 10/08/21 14:06

    La ÚNICA forma de evitar la catástrofe climática es DETENER EL CAPITALISMO. Así de claro. Y como tal cosa no va a suceder la catástrofe es INEVITABLE. El planeta no tiene ningún problema. Es la especie humana la que va a ser ANIQUILADA por el cambio climático. La especie humana va a desaparecer pero el planeta seguirá adelante como ha sobrevivido al impacto de asteroides, glaciaciones, etc. EL QUE VA DESAPARECER DE LA TIERRA ES EL SER HUMANO. Ante la evidencia de que el capitalismo no se va detener jamás en su locura destructiva extractiva consumista y acumulativa, mi consejo es QUE NO TENGAIS HIJOS. El colapso climático es imparable y no se va hacer nada por impedirlo. Para evitarles vivir en un futuro TERRIBLE lo mejor es no tener hijos. Ante la inacción de gobiernos y poderes económicos el no tener hijos es lo más coherente y responsable ante un futuro que va a ser APOCALÍPTICO. Yo hace años que lo tengo claro y mi pareja piensa igual. Ante el ya INEVITABLE colapso climático LO MÁS SENSATO ES NO TENER HIJOS.

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  • Fernandos Fernandos 10/08/21 11:55

    Sin ninguna duda, el capitalismo salvaje no va a pararse, el capitalismo es un monstruo que solo puede funcionar en base a un consumismo irracional, solo gobiernos exigidos por sus votantes puede cambiar el camino suicida del ser humano y no parece el caso, empezando por unos votantes de tan bajo precio.

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  • PedroLibre PedroLibre 10/08/21 10:46

    “Urgencia climática: ¿lograremos poner límites al gran capital sin una catástrofe de por medio?”


    Mi respuesta es NO… salvo el improbable caso de que instalemos una GUILLOTINA en cada plaza de cada ciudad con el animo decidido de cortar de raíz las ansias de un CAPITALISMO mundial compulsivo e irreflexivo. Se mire por donde se mire, sospecho que estamos condenados a la EXTINCION por un imperativo UNIVERSAL que se encargara de borrarnos de la faz de la tierra utilizando remedios UNIVERSALMENTE conocidos…. y espero y deseo equivocarme. 

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  • noencaja noencaja 10/08/21 09:55

    Como muy bien dice el artículo no hay un plan en el capitalismo, es pura compulsión. Su éxito global reside en el deseo, no en las ideas. Se trata de una locomotora desbocada. Los estados se ven arrastrados por la economía. Y cada vez parece más evidente que evitar el desastre pasa por superar el capitalismo en aras de una sociedad más austera capaz de gobernarse realmente a sí misma. Pero esta opción no cabe en nuestro imaginario moderno. ¿Que significa superar el capitalismo? ¿Acaso un nuevo comunismo? Tales ideas están trasnochadas, ruge nuestra conciencia moderna, la experiencia del siglo XX fue nefasta. Volvemos entonces a la pregunta, ¿que significa superar el capitalismo? Quizás aquella experiencia sólo fuera el punto de partida. En cualquier ámbito estamos acostumbrados a mejorar lo que funciona.mal, desde una empresa hasta una institución educativa. ¿Por qué no cabe plantear soluciones jurídicas, políticas y técnicas para paliar abusos, derivas totalitarias e ineficiencia en un sistema no capitalista? Desgraciadamente nuestro cerebro se bloquea cuando se.plantea una alternativa No parece probable que prospere la opción de ser realmente racionales y evitar el desastre. ¿Tendremos entonces que esperar a esa sucesión de catástrofes encadenadas ambientales y humanas para que volvamos a dar un salto adelante?

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    • Cindy Nero Cindy Nero 13/08/21 19:15

      No hay que apuntar tan alto, aqui en cuanto cualquier pobre diablo junta 5 euros se cree con derecho a que unaherramienta (fondo de inversion) le salga a pelear un % de ganancia caiga quien caiga
      Esa presión no es la más preocupante pero lejos de aligerar el problema, agrava la alocada carrera por el crecimiento irracional

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  • Canija Canija 10/08/21 08:09

    Y que todo esto sea provocado por el beneficio inconmensurable e inconcebible de unos pocos  produce una gran indignación. Esperemos que por una vez esta hecatombe anunciada sea el detonante de un cambio social 

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  • Turismundo Turismundo 10/08/21 06:22

    Se les ve regocijarse envueltos en sus elegantes trajes, encorbatados y con exquisito calzado, comiendo de lujo y pimplando del morapio más selecto, han estudiado en las mejores escuelas de negocios y cuentan con la fuerza que les dan las autoridades gubernativas sumisas a sus intereses, dispuestas a arrancar el corazón a la tropa que diga esta boca es mia. Son un espectáculo, pero de terror y estupidez. Nos llevan a la ruina. menos mal que se van a joder ellos también. Mal de muchos........epidemia.

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    • PedroLibre PedroLibre 10/08/21 11:07

      Tal y como usted dice, “ellos se joderán también”, pero mas lentamente y dentro de lujosos bunkers climatizados y fuertemente armados y pertrechados. Hasta que todo finalmente termine, “ellos seguirán siendo iguales pero diferentes al resto”. Es una pena, pero no damos mas de si.

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  • Argaru Argaru 10/08/21 02:05

    NO.

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  • pantera pantera 10/08/21 01:54

    Sr. Peralta, muy buena pregunta y muy buena advertencia en todo su artículo. Nos ayuda a pensar y a intentar vislumbrar las posibles acciones y consecuencias. El análisis histórico es acertado y premonitorio...pero, ya ve, mucha gente no quiere oír hablar de monsergas de catástrofes, pandemias, del capital desquiciado, de las llamadas de atención climática, de las condiciones de vida laborales...Ya lo advertían hace tiempo desde UP, "hay poderes económicos que mandan más que los gobiernos"

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