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Foro Milicia y Democracia

El modelo del ciudadano de uniforme

Publicada 27/04/2018 a las 06:00 Actualizada 26/04/2018 a las 20:53    
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El concepto de ciudadano de uniforme (Staatsbürger in Uniform) surge en la República Federal de Alemania en los años cincuenta del siglo pasado con la reforma del Ejército federal (Bundeswehr) impulsada por el gobierno del canciller Konrad Adenauer y conducida por un equipo dirigido desde la Jefatura de Personal por el General Wolf Graf Von Baudissin. Se trata de una profunda reforma política y moral de los militares, tras la derrota del militarismo nazi en la II Guerra Mundial. La finalidad básica de las FAS es ahora la prevención de la guerra mediante la disuasión. En la reforma se pone el acento en el liderazgo moral (Innere Fühung) que deben interiorizar todos los militares. El soldado es un ciudadano que defiende, incluso con su vida, los derechos de todos.

El proceso de asimilación, basado en la aproximación de la vida militar a la sociedad industrial y en la especialización del trabajo determinada por los avances tecnológicos, se desarrolla subsumiendo la legislación militar en la general del Estado. No hay diferencia cualitativa del estatuto legal de los militares con el resto de los empleados públicos. El soldado tiene los mismos derechos y libertades, incluidos la participación política y sindical, salvo las restricciones excepcionales que se establezcan por imperativo de su función militar. Desaparecen los tribunales de honor y la jurisdicción militar especial se sustituye por tribunales ordinarios especializados.

En la década siguiente, cuando se comenzó a implantar el modelo en las unidades y a desarrollar el sistema de enseñanza, hubo una fuerte reacción, tanto dentro como fuera de Alemania, contra esta novedosa teoría del ciudadano de uniforme, que consideraba inviable en la práctica, y más allá de construcciones teóricas, la pretendida equiparación entre militares y civiles. Se pedía la retirada de la legislación desarrollada, ya que, según los críticos, podría conducir a la desarticulación del ejército. No obstante, en el Libro Blanco de la Defensa, desoyendo estas quejas, se describen las características de la profesión militar en los mismos términos que otras profesionales.

Poco antes, dentro de los estudios para fundamentar los cambios, se había llevado a cabo un trabajo sociológico en la Academia de Oficiales del Ejército de Hamburgo. En la investigación –Der Leutnant 1970–  participan siete jóvenes oficiales de edades comprendidas entre los 22 y los 27 años, que formulan como conclusiones nueve tesis en las que afirman que no quieren ser un mero epígono de la tradición militar, reivindican el ejercicio de la crítica del sistema, reniegan de toda lealtad institucional que no sea al mandato constitucional, exigen una rigurosa separación entre el tiempo de servicio y de descanso, y contemplan la disciplina como una autoexigencia.

La mera descripción, sin épica, de la milicia como "un trabajo", hecha por un oficial, fue considerada casi un sacrilegio por los defensores de la tradición militar. Las llamativas tesis del Teniente de 1970 motivaron un debate entre los dos modelos de representación de los intereses de los militares alemanes: la Asociación de las Fuerzas Armadas alemanas (DBwV), situada en el espectro ideológico democratacristiano (CDU), y la sección militar del Sindicato de Servicios Públicos y Transportes (ÖTV), próximo al Partido Socialdemócrata alemán (SPD).

Ambas organizaciones competían en el movimiento asociativo militar por la representación de los intereses socioeconómicos de los militares, la DBwV desde 1956 –se funda en paralelo con la reforma– y el ÖTV desde 1964. La Asociación DBwV tiene una orientación institucional interna, abogando, dentro de la doctrina del ciudadano de uniforme, por la profesionalidad militar. El sindicato ÖTV, como corresponde a una organización diseñada para todos los empleados en el servicio público, tiene una orientación ocupacional externa. La DBwV es ampliamente mayoritaria, representando entre el 70 y 80% del personal profesional, mientras que el sindicato ÖTV (ahora Verdi) apenas alcanza al 1% del personal militar de las FAS alemanas.

Frente a estas posiciones enfrentadas, surge de hecho una tercera vía pragmática que busca una síntesis entre ambas concepciones del ejercicio de la profesión militar en una sociedad democrática. La motivación del militar, en la perspectiva pragmática, se basa tanto en el estilo de vida y los valores (institucional) como en la compensación y la carrera profesional (ocupacional). La propia Asociación DBwV, sin renunciar a su modelo institucional, ha ido adaptando la actividad asociativa hacia la negociación colectiva y reivindicación laboral, conforme a las pautas seguidas en el empleo público en materia de horario de trabajo, prevención de riesgos laborales y compensaciones de las especificidades del trabajo de los militares.

Con la doctrina del ciudadano de uniforme, incorporada a los reglamentos militares, se trata de conciliar los principios del Estado democrático con la organización militar. Los militares son considerados miembros de una misma comunidad y ciudadanía (modelo social convergente). El estatuto jurídico y las condiciones de trabajo son similares a los de los funcionarios civiles, con la sola excepción de los supuestos imprescindibles demandados por las características funcionales de los ejércitos.

No obstante, a pesar de la innegable consolidación del sistema y del esfuerzo sostenido del Ministerio Federal de Defensa promocionando la doctrina del "Liderazgo moral", la experiencia ha demostrado que no es suficiente con cambiar la reglamentación para sustituir en la realidad conceptos que están muy arraigados en la cultura militar tradicional y pueden ser recurrentes, conduciendo a un retroceso de décadas. Hay, pues, que mantener la pedagogía sobre los valores que deben defender las fuerzas armadas en una sociedad democrática avanzada.

La referencia del pasado militarista alemán no se ha conseguido erradicar por completo del cuerpo de oficiales, incluso se ha observado un repunte después de la unificación de Alemania en los años noventa del siglo pasado. La admiración por la Wehrmacht y sus ideas supremacistas, aunque minoritaria, sigue latente. También el riesgo de penetración de redes ultraderechistas en las unidades, como la investigación abierta, hace justo ahora un año, a raíz de la detención de un teniente destacado en Francia, que alcanzó a cerca de trescientos cuadros de mando.

El modelo del ciudadano de uniforme, en sus principios básicos, es seguido hoy por los países del Norte de Europa, con valores institucionales y sistemas de organización, representación y gestión de personal muy próximos. En estos países, fundadores de Euromil (Organización Europea de Asociaciones Militares) en los años setenta, operan asociaciones y sindicatos profesionales con una larga experiencia de colaboración en defensa de los militares como ciudadanos de uniforme.

En un momento en que Europa se enfrenta al reto de la integración de sus recursos de Defensa con criterios supranacionales –cooperación estructurada permanente– en un contexto de dificultades para mantener sistemas de reclutamiento sostenibles que garanticen la eficacia de las fuerzas armadas, el concepto del ciudadano de uniforme es un modelo probado que podría servir de referencia para la necesaria –quizá inevitable– puesta en práctica de un sistema de Defensa común en Europa. Ninguna integración será realmente efectiva sin consideración del factor humano.
__________
 
NOTA: El próximo jueves, 26 de abril, celebraremos el Seminario 'Milicia y Democracia 2018' y hablaremos de Defensa europea común y de geopolítica en el mundo.
Información en: 
www.miliciaydemocracia.org


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2 Comentarios
  • ArktosUrsus ArktosUrsus 27/04/18 21:28

    No hay otra forma razonable de interpretar lo que deben ser las fuerzas armadas más que "ciudadanos de uniforme". La consideración de ciudadano no desmerece al militar: antes bien le coloca en una posición de autoridad moral toda vez que no ejerce superioridad en razón de su uniforme sino servicio en la misma razón. Es la estructura de mando y son las academias militares quienes forjan otro tipo de pensamiento, porque un ejército separado de su pueblo es manejable contra ese mismo pueblo en caso de necesidad del poder. Por el contrario si el ejército está imbricado en el tejido social, será más difícil para el oficial de turno convencer a los soldados que disparen contra sus vecinos, contra sus amigos. En España el ejército ha jugado mucho más papel dentro que fuera de nuestras fronteras. El reparto de cargos y prebendas llevó a un ejército enfermo a estar más pendientes de algaradas, pronunciamientos y poner y quitar reyes (sin mencionar la calamitosa guerra civil, fraguada en unos combates contra desarrapados marroquíes de tribus apenas unidas por intereses comunes que a punto estuvieron de dejan en ridículo absoluto a un ejército de un país más desarrollado aparentemente que ellos) que de la defensa exterior real de España. En un siglo se perdió todo el poderío internacional. Nuestro idioma, hablado por medio mundo en el siglo XVIII, pasó a ser casi residual internacionalmente. Y nuestro ejército fue de derrota en derrota hasta la pérdida de cualquier posición de privilegio, sin ni siquiera retener (esto es más culpa de los políticos) un "corpus" similar a la Commonwealth. El pueblo nunca lo sintió suyo (Si te toca, te joes/ que te tienes que dir/ que tu padre no tiene/ para librarte a ti) y menos desde la infamante compra de la exención del servicio militar. Por eso es imprescindible reintegrar al militar entre los ciudadanos, hacer que la ciudadanía considere al militar como parte propia y que el militar se sienta tratado como un ciudadano para que cumpla, cuando sea necesario, con sus responsabilidades con la sociedad como un miembro más de la misma. Eso debería ser el deseo de cualquier persona razonable. Sí, esas que no abundan. Por desgracia.

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  • Juanjo Seoane Juanjo Seoane 27/04/18 13:44

    Muy interesante

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