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El papel de los militares en nuestra sociedad

Publicada el 31/10/2019 a las 06:00
La exhumación de los restos de Francisco Franco, que se ha celebrado (pocas veces mejor dicho) el día en que escribo este comentario, con todo lo que la ha rodeado, vuelve a traer a la cabeza una cuestión presente en nuestra historia desde hace más de doscientos años. ¿Por qué ese empeño de algunos militares en intervenir en cuestiones que son meramente civiles? ¿Por qué han intervenido con tanta presencia y frecuencia en los asuntos puramente civiles y políticos en la historia de nuestro país? ¿Y por qué una parte importante de la sociedad ve con normalidad, incluso diría que con agrado, la intervención militar en asuntos meramente civiles y políticos?

Ese empeño no es una tentación lejana. Recientemente un grupo de militares de alta graduación retirados y alguno en la reserva hacían público un escrito reivindicando, al menos aparentemente, la figura “militar” del dictador. Menos importantes en su significación pero igualmente indicativos de esa voluntad intervencionista son los diferentes mensajes que han circulado por las redes sociales redactados por individuos que dicen ser militares instando a una intervención del Ejército en el conflicto de Cataluña. Incluso como reacción al Tsunami Democràtic presuntamente nacido en las filas más aguerridas y violentas del independentismo catalán, circulaban mensajes de un autoproclamado Tsunami Español, integrado, según sus palabras y algunas informaciones periodísticas, por militares, dando un ultimátum al Gobierno (con día y hora) para que interviniera con energía (debe leerse con fuerzas militares) en Cataluña o si no, pasado el plazo, intervendrían ellos. Inaceptable en cualquier democracia desarrollada del mundo. Incluso una parte de la sociedad civil insta a que “se lleven los tanques a Cataluña”, asumiendo que el ejército se encuentra legitimado para este tipo de actuaciones. Hemos visto memes de todo tipo con trenes que portaban tanques o material militar “con destino a Cataluña”.

El Ejército está preparado para luchar contra otro Ejército. Dedicar al Ejército, que carece de la necesaria preparación, a la represión de disturbios de orden público sólo puede acarrear más problemas que soluciones. Sin contar con que cualquier “ocupación” militar reviste la forma de dictadura, como desgraciadamente sabemos en España.

Podríamos achacar esa visión “normalizada” de la intervención del ejército en cuestiones civiles a los prácticamente cincuenta años que, con el breve paréntesis de los nueve de la República, vieron en el siglo XX las tierras de España. Se dice pronto. La mitad del siglo España se ha regido por dictaduras. Y lo cierto es que al menos los doscientos últimos años de historia de nuestro país están salpicados de intervenciones militares y pronunciamientos. Desde que los cien mil hijos de San Luis restauraron en el trono a Fernando VII, han sido numerosos los pronunciamientos militares. Incluso muchos de los primeros ministros en los reinados del propio Fernando VII o de Isabel II, cuya subida al trono y mantenimiento en el mismo se dirimió en cruentas guerras civiles, fueron militares.

También es cierto que en los últimos cuarenta años de democracia ha faltado voluntad didáctica que separara a la sociedad de las actitudes militaristas. Cierto que la Constitución, que se aprobó como un paquete que contenía muchas cuestiones poco deseables que no fueron objeto de votación independiente, no ha ayudado mucho a que se produjera un cambio de mentalidad. La elección de reforma en lugar de ruptura ha dejado en muchos elementos de la sociedad cierto regusto de continuismo del que, salvo las últimas barbaridades de Vox que asegura que Franco fue el impulsor de la democracia en España, ha flotado en las relaciones políticas en España durante todo este tiempo.

El malhadado artículo 8, sito en un lugar preferente como es el título preliminar de la Constitución que recoge las afirmaciones y declaraciones sobre las que se levanta el edificio del resto, señala que las Fuerzas Armadas “…tienen como misión … defender su integridad territorial (la de España) y el ordenamiento constitucional”. De poco o casi nada sirve a los efectos de la didáctica de la desaparición de las estructuras militares del ordenamiento y el pensamiento de la sociedad civil y de la ejemplarización de dicha desaparición, que en el artículo 97 se atribuya al Gobierno la dirección de “… la Administración civil y militar y la defensa del Estado”. El mando supremo de las fuerzas armadas (en virtud del artículo 62.h) está en manos del rey. Y hay que recurrir a un alambicado procedimiento sobre el necesario refrendo de sus actos por parte del Gobierno para concluir que se trata de un mando simbólico. Habría sido infinitamente mejor que se expresara de esa forma sin ambages y que el mando supremo militar hubiera recaído en el Gobierno, como el mando sobre el resto de la Administración. Por más que hay partidos que parecen tener muchas más tentaciones militaristas que la mayoría de los propios militares.

Y quizá está en la consideración del papel que el Ejército debe jugar en una sociedad moderna. ¿Se trata de un elemento al margen, ajeno y colateral del Estado (a veces incluso por encima del propio Estado a decir de algunos) o por el contrario es una parte más de la Administración con unas consideraciones especiales en casos concretos como los que se producen en una guerra o en situaciones similares? Somos muchos los que propugnamos que el militar es un ciudadano de uniforme, con los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro, con la salvedad de que lo específico de su trabajo hace que en las situaciones legalmente previstas esos derechos se vean suspendidos en lo que entren en conflicto (y sólo en eso) con la necesaria disciplina militar para cumplir con la obligación de defender al país de invasiones o ataques de otras fuerzas militares.

Así debería haberse recogido en la Constitución, o al menos haberse fijado en la legislación dictada en estos últimos cuarenta años al respecto. Las encuestas realizadas con motivo de la exhumación de Franco son muy esclarecedoras. La gente joven no conoce la historia o simplemente no le interesa, (lo que me causa una profunda tristeza, pero eso es otro debate) y entre los mayores nacidos antes de los años 50 hay un 8% que piensa que Franco lo hizo todo bien, y un 44% que opina que hizo cosas buenas. Cierto que las encuestas son imprecisas. Nadie es completamente malo para todo el mundo. Nadie hace todo mal y fuera de toda lógica para todas las personas. El balance objetivo entre lo bueno y lo malo es lo importante. Y siempre que se cuente con una información rigurosa, lo que desde luego falta en los estudios de la España franquista en los que abundan aquellos que mienten descaradamente o disfrazan la verdad otorgándole al dictador logros muy anteriores a su mandato.

Urge por tanto una revisión del papel de los militares en nuestra sociedad, otorgándoles los mismos derechos que a cualquier otro ciudadano e imponiéndole las mismas obligaciones y deberes. Es imprescindible que de la Constitución se eliminen las referencias que parecen poner al margen de la misma a las FAS otorgándoles un papel arbitral del que deben carecer, sometiéndolas, como parte de la Administración del Estado, al poder político y enseñando en las academias militares que el servicio a la patria no supone el servicio a esa España etérea que parece estar vacía de españoles con la que sueñan muchos políticos y los nostálgicos del franquismo. España no es sino la unión de todos sus ciudadanos, de toda procedencia, raza e ideología. Una nación es más fuerte cuanto más se la creen sus habitantes. Todos sus habitantes. Y ese creer en tu país no se impone por la fuerza. Ni por la disciplina militar.
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6 Comentarios
  • irreligionproletaria irreligionproletaria 01/11/19 09:59

    "No nos engañemos, la que manda en España es la sotanería torpe y estúpida, que nos tiene metidos en un mar de ignorancia." Dice usted y lo comparto.

    No avanzaremos hasta que los ciudadanos seamos conscientes de la importancia de la Iglesia Católica en nuestras vidas: económica, política, social (que no caridades)...trabajo: filantro-capitalismo...etc.etc.

    Fué la iglesia quien tomó la riendas del país acabada la GC. No son tontos, las sotanas para someter y doblar la cerviz domingos y fiestas de guardar: el OPUS gobernando... y, siguen.

    Volverán las oscuras golondrinas... Senado: el presidente ha tenido un año sabático...vuelve.

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  • Makarenko Makarenko 31/10/19 10:09

    Quizás el problema más grave que tiene España es que a causa de esa imposición autoritaria de la idea centralista de España durante muchos decenios y la consideración de los españoles como súbditos produzca la falta de cohesión en muchas partes del terrritorio. Cuando un dictador muere en la cama y no es destituído, se construyen democracias débiles.

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  • SUA SUA 31/10/19 09:51

    Me gusta su artículo, lo comparto y al Ejercito añadiría que sus servicios además de "defender al país de invasiones o ataques de otras fuerzas militares", sean (creo que ya lo son) para ayudar en emergencias naturales: incendios, inundaciones, terremotos etc.
    Creo que los ciudadanos ya los percibimos así, ayudadores, no represores.

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  • Nidáguila Nidáguila 31/10/19 07:42

    Como siempre!. Soy militar retirado. He vivido los últimos años de la vida, veinte en concreto ,del dictador. Y siempre, siempre, estamos con el ejército a las envueltas. Ni cuando fue la payasada de la transición, ni desde que en el 74 dediqué mi vida a la milicia, nunca se me ocurriría disparar contra mis padres. Nunca. Ni a mi ni a mis compañeros. Pero siempre fue la disculpa de todos los autodenominados políticos para tapar lo que no debería consentir el pueblo:"...es que si no lo aceptamos puede haber ruido de sables" Mentira. Los mandos sabían que no tenían el apoyo de las clases de mandos intermedios, ni de marinería, ni tropa del ejército. Muerto Carrero Blanco ,¿quién iba a relevar al innombrable?. Nadie. Nadie porque el que tenía más carisma, Pita da Veiga, había dimitió como Ministro de Marina, al legalizar al PCE. Por lo tanto no había nadie, y por eso permitieron este conato de democracia que tenemos ahora. Tenían que seguir mandando porque la iglesia satánica así lo quería. No nos engañemos, la que manda en España es la sotanería torpe y estúpida, que nos tiene metidos en un mar de ignorancia. Siempre fue, el ejército , un poder a tener en cuenta, pero de ahí a darle la importancia que le dieron fue un abismo. Estuvimos, estamos y estarán, tranquilos en sus cuarteles. El ejército no es la policía, cada uno tiene su papel en cualquier sociedad y no vayamos a mezclarlos porque sería muy contraproducente. El ejército, como no puede ser de otra forma, acata la Constitución y la defiende más y mejor que cualquier inepto político que la mancha cada vez que la nombra, empezando por el PSOE/PP que la cambiaron por que lo dijo una meretriz, de las feas, alemana. Eso ,puedo afirmarlo, que nosotros no lo consentiríamos sin permiso del pueblo. Aunque nos hacía ciudadanos de tercera, ya que teníamos, y aún no sé por qué, nuestros derechos civiles, como personas de nacimiento español ,bastante restrinjidos.

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    • anamp anamp 31/10/19 08:35

      Sí, nadie habla de lo militar en este país. Sois un colectivo tan desconocido.... ¿Por qué?

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      • Nidáguila Nidáguila 31/10/19 09:38

        Me encantaba que nadie supiese de nosotros, ya que eso quería decir que todo marchaba como debía marchar. No nos olvidemos que los militares estamos, en mi caso estábamos, para refrendar con las armas la torpeza de los políticos. Ni más ,ni menos.

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