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¡Insostenible!

Democracia y medioambiente: el debate

Publicada 30/10/2017 a las 06:00 Actualizada 29/10/2017 a las 15:07    
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Hace unos meses Ignacio Sánchez-Cuenca, desde las páginas de infoLibre, lanzó un provocador dilema que tituló El calor y la democracia y que, también desde este periódico, se contestó con Al calor de la democracia, en el que se contrastaban, al menos teóricamente, dos distintas formas de enfrentarse a los retos ecológicos: la tecnocracia medioambientalista frente a los mecanismos legislativos usuales de una democracia representativa. Esperaba que el debate continuara, pero, como no ha sido así, he pensado en reabrirlo por mi parte. Nada puede ser más pertinente cuando nos encontramos, día sí y día no, con las consecuencias destructivas del calentamiento climático y, al tiempo, con la inactividad o pasividad de muchos gobiernos, especialmente el nuestro.

Y es que seguramente no hay mejor ejemplo que el medioambiental para comparar las dos formas de concepción de la democracia que vienen debatiéndose durante las últimas décadas. Por una parte, la democracia popular clásica, que se basa en la soberanía popular y en la rendición de cuentas periódicas, mediante el voto, de las acciones de los gobernantes. Todos conocemos sus ventajas, pero también sus inconvenientes. Entre las ventajas, que un sistema así es inclusivo (contribuye a que el ciudadano se sienta representado), genera legitimidad y supone, además, en lo práctico, una suerte de mecanismo de alarma ante la potencial impopularidad de las políticas.

Los inconvenientes son especialmente relevantes en el caso del medioambiente. Los gobiernos actuales son transitorios y se deben al electorado por un periodo tremendamente breve de tiempo, cuatro años, que limitan el horizonte de sus acciones convirtiéndolas en peligrosamente efímeras. La política actual, lo conocemos bien, es miope, cortoplacista, cobarde, evalúa sus consecuencias en un horizonte chato, es decir, lo contrario de lo que consideramos una política sostenible en lo económico y medioambiental.

Frente a estos problemas, desde los años 90 ha tomado consistencia una línea de pensamiento (cuyo más destacado defensor es Faared Zakaria) que pretende evitar estos inconvenientes entregando el gobierno a los tecnócratas. La crítica es doble. Por un lado, se censura a los gobiernos dirigidos por partidos políticos, centrados en sus objetivos cortoplacistas y a menudo incluso tachados de depredadores por sus estrategias partidistas corruptas. Se observa también como una necesidad la sostenibilidad de las políticas en el tiempo, por lo que la propia transitoriedad de los gobiernos les hace consustancialmente limitados en su impacto real.

Pero, por otro lado, también se desconfía del control popular, que impone unos límites que impiden la racionalidad científica de las decisiones tecnocráticas. El pueblo está poco informado, no puede abarcar problemas de gran calado que exigen un estudio en profundidad en ocasiones tremendamente técnico. Su subjetividad y sus intereses particulares y egoístas son un impedimento a la implantación de políticas racionales y científicas. Además, y no menos importante, sus intereses a corto plazo pueden situarse en contradicción con los intereses a largo plazo del país (o del medioambiente).

Desde esta concepción de la democracia moderna, se aboga, por tanto, por una esfera protegida de gobierno. Las ventajas de un gobierno tecnocrático provienen de su naturaleza en principio científica, de su independencia teórica de los partidos y de sus intereses espurios, de su defensa ante los límites que imponen las decisiones de una masa poco informada, de su compromiso con políticas a largo plazo, es decir, derivan de todo aquello de lo que suelen carecer los gobiernos liderados por partidos políticos y en general la democracia popular al uso.

Este tipo de gobierno entronca con la tradición constitucionalista o procedimental de la democracia, en la cual tiene menos importancia el gobierno popular y más el sistema de balances internos institucionales. Su forma de actuación y gobierno también está rigurosamente diseñada. Así, se incorporan instrumentos que se consideran fundamentales en la gobernanza como son la transparencia y la participación activa de los grupos de interés (asociaciones de consumidores, empresas, ONG, lobbies en general) que de alguna manera sustituirían mediante su opinión especializada, interesada y contrastada, al común de los votantes, supuestamente ignorantes o al menos ajenos a las consecuencias de las políticas en cuestión.

La gobernanza actual de la Unión Europea es un ejemplo de libro de esta administración tecnocrática con escasa rendición de cuentas ante el electorado. Las críticas por mi parte vendrán luego. Ahora quiero poner de manifiesto que en lo que respecta al medioambiente el papel de la Unión Europea ha ido muy por delante de la mayoría de gobiernos elegidos de la propia Unión, con algunas salvedades como Alemania, Holanda, Suecia o Dinamarca y desde luego ha sido la piedra de toque de la mayoría de los avances que se han producido en España, donde los gobiernos han sido por lo general cobardes, reticentes o, como el actual, abiertamente revisionistas en lo que a política medioambiental se refiere.

Gran parte de nuestra legislación medioambiental se debe al cumplimiento de los reglamentos europeos y a la adaptación de sus directivas, y no a una iniciativa interna al respecto. Sin la tecnocrática y escasamente democrática Unión Europea ¿se reciclaría en España? ¿se realizaría el mismo control de aguas superficiales? ¿se estarían tomando medidas contra la contaminación de nuestras ciudades como por fin se está haciendo? ¿habríamos tenido la misma posición proactiva que tuvo la UE en el acuerdo de París? ¿estaríamos tomando la más mínima medida para combatir el cambio climático? Creo que en todos los casos la respuesta es que España, y probablemente el total de Europa en su conjunto, caminaría varios pasos por detrás de las políticas comunitarias actuales.

Las políticas sostenibles son, por propia definición, economías que buscan el largo plazo, que requieren casi siempre una acción eficaz y valiente, en términos schumpeterianos, de "destrucción constructiva", que implica desincentivar o incluso prohibir economías que funcionan hoy para sustituirlas por economías que funcionarán mañana y cuyos beneficios rara vez se vislumbrarán antes de los cuatro años. Ahora mismo pueden existir alternativas a producciones contaminantes por parte de la economía verde, cuyos resultados podrían ser casi inmediatos (renovables, por ejemplo), pero no siempre es así. Sabemos, por ejemplo, que una importante contribución a la solución de los incendios en Galicia sería la sustitución del monocultivo del eucalipto pirófilo por bosques mixtos autóctonos, pero ¿suponen estos una alternativa económica a corto o medio plazo viable para los miles de familias que viven de aquel?

En el otro lado de los ejemplos encontramos el gobierno económico del Banco Central Europeo, carente de control democrático directo alguno y, en mi opinión, responsable de unas políticas afines a los acreedores no europeos que han condenado a la crisis sistémica de los países del Sur de Europa. También en este caso hablamos de un gobierno tecnocrático que no ha sufrido una rendición de cuentas directa que hubiera podido limitar sus acciones y que, por tanto, ha seguido con una política nociva en términos sociales más allá de lo que probablemente hubiera soportado un gobierno nacional representativo al uso. En mi opinión, sus políticas han tomado claramente parte, se basan en principios menos científicos y además tienen consecuencias sociales e incluso económicas negativas. La lejanía de los fríos tecnócratas europeos en este caso nos juega una mala pasada.

Saco a la luz estos dos ejemplos contradictorios para poner de manifiesto que el debate no es de luces y sombras ante las consecuencias de un gobierno tecnocrático. La razón de esta contradicción puede descansar en que la política medioambiental goza de unos consensos científicos y académicos mucho más amplios que la política económica y de unas presiones seguramente menos férreas en muchos ámbitos que esta segunda, y que por tanto puede avanzar con mayor racionalidad objetiva ajena a intereses partidistas y cortoplacistas, lo cual no es óbice para reconocer que, en ocasiones, como el conocido caso de las emisiones del grupo Volkswagen, pueda suceder lo contrario. La ciencia, en general, camina independiente de los intereses políticos y sociales, pero sería ingenuo pretender que es ajena totalmente a estos. La supuesta esfera protegida por la que abogan los tecnócratas nunca ha estado completamente protegida: presiones existen y han existido, y las puertas giratorias en círculos cerrados de decisión son un peligro contra el cual todavía no se ha encontrado solución.

Confieso como historiador mi desconfianza innata hacia las teorías resultadistas que pretenden primar los supuestos efectos sociales positivos sobre el control popular, porque en realidad son nuevas formas del viejo primer liberalismo (libertades individuales y económicas, salvaguarda de la propiedad, elitismo gubernativo, nula participación social). En todo caso, ante los gigantescos retos ecológicos que tenemos por delante y la realidad de una administración ambientalista europea eficiente y a la vanguardia mi pregunta se mantiene ¿no nos conviene a los ecologistas, al menos españoles, beneficiarnos de esta tecnocracia que no rinde cuentas directamente cuando los beneficios en nuestro caso han sido evidentes?

Dejo aquí los términos crudos del debate con la esperanza de que vengan otros para hilar más fino y tal vez, ojalá, para sacarnos de dudas.
______

Ramiro Feijoo es geógrafo e historiador, colaborador del Observatorio de RSC y de Economistas sin Fronteras
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8 Comentarios
  • vaaserqueno vaaserqueno 30/10/17 11:42

    Yo lamento discrepar en cuanto al concepto de democracia. Llamar democracia a un sistema que limita la participación del pueblo a un voto cada cuatro años, sin ningún mecanismo popular de control ni de veto y con un solo mecanismo de participación (ILP) concebido para ser absolutamente ineficaz, a mi me parece lo del anuncio del pulpo como animal de compañía.
    Los dos sistemas que aquí se exponen tratan al pueblo como receptor pasivo de políticas, como un menor de edad que no sabe lo que le conviene, incapaz e ignorante, inútil total. A mí me suena demasiado a eso de todo para el pueblo, pero sin el pueblo que se puso de moda allá por el XVIII.
    Quizá la solución sea educar e informar . Educar para pensar e informar con veracidad y claridad y permitir una verdadera democracia en la que el pueblo no sólo tenga voto, sino también voz. Estoy convencida de que nos sorprenderíamos muy gratamente

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    • rafalopon rafalopon 30/10/17 16:02

      Totalmente de acuerdo

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    • charopa69 charopa69 30/10/17 13:04

      vaaserqueno: de acuerdo con todo lo que expones, y añado:

      Además de educar a la ciudadanía para empoderarla y que pueda asumir un papel activo en el control de los gestores de lo público, que los científicos honestos e insobornables, QUE LOS HAY, sean respetados por los políticos, en lugar de hacer todo lo posible por silenciarlos y comprar a los mediocres y deshonestos que se ponen gustosamente al servicio de las grandes corporaciones responsables de auténticos atentados contra la salud de todos los seres vivos

      https://europaem.eu/de/akademie

      ¿habéis oído hablar de la labor que realizan estos científicos en algún mass-media?

      http://cemyelectrosensibilidad.blogspot.com.es/2014/09/dr-nicolas-olea-serrano.html

      http://cemyelectrosensibilidad.blogspot.com.es/2017/09/presentacion-declaracion-cientifica.html

      http://cemyelectrosensibilidad.blogspot.com.es/2015/10/entrevista-ceferino-maestu-unturbe.html

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  • charopa69 charopa69 30/10/17 10:51

    1) "Los gobiernos actuales son transitorios y se deben al electorado por un periodo tremendamente breve de tiempo, cuatro años, que limitan el horizonte de sus acciones convirtiéndolas en peligrosamente efímeras. La política actual, lo conocemos bien, es miope, cortoplacista, cobarde, evalúa sus consecuencias en un horizonte chato, es decir, lo contrario de lo que consideramos una política sostenible en lo económico y medioambiental".

    Señor Feijo: Muchas gracias por su artículo, y por publicarlo en un medio en el que escasean los temas medioambientales, y los que se publican no parecen despertar el interés de los socios.

    Me permito añadir que esa política miope y cortoplacista abarca a todos los aspectos de la vida en sociedad, y es especialmente dañina no sólo para los temas medioambientales, sino para LA EDUCACIÓN Y LA SALUD, que también afectan a toda la sociedad presente y futura.

    Lamentablemente, en España estamos sobrados de políticos, pero carecemos de ESTADISTAS que piensen no en las próximas elecciones sino en las próximas generaciones, y no sólo en las personas sino en todos los seres vivos del Planeta de quienes depende la supervivencia del SER HUMANO COMO ESPECIE.

    Mi experiencia me lleva a discrepar respecto a la política ambientalista de la UE. Me explico: Hace más de un año, que, tanto Ecologistas en Acción como personas que sufrimos los duros efectos de la contaminación por MERCURIO nos hemos dirigido a TODAS las autoridades españolas y de la UE, incluido el Presidente de la Comisión Europea, con resultado no sólo negativo sino insultante, pues, a pesar de haber suscrito el Convenio de Minamata en el año 2013, me contestan que NO ESTÁ PREVISTA LA PROHIBICIÓN DE LAS AMALGAMAS DENTALES (50 % de mercurio) HASTA EL AÑO 2030, y que la existencia de CUATROCIENTOS m2 literalmente regados con bolitas de mercurio, y 1200 m2 de huertos regados con agua que sale directamente de la mina compete a las autoridades españolas, que llevan varios siglos ocultando la situación, además de amenazar a quienes nos atrevemos a denunciarlo.

    http://kaosenlared.net/ignorado-convenio-minamata-desconocimiento-censura-autocensura-simplemente-vacaciones/

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    • charopa69 charopa69 30/10/17 12:49

      2) lamentablemente, en infoLibre no han considerado noticiable la entrada en vigor del Convenio de Minamata cuyo contenido afecta a TODO EL PLANETA

      Y el Parlamento Europeo tiene tanto trabajo que no sabemos cuando abordará este tema

      https://drive.google.com/file/d/0B3QOrCc_ORwZNWo2UC02OTF4Tjg/view?usp=sharing

      https://drive.google.com/file/d/0B3QOrCc_ORwZRldMWEJGRUgzdFp2YkxqSHlRUHpRbm1tVElz/view?usp=sharing

      https://petiport.secure.europarl.europa.eu/petitions/es/petition/view/10833?

      https://drive.google.com/file/d/0B3QOrCc_ORwZeDlWS1EzcTkwQUZvalZQN0Q3ajl1ajd3QU93/view?usp=sharing

      https://drive.google.com/file/d/0B0y5IivC8jmRemtiYnBWWnpqQ1NoZVE1QlVwT2t4dWk0WFZV/view?usp=sharing

      https://drive.google.com/file/d/0B0y5IivC8jmRM1RTV3lRaVBRUEVaT1RTUWtHT1VHaFM1VlVR/view?usp=sharing

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 30/10/17 09:57

    Señor Feijóo, su artículo me produce escalofríos. Eso de la oligarquía tecnocrática sueaa demasiado a "1984" o a "Un mundo feliz" para que ni siquiera me lo plantee. Dice usted "La ciencia, en general, camina independiente de los intereses políticos y sociales" y aunque trata de matizarlo con "pero sería ingenuo pretender que es ajena totalmente a estos", no lo logra. El estado actual real de la ciencia en general y la medioambiental (más allá de lo que yo llamo la constatación de resultados) está en mantillas. Desconocemos el cómo y el por qué exacto o muy aproximado de muchísimos fenómenos naturales, desde la generación de borrascas y anticiclones hasta movimientos tectónicos. No sabemos predecirlos con exactitud (más allá de cálculos matemáticos sobre probabilidades) y fallamos incluso en niveles de corto plazo (el dineral que se gastan las empresas de Fórmula I para predecir el tiempo en los siguientes 10 minutos se revela inoperante en condiciones climatológicas cambiantes) y naturalmente somos incapaces de reproducir fenoménos mediambienteales para observar si bajo idénticas condiciones para diferentes escenarios el comportamiento es el mismo. Si eso es ciencia, yo me acerco a ser papa de Roma: hablo español y soy viejo. Si lo que usted propone es que dejemos en manos de los "sacerdotes" de esa "ciencia" el gobierno de nuestras sociedades, le digo francamente que me niego. La situación actual de la ciencia es la constatación de que lo que hace 50 años era lo normal, hace 20 fue malísimo y hoy se recupera como lo más natural y mejor para el ser humano. Nuestra ciencia aún no dispone de conocimientos suficientes para esa "gobernanza" a la que hace usted referencia. Coincido con usted en lo de planteamientos políticos cortoplacistas. Y en que la democracia se ha convertido en poco más que votar cada cuatro años. Pero en lo que hay que profundizar es en más educación, más conocimiento y más participación democrática para exigir el cumplimiento de políticas diseñadas para el mantenimiento del medio ambiente. Y no en entregar el gobierno del mundo a un puñado de tecnócratas aparentemente científicos que ven el mundo desde su microscopio. No lo compro.

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  • rafalopon rafalopon 30/10/17 08:59

    Y vuelta la burra al trigo con los eucaliptos y el fuego. Resulta irritante tener que leer estos tópicos una y otra vez, por mucho que la ciencia los haya rebatido sistemáticamente. El problema de los incendios (en el norte particularmente) es complejo, pero en ningún caso se explica por la presencia de una u otra especie. Los datos están ahí para quien quiera verlos. Si hubiéramos tenido esos "bosques mixtos autóctonos" donde ocurrieron los incendios las semanas pasadas en igual estado de abandono, con una acumulación y continuidad horizontal y vertical de combustible, habrían ardido igual. Por cierto, que esos bosques mixtos autóctonos, mucho más exigentes en agua, no pueden vivir en todos los lugares donde hay eucaliptos. ¿Se ha preguntado el autor por qué los eucaliptares del norte de Lugo, con una gestión activa y adaptada, no sufren esta lacra incendiaria?
    Por lo demás, un excelente y estimulante artículo.
    Salud

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    • F3r F3r 31/10/17 09:54

      Gra artículo.. parece una dicotomía entre democracia o medio ambiente.. .. el problema de la gobernanza y la rendición de cuentas.. construir toda la costa para crear mas empelo o dejar para las generaciones futuras... muy acertados los comentarios sobre el eucalipto cuando estadísticamente se comprueba que al año tras año sigue siendo la especie que mas arde, igual que otros cultivos forestales.. en galicia entre 2001 y 2010 ardieron 41 mil hectáreas de eucalipto y 54 mil de pino pinaster (otro cultivo forestal en Galicia) .35 mil hectáreas en dos dias.. .y los eucaliptos de lugo también arderán.. al tiempo.. por eso Portugal no va a plantar más.. excelente artículo

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