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¡Insostenible!

Cómo reducir el impacto ecológico del sector de la vivienda

Álvaro Gaertner Aranda
Publicada el 20/03/2019 a las 06:00 Actualizada el 19/03/2019 a las 22:15
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En el anterior artículo, vimos como la implantación de un impuesto sobre la renta del suelo en sustitución del IBI, la implantación del derecho de tanteo y retracto para todas las administraciones con el objetivo de aumentar el parque de vivienda pública y la implantación de controles sobre las subidas de los alquileres permitirían hacer que las viviendas de nuestro país fuesen asequibles para todo el mundo. A su vez, recordamos como la reducción de los gastos que ello supondría permitiría a la gente reducir su jornada laboral, incrementando con ello su bienestar total. También recordamos que esta reducción de la jornada laboral, a nivel macroeconómico, permitiría que la transición a una economía ecológica fuese estable. Sin embargo, no hablamos de las medidas que permitirían también reducir el impacto ecológico del sector de la vivienda, y esas son las medidas en las que se centrara este artículo.

La primera medida que permite reducir el impacto ecológico del sector de la vivienda permite que todas las viviendas ya construidas puedan ser utilizadas y que las viviendas sean más asequibles es el impulso de la rehabilitación. Por un lado, las estadísticas del INE del 2011 dicen que un sexto de las viviendas vacías de las grandes ciudades está en mal estado, y por lo tanto, antes de sacarlas al mercado habría que rehabilitarlas y ponerlas a punto, en los casos en los que se pueda. Las viviendas de este tipo que sean rehabilitables podrían ser compradas por las distintas administraciones para rehabilitarlas y ampliar el parque de vivienda pública. Por otro lado, hay muchas casas relativamente antiguas que no son lo suficientemente accesibles y que no están lo suficientemente bien aisladas energéticamente.

En este tipo de viviendas la rehabilitación podría permitir a muchas personas mayores mejorar su calidad de vida y a todos sus habitantes reducir considerablemente los gastos energéticos necesarios para mantener sus viviendas a temperaturas aceptables tanto en verano como en invierno. Actualmente muchas ciudades están apostando por la rehabilitación para reducir el impacto ecológico de las viviendas, para reducir los gastos de sus habitantes y para mejorar la accesibilidad. Entre ellas destacan ciudades como Madrid, que a través del Plan MADRE dedica 50 millones al año a rehabilitar las viviendas más antiguas de la ciudad, o Viena, que dedica un presupuesto de alrededor de 200 millones anuales a rehabilitar las viviendas sociales. El caso de Viena nos demuestra que a través de la rehabilitación se puede conseguir que casas antiguas alcancen el estatus energético de casas pasivas, es decir, casas cuyo consumo de energía del exterior es prácticamente irreducible.

A la hora de impulsar la rehabilitación, se pueden distinguir varios casos. Por un lado, si las viviendas son públicas, para impulsar la rehabilitación solo hace falta dedicar dinero a ello. En el segundo caso, si las viviendas son propiedad de aquellos que las habitan, como ocurre en Madrid, donde muchas de las casas antiguas construidas durante el franquismo necesitan ser rehabilitadas para mejorar su eficiencia energética y su accesibilidad, los propietarios son los beneficiados de la rehabilitación, y por lo tanto tienen un incentivo para querer rehabilitar sus casas. En esos casos, planes como el Plan MADRE de la ciudad de Madrid funcionan muy bien, porque las ayudas sirven para dar el empujón necesario a todos los propietarios para poner dinero de su parte y ponerse a rehabilitar. Por ultimo estaría el caso potencialmente más conflictivo, el de las viviendas en alquiler.

En el caso de que hubiese controles zonales sobre las subidas de precios, aquellos propietarios cuyos alquileres ya estuviesen cerca del límite del control de precios no tendrían ningún incentivo para invertir en la rehabilitación, ya que no podrían sacar partido de la misma. Este sería el caso, probablemente, de los grandes tenedores de vivienda como los bancos o los fondos de inversión que intentan subir los precios todo lo que pueden por todos los medios posibles. En ese caso, lo más adecuado sería que, si las administraciones tuviesen interés en mejorar la eficiencia energética de alguno de esos edificios y los inquilinos estuviesen de acuerdo, las administraciones negociasen directamente con los propietarios para ver que combinación de subsidios a la rehabilitación y subida de alquileres seria adecuada y aceptable para todas las partes. Convendría hacerlo así para evitar cosas como las que suceden en Alemania, donde la rehabilitación permite a las empresas bordear los controles de precios, y donde los propietarios utilizan pequeñas rehabilitaciones para realizar subidas exorbitantes de los mismos.

El segundo grupo de medidas que permiten reducir el impacto ecológico del sector de la vivienda son aquellas que hacen que las ciudades sean más densas. Esto es así por varias razones. En primer lugar, en una ciudad densa las distancias que tienen que recorrer los ciudadanos cada día para ir al trabajo, comprar o realizar actividades de ocio son menores. Eso significa que muchos de los trayectos que en una ciudad extensa se tendrían que realizar en coche se podrían realizar a pie o en bicicleta, reduciendo el consumo de recursos de esta manera. En segundo lugar, en una ciudad densa puede haber un buen transporte público que este situado cerca de las viviendas de la gente y que tenga altas frecuencias, eliminando prácticamente por completo la necesidad del coche y reduciendo por lo tanto el impacto ecológico de la ciudad. De esta manera, en una ciudad densa como Barcelona o Madrid es posible que la mayoría de la gente viva cerca de una estación de bus, metro o cercanías con buenas frecuencias que les permitan llegar a destinos alejados en la ciudad de manera relativamente rápida. Sin embargo, en una ciudad llena de suburbios con casas unifamiliares como Los Ángeles, es imposible que todas las casas tengan acceso rápido a un transporte público de calidad, y por lo tanto el coche se convierte en un objeto indispensable.

Para lograr que una ciudad sea densa, lo que hay que lograr es que la misma cantidad de gente viva en menos espacio. Sin embargo, esto se debe hacer respetando el espacio dedicado para servicios públicos fundamentales como los espacios verdes y a través de viviendas que satisfagan todas las funciones que debe satisfacer una vivienda. En definitiva, debe hacerse a través de un ecosistema urbano en el que a la gente le apetezca vivir y en el que puedan vivir bien. Un ejemplo de cómo se puede hacer esto lo encontramos en Melbourne, Australia. En esta ciudad, que como muchas otras tiene problemas de escasez de viviendas asequibles y sostenibles, un grupo de arquitectos quería promover una alternativa habitacional asequible, financieramente realizable, sostenible y donde la gente le apeteciese vivir. Para ello, lo primero que hicieron estos arquitectos fue pensar como podían reducir el espacio necesario para vivir sin que las viviendas dejasen de cumplir ninguna de sus funciones, es decir, como podían reducir espacios superfluos del edificio y de las viviendas.

De esta manera, llegaron a la conclusión de que espacios como el segundo baño de las casas o los garajes eran innecesarios, ya que el primer baño satisfacía plenamente la primera necesidad y la posición del edificio al lado de una estación de tranvía hacia innecesarios los coches. También llegaron a la conclusión de que ciertas necesidades se podían satisfacer de forma mucho más eficiente de manera comunitaria, y, por ejemplo, en vez de tener cada uno una lavadora en su casa tienen varias lavadoras comunitarias en las que todos hacen la colada, ahorrando así espacio y dinero. Además, pensaron que crear espacios comunitarios donde se pudiese formar una comunidad entre los habitantes de las viviendas haría mucho más agradable la vida en la comunidad de vecinos. Por último, diseñaron las casas de tal manera que estuviesen bien aisladas, de tal manera que pudieron prescindir de la construcción de sistemas de aire acondicionado para las casas. De esta manera surgió Nightingale, y a través de estas y otras medidas los arquitectos lograron reducir los precios de las casas hasta un 19% y construir una comunidad en la que los vecinos se sienten agusto y viven de manera sostenible. El proyecto fue tan exitoso que los arquitectos están promoviendo más proyectos similares.

De este ejemplo se pueden sacar muchas lecciones de cómo podemos hacer que las viviendas que tengamos que construir en un futuro y las viviendas que podamos reformar tienen que ser para hacer que sean asequibles, sostenibles y agradables para vivir. En primer lugar, hemos visto que el metro cuadrado más barato de una vivienda es aquel que no se construye, y por lo tanto la primera tarea que podemos sacar de este ejemplo es ver cómo podemos hacer que una vivienda tenga todas las funciones que debe tener a la vez que reducimos el tamaño que necesita tener para ello. Del ejemplo podemos ver que la primera tarea para ello es eliminar espacios superfluos como el segundo baño o el garaje, y la segunda es ver que espacios o máquinas están muy infrautilizados cuando son usados por una sola familia y ver si al ponerlos en común podemos prescindir de esos espacios en las casas y de las maquinas que los ocupan.

El primer ejemplo de cómo se puede hacer esto, el más extendido hasta ahora, es el de las lavadoras. Es mucho más eficiente que una comunidad de vecinos tenga 3 o 4 lavadoras profesionales que usen todos los vecinos que cada vivienda tenga su propia lavadora. De la misma manera, hay muchas herramientas como los taladros que se usan de una manera tan poco frecuente que sería mucho más eficiente gestionarlas de manera común o incluso que se incluyesen entre los servicios de préstamo de las bibliotecas públicas. De la misma forma, es muy poco frecuente que haya reuniones en casas de 20 personas o similares, y por lo tanto el espacio que está dedicado a ello en muchas casas, el salón, podría sustituirse por un salón grande de uso comunitario que los vecinos pudiesen utilizar para las reuniones familiares o para las fiestas que quisiesen hacer. Este principio ya se usa actualmente en muchas residencias de estudiantes y permite ahorrar mucho espacio. Hay muchos más ejemplos de instrumentos y espacios que se podrían proveer de manera mucho más eficiente si se proveyesen de manera común, y lo importante es ver que todas las medidas que hemos nombrado y las que faltan por nombrar permitirían reducir el espacio que tendrían que tener las viviendas sin reducir el bienestar de las personas que viviesen en ellas. Esta reducción del espacio necesario resultaría, como ya hemos dicho, en una ciudad más densa, más sostenible y con viviendas más asequibles.

La siguiente pregunta que surge, sin embargo, es como se podría conseguir que los promotores privados de vivienda construyesen de esta manera y  no de cualquier otra. La respuesta a esta pregunta la podemos volver a encontrar en Viena. Allí, a la hora de ver que promotor construye que proyecto y al ver que proyectos se llevan los subsidios que existen para la construcción en la ciudad, hay unos concursos públicos de constructores (Bauträgerwettbewerbe), en los que los constructores tienen que presentar sus proyectos y en los que la sostenibilidad y el precio de las viviendas son factores fundamentales a la hora de ver qué proyectos son escogidos. Gracias a estos concursos Viena consigue que los edificios que se construyan sean sostenibles, asequibles e innovadores. Sin embargo, aunque los edificios que se construyesen a partir de ahora se podrían construir siguiendo estos principios de suficiencia y eficiencia, hay muchos edificios ya construidos que difícilmente se podrían reformar para adaptarse a estos principios, pero pese a eso hay medidas que se podrían tomar para hacer que estuviesen habitados de manera más densa.

Por ejemplo, en la actualidad hay muchas personas mayores que viven solas en los pisos grandes donde antes solían vivir con sus familias. Esas personas muchas veces están demasiado solas y necesitan o estarían encantadas de tener ayuda para muchas de las tareas de la casa que tienen que realizar. Al mismo tiempo, hay muchos jóvenes desesperados por conseguir sitios para vivir que sean asequibles. Una manera posible de solucionar ambos problemas sería poner en marcha un programa que permitiese a aquellas personas mayores que lo deseasen alquilar a precios reducidos alguna de las habitaciones que tienen vacías a jóvenes que necesitasen sitios asequibles para vivir y que estuviesen dispuestos a hacer buena parte de las tareas de la casa que las personas mayores no pudiesen hacer y a hacerles compañía. Este seria, además, una forma de poner en contacto a distintas generaciones que últimamente están muy poco en contacto y permitiría que se transmitiesen mutuamente los saberes y las capacidades que, cada uno por su edad, tienen.

Al principio de estos dos artículos, nos pusimos como objetivo delinear una serie de políticas que permitiesen reducir los recursos que se tienen que dedicar a la vivienda para que la gente pudiese reducir su jornada laboral y que también permitiesen reducir el impacto ecológico del sector de la vivienda. A lo largo de los mismos, hemos visto como reformar el IBI para que pasase a ser un impuesto sobre la renta del suelo permitiría desincentivar el uso especulativo del suelo y de los bienes inmuebles y haría que los beneficios de la renta del suelo fuesen a quien los produce, la sociedad. Después, hemos visto como el derecho de tanteo y retracto para las administraciones.

Podría permitir generar a precio reducido un parque de vivienda público que permitiese asegurar viviendas asequibles para la mayoría de la gente. A continuación, vimos como podíamos utilizar controles de precios para conseguir que las viviendas en manos privadas también fuesen asequibles, y vimos como primero había que implementar controles sobre las subidas de precios y, cuando la situación de la vivienda pública lo permitiese, implantar los controles sobre los precios totales. Después observamos la importancia que puede tener la rehabilitación para hacer que la vivienda sea más asequible y tenga menor impacto ecológico y vimos cómo se podían promover programas de rehabilitación dependiendo de quienes sean los propietarios de las viviendas. Luego, vimos como la manera más eficaz para reducir el impacto ecológico de las viviendas a la vez que se hacen más asequibles es diseñarlas de manera eficiente.

De esta forma, con el ejemplo de Nightingale vimos que el metro cuadrado más barato es aquel que no se construye, y vimos como para diseñar una casa de manera eficiente lo primero es prescindir de los espacios superfluos y lo segundo ver que funciones de las casas es más eficiente proveer de manera comunitaria para ahorrar espacio a la hora de construir. A continuación observamos como la utilización de concursos públicos de constructores como los que se utilizan en la ciudad de Viena pueden ayudar a conseguir que las viviendas que se construyan sigan estos parámetros de eficiencia y suficiencia, de  tal manera que sean asequibles, sostenibles y agradables para vivir.

Por último, vimos un ejemplo de cómo se podría conseguir que los edificios ya construidos estuviesen más densamente poblados a la vez que afrontamos problemas como la soledad en la tercera edad a través de un programa en el que la gente mayor que lo desease pudiese alquilar a bajo precio habitaciones de sus casas a jóvenes que necesitasen encontrar una vivienda asequible y estuviesen dispuestos a hacer compañía y ayudar a los mayores en las tareas de la casa. Todas estas medidas forman un conjunto, naturalmente incompleto, de políticas de vivienda que habría que aplicar para que el sector de la vivienda hiciese su parte en la transición a una economía ecológica. Además, como viene siendo la tónica general en esta serie de artículos, casi todas las medidas aquí presentadas ya se están aplicando en alguna parte o tienen bases sólidas en la teoría económica, y por lo tanto no se puede dudar de que pudieran ser implementadas. Esto es así porque en esta serie de artículos estamos soñando con una economía ecológica, pero nos estamos tomando muy en serio nuestros sueños. Por eso, en la siguiente entrega, hablaremos del sector eléctrico.
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Álvaro Gaertner Aranda es ingeniero físico y estudia el máster de Economía y Management Sostenible en la Universidad de Oldenburgo (Alemania).
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