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Telepolítica

Política para 'dummies'

Publicada 22/03/2018 a las 06:00 Actualizada 21/03/2018 a las 20:01    
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En 1991, Dan Gookin, autor especializado en libros sobre informática, tuvo la brillante idea de publicar un texto dirigido a introducir en la materia a personas no conocedoras de ese emergente universo tecnológico. Seguramente, la clave de su gran éxito estuvo en la magnífica elección del título. Se llamaba D.O.S. for dummies. Se trataba de explicar el sistema operativo de Microsoft a cualquier indocumentado en el asunto. Desde entonces, la colección de libros for dummies ha superado los 1.500 títulos. En España pueden adquirirse muchos de ellos editados por Planeta. Curiosamente, las versiones españolas se publican con el término dummies en el título, en lugar de su traducción literal que es estúpido, idiota, ignorante.

En los últimos meses, da la sensación de que se haya publicado con amplia difusión un grueso tomo titulado Política para dummies, que incluye destacados capítulos como Procès para dummies, Feminismo para dummies, Pensiones para dummies o Prisión permanente para dummies. Cada vez que en la política de nuestro país surge una polémica pública que exige un debate sosegado para conocer la complejidad del problema decidimos abandonar el intento. La discusión mínimamente documentada y relajada que ayudaría a desenmarañar asuntos de cierta enjundia se sustituye por otra fanática e insolvente. El resultado acaba por llevar el debate hasta su más baja esencia. Y aún ahí, siempre hay portavoces capaces de encontrar un pozo más profundo en la ciénaga cuando ya habíamos creído que habíamos tocado fondo. La frase no es mía. Se la decía, para cerrar una de sus míticas discusiones, Maddie (Cybill Shepherd) a David (Bruce Willis) en un episodio de Luz de Luna.

Si quieres determinar la temperatura del agua que se está calentando en una olla no hay mejor manera de hacerlo que sumergir la cabeza dentro. Este es el método recomendado por la política española cada vez que tiene que encarar algún debate. A estas alturas, seguimos sin asumir que existen otras alternativas para la resolución de conflictos que no sea la de aumentar la intensidad de los enfrentamientos hasta que estalle el choque directo. Los políticos españoles actuales no parecen ser buenos gestores del conflicto.

Vivimos tiempos convulsos en la política en nuestro país. La crisis de Cataluña coincide con el desmoronamiento del Gobierno del PP y con una izquierda enfrentada a todos los niveles, tanto dentro de las propias formaciones, como externamente, entre ellas. La amenaza de una descomposición del actual estatus quo ha quebrado la débil estabilidad existente. Esta coyuntura, que se alarga ya desde hace meses, ha derivado en una devaluación del discurso público. El lenguaje de la política tiene una importancia capital en el desarrollo de la vida democrática. Los partidos, a través de sus líderes, deben plantear soluciones a los problemas  que un país debe afrontar. Deben ser didácticos, abiertos de miras, propositivos, ilusionantes, creativos, integradores, innovadores, rigurosos, educados, comprometidos. Bajo esta perspectiva, debería surgir un debate enriquecedor, desde diferentes puntos de vista ideológicos, que ayudara a los ciudadanos a otorgar a unos u otros la confianza para llevar adelante sus iniciativas.

La realidad hoy en día es otra. El debate sobre la independencia catalana propició desde el otoño pasado una caída al abismo del surrealismo. La enorme falsedad universal construida desde el procès ha chocado en multitud de ocasiones con discursos demasiado rancios e inapropiados desde el españolismo más retrógrado que no han hecho más que reavivar una y otra vez el conflicto.

En estas últimas semanas, algunas respuestas a la valiente reivindicación emprendida por las mujeres españolas, culminada con la ejemplar movilización del 8-M, nos han llenado de sonrojo. Hemos llegado a escuchar al obispo Munilla, reconvertido en activista político, defender que “el demonio está dentro del feminismo radical o de género”.

Aún más bajo ha sido el nivel de la discusión pública respecto a la amenaza sobre el sistema público de pensiones. Para guardar en una colección de despropósitos debería rescatarse la entrevista de la diputada Celia Villalobos en el programa Espejo Público de Antena 3. Es difícil encontrar en una única intervención tal variedad de formas de tratar al ciudadano como auténtico dummy. Villalobos, hace no mucho, animaba a los ciudadanos a suscribir planes de pensiones privados. Ahora, denuncia los avaros intereses de los bancos para enriquecerse a través de planes de jubilación. Tal y como afirmó como resumen de su elevada propuesta ideológica: “Donde no hay harina, todo es mohína”. No cabe mejor definición de su discurso. Es perfectamente comprensible la decisión del PP, desde hace ya tiempo, de mantenerla lo más apartada posible de la primera línea representativa del partido.

Como cierre del espectáculo circense, hemos asistido al debate surgido respecto a la derogación de la prisión permanente revisable. Todo ha sido desafortunado. Con toda intención, la discusión se ha querido plantear en el peor momento posible y con un nivel de intensidad absolutamente desaforado. Justamente cuando el agua está en ebullición, se nos invita a meter la cabeza en la olla para comprobar que, efectivamente, está hirviendo. Lo curioso, como vimos en el lamentable debate parlamentario al respecto, es que los partidos aceptaron el envite y decidieron todos ellos introducir las testas para confirmar lo caliente que está el asunto.

La responsabilidad primera descansa en la clase política, aunque no se puede esconder la aportación de diferentes medios de comunicación en el deterioro del nivel del debate. Miles de ciudadanos no se quedan atrás arrastrados por la corriente y con las redes sociales como depósito de residuos desechables. La política para dummies se extiende.
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18 Comentarios
  • Segulinda Segulinda 24/03/18 14:16

    Lo que le falta a la izquierda es líderes y políticos que crean de verdad en sus principios, que los defiendan con coherencia. Cosa que actualmenet ofrece muy bien la derecha, sobre todo la extrema. Y ya, lo de ser integros si eso, lo dejo para otro día.

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  • vibado vibado 24/03/18 10:34

    Contreras habla de lo q sabe , de la idiotez ,de la tontuna , y de la ignorancia , Contreras no es ignorante , pero si sabe muchísimo de la idiotez ,el defensor y buen psoista esta en la idiotez absoluta con su amigo Ferreras ,juntos bordan la idiotez en su esencia máxima y continuaran persistiendo hasta q obtengan el mongolito de oro, salud y republica

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  • vibado vibado 24/03/18 10:29

    Este Contreras , blandito , muy del PSOE ,advenedizo ,analiza desde su idelogia , manipulando clarisamamente , con Ferreras ,también manipulador nato, pues Este Contreras todo un catedrático o miente como un bellaco ,como los bien pagaos , o no se entera de la una a la media ,pero es q , no se pude ser tan absurdo , y así vamos , con esos medios de comunicación tan torticeros y con sus habladores de mentiras

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  • hayundi hayundi 23/03/18 08:32

    En la vida española se ha instalado la mediocridad. En la política no podía ser menos.En este momento en el que todo vale, hasta machacar el idioma con falsos vocablos y ausencia de signos de puntuación, los cerebros capaces de sacarnos del embrollo se inhiben, a saber por que, de participar en este circo. A ver si tenemos suerte y algún personaje de prestigio se quiere hacer cargo, si no estaremos al albur de los dioses. Podemos seguir votando.

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  • Argaru Argaru 22/03/18 16:37

    De las tres acepciones del término inglés “dummy”, las dos primeras se ajustan más a su significado, pero vamos a quedarnos con la acepción IGNORANTE para no herir susceptibilidades. Ser ignorante y reconocerlo, puede y debe ser el primer paso para corregir esa situación y, por lo tanto, tomar conciencia de ello para dejar de serlo. Desde luego, el camino que debe transitar el dummy está trillado de todo tipo de dificultades que le pone un poder, que solo está interesado en mantenerse en el arte del dominio y, por esta razón, hará todo lo posible para que el dummy sea el dummy idiota, esa clase de dummy, despolitizado y fácil de manejar. Solo esto, ya explica, la baja calidad de nuestra democracia. Si alguien piensa, que nuestros gobernantes piensan que la mayoría de los ciudadanos somos dummies, están totalmente equivocados: lo SABEN. Y sobre la acepción española del término inglés, escojan ustedes la que mejor se ajuste a su pensamiento.

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  • Rafael Sánchez Rafael Sánchez 22/03/18 13:19

    José Miguel, solamente decir que estoy plenamente de acuerdo con tu análisis. Lo preocupante es que no hay motivos para pensar que la situación mejore en el futuro.

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  • Grever Grever 22/03/18 12:14

    Dice el columnista " ... no parecen ser buenos gestores del conflicto". Me atrevo a afirmar: A los políticos españoles no les interesa gestionar conflictos y mucho menos aún solucionar los problemas de los que son síntoma.
    ¿Qué les interesa, entonces, a los políticos españoles? En general y en mi opinión utilizan los conflictos como método hacia el objetivo de ocupar espacios de poder en sus organizaciones o en las instituciones.
    ¿Solucionar problemas? ¿para qué?

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  • luzin luzin 22/03/18 12:06

    El artículo en sí mismo es una magistral representación de "ideas políticas para idiotas". Ahora va a resultar que los políticos van a ser gente estupenda, incluso magistrales en su conocimiento y erudicción, buscarán el bien colectivo y administrarán la cosa pública con eficacia y honradez. Desde luego más idiota no se puede ser si se creen semejantes ideas. Ale, a joderse y seguir votando.

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 22/03/18 10:55

    Estimado señor Contreras, gran artículo que pone negro sobre blanco la verdad de esta sociedad española: somos una jaula de monos en la que aparentemente quien más grita y más golpea es ascendido a capitán de la tropa. Pedí mentalmente que al ser convocados a la tribuna en el pasado debate sobre la prisión permanente revisable, los representantes de la izquierda y los pocos honrados en otras formaciones, simplemente subieran a la tribuna y dijeran algo así como "me niego a participar en este debate rastrero". Las posturas están (o deberían estar) claras. El por qué de las mismas también. La propensión a la exageración que nos afecta a los latinos, también. Votemos y pasemos a otra cosa y dejemos solos en la vergüenza y en paños menores intelectuales a quienes primero no tienen otra cosa y segundo están acostumbrados a la chabacanería, la descalificación y el navajismo. Pero no tuve suerte. La izquierda, quizá abrumada por las mentiras o quizá contagiada del virus de la chillonitis, subió a pelear en una arena fangosa y llena de detritus en la que sólo había que perder. Los votos estaban claros. No era necesario rebajar los argumentos. La elegancia de un silencia sólo se puede alcanzar con la palabra cuando dominas el verbo fácil y ágil más cercano al aleteo de la mariposa que al pisotón del elefante. Y me refiero a la mariposa del famoso efecto ídem. Cambiar con suavidad no lo hacemos ni conduciendo. Suspiro y miro a otro lado. A ver dónde encuentro quien deje de ser estúpido (Stultitiae Laus decía Erasmo si no recuerdo mal) y de tratarme como si lo fuera. Por más que yo conozca mis limitaciones no me agrada que me las eche en cara quien aparenta más que yo y se apunta estudios como argumento de autoridad aunque no los haya cursado nunca. Y de paso que me expliquen algunos líderes de la izquierda por qué se vota en contra de la modificación de la Ley de amnistía. Que para eso de verdad que sí necesito un tratado para dummies. Porque debo serlo y mucho para no entender las profundas razones esgrimidas para no poner un poco de justicia en la historia reciente de este país.

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  • CinicoRadical CinicoRadical 22/03/18 10:33

    José Mujica, afirmó que “ninguna época tuvo tanta mediocridad” como la actual. .Y son los representantes elegidos por el pueblo.

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