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Desde la casa roja

A salvo de los monstruos

Publicada 16/05/2018 a las 06:00 Actualizada 15/05/2018 a las 14:11    
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Estamos sentados en el suelo, sobre el asfalto, en una gasolinera de la autopista. Nuestro coche está dentro del túnel de lavado. Le digo a mi hijo, para entretenerle, que a los monstruos negros que dan vueltas les encanta comerse la basura de los cristales. Pero que no van a salir de ahí. El niño está intrigado, pero se me agarra fuerte. Estamos sentados ahí, entre otros coches, porque no quiero soltarle en medio del lugar, tampoco soy una inconsciente. Y porque ya es lo bastante grande como para sostenerlo de pie durante el lavado. Le abrazo y miro por encima de él, el sol cae más allá de la sierra del oeste y la carretera se va congestionando con la vuelta diaria del trabajo. Y no sé por qué, pero me atraviesa de pronto un recuerdo que llega con la idea en forma de pregunta de en cuántos lugares del mundo una madre y un hijo pequeño pueden sentarse así, como nosotros, tranquilamente, a la orilla de una carretera. Es la fragilidad de los pensamientos. Pero en qué lugares nuestro coche mediano dispararía una alerta, y nuestra vida mediana se pondría en cuestión. Y me llega una respuesta: estamos a salvo.

Y algo tan vital como no estar en peligro se convierte en costumbre. La maternidad dispara los miedos más racionales, el terror verdadero: que algo le pase, que algo nos pase a nosotros. La integridad física. Lo que no se quiere pensar ni nombrar. Y me pongo en la piel de mi madre con una hija yéndose a Veracruz a trabajar de reportera, el Estado más peligroso del país más peligroso para ejercer el periodismo (sin estar abiertamente en guerra). Y pienso en aquella ciudad que yo paseaba feliz de madrugada sometida durante un tiempo a toque de queda y los comentarios en los últimos años de mis amigos en las redes: “¿Fue una balacera o no lo que sonó en el centro esta mañana?”. Y la respuesta siendo casi siempre sí. O aquella niña que no llegaba a los cinco años y murió colateralmente (esa palabra para quitarte la vida y cuántas vidas ha quitado) en un centro comercial donde yo tomé café tantas veces porque fue aquella tarde y no otra con sus padres a hacer la compra de la semana y quiso la casualidad que el narco también entrara a ajustar sus cuentas.

Y así como no recontamos los días en los que no sucede nada, los amigos que no desaparecen, las noticias que sí leemos, el libro abierto en el autobús sin temor a que nadie nos juzgue, la algarabía de la puerta del colegio, la discusión política en el bar y a voz en grito, el regreso adormilados a casa en un taxi después de una noche larga, otros aprenden a vivir con la costumbre del ruido de la detonación de un arma.

O qué creemos. Que acaso es diferente el amor, la protección, el terror de una madre en otros lugares. O será acaso que a nosotros, que a veces escuchándonos, leyéndonos, damos la sensación de ser los primeros padres que ha tenido la humanidad, se nos olvida que debajo de toda la trivialidad, lo verdaderamente importante, lo único, es permanecer ilesos día tras día.

Cuántas noches no pudo dormir la madre de Azad desde que él regresó a Kobane para despedirse. Para decirle adiós y para decirle que esquivaría al ISIS, que cruzaría Turquía, que cruzaría los bosques de Hungría a pie. Que no pararía hasta entregarse a la policía alemana. Que no volvería a esa casa. Que ya nunca volvería a la universidad en Alepo. Que la primera bomba cayó veinte minutos después de acabar su primer examen. Que no quería entrar en el ejército. Que no quería matar. Ni morir. Que no se llevaría nada nada más que el dinero que su padre había ahorrado para pagar al guía. Cuántas hasta que Azad llamó desde un pueblecito de Baden-Würtemberg. Y dijo estoy bien. Dijo esto: estoy vivo. Y al otro lado de la línea, la madre de Azad viendo como el país se convierte en una ruina, en un escombro gris, carcasa de muerte, en un esqueleto de país. Y respirando porque Azad, uno de sus hijos, al menos uno de sus hijos, está a salvo. Lejos. Pero a salvo.

Hace unos días, alguien me dijo: los hijos se dirigen a un mundo que no pertenece a sus padres. Y a veces, yo siento que él también camina hacia un lugar que yo no reconozco: donde algunos monstruos antiguos sí quieren volver a asomarse. Un lugar donde no se deben decir ciertas cosas en público. Donde nos da miedo regresar a casa solos de madrugada. Ojalá mi hijo pueda sentarse al borde la carretera con quien quiera, aquí o en otros lugares. Ojalá todos sus monstruos sean esos, los que señalamos juntos una tarde de mayo; los que, en realidad, no lo son. Los que no salen aún del túnel. A todos los demás, tendrá que hacerles frente.
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11 Comentarios
  • HEREJE HEREJE 17/05/18 13:04

    Gracias Aroa, por sacarnos de nuestro pequeño mundo e invitarnos a pensar a lo grande. Tienes la mágica facultad de transmitir emociones como si fuera algo sencillo. Muchas gracias.

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  • El Diablo Cojuelo El Diablo Cojuelo 17/05/18 11:11

    "_No podemos introducir 'a la pata la llana', un nuevo discurso controvertido. "Me aparto de la gente que considera a la insolvencia valor cobardia a la 'ternura' y tambien me aparto de aquellos que no consideran la sabidduria y consideran ignorancia al silencio." Distancias honestas las valoro mas que cercanias hipòcritas....-¡y de repente re das cuenta de, que nontener a ciertas personas en tu vida, no es tan grsve sino saludable. Lo bueno de ser sincero y decir las cosas a la cara, es que disminuyen las sonrisas fingidas y los saludos hipòcritas. "Aprendi a sentarme en la misma mesa que Judas sin que me rebase la Paz, hoy prefiero la tranquilidad de la soledad que la decepciòn de una mala compañaia. " Si me copian en esto es que han encontrado un modelo de èxito: 'si ademas me critican es que no saben ni como copiarme. Ser bueno no es sinònimo de ser idiota, es una virtud que algunos idiotas no entienden....-"Hay que recordar que tras la caida del muro de Berlin, ya no existe la lògica de -la derecha y la izquierda- 'como filosofia polìtica' Pablo Manuel Iglesias de Podemos -dixit- 'recuerdan....?.... Un cordial saludo eldiablocojuelo.

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  • Copito Copito 17/05/18 09:47

    Qué hermoso artículo. Me ha puesto la piel de gallina. Entran ganas de llorar cuando uno piensa en tanta gente que sufre sin que tuvieran que pasar por ello y todo propiciado por la burrez , la avaricia, el fanatismo, la intransigencia de tantos hombres. A veces me miro a mi misma para observar si tengo dentro algún virus de estos nombrados, porque la primera norma para evitar estas guerras es lidiar con uno mismo.

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    5

  • Isasi Isasi 16/05/18 18:16

    Ni siquiera cuando decimos, pensamos, sentimos que "estamos vivos" ante cualquier peligro cotidiano es comparable al horror de otras realidades de nuestros semejantes.. ellxs no tienen tiempo ni ocupan espacio, por no decir que ni existen.. la guerra los ha parido, la miseria los alimenta y el azar los sobrevive.
    Dichosa madre de Azad que pudo escuchar, al menos, a uno de sus hijos decirle: Estoy vivo.

    Dichosa tu madre también. Gracias Aroa por describir aquello que "no se quiere pensar ni nombrar" Abrazo. Grande

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  • paco arbillaga paco arbillaga 16/05/18 13:12



    «Ojalá mi hijo pueda sentarse al borde la carretera con quien quiera.» Ojalá todos los hijos del mundo puedan hacerlo. ¿Qué hacemos para que lo puedan realizar? Aroa: osasuna2 salu2.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 16/05/18 11:51


    «Ojalá mi hijo pueda sentarse al borde la carretera con quien quiera.» Ojalá todos los hijos del mundo puedan hacerlo. ¿Qué hacemos para que lo puedan realizar? Aroa: osasuna2 salu2.

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    3

  • peruntros peruntros 16/05/18 11:50

    Muchas gracias por el artículo, Aroa

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  • Larry2 Larry2 16/05/18 10:29

    Estupendo artículo. No es que yo sea una persona muy sensible. Me ha enternecido tu artículo. Es como una realidad. Tenemos mucha suerte de estar donde estamos, muchas cosas hay que arreglar, pero solamente con estar a veces cerca de los nuestros y no aprovechar esos momentos como se debiera, no nos damos cuenta de como estan otros. Dejar familias, c asas, jugarse la vida, estar continuamente en peligro, además sin saber que va ser de ellos. Gracias por el artículo, nos obliga a reflexionar, agur.  

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  • anamp anamp 16/05/18 08:37

    Gracias. Da gusto leer un maravilloso artículo sobre un tema tan universal e importante, fuera de la indignación que nos rodea.

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  • M.T M.T 16/05/18 08:20

    Sí Aroa y Platanito, que me topo, en expresión coloquial, gustosamente a esta primera hora de la mañana con tu artículo y comentario: es la vida misma, como bien dices y así la veo Platanito.
    Suscribo tu idea Aroa: los hijos se dirigen a un mundo que no pertenece a sus padres y pervive el deseo de que transcurra un dia más en el que permanezcan ilesos.
    Tu artículo,Aroa, rezuma humanidad y ternura. Bella metáfora esa que identifica los cepillos limpiadores en un tunel de lavado de coches con monstruos. Que todo el temor de un niño se quede en eso. Cordiales saludos.

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