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¿De quién son los partidos?

Publicada el 02/07/2018 a las 06:00 Actualizada el 01/07/2018 a las 19:23
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La pregunta es todo un clásico, pero retorna con fuerza cada vez que los procesos internos de los partidos nos dejan alguna sorpresa, como el escuálido porcentaje de inscritos en el Partido Popular para elegir a su nuevo líder o lideresa, en lo que, por cierto, no son unas primarias, aunque las llamemos así.

Como todas las crisis, la que está atravesando el PP amenaza con ir dejando a la luz buena parte de los problemas que ya existían anteriormente. Ya se sabe, el nivel del agua desciende y deja al descubierto lo que la abundancia tapaba. En algunos casos nos hará ver que la realidad no era como se pensaba y en otros, sencillamente, confirmará sospechas previas.

Tan sólo el 7.6% de los afiliados al Partido Popular se han inscrito para poder votar el próximo día 5 de julio. Esto quiere decir que sólo 66.000 de los 870.000 que teóricamente nutrían el censo quieren formar parte de la elección, nada menos, del futuro presidente o presidenta. La cifra es todavía más escandalosa cuando se comprueba que hace un año, en los congresos regionales que elegían a sus líderes, se inscribieron el 8.6%, un punto más. Es decir, que hubo más participación para elegir a los presidentes regionales que al nacional. Un análisis detallado de las cifras da para comparaciones llamativas, como han señalado estos días numerosos medios de comunicación.

Puestos a buscar una explicación conviene considerar diferentes hipótesis. La más evidente, y a la que se dirigen todas las miradas, es a que los 870.000 afiliados nunca existieron: censos sin depurar, hinchados, o mezclando afiliados con simpatizantes –a pesar de que sus respectivas figuras están clarísimamente diferenciadas en los Estatutos– han puesto en evidencia una de las primeras grandes falsedades que esta crisis está desvelando.

Intentando ir más allá, se puede comprobar cómo la dirección del partido tampoco ha tenido excesivo interés en fomentar la participación. La elección de un sistema en diferido –o sea, en dos tiempos– con una primera votación por parte de los inscritos que eligen además compromisarios, y una segunda, la definitiva, en un congreso donde votan los compromisarios electos, no es exactamente un sistema de primarias que busque movilizar a los propios. Es cierto que es mucho más participativo y democrático que el dedazo por parte del presidente saliente, como se venía haciendo, pero que se saquen las urnas no quiere decir que se establezcan mecanismos de participación que ayuden a dinamizar la vida política y la democracia interna de los partidos. Además, el sistema de inscripción previa, la obligación de acudir a las sedes y tener que estar al corriente de cuotas –pese a la tarifa plana de 20 euros en el último momento–, o el hecho de que las votaciones se celebren en día laboral y en pleno mes de julio cuando media España está de vacaciones y la otra media pensando en ellas, no parece que sean gestos que busquen favorecer la movilización de la militancia. Más bien delatan el miedo de quien se ve obligado por las circunstancias a hacer las cosas de otra manera y ni está convencido ni sabe si podrá controlar el proceso.

Se nos olvida a menudo que las elecciones de líderes mediante consultas, con sistemas de primarias o similares, siguen generando suspicacias e inseguridades en la gran mayoría de los aparatos de los partidos. Tampoco son la varita mágica que pueda acabar con los problemas de democracia interna de las formaciones políticas. Existe una cultura de fondo que condiciona enormemente estos procesos. No basta con decir que los afiliados pueden votar. La democracia es otra cosa.

De entre todas las funciones que tienen los partidos políticos en las democracias liberales, una de las principales por su trascendencia es la de la selección de los líderes. En su seno es donde se decide quién optará después a las distintas convocatorias electorales, es decir, entre quiénes deberemos decidir nuestro voto. Por eso es especialmente importante que los procesos de elección de los órganos de los partidos y los de las listas electorales –distintos, pero con elementos en común– sean lo más democráticos y transparentes posibles. Sin embargo, nos encontramos con paradojas como la del Partido Popular, donde tan sólo 66.000 personas –si votan todas– participarán en la elección del presidente o presidenta de un partido que pretende volver a gobernar el país, y además, 3.134 compromisarios serán los que tomen la decisión final, pudiendo, por cierto, optar por una candidatura diferente a la más votada en la primera fase abierta a los inscritos.

Si miramos a otros partidos, las cifras tampoco invitan al optimismo. A excepción hecha del PSOE en las últimas primarias, donde, en un proceso de convulsión interna, votaron 150.000 afiliados que representaban al 80% de los militantes, el resto de consultas internas no han generado la movilización deseable. En el caso de Ciudadanos, sus últimas primarias, a las que se presentó Albert Rivera, contaron con apenas 7.000 votos, un 35% del censo, porcentaje similar al que supusieron los 155.000 electores que eligieron al Consejo Ciudadano de Podemos en Vistalegre II. Nada parecido a los 2.600.000 electores en primera vuelta y 2.800.000 en segunda que participaron en las primarias del Partido Socialista Francés que acabaron dando la presidencia a Hollande y cuyo elemento de movilización en una primarias –esas sí– abiertas a la participación de cualquier simpatizante, jugaron un papel fundamental en la victoria del PSF. Es cierto que en el caso de los españoles las cifras se refieren a procesos internos de elección de los órganos de dirección y en el francés hablamos de designar candidato al Elíseo, pero la diferencia es tan abismal como reveladora.

La importante función que tienen las formaciones políticas a la hora de seleccionar a los que elegiremos para que nos representen obliga a plantearse de quién son los partidos, que es tanto como decir quiénes toman decisiones cuyas consecuencias nos afectan a todos. Hoy nadie duda que los partidos son de sus aparatos. Pero la aplicación de la lógica democrática, junto a los principios de participación, obligaría a que fuesen del conjunto de la ciudadanía, lo que habría de suponer una nueva dinámica de implicación en los procesos de consultas más allá de los muros de las respectivas sedes, favorecida por mecanismos que faciliten la participación, y de los que existen ya numerosos ejemplos en otras latitudes.

Se suele decir que los partidos políticos son entes privados de servicio público, algo que –más allá de los aspectos jurídicos– debería llevarnos a un replanteamiento para hacer realidad, desde paradigmas democráticos, esa vocación.
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14 Comentarios
  • Queso Tierno Queso Tierno 03/07/18 00:17

    Una cosa sencilla de comprobar si has trabajado en empresas con un cierto número de trabajadores, es que si te llevas 15 amigos a las reuniones sindicales con un voto unificado, te llevas al sindicato a donde te dé la gana, porque no van a poder contra esos 16 votos. De igual forma si vas a las sedes provinciales o locales de cualquier partido con un número parecido de apoyos y participas en las decisiones con voto, te llevas al partido a donde quieras y por la misma razón. No tiene que ser así en todos los sitios y seguramente no lo será en las grandes capitales, pero si es algo que he comprobado una y otra vez en mi entorno laboral y cívico y seguro que se da también en muchos otros sitios. Sorprende lo pocos que son.
    Incluso si un partido como el PP tuviera 800.000 afiliados, que no los tiene, sería una cifra escuálida para un censo de 40 millones de habitantes y dudo que llegue a la mitad. Si tenemos en cuenta que el número de votantes de las primarias del PP es cercano al de socios de Omnium Cultural que cada cual saque sus conclusiones.
    A las 2 grandes centrales sindicales se le supone un censo que ronda el millón de afiliados. En una población de 19 millones de trabajadores, debemos concluir que son muy pocos, máxime teniendo en cuenta que las cuotas desgravan y por tanto, en general, tanto políticamente como sindicalmente, estamos en manos de unos pocos, que son poco transparentes y que se apoyan más en las simpatías de aquellos que les presuponen capacidades de dirección y gobierno que en el soporte y convencimiento de sus propios miembros

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    • Dver Dver 06/07/18 20:02

      La cosa es muy sencilla. en vez de tanta queja hay que apuntarse a los partidos y a los sindicatos. Es muy cómodo decir desde el sillón de tu casa que son cuatro gatos y que ellos manejan el cotarro, pero más complicado es afiliarse y pelear desde dentro. Y que conste que no estoy afiliado a ningún sindicato, pero los respeto como organizaciones de clase, y apoyo sus reivindicaciones, aunque no siempre, mas bien pocas veces, este de completamente de acuerdo en sus planteamientos. Por otra parte, no me creo poseedor de la verdad absoluta, y más biencreo en lo que manifestó Leonard Cohen: "Es muy fácil saber en que bando se debe de estar, simplemente observando quiénes son los del otro bando". Si alguién quiere que los sindicatos, o los partidos, sean a su imagen y semejanza, no tiene más remedio que mojarse el culo, porque una cosa es cierta, sin organizaciones de trabajadores el pescado, no es que esté vendido, está muerto.

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  • Dver Dver 02/07/18 13:31

    En el Ancient Régimen gobernaba la nobleza, los estamentos y como figura prioritariua el Rey. Cuando la burguesía irrumpe y empieza a producir se produce una pelea por el poder que gana por lógica histórica la burguesía, ya que los medios de producción están en sus manos. Entonces se hacen evidente las clases. Mía es la fábrica y te doy trabajo si quiero. la persona ya no es siervo de la gleba, pero se encuentra desamparada si no tiene un trbajo/ingreso. (Al igualk que sucedió en EEUU al final de la Guerra de Secesión y del esclavismo teórico; los esclavos libres no tenían dónde agarrarse). Con el sistema burgués surgen las clases, y entre ellas la obrera y el campesibado. Es obvio que estas clases no tienen más remedio que organizarse, unirse, ser multitud para hacer frente al nuevo amo que si no los utiliza no asume ninguna obligación sobre la gente. y de ahí surgen los partidos. Organizaciones de clases para luchar, unos, los proletarios, por adquirir más derechos, y otros pata pararlos. Eso son los partidos. Lo que parece que últimamente se ha oplvidado, al menos a los periodistas, es que, aunque en la práctica no lo hagan, los partidos son organizaciones de clase. También parece que a ellos mismos se les ha olvidado, pues toida su retorica consiste en decir cada cual que con ellos habra más progreso y bienestar. Parece que explicar cuáles son los fines primigenios de cada partido se les ha olvidado, y lo que ya ni recuerdan es explicar cómo quieren lograrlo. A tal confusión han contribuido mucho los medios, exigiendo a todos que defiendan los interese de todos los ciudadanos. Una cosa es gobernar para todos los ciudadanos (un gobierno no puede hacerlo para un grupo determinado) y otra es aplicar las políticas que cada uno considera mejores para logar sus fines, la sociedad en la que creen. Qu estas organizaciones tengan sus defectos, no quita la razón y la necesidad de su existencia. Son los propios afiliados quienes tienen que exigir cuentas, mantener la honestidad interna, y/o en todo caso abandonar el partido. Si no se quiere este sistema de organización social que se proponga otro, pero no olvidemos en manos de quién estaría el poder político entonces.

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  • Ataio Ataio 02/07/18 13:20

    Huy perdón que sí que habla del PSOE. La excepción. Sus 150000 ( 80%). Son más representativos que los 155000 de Podemos (35 %) . Perdón, perdón.

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  • Ataio Ataio 02/07/18 13:14

    Solo tiene, Sra Cristina, datos del PP, Cs, Podemos y ...el"PSF"???. Del PSOE no tiene???. Una reputada periodista como usted??. De los tantos por ciento ya le han comentado ( un saludo cordial profesor itnas ).
    No tiene porqué, pero podría disimular un poquito. Lleva unos cuantos artículos dignos de ejemplo de independencia. Una gozada, para este nuestro superindependiente infolibre.

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  • Larry2 Larry2 02/07/18 13:04

    esto del PP es todo una trampa. Quieren hacer ver quie hay transparencia, a la gente le importa un bledo que salga uno o otro, el partido seguira siendo un cortijo, para algunos, los favores se empezarán a mover. y luego todos igual. Lo unico que se diferencia es que Rajoy no ha elegido a dedo a su sucesor, pero de democracia entre afiliados, si los hay, nada de nada, engaño hasta a ellos mismos. Solo se lo creen ellos. 

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  • luzin luzin 02/07/18 10:19

    Esto es ya tan viejo que resulta pesado. Como todo está en los libros sólo hace falta voluntad de leer y pensar, ya lo hizo el sociólogo alemán Robert Michels, discípulo de Weber, en su obra "Los partidos políticos" (1911) y su famosa "Ley de Hierro de las Oligarquías" . Y es precisamente lo que tenemos en España, un caso extremo de Partitocracia, es decir, no hay democracia, hay gobierno oligárquico.
    Claro que a los hooligans de los diferentes partidos y, sobre todo, a lo millones de trincadores gracias a su "militanticia partidista", no hay forma de hacerles comprender que son parásitos gracias a la corrupción legal e institucional. El resto de la población lo sabe y lo intuye aunque difícilmente pueden observar alternativas ya que todos los centros de "pensamiento", "información", "comunicación" y "análisis" están parasitados por la partitocracia que goza de los millones de euros de subvenciones públicas y de su dominio de todas las instituciones del Estado, así como del control de medios de comunicación, universidades, fundaciones, ... Ale, a joderse y seguir votando.

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    • MASEGOSO MASEGOSO 02/07/18 10:36

      Evitar que esos trincadores apoyados en la política y militantes de cualquieer partido dentro del arco partidista estatal está, y estará, siempre en manos de la ciudadanía ya que con firmas y una petición legal podemos pedirles cuentas a aquellos partidos que abusen de su posición en favor de los amigotes.

      Ya se hizo una vez con el PP y el TC no dió adecuada respuesta. Claro que el perro guardador no muerde la mano del amo.

      Un saludo.

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  • itnas itnas 02/07/18 09:12

    Vamos a ver Cristina, esto de los porcentajes lo entendemos todo el mundo y, sin embargo, llama la atención cuando se comparan sin cuidado. Yo conozco un amigo que heredó el 1% del total de la fortuna de su padre, lo que le supuso recibir 1€; también conocí a otro amigo que heredó dicho 1% y recibió 1 000 000€. ¿Es equivalente? Pues aplíquese a las consultas internas de UP y C's. 

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  • platanito platanito 02/07/18 07:14

    Un lema socialista decía: "la tierra para quien la trabaje".
    Aquí en España hemos visto que los partidos eran para quién los aprovechaban. Creo que la novedad que trajo Podemos fue que los dirigentes vienen temporalmente a sudar la camiseta y se someten con frecuencia al escrutinio de sus "simpatizantes" mediante consultas. Esperemos que no se eternicen en sus puestos y sean profesionales de su oficio, y no de la política.

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    • platanito platanito 03/07/18 16:16

      Y felicidades a la pareja por sus mellizos prematuros. ¡Seguro que llegarán viejos!

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    • MASEGOSO MASEGOSO 02/07/18 10:31

      Durante la II República había un lema que, cómo todos los nacidos en el seno popular español tenía, dentro de su ironiá una verdad aplastante. Tú lo has mencionado al principio de tu comentario y, no pretendiendo enmendar, ni mucho influir, en el sentido que das al lema socialista y, a pesar de saber que lo debes conocer te lo escribo completo para conocimiento de navegantes:

      "La tierra es para quien la grabaja pero, las patatas son para el Comité"
      Un saludo.

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      • platanito platanito 03/07/18 16:13

        Pues no lo sabía. Gracias.

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  • pepelu. pepelu. 02/07/18 06:48

    Es que al PP. le da lo mismo 8 que 80 y quien estaba haciendo la lista del censo de afiliados, lo mismo le daba 87.000 que 870.000 afiliados. Es deformación profesional, o rutina. Total, por un cero más, ……………..

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