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¡A la escucha!

Réquiem por los pueblos

Publicada el 20/09/2018 a las 06:00 Actualizada el 20/09/2018 a las 22:55
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Quien tiene un pueblo tiene un tesoro. Es lo que suelen decir. Hay experiencias, olores, sonidos, que sólo se pueden vivir en un pueblo pequeño. Y ellos nos están pidiendo a gritos que los rescatemos de nuestra memoria y que los salvemos del olvido. Porque los pueblos se están quedando vacíos.

Desde hace unos meses las campanas de muchos pueblos de España tocan a diario a muerto. Tocan por ellos, por lo que son o por lo que fueron un día. El tañido de sus campanas quieren que cruce valles y ríos, carreteras y autopistas y que llegue a los oídos de quienes vivimos en las grandes ciudades. Tocan a muerto porque literalmente están muriendo. Y con ellos una forma de vida. Una forma de crecer: muchos hemos aprendido a andar solos en los pueblos. A coger nuestras bicicletas y a descubrir el mundo en los caminos de esos pueblos.

En las plazas de los pueblos hemos dado nuestros primeros pasos de baile y en los pueblos hemos vivido nuestras primeras noches de estrellas fugaces. No necesitábamos mucho más: el pan llegaba cada día en una furgoneta que hacía sonar su cláxon para avisar que ya estaba allí y que si no te dabas prisa, ese día no habría pan. Y una vez por semana llegaba otra furgoneta más grande vendiendo productos frescos. Los veranos de mi infancia y mi adolescencia tuve la suerte de vivirlos en un pueblo muy pequeño, que apenas tenía 13 habitantes. 13 vecinos que llevaban allí toda la vida y que veían cómo en verano llegábamos los chicos de las casas de las afueras a llenar sus dos calles (sí, sólo había dos, la que subía y la que bajaba de la plaza) de risas y de juegos.

Apenas quedaban niños, en invierno sólo vivían allí las hijas del pastor, pero en sus mejores años llegaron a contar hasta con una escuela. Era un edificio que yo siempre conocí vacío, abandonado, que se levantaba frente a la Iglesia y que seguía teniendo un columpio destartalado en el jardín de atrás. Una escuela que enseguida se reconvirtió en una casa. Y que era el piloto de alarma de lo que podía suceder, de lo que estaba sucediendo: sin escuela el pueblo moría. Muchos años después levantaron una urbanización de chalets que llenó ese pequeño pueblo de gente joven con niños. Pero era demasiado tarde para rescatar la idea de una escuela propia: en El Valle se habían organizado con rutas que llevaran a los escasos niños a la escuela de la ciudad más próxima.

Hoy, ésa sigue siendo la realidad de muchos pueblos. De niños que tienen que levantarse cada día a las seis y media de la madrugada para llegar al colegio. Van en autobús y su peregrinaje diario es un privilegio: ellos al menos tienen conexión. En otros pueblos son los padres los que se tienen que organizar para acercar a los pequeños a la escuela. Estos días, los presidentes de varias comunidades autónomas se han reunido para pedir ayudas para esas localidades que van agonizando poco a poco. Saben que una escuela, aunque sea sólo con tres niños, es el ancla con el que conseguir atraer a más gente a sus casas.

Y con ellos llegará la vida, que es de lo que se trata. Es en esos pueblos donde cultivan los tomates, las lechugas, las judías que luego buscamos con avidez en las grandes superficies bajo la etiqueta de bio. Y que consumimos como lo verdaderamente auténtico. El tomate que de verdad sabe a tomate. Recuperar su olor, su sabor, para recuperar la memoria de ese pueblo en el que hoy, de nuevo, volverán a sonar las campanas a muerto.
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13 Comentarios
  • svara svara 22/09/18 10:53

    Éxodo inexorable de los pueblos hacia las ciudades. Las máquinas para trabajar el campo contribuyeron a concentrar la masa cultivable en pocas manos para sacarle partido a las mismas como consecuencia de la producción a gran escala, rentabilidad de los cultivos, rentas a pagar por su usufructo, no siempre compensable, ayudados por subvenciones de la UE que solo son sustanciales si tienes mucho terreno (en propiedad o en renta), no importa si lo siembras o no.  Muy a pesar de lo romántico, de la naturaleza en estado puro que envuelve los pueblos, hay que vivir hoy y ello, según la tele, requiere muchas necesidades que en otros tiempos ni había ni se las esperaba. ¿Como no se van a despoblar?

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  • Azanatos Azanatos 21/09/18 19:27

    Muy buen artículo.
    Me considero afortunado por poder vivir en la ciudad, cerca de Madrid, y tener un trozo de tierra en el pueblo, con una caseta reconstruída, pozo y un pequeño huerto.
    Allí viví durante un par de años mi niñez, trillé, vendimié, jugaba con mis amigos cuando mi abuelo traía la paja después de segar en el carro y los niños jugábamos a tirarnos encima. Viví cómo cocinaba mi abuela en el puchero de barro el cocido, la matanza de la que se iba tirando durante el año.
    Para hablar por teléfono con Madrid, había que ir a Telégrafos a pedir conferencia.
    Había escuela y, afortunadamente, sigue.
    Y un montón de agradables recuerdos.
    Pero el alcalde actual es el hijo de otro alcalde cuyo padre también fue alcalde... Los caciques de Castilla la Mancha. ¿Los que "mandan"? El alcalde, el cura, los hijos de los concejales de siempre.
    No quieren que vaya gente a vivir allí, no facilitan ni comercio, ni pequeños negocios para poder vivir. Si va gente nueva, puede que no les vuelvan a votar.
    Los mayores van muriendo y alguno te pregunta: ¿tú de quién eres?
    Entre la Administración Central y los propios caciques de esos pueblos, se los están cargando.
    Pero soy afortunado porque como mis tomates, pimientos, cebollas o lo que siembre. Y tendré algunas gallinas cuando me dé tiempo a hacerme un gallinero.
    Se puede vivir en muchos pueblos. Pero hay que sudar, hay que luchar. Se pueden recuperar muchos.
    Y tendríamos que obligar al Gobierno a tener un plan para posibilitar que puedas vivir allí en un piso que, por cierto, cuesta 30.000 euros.
    Recuperar estos pueblos es posible.
    Y comeremos tomate que sabe a tomate.
    El desánimo es lo último.
    ¿Qué necesitamos para vivir?

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    • platanito platanito 25/09/18 09:40

      Tu si que vas con los objetivos de la ONU. Feliz cosecha otoñal.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 21/09/18 19:47

      Azanatos: «¿Qué necesitamos para vivir?»; como tú mismo dices: «tomate que sabe a tomate». Y que desaparezcan los caciques de los pueblos... ¡y los de las ciudades!, que haberlos haylos. Osasuna2 salu2.

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  • Janubio Janubio 20/09/18 23:21

    Pobres pueblos, pobres tierras, pobre vida rural. España los ha matado. Ahora les están dando la puntilla. Un país no puede ser un gran país si sentencia al abandono a la mayor parte de su territorio. Esas campanas cada día tañen menos porque las roban. Es lamentable comprobar que ya no es necesario que los pastores empujen a las ovejas al redil; ahora nos concentramos nosotros solos en en los grandes núcleos donde se sirve el escaso pienso que nos permite comer cada día. Es tristisimo ese abandono de la naturaleza, de una forma de vida que pensándolo fríamente no es peor que la vida de muchos ciudadanos en las ciudades, porque en el fondo, todo lo bueno que ofrecen las grandes urbes solo lo pueden disfrutar unos pocos, los demás se tienen que conformar con ver, pero no tocar. Los humanos no estamos especialmente dotados para vivir felices y dejar vivir a otros. En fin, me voy con el anteriormente mencionado Llamazares a visitar catedrales, donde, por cierto, cada vez son más antipáticos y codiciosos sus inefables gestores.

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  • luzin luzin 20/09/18 16:14

    La España rural ha sido completamente abandonada ... allí sí que aplicaron lo del "libre mercado" ...

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  • Grever Grever 20/09/18 13:10

    ¡AH, LOS PUEBLOS!
    Que hermosos recuerdos de los pueblos en verano y vacaciones.
    Los pueblos pequeños si en otoño son tristes en invierno son una mierda: carreteras y calles anegadas por el agua el hielo o la nieve; plazas y campos barridos por vientos criminales; escuelas con goteras y tan escaso alumnado que mejor no enfadarse con nadie pues te quedas sin amigos; averías en las redes de agua o eléctricas que tardan semanas en solucionarse; médico o enfermera con media jornada semanal en los privilegiados si no a horas de coche; horas de mala carretera rural invernal hasta un lugar donde poder comprar unos zapatos o un jersey; semanas sin televisión telefonía o internet por que se estropeó un repetidor y no se puede subir al monte a repararlo.
    Lo malo, lo peor, lo que nos hace la vida más dura en los pueblos es que en septiembre quedamos desamparados, cual perro sin amo, sin esa corte de veraneantes, familiares en muchos casos, que suelen tener ideas para solucionar todo y que a la menor dificultad sueltan aquello de "... en Madrid (pongan el nombre que quieran) esto..."
    ¡Que jodidos se quedan los pueblos sin los urbanitas al finalizar el verano!

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  • Valldigna Valldigna 20/09/18 11:38

    Valldigna.Soy de pueblo y orgullosa de vivir en mi pueblo.Pero desgraciadamente vamos disminuyendo, no hay trabajo y los jovenes vuelan.

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  • platanito platanito 20/09/18 08:25

    Me has traído a la memoria La lluvia amarilla del poeta leonés Llamazares, que se fue al Pirineo aragonés para contarnos la vida del último habitante, y elevando el tiro, hablar del abandono de tantos pueblos serranos. (Ahora estoy con sus Rosas del sur que nos publicitaron hace unos días en nuestro digital y habla de sus aventuras por esas joyas arquitectónicas que Aznar permitió que los obispos, imitando al registrador Rajoy, se apropiaran de lo que no es suyo sino del patrimonio nacional).

    Los de mi quinta superábamos el centenar y teníamos un grupo escolar (levantado con piedra de sillería sobre el emplazamiento de la iglesia antigua) con 5 maestros y otras tantas maestras. Hoy me dicen que no superan los diez niños por añada, aunque hace años les dotaron con un centro comarcal de FP.
    De olores agradables recuerdo el de los ramilletes que la maestra nos invitaba a recoger por los prados para cantar aquello de con flores a a a porfíia... El de los aserraderos a aserrín fresco y el más cotidiano a establo de animales que me tocaba limpiar. Pero el más sabroso surgía de las chacinas salpimentadas, colgadas a secar con el humo de las cocinas serranas.

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    • platanito platanito 20/09/18 08:32

      Gracias a Helena y a M.T por haberme traído a la memoria aquellos olores de pueblo casi olvidados, pero no muertos, porque se dice del olfato que es el sentido más primigenio y duradero.

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      • M.T M.T 20/09/18 08:39

        Gracias a ti, Platanito, por tus comentarios. Me encantó esa obra de Llamazares " Lluvia amarilla ". Pendiente de lectura la nueva que estás leyendo. Saludos.

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        • platanito platanito 20/09/18 09:00

          No es para tirar cohetes pero te permite hacer turismo sacro sin dejar el sillón.
          Besos virtuales para ambas.

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  • M.T M.T 20/09/18 08:06

    Muy oportuna memoria, Helena , y reivindicación. Hablas de un pueblo en un valle y me he sentido reconocida y reflejada en cada una de tus frases en un pueblo de la meseta: con sus olores y sabores, sus pocas y solirarias calles y plazas, sus gentes y huertos, paseos y sueños, su escuela, que ya no existe, ni maestro, ni cura ni alcalde. Llegaron los chalés y las concentraciones y un bus para llevar a los niños a la escuela. Será el progreso. Y muy bien por tu reivindicación para rescatarlos.
    Un saludo muy cordial.

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