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¿Halloween o Todos los Santos?

Publicada el 01/11/2018 a las 06:00 Actualizada el 31/10/2018 a las 20:31
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Sólo tenía siete años. Dos meses antes mi abuelo, el padre de mi madre, había muerto. Así que aquel primero de noviembre, tocaba ir a Tudela, a visitar su tumba y a rezar por él. Yo siempre le conocí enfermo, sentado en su silla, con su boina: un hombre especialmente tranquilo y, según quienes le conocieron, especialmente bueno. Un amigo suyo decía que se había muerto sin haber discutido con él ni una sola vez. Mi abuelo era pequeñito, siempre estaba sonriendo, especialmente cuando llegábamos a su casa de visita, y verle en aquella foto pequeña, en blanco y marrón, sobre la tumba, me inquietaba. Aquella foto no era mi abuelo.

Imaginármelo ahí, enterrado, era extraño. Mi madre y sus hermanas limpiaron la lápida, dejaron flores frescas y junto a mi abuela, lloraron y lloraron y lloraron. Un llanto silencioso, incontrolable. Yo no dejaba de mirar a mi madre. Habían pasado sólo dos meses y en alguna ocasión la había pillado triste cuando entraba sin avisar en su dormitorio. Sabía que echaba de menos a su padre y pensar en que al mío algún día también tendría que llorarlo así me asustó. Era muy pequeña y aquella escena se me quedó grabada. Recuerdo que llevaba una cazadora muy ligera y que me estaba quedando congelada: entre el frío y la angustia tenía el cuerpo rígido. Sólo tenía ganas de irme, de estar con mis primas y, sobre todo, de que mi madre dejara de llorar.

Desde entonces tocó repetir cada uno de noviembre aquel ritual y tocaba volver a ver a mi madre hecha un mar de lágrimas y volver a sentir el mismo miedo, el mismo nudo en el estómago. Mi abuela murió 7 años después. Tener conciencia de que la muerte es parte de la vida y de que todos pasaremos por ahí lo aprendí muy pronto. Llegué a odiar el puente de Todos los Santos. Lo odiaba porque era triste y porque ir a Tudela ya no era divertido. Sabía que la visita al cementerio era obligada y a la vuelta, había que parar en Falces para dejar también flores en la tumba de mis otros abuelos. A ellos no les conocí, y su pérdida dolía menos. Es así de duro y así de injusto. Mi padre además no se desmoronaba cada vez que íbamos, y no verle sufrir, para una niña de siete años, era más llevadero.

Odié esta fecha durante muchos años. Y me ha costado mucho aprender a convivir con la muerte. Así que cuando ahora tanto gente se echa las manos a la cabeza por la forma de celebrar este día de difuntos importado desde Estados Unidos, yo sonrío. Prefiero decorar la casa con calaveras y calabazas antes que llevar a mis hijos a un cementerio. Lo prefiero, sí. Ya han aprendido no hace mucho lo que supone decir adiós a alguien a quien has querido, con quien te has divertido, que te ha mimado y que te ha subido a sus piernas mientras te contaba historias maravillosas. Sí, ya saben lo que es perder a alguien al que quieres, ya saben lo que significa la muerte, así que prefiero que hoy se pinten sangre ficticia en su cara y se vayan con sus amigos a pedir chucherías por la urbanización.

Sí, prefiero que se rían de los fantasmas de piruletas que les ha dado el vecino o de que vengan picados entre ellos porque su cesta de caramelos está más llena. Que jueguen al truco o trato, aunque no sepamos por qué ni entendamos muy bien esta tradición. ¿Es banalizar la muerte celebrar Halloween? Puede ser. Pero aquí admito que he bajado los brazos y me he rendido a lo que nos imponen desde fuera: no sé si hay que felicitar Halloween como ese famoso audio que circula estos días por las redes. No tengo ni idea de qué hay que hacer cuando llaman a mi puerta y me dicen truco o trato. No lo sé. Yo doy caramelos a todos y todos me parece que van adorables y terroríficamente disfrazados. Que se rían y disfruten con sus amigos porque para llorar ya habrá tiempo.
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23 Comentarios
  • jorgeplaza jorgeplaza 07/11/18 16:42

    Efectivamente, banaliza usted la muerte. No la culpo (demasiado) porque lo mismo hacen todos los de su generación y la mayoría de los de la mía, éstos mucho más cerca de la hora de la verdad. Lo de "Jalogüín" es parecido a las canciones de moda de mi juventud: todo el mundo las tarareaba pero solo uno de cada mil (el que iba al Colegio Británico) las entendía. Se conoce que por eso gustaban tanto: porque no las entendíamos. O sea, que sobre ser una memez, sus entusiastas no entienden su significado, pero viva la juerga. (Por cierto, qué bonito decorar con calaveras el comedor: mucho mejor que llevar flores a una tumba, dónde va a parar).

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  • eldeantes eldeantes 03/11/18 00:15

    Precioso tu escrito Helena. Me gusta mucho cómo escribes, sinceramente.
    A mí esto del halloween, siempre me pareció una americanada muy infantil (valga la redundancia). Me molestaba un poco esta forma que tienen estos tipos de banalizarlo todo y convertirlo en negocio. A día de hoy, que sigue sin interesarme lo más mínimo, sí veo que hay mucha gente que disfruta de esta cosa y lo ven como una oportunidad para la celebración, para disfrazarse, para salir, para reírse ... y eso creo que está muy bien.

    Una idea nuestra en origen, que otros la han sabido utilizar, completar, difundir y exportar como lo han hecho, pues es algo digno de admiración como operación comercial, aunque culturalmente me siga pareciendo paupérrimo.

    A mí me parece muy bien que cada uno haga lo que sienta que debe hacer en cada momento y más le guste, que participe o no de esta fiesta o que visite o no a sus antepasados. Lo que sea, pero con buen rollo y con respeto

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  • svara svara 02/11/18 19:03

    ¿Halloween o la víspera de todos los santos?. Decir halloween queda mas chic, mola mas... decían mis hijos cuando eran chicos, en fin que en definitiva, dado lo tétrico de las celebraciones basadas en el ceremonial católico que a mas de uno nos produjo alguna pesadilla de chicos, la gente prefiere llamarlo de modo diferente, para que lo lúgubre se convierta en farra y se lleve mejor. Lo de los caramelos y el tostón de los chavales casa por casa no deja de ser una costumbre importada de la cultura anglosajona. No me gusta, simplemente. No recuerdo de niño ir casa por casa pidiendo caramelos, a lo mas y sin salir de casa, en familia, asábamos castañas. ¡qué frío hacía entonces!

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  • cexar cexar 02/11/18 15:34

    En la tierra de mis padres el día de los difuntos era el 2 de noviembre, un día triste donde se visitaban las sepulturas de los difuntos, pero el 1 de noviembre se celebraba el día de todos los santos con bromas y alegría. Los americanos lo han vendido mejor ;-)

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  • luzin luzin 02/11/18 15:12

    Es mis tiempo jóvenes también nos divertíamos en la fiesta de Todos los Santos, aquí la tradición era ir a "la Chaquetilla" donde "casábamos" a los higos con las castañas. Por supuesto que ir al cementerio era obligatorio, y en mi caso acudir a la parte del cementerio de "tierra no santa" para recordar a mis ancestros era "sagrado".

    Ahora, la única de las grandes tradiciones que sigo es asistir a los entierros de mis amigos y familiares, me parece práctico que en un sólo acto se pueda dar el duelo a los familiares por la pérdida de un ser querido.

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  • Grever Grever 02/11/18 14:26

    Los muertos son "homenajeados" en todas, o casi todas, las culturas. Nuestro problema es que en nuestra tradición católica el homenaje es triste oscuro y amedrentador y además muy, pero que muy pesado. Siendo también católicos los mexicanos celebran a sus muertos con color música y alegría y quizás por ello el modelo Hollywood no les penetre tanto como acá.

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  • Anselm Llorenç Anselm Llorenç 02/11/18 11:29

    Miren si me importa a mí celebrar Todos los Santos o Halloween, que no sé cuándo es el día de mi santo ni celebro mis cumpleaños y, si pudiera, ni siquiera asistiría a mi funeral.

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    • eldeantes eldeantes 02/11/18 23:37

      Reconozco que eso de no asistir al propio funeral... es un puntazo ;-)

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  • Infobron Infobron 01/11/18 20:51

    Yo soy de un pueblo de Castilla, y recuerdo perfectamente que, en mi niñez, se celebraba el día de todos los santos (día 1), o el de difuntos (día 2) con calabazas ahuecadas a las que se les hacían agujeros a modo de boca y ojos, con gesto de terror que no daba terror sino risa. Se metía una vela dentro, y con ese aparataje los críos íbamos pidiendo dulces por las casas. No son costumbres de origen norteamericano, sino llevadas allí por europeos.
    Respecto a lo que dice Hereje de la España negra (la única verdadera, según él), no es lo que yo he vivido. Más bien, días muy luminosos y calles casi sin coches para jugar. Es cierto que se veneraba a los muertos de una forma distinta a la actual, pero de ahí al panorama que pinta Hereje va mucho, mucho trecho.

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  • HEREJE HEREJE 01/11/18 15:50

    La españa de la secta católica (o sea, la única españa de verdad) es un país negro, de muerte, de procesiones llenas de lágrimas, sangre, pústulas, cadáveres, quejíos, tambores premonitorios y clarines admonitorios. Nuestros cementerios son lugares desabridos y tétricos. Dedicar un día al año a sumergirse en esas necrópolis llorando rodeados de gitanos vendiendo flores es un rito execrable que muestra una vez más el control que la iglesia tiene de nosotros hasta de nuestra muerte, que es su principal negocio. Me parece muy bien, aunque sea una importación del consumismo yankee, lo de Halloween, los ritos paganos y el cachondeo mexicano. La muerte solo es algo serio cuando te desconecta de alguien que era importante en tu vida. Esas son las ausencias que duelen porque, como sabes que no te vas a reencontrar, solo te queda el recuerdo y esa es la llama que no puedes dejar que se consuma. Esas muertes no se recuerdan una vez al año a golpe de rito y flores de gitanos, sino que nos acompañan cada día con nuestras alegrías y nuestros fracasos, incorporadas a nuestro acerbo personal.

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    • HEREJE HEREJE 01/11/18 15:55

      Perdón quise decir ACERVO, aunque también valdría "acervo acerbo".

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      • Alex P Alex P 03/11/18 19:26

        o CIERVO ,o CUERVO

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  • Larry2 Larry2 01/11/18 12:21

    Gracias Helena por tu artículo, en mi caso estoy de acuerdo. No tengo ganas de ir al cementerio, recuerdo a mis padres como eran, la muerte nos llegará a todos, y solo hay que pensar en disfrutar de esta vida ser positivos. La muerte es nuestra fase final de la vida, estar preparados, y afrontarla lo mejor posible. Lo de las flores en el cementerio, pues si que alegra, dejemos y respetemos a los que quieren seguir visitando el campo santo, por supuesto es una fecha marcada para niños y padres. agur. 

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