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Desde la casa roja

Los muertos de mi Facebook

Publicada el 12/12/2018 a las 06:00 Actualizada el 11/12/2018 a las 21:35
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No sumo las narraciones necesarias para afirmar que la maternidad está intensamente relacionada con la hipocondría. No sé a cuántas mujeres y hombres más se les habrá agudizado este trastorno que se caracteriza por una preocupación constante y obsesiva por la propia salud y por una tendencia a exagerar los sufrimientos reales o imaginarios. No es que yo antes fuera valiente, pero sí tenía la suficiente sinrazón y dejadez para evitar la angustia. A lo mejor, solamente, era joven. Podía demorar visitas al médico durante años que todo iba a estar bien. Ahora puedo ver la aceleración de la brisa en huracán: es el pánico a no estar, en este caso físicamente, a la altura de lo que la vida, la suya, necesita de mí.

Empiezo por ahí porque de este giro parte la sensibilidad para negarme a leer, por pudor, pero también por terror, algunas cosas ajenas. Porque en esa vida real pero ficcionada en pequeñas cápsulas –la híper felicidad o la tragedia más descarnada incluidas– que son las redes sociales, me he encontrado con la angustia cuando el pacto primero era jugar a las frivolidades. Cuánto de alivio hay detrás para mostrar en una red el duelo más íntimo: la pérdida de alguien.

En Ante el dolor de los demás, Susan Sontag escribió acerca de cómo la fotografía se había convertido en un testigo privilegiado del horror. Pero también indicaba algo que ya nos ha sucedido, la repetición de las imágenes podía correr la fatal perversión de embotar la sensibilidad de quien las miraba. Escribía acerca de cuáles son los mecanismos emocionales que se activan ante el dolor ajeno: la fascinación ante el horror y el alivio que algunas personas sienten al identificarlo en una situación que no les afecta. Hablaba de la proximidad de cada uno con la desgracia. Todavía, a veces, imágenes como la de Aylan Kurdi, aquel niño sirio de dos años tirado boca abajo en la playa de Turquía, nos remueven adentro. Porque ese niño ahogado se parece demasiado en su postura a tu niño dormido a salvo y en su cama.

Las redes sociales hacen un zoom muy potente con respecto a esto. Asistimos en directo a ese primer plano mediante fotografías y textos de un drama muy diferente. La proximidad ya es fáctica. Y la mala suerte, aleatoria. Pocos echan lágrimas frente a los informativos: la sedación ya hizo su efecto. Pero nos conmovemos cuando la vida de los otros se dibuja en tu bolsillo con forma de mensaje lanzado a la grada. ¿También terminaremos anestesiados?

Ha habido dos casos que me han roto y que tuve que empezar a evitar. El primero, fue el suicidio de una desconocida con la que me unía la categoría de “amigos” en una red. La página de esta persona siguió activa durante bastante tiempo y los amigos, quiero decir, los que sí la conocieron, le dejaban mensajes. Cientos de fotografías donde la mujer sonreía con una y otra persona, con la familia, cumpleaños, viajes, puestas de sol. “Allá donde estés”.

El otro caso fue hace unas semanas. Un compañero de clase de mi primer colegio se despedía de su hermano pequeño con una foto tomada hace unos años con él, posan jóvenes y guapos espalda contra espalda cuando nada iba a pasarles. Se lamentaba a pie de imagen de no poder volver a repetirla, como se habían prometido, cuando tuvieran ochenta. Yo misma le escribí un lo siento. Yo misma visité el perfil de su hermano sin leer demasiado a fondo no fuera a encontrar lo que había sucedido y eso avivara mi pánico.

Me cuenta la historiadora Verónica Villasevil que nosotros, los vivos, ya no tenemos dioses ni ritos que nos identifiquen. Una buena parte forjamos una identidad pública en redes sociales. La pérdida forma parte de la vida, de esa vida hecha añicos que exponemos. El luto negro que nos señalaba en duelo es ahora un estado. ¿Contaría usted su dolor en un teatro con alrededor de 500 personas, familiares, amigos, conocidos y desconocidos? ¿Llamaría a una persona que hace treinta años que no ve para decirle: ha muerto mi padre? A falta del relato común que aportaba la religión, también para cronometrar los ritos de despedida, cuánto y hasta cuándo debe doler la ausencia, las sociedades contemporáneas occidentales buscan y experimentan con otras formas de narrarse diferentes a las tradicionales, inminentes y cotidianas, que han alterado el tejido social tal y como hasta ahora lo conocíamos.

¿Pero por qué me golpea esto y, sin embargo, sobrevivo a las noticias que aparecen en la prensa, la sangre en las imágenes, sin que se produzca la catarsis? Porque esto no es más que el ahora sí: esto que lees podría pasarte a ti. Esa sí eres tú porque sabes que, en el fondo, nunca morirás de hambre en Yemen, ni serás la mujer que se quitó la vida antes del desahucio y tú nunca te jugarás la vida por tocar la tierra del otro lado de un muro.

A veces, quiero mantenerme alejada de todo de lo que, de un golpe, pueda arrancarme la felicidad de las manos. “Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba”, lo escribió Joan Didion en El año del pensamiento mágico. Como si ya solo pudiera enfrentarme al dolor que me producen de mis muertos. Y dejar de pensar todo el día: si me pasa algo inesperado ahora, ¿será capaz mi hijo de recordarme?
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14 Comentarios
  • Birth 3 Birth 3 16/12/18 17:54

    Espero, Moreno Durán,, que no llegue a embotarse con las ruinas continuas y depresivas de la reallidad. Puede que el negarse o limitarse a observarlas preserve la mente y el espíritu. Por otro lado, el quedar embotad@ es un modo de sobrevivir. Tiene la inconveniencia de que se manifiesta y transmite y hace a los escritores y escritoras, a l@s artistas, sumamente aburrid@s y mediocres. Creo que es positivo y legítimo protegerse. A cada un@ le llega su tiempo. Como dice un espadachín italiano a una de las heroinas de "Game of Thrones": "Sólo hay una diosa, la muerte. Y el único rezo que vale cada mañana es"NOT TODAY". Saludos y mejores deseos.

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  • El Diablo Cojuelo El Diablo Cojuelo 12/12/18 21:23

    Estimados Moderadores: A las 8,37 h. mi Compañera Lunilla, ha enviado a Editar un comentario, al art. de Aroa Moreno Duran "Los muertos de mi Facebook". Les ruego se sirbvan remiirlo Editado lo antes sposible, a su lugar y espacio ¡Gracias anticipadas! ...Pero les anuncio que este servicio les compete a Vds. -"no tenemos porque pagar y hacerles el trabajo.." Se trata de un toque de humor por mi parte) El DIablo Cojuelo.....

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    • Lunilla Lunilla 12/12/18 23:45

      Otrosi digo: Perdonenme: Les pide humidemente perdòn Señores >Moderadores" el comentario  por el que me preeocupaba, en mi anteior cmtrº, era de Aroa Moreno, sì!; pero equivocadamente por mi parte me referia a otro articulo de -Aroa, que he visto que lo tenian bien 'cumplimentado, les pido mil perdones...- y espero que no nos vuelva a suceder en el futuro...¡Muchas Gracias! .......El DIablo Cojuelo....

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  • jorgeplaza jorgeplaza 12/12/18 14:15

    Es desconcertante que la autora mencione únicamente dos casos de muertes que la hayan conmovido y que sean de gente tan lejana. ¿No se le ha muerto algún abuelo, algún tío o algún amigo? ¡Coño, qué suerte! A dos de mis abuelos no llegué a conocerlos porque murieron antes de nacer yo, pero los otros dos se murieron cuando yo tenía 17 y 25 años. Muertes de parientes algo más lejanos, con lazos de cariño variables, salpicaron aquellos años. Un vecino de mi misma edad o algo más pequeño con el que jugaba a veces, se murió de meningitis a los siete u ocho años. En fin, que si a uno le da la gana de enterarse, se entera de que se muere gente bastante más cercana que desconocidos de la red.

    Tampoco estoy muy de acuerdo en que no tengamos ritos. Los tenemos, aunque distintos. Por ejemplo, el entierro ya no lo es, en buena parte porque ha sido sustituido por la incineración, mucho más barata. Pero el velatorio en los muchos tanatorios (cada vez más: es un negocio) lo ha sustituido. Los últimos velatorios a los que he asistido (el de mi padre entre ellos) han sido verdaderamente multitudinarios.

    Ya sé que estoy viejo y casi fuera de este mundo, pero lo que cuenta este artículo me parece de otro. De otro mundo, quiero decir.

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    • Orlinda Orlinda 12/12/18 17:52

      Exactamente es lo que he pensado, en qué mundos tan diferentes vivimos las personas y qué suerte a tenido Aroa.

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      • jorgeplaza jorgeplaza 12/12/18 22:00

        Orlinda, para los jóvenes, lo que no está en la red no existe. En la red lo mismo ligan (piensa en la cantidad de redes de ligoteo que hay) que se enternecen por muertos a los que nunca llegaron a ver en persona. La plaga afecta a viejos y jóvenes, pero más a jóvenes, que han cogido el vicio antes. Y yo ni siquiera juego en Twitter o Facebook (espera que mire si lo he escrito bien: sí, está bien. Puedo seguir), lo que demuestra, por si el dolor de los juanetes no fuera bastante, que estoy "acabao". Pero "acabao" y todo pienso seguir dando la lata mientras pueda.

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        • Orlinda Orlinda 13/12/18 00:46

          Una está bastante perjudicada pero no pienso darme por acabada mientras viva, no me voy a dejar convencer de que el valor está en la juventud y en la salud. No me llega lo que dice Aroa, es verdad que ha habido cambios culturales y sociales pero las personas no somos diferentes. Cuando se sufre se busca alivio compartiéndolo con personas queridas, no conozco a nadie ni me imagino que cuente su duelo en las redes, a no ser que no se tenga absolutamente a nadie, que solitarios hay y siempre ha habido. No creo que sea cosa de la edad que a mí no me impresione la foto de Aylan más que tantas cosas como suceden, ni he tenido nunca ni tengo esas seguridades de que yo no vaya a vivir una guerra o tenga algún día que buscar comida en la basura como tantos griegos arruinados.
          Creo que a Aroa puede que le pase algo que suele ser bastante común en madres cuando tienen niños pequeños, a mí me paso una temporada miedo a morir no porque no me recuerden sino por no verlos más, verlos crecer, estar con ellos. Como remedio, en seguida les dije y les sigo diciendo que si me moría estuviesen atentos y no se asustasen que estaría cerca acompañándolos. 
          ¡Jo! Hoy más que la lata me ha dado por decir chocheces. -De madre, más que de vieja-.

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      • Orlinda Orlinda 12/12/18 17:59

        ¡Horror! “HA” tenido.

        Y no comprendo cuál es ese mundo de la historiadora, la mayoría de los vivos del planeta tienen dioses y ritos funerarios.

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        • jorgeplaza jorgeplaza 12/12/18 22:03

          Se me escapó el dedo en el primer comentario y lo mandé a medias y poco inteligible. Traté de arreglarlo con un segundo y resulta que, como Lope, por el tercer mensaje voy entrando. ¿No es evidente que estoy más "acabao" que Sara Montiel o Machín, q.e.p.d?

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        • jorgeplaza jorgeplaza 12/12/18 21:54

          Nuestro reino ya no es de este mundo, Orlinda. Por no ser, ni siquiera es reino. La juventud lo hace todo en las redes sociales: lo mismo liga (piensa en la cantidad de páginas de ligoteo que hay) que se enternece por muertos a los que nunca llegó a ver en persona. Lo que no está en la red, no existe y yo no juego ni En fin, que estamos "acabaos".Pero yo, "acabao" y todo, pienso seguir dando la tabarra mientras pueda.

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  • cexar cexar 12/12/18 09:24

    Nunca entré en Twitter ni en Instagram. Hace 2 años me borré de Facebook. Ningún problema. Ya había vivido perfectamente antes sin ellos. Solo me permito los amigos que soy capaz de atender.
    En cuanto a la hipocondría, yo creo que aumenta con la edad. Siempre me acuerdo del epitafio que puso en su lápida un famoso cómico hipocondríaco francés:"¿Lo veis? Os dije que esto me mataría ".

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    • Birth 3 Birth 3 16/12/18 17:19

      Cexar, permítame que precise su cita. Se debe de referir a las palabras que están en la lápida del célebre escritor, humorista, artista británico, Spike Milligan. Y sí, dice algo así como " I told you I wasn´t feeling very well" Saludos.

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  • Acratador Acratador 12/12/18 08:44

    Muy buena reflexión, esas RRSS que parecen unir pero que son un artificio o un sucedáneo. Como dijo Conrad: creía que era una aventura y era la vida.

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  • platanito platanito 12/12/18 08:06

    ¿Y si falto un día? ¿Qué será de ella que no se puede valer sola?

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