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Muros sin Fronteras

Taxistas, periodistas y demás perdedores

Publicada el 17/01/2019 a las 06:00 Actualizada el 17/01/2019 a las 14:25
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Estamos inmersos en una colosal mudanza tecnológica, y en otra colateral de costumbres y, tal vez, de pensamiento. Se llama Cuarta Revolución Industrial. El impacto será similar al descubrimiento de la agricultura hace 7.000 años. Con ella surgió el hombre sedentario y las ciudades, la familia monógama y las religiones monoteístas. Nos hallamos tan debajo del ojo del huracán que no percibimos su fuerza.

Un 63% de los alumnos que empezaron 1º de Primaria en este curso trabajarán en profesiones que aún no existen. Lo dijo César Alierta en el Mobile World Congress en Barcelona hace dos años, y se mantiene vigente. Las nuevas tecnologías crearán unos empleos y matarán otros, como sucedió en la Revolución Industrial. De nada sirvió quemar telares, como de nada sirve ahora quemar cabifys.

La crisis de 2008, sumada a la revolución tecnológica, ha puesto en la calle a cerca de 20.000 periodistas, solo en España. Han desaparecido periódicos y revistas en todo el mundo, y se han creado otros nuevos, digitales como InfoLibre. La mayoría de los lectores tradicionales que hoy acceden de manera gratuita a su periódico, a través de la web, no sienten necesidad de leerlo de nuevo pagando al día siguiente. Están los románticos, claro. Y la publicidad, que en el papel sigue generando ingresos.

Pese a que los libros resisten algo mejor al ímpetu de las tabletas y demás artilugios, las librerías tienen un serio problema a medio y largo plazo con este cambio masivo de costumbres. El libro físico conserva, de momento, su magia: el olor de la página, la letra impresa, su presencia en la estantería… Pequeñas ceremonias que permiten convertir un libro fabricado en serie en una parte de nuestra vida.

El principio de la evolución de las especies de Darwin da esperanza a los afectados: no sobreviven los más fuertes ni los más inteligentes, sobreviven los que se saben adaptar. Esa es la clave: adaptarse.

En primera línea de la masacre nos encontramos los periodistas, los taxistas, las tiendas de alquiler de vídeos y las agencias de viaje, por señalar unos pocos. Habrá robots dentro de casa, en las tiendas, en los coches, en el trabajo. ¿Estamos preparados? La respuesta es no. La educación sigue centrada en preparar trabajadores para una industria que está dejando de existir. Carecemos de una hoja de ruta para sobrevivir en la Cuarta Revolución. No aprendemos a manejarnos en lo impredecible.

Lo políticamente correcto sería apoyar la lucha de los taxistas españoles contra las multinacionales Uber y Cabify. Es lo que dice el manual del perfecto progresista. El manual del perfecto liberal español está en blanco en todos los asuntos que afectan a las personas.

Bloquear ciudades, y que unos exaltados ataquen vehículos de Cabify o Uber, como ha sucedido otras veces en Sevilla, Málaga, Barcelona y Madrid, no es la mejor manera de conservar la simpatía popular. La lucha debería ser en los tribunales, españoles y europeos. Se pueden exigir limitaciones en el caso de Airbnb y plataformas similares. No porque esté en juego el negocio de los hoteleros sino porque está en juego el modelo de vida de las ciudades.

No hay noticias de que los trabajadores de las videotecas hayan cortado la Castellana o Las Ramblas para protestar contra Netflix y exigir medidas. Sí hay noticias recientes de la guerra de las salas de cine contra la película Roma, producida por Netflix. Los dueños prefieren películas comerciales que apoyar el cine independiente. Optan por el dinero seguro de Aquaman que asumir el riesgo de Pa Negre, premiada cuando ya estaba fuera de circulación. Sabrán lo que hacen: cine de consumo masivo y rápido, y no siempre de calidad, en salas cada vez más pequeñas cuando las nuevas pantallas de televisión son cada vez más grandes. No hay que ser un lince para predecir el futuro.

Alfonso Cuarón lo explica en este vídeo.



Tampoco hay noticias de protestas de las agencias de viaje, ni peticiones para que se prohíba Booking, Trip Adviser y demás buscadores. Sobrevivirán las agencias que se sepan adaptar. Siempre habrá viajes especializados que van a sobrevivir. Puedo elegir mi hotel en Florida, pero me dará más confianza una agencia especialista para realizar el viaje de mis sueños a Patagonia. El negocio no está en los paquetes masivos, sino en los selectivos, en el viaje personalizado.

Los periodistas no hemos pedido que se prohíban Google, Facebook, Twitter, y demás competidores en información. Lo que queremos es que no nos roben la información y la publicidad. La adaptación está en la calidad, y en la especialización. La web del The Wall Street Journal es una de las más rentables, y de las más caras. Se lo puede permitir porque manejan una información especializada con la que se toman decisiones de negocio. Sus informaciones no están en Twitter, no son un copia y pega ni tienen vídeos virales pirateados ni mujeres semidesnudas como las web de la prensa deportiva española.

El problema es que la excelencia es cara. ¿Cómo convencer al lector para que pague por un producto que ha dejado de ser excelso? ¿No seremos nosotros los periodistas –o nuestras empresas-- culpables de nuestros males?

La amenaza de los taxistas no es Uber ni Cabify. Su problema es que su negocio tradicional está afectado por el cambio de modelo impulsado por las nuevas tecnologías. Y contra eso hay poco que hacer. Están sentenciados. Mañana serán los coches sin conductor. Solo sobrevivirán unos pocos, los que presten un servicio mejor y personalizado. Siempre habrá gente que prefiera un conductor a un asiento vacío.

Hay intentos interesantes como MyTaxi. Cuando uno de sus conductores cancela un servicio aceptado en la aplicación porque ha visto a unos japoneses con maletas está beneficiando a Uber y Cabify, que no lo hacen. La clave es la calidad y competir con las mismas armas.

El problema en España se llama licencia municipal. Las de los taxistas son una burbuja piramidal que ha estallado. Los últimos que pagaron en Madrid 140.000 euros, que se endeudaron, son los que están más expuestos. Son los perdedores del cambio.

En Nueva York no ha habido grandes protestas por la llegada y crecimiento de Uber y Via, así se llama la otra compañía. La mayoría de los taxis pertenecen a empresarios que tienen varios vehículos. Ellos son los perdedores; y sus chóferes, la mayoría inmigrantes que llevan años detrás de un volante, que cobran poco y que carecen de derechos. Ya ha habido algunos suicidios entre los despedidos. En España, la mayoría son taxistas-propietarios de su coche. El impacto es directo.

Todos los sistemas de negocio piramidales acaban mal, y el de la licencias es uno de ellos. El capitalismo carece de sentimientos, es un modelo depredador para depredadores. Si ganas dinero no quieres oír hablar del Estado, y si se puede engañar con los impuestos, se engaña. En España tenemos una variedad autóctona, y no lo digo por los taxistas, sino por las autopistas de peaje y los bancos. Si gano, déjame en paz; si pierdo, quiero que el Estado me rescate. Negocio seguro.

Es posible que si el Estado asumiera todas las licencias y compensara a los taxistas por sus inversiones, se acabara parte del problema. ¿Y los que pierden en Bolsa se pueden apuntar al maná? El problema de los taxistas es ante todo humano, miles de personas ven peligrar su trabajo. Podrán limitar la expansión de Uber durante un tiempo, pero a medio plazo están perdidos.

En Florida, los conductores de Uber no necesitan un permiso municipal. Basta el permiso de conducir y tener los papeles en regla. En el aeropuerto de Nueva Orleans hay una zona de recogida de Uber. Pero no es así en todo el país.

El negocio de los taxistas ha sido hasta hace poco un monopolio. Como el los medios de comunicación. O el de los bancos, que se han lanzado contra ING con apoyo del anterior Gobierno español.

(Los consumidores no se mueven por simpatías, sino por calidad y precio. Conocí a un profesor serbio, no demasiado nacionalista, después de la guerra de Bosnia-Herzegovina. Compraba el jamón york en un súper esloveno de Belgrado, y no en uno serbio como le pedían sus amigos. “Me gusta el jamón cortado muy fino y en el esloveno me dan lo que quiero. El patriotismo no me da de comer”).


 
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9 Comentarios
  • JMCB60 JMCB60 19/01/19 00:35

    Bien. También se le puede llamar Cuartea revolución industrial del pesimismo.
    Señor Lobo: BRUTO Y CASIO NO SE QUERÍAN ADAPTAR, y Julio César un hombre (no un dios). La suerte de una batalla decantó el resultado, tan sumamente impopular que el mismísimo fundador nunca se llamó a sí mismo emperador. Su buen hacer socio-político garantizó la franquicia al resto.
    Señor Lobo, ¿qué tendrá este milenio caracterizado por su derrotismo, donde cada fulano grita fuego y todos salimos corriendo? Claro, como a veces son varios los tipejos que lo gritan, pues tropezamos como pollos sin cabeza.
    Las VTC no son nuevas tecnologías. Es el sistema imperante en el tercer mundo, primo hermano del famoso descrito en La Ciudad de la Alegría: puro regateo y abuso. De momento cochazos para que piquemos, luego igual acabamos de paquete en un ciclomotor. El taxímetro es una garantía, la formación, los impuestos, el control público, son componentes del moderno estado de bienestar.
    El liberalismo salvaje apesta a tumba y podredumbre, y es que data de más allá de los faraones. El sistema capitalista-liberal es el primer sistema existente, comprar barato-vender caro. Claro que el trabajador más barato es el esclavo....siga el hilo. Más viejo que la tos. Encima "nos venden la moto" y no pocos corifeos periodísticos la saludan.
    Siglo XXI, el parto de los montes. Vulgar, anodino y derrotista, en todos los ámbitos. Y el más mediocre. El que juega con todas las cartas en la mano y pierde la partida.

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  • phentium phentium 18/01/19 15:24

    En este tema como en tantos otros, miramos el dedo en lugar de la Luna. Los árboles no nos dejan ver el bosque y es necesario recapacitar.

    La solución, si bien puede ser salomónica, es bien simple: TODOS, absolutamente todos, deberíamos pensar en términos somples,. Tan somples como plantearse si la aparición de estas plataformas benefician al ciudadano de a pie en lugar de preguntarnos como perjudican a un determinado gremio, que aún siendo algo lamentable habra que asumir a través de la administración de forma que ese perjuicio sea mínimo.
    Si cuando el automóvil substituyó al caballo hubiésemos andado con estas exquisiteces, vaya ud. A saber cuántos lustros se habrían estado subvencionando la fabricación de sillas de montar, el herraje de caballos p los establos.
    Estas políticas excesivamente proteccionistas tienen su origen en la mafiosa SGAE y la industria discográfica
    Ahí debería haberse cortado el origen de muchos problemas similares.

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  • frida56 frida56 18/01/19 01:06

    En Gran Canaria el aeropuerto está situado entre dos municipios. Durante años,solo los taxistas de esos municipios podían recoger clientes en el aeropuerto,cuando se generalizó a todos los municipios,la que montaron! Que si se perdían puestos de trabajo,etc...la realidad era que cuatro tenían todas las licencias y explotaban a sus trabajadores,tal como ellos dicen que hacen Uber y Cabify. La experiencia me demuestra que,no importa el sector al que nos refiramos,la gente solo mira lo suyo y no es sensible a las situaciones de los demás. 

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  • Panchon Panchon 17/01/19 23:48

    Quizás la re-evolución sea otra vuelta de tuerca a un mundo despiadado e insolidario. Quizás los lenguajes como la especie humana deberían dejar paso a nuevas inteligencias y vias de comunicación donde competir no sea posible si eso significa negar oportunidades o bienestar a los semejantes o maltratar a los más débiles. Quizás un buen uso de las nuevas tecnologías sin ánimo de lucro y enfocadas en preservar, cuidar y equilibrar este jodido planeta. Quizás entonces, en lugar de involucionar como especie colonizada de ambiciones, odios, guerras, destrucción y hambrunas, quizás entonces la dignidad de existir, el campo de nuestra educación y nuestros esfuerzos derivados del trabajo pondrían los derechos y cuidados de seres y planeta por encima de la jodida economia y el endiosado dinero, que, actualmente es el único garante de que se nos reconozca.

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  • canor canor 17/01/19 18:19

    Gracias por el articulo. estamos en nuestro mundo muy cercano y no sabemos , ni somos conscientes de lo que nos acecha. Cuanto periodistas como ud. Sr Lobo hacen falta ,  y sobran de los que proliferan dedicandose a la charanga y pandereta.

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  • CinicoRadical CinicoRadical 17/01/19 11:15

    "La revolución agrícola fue el mayor fraude de la historia.¿Quién fue el responsable?. Ni reyes ,ni sacerdotes,ni mercaderes.Los culpables fueron un puñado de espécies de plantas,entre las que se cuentan el trigo,el arroz y las patatas.Fueron estas plantas las que dominaron a Homo sapiens,y no al revés." (Yuval Noah Harari sapiens.pág.98) El cazador-recolector perdió Libertad..Los peajes. evolutivos.el que no se adapta,fuera.También hay maneras de vivir.que cantaba un Mercado con crédito.

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    • CinicoRadical CinicoRadical 17/01/19 11:23

      Gerardo Díaz Ferrán. ... empresarios quieren privatizar los beneficios pero socializar las pérdidas,

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  • Coronel Dax Coronel Dax 17/01/19 09:06

    Esa defensa que usted hace de la “nueva economía” no la comparto, Sr Lobo. A mí se me ocurren muchas “nuevas economías” con mejoras de los servicios que prestan actualmente algunos sectores. Por ejemplo, de notarías, con precios mucho más baratos, agilidad y aperturas 24 h siete días a la semana. Lo mismo para acabar con registradores o con las farmacias... y tantos otros infinitos “chollos” que existen en nuestra sociedad. Con la misma filosofía que Uber. Me parece que el neoliberal Sr Rajoy, que sería uno de los perjudicados, comenzaría a tener dudas sobre el sistema neocapitalista.

    No es que esté en contra del progreso que nos trae la tecnología. Pero la tecnología sirve para el bien de la humanidad y también para el mal, no lo olvidemos. Depende de cómo se aplique.

    No me gustan Amazon, Airbnb y similares. Habría mucho que hablar sobre ellas. A veces sólo vemos los efectos positivos inmediatos, los derivados son más difíciles de ver, pero en ocasiones son determinantes (¿le suena la energía nuclear y sus efectos secundarios?). Pero al fin y al cabo los mencionados operan en un mercado en libre competencia con las demás empresas. Sin embargo, lo de Uber es diferente. Una empresa que se cuela por la puerta de atrás (con licencias que no son de taxi) a hacer una competencia desleal a los taxis. Otra cosa es la lamentable situación a la que había llegado ese sector, pero ese es otro problema.

    Un saludo.

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    • Chuchi Chuchi 17/01/19 11:12

      Pues yo no veo la defensa del Sr Lobo a "la nueva economía", más bien a la necesidad de adaptación a los nuevos cambios y no solo en materia laboral. Pero siempre a sus órdenes mi coronel.

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