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Desde la casa roja

Nuestra 'Roma'

Publicada el 30/01/2019 a las 06:00
Me crucé durante tres años con Salma en el rellano de la escalera. Ella regresando siempre con una barra de pan. En el pequeño súper tenía advertido que a las ocho de la tarde iría todos los días a por ella y tendría que estar recién hecha. Y obedecían. Porque la orden no venía de Salma. La barra debía estar tan reciente como para llegar caliente a la mesa de la cena. Salma corría abrazada a ella durante el invierno atajando caminos. A esa hora, todavía le quedaban varias tareas para concluir el día: servir la cena, recoger, preparar a los niños para la noche, dormirlos y poner todo en orden para que la rueda siguiera girando bien engrasada al día siguiente. A Salma los niños más pequeños de mi vecina la llamaron “mamá” hasta que se dieron cuenta de que Salma era su “cuidadora”. Y de que esos afectos terminarían alguna vez sin drama. Esos mismos niños me preguntaron varias veces si yo era la “cuidadora” de mi hijo. Les extrañaba que pasara los días con él. “Cuidadora”, “limpiadora”, “cocinera”, “recadera”.

“La chica”.

Escuché a Salma bregar con ellos para sacarlos al parque y que no vieran tanto la televisión, la vi caminar con una mochila en cada hombro por la cuesta, tender las camisas para recibir el primer sol del amanecer cuando las cuerdas aún estaban crispadas de escarcha, regresar de la compra bajo los cuarenta grados de Madrid en julio caminando con el uniforme rosa y largo impoluto. La vi esperar el autobús los domingos por la tarde, imagino que ya con la cocina recogida y la cena prevista, para disfrutar del único rato libre de la semana.

El 96% de las internas son mujeres, según la Encuesta de Población Activa. El 42% de estas mujeres tiene nacionalidad extranjera. Llevan casas, cuidan niños, ancianos o discapacitados. Su salario medio es de 800 euros al mes por 40 horas semanales, pero el 72% hacen bastantes más de sesenta. En realidad, apenas existe el descanso. Deben estar alertas, activas y preparadas para cualquier llamado.

A veces, reciben parte del salario en especies: hasta un 40% menos en concepto de alojamiento y comida. Su sistema de filiación es un régimen específico de cotización, el Sistema Especial de Empleadas de Hogar, donde no se reconoce, por ejemplo, la prestación por desempleo. Si se despide a una interna de un día para otro y sin razones, aún tiene vigencia el despido por desistimiento, por pérdida de confianza, y se tiene que marchar sin más, arrojada al vacío laboral. ¿No es esto una nueva esclavitud?

España debe ratificar con urgencia el Convenio sobre las trabajadoras y trabajadores domésticos de la OIT asegurando cuestiones básicas como descansos de 12 horas, el respeto a la intimidad de las internas o el derecho a la prestación por desempleo de uno de los sectores peor remunerados, más vulnerables e infravalorados socialmente y donde las mujeres están claramente sobrerrepresentadas.
 


Pensé en ellas cuando vi la película Roma, del director mexicano Alfonso Cuarón, que tantos elogios ha recibido y sumará. Su nítida factura en blanco y negro, su perfección de luces y sombras. Un álbum de fotos familiar en movimiento, el álbum de la familia Cuarón: las playas de Tuxpan, las calles de la colonia Roma en los setenta, el retrato (o el boceto de retrato) del Halconazo y de la sociedad bajo el mandato de Luis Echeverría Álvarez, uno de los gobernantes más nefastos para México. Un álbum de fotos donde se ha incluido a Cleo, la empleada doméstica.

Un relato poderoso en lo individual, pero frágil si seguimos haciendo lecturas universales y condescendiente si se generaliza para ser recibido por esa sociedad altiva que necesitaba verse relatada en una película demasiado perfecta para la sordidez humana que expone. Una clase privilegiada que se cura un poco la culpa diciendo “ellas eran de nuestras familias”, “las tratamos bien”. Es cierto que, por primera vez, Cuarón señala a un colectivo inmenso y precario que sufre discriminación por su raza, por su género y por su clase. Pero no se debe olvidar que las empleadas domésticas, concretamente en México, forman un grupo que padece graves problemas derivados de su empleo: abusos sexuales, malos tratos, despidos injustificados, acusaciones falsas de robo, accidentes laborales desatendidos e, incluso, la prohibición de hablar en lengua indígena dentro de las casas. En ese homenaje a un universo familiar sostenido sobre mujeres, dice uno de los personajes: “no importa lo que te digan, siempre estamos solas”, lo que es cierto en la trama, pero los conflictos no pesan igual entre la explotadora y la explotada.

Mujer, migrante, de hogares en riesgo. Es la Cleo de Roma. Es Salma en Aravaca. Debería terminar la informalidad que limita el acceso a los derechos laborales de estas mujeres. No deberían depender de la suerte de caer en una familia o en otra, el Estado debe protegerlas efectivamente contra toda forma de abuso, acoso y violencia así como equiparar el derecho social de este colectivo al resto de trabajadores.
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10 Comentarios
  • Archie Shepp Archie Shepp 20/02/19 16:13

    Pocas veces he visto una película más sobrevalorada que Roma. A nivel de fotografía e iluminación es perfecta, y sin duda merecidamente se llevará el Oscar, pero la historia que cuenta es casi intrascendente y por momentos lo hace de un modo cercano al fracasado neorrealismo italiano. La simbología del pasillo-túnel que separa a la familia burguesa del México real la utiliza hasta la nausea, y el hilo conductor de la muchacha embarazada abandonada por su novio es muy débil. La crítica social está prácticamente ausente, pues la muchacha está completamente integrada en la familia. Si los Oscar quieren seguir, en la desdichada era Trump, por el prodigioso camino que abrió "Moonlight", deberían mirar más allá de sus narices, por ejemplo a Africa, o hacia Europa, en concreto al cine francés, de marcado carácter social, aunque este año se han equivocado al no seleccionar la escalofriante "Custodia compartida".

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  • Queso Tierno Queso Tierno 31/01/19 02:52

    Me encantó la factura de la película de Cuarón y sobre todo el personje de Cleo, su invisible y magnética presencia y la magnífica elección de la actriz, No me interesó tanto el tema y no creo que Cuarón se planteara una película de denuncia política y/o social, creo más bien que hizo un impecable retrato costumbrista del cual cada uno pudiera hacer sus lecturas y sacar sus impresiones y sobre todo, para hacer un sentido homenaje a sus recuerdos de la infancia.

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    • jorgeplaza jorgeplaza 31/01/19 09:24

      La película es una colección de recuerdos de infancia, como usted dice, narrada desde el punto de vista de un observador invisible que siguiera a la familia en los acontecimientos que Cuarón ahora recuerda con más intensidad aunque sean de muy distinta importancia: se tratan en pie de igualdad, con el mismo énfasis (o más bien con la misma ausencia de énfasis) un asesinato a quemarropa, el riesgo real de ahogarse los niños y la niñera en la playa y el baldeo diario del zaguán para limpiar las cacas del perro. De hecho, a ese baldeo se le dedican los varios minutos de apertura de la película: es un hecho nimio pero un recuerdo importante porque era una fuente de conflicto con el inútil del padre de la familia. No hay tesis sobre la explotación de las domésticas pero sí la hay, sutil pero oportunista, sobre la diferencia entre hombres y mujeres: todas las mujeres que aparecen en la película, sin excepción, son buenas o buenísimas, pero los únicos varones no despreciables son los niños. ¿Será verdad que Cuarón lo recuerda así o es que, sin traicionar demasiado los recuerdos, se puede hacer la película perfecta para ganar el Óscar en la era del #MeToo?

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      • Queso Tierno Queso Tierno 31/01/19 12:16

        Muy bién planteado y tengo que estar de acuerdo. Es cierto que Cuarón no es impermeable a los movimientos de Hollywood y sabe leer, no entre lineas, sino directamente de las lineas, que alli son muy descaradas y dar el producto adecuado al uso. Por eso dije que el tema no me interesó mucho, está manido y la película, para mi, no es un referente socio-político de denuncia, pero si la maestría cinematoráfica de Cuarón que abarca ya muchos registros y siempre con calidad. Personalmente soy más de Hijos de los Hombres, su sensacional coreografía de masas y de movimientos y sobre todo del efectista paréntesis de la bajada de escaleras y salidad a la calle del niño en brazos de su madre. Un magnífico narrador aunque haya sido atrapado por Hollywood. Y ya sabemos. El que esté libre de pecado....Saludos y gracias por su agudo comentario.

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  • losdel38 losdel38 30/01/19 20:02

    ...Y cuantos años nos cruzamos ( 2,000 ) con Salma las monjas de España ?? Estas monjas que estan al servicio de los Obispo/curas las 24 h...( Mujer tenia que ser) no tienen sueldo. Los Obispo/curas que tienen varios ingresos, por eso son ricos y millonarios y se llevaron ? por cojines La Mezquita de Cordoba,esta Mezquita le deja a los Obispo/cura unos 500,000€ mensuales.
    Sras. Monjas los Obispo/curas tienen Votos de Castidad y Votos de Pobreza..De las mujeres monjas de España no se acuerdan ni Dios.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 30/01/19 18:13

    Las criadas domésticas son casi todas mujeres pero curiosamente los repartidores de comida en bici, ese trabajo envidiable, son casi todos hombres. No sé hasta qué punto se cambiarían unos por otras y viceversa ni si la autora realmente es capaz de ponerse en el papel de ninguno.

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  • Orlinda Orlinda 30/01/19 16:05

    No estoy de acuerdo con la opinión de Aroa sobre la película “Roma”. Yo no he visto condescendencia para con una situación de explotación ni interés por retratar bien a una clase social alta sino una realidad que también existe: todas las personas de clase alta no son unas malvadas que maltratan de forma explícita a sus empleados, sucede que están inmersas en un sistema en el que es normal ese tipo de relación laboral.
    No hace falta contarlo con sordidez para que quede manifiesta la explotación y en la película no hay duda de que Cleo no tiene vida propia más que el trabajo, cuáles son las posiciones y las jerarquías atravesadas las de clase por las de género. Claro, nada se vive igual entre diferentes clases pero con independencia de ella y de la ideología hay algo común en lo que se pueden identificar las mujeres, la dependencia, el estar a disposición, la falta de voz, es “todas estamos solas” y sin que desaparezcan las jerarquías, ellas se comprenden, se ayudan y cuidan de cierta manera. Me parece maravilloso como lo cuenta Cuarón, no por ello idealizando ni obviando cuál es el lugar de Cleo, tan bajo socialmente que incluso el novio, que es de clase baja, la insulta llamándola criada.
    En fin, no veo por ninguna parte que la película pueda ser inconveniente para conseguir derechos y reconocimiento para estas trabajadoras.

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  • Larry2 Larry2 30/01/19 10:55

    Es bonito refrescar con estos artículos la situación de las mujeres en esta actividad. De acuerdo no se puede dejar esto en la "suerte de caer en una familia que tenga la sensibilidad hacia estas mujeres, habría que darles mas apoyos con una mejor regulación. agur. 

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  • platanito platanito 30/01/19 08:08

    Muchas se merecen ese apodo de mamás por el amor que vierten de lo más íntimo de su corazón hacia esas criaturitas. Y también todo lo que reclamas para ellas.

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  • M.T M.T 30/01/19 05:28

    Sí Aroa, Cleo y Salma. Cleo en esa " Roma" de Cuarón y tantas Salmas en nuestras Roma. Tu artículo un espléndido homenaje reivindicativo a favor de los derechos laborales y otros de tantas Cleos y Salmas, protagonistas de relatos de ficción y tan reales. Espléndida película, en mi opinión, retrato de una época, ambiente y clases sociales. En blanco y negro y mucha sordidez o negrura: ¿la vida misma? Y ese " no olvides que estamos solas" ¿ en boca de la señora, de la explotadora, tal como dices? En los años 70 y casi en los 2020. Así seguimos.
    Un cordial saludo , Aroa.

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