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Sin bajar la guardia. La tercera vuelta se juega en Europa

Publicada el 06/05/2019 a las 06:00 Actualizada el 05/05/2019 a las 16:14
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“Alivio” ha sido la palabra de la semana. El que hemos sentido todos y todas al comprobar que la extrema derecha en España no ha conseguido los resultados que esperaba, quedando muy por debajo de sus expectativas y a bastante distancia de sus homólogos europeos como puede verse en este mapa. Pero para que la alegría sea completa este mes de mayo no podemos bajar la guardia.

A falta de ver qué nos dicen las encuestas post-electorales, hay cosas que ya están claras. El freno a la extrema derecha lo han puesto los más de 26 millones de españoles y españolas que han acudido a las urnas, casi un millón más que en el 2015 (a falta de los datos definitivos), y más de 2 millones más que en el 2016. Los motivos seguro que son variados, y no descartaría que entre los nuevos votantes hubiera también partidarios de Vox, pero los 2.6 millones de votos que han obtenido los neofranquistas han quedado diluidos gracias al incremento de la participación.

Estas elecciones generales pueden considerarse una segunda vuelta de las andaluzas. Fue la irrupción en el parlamento andaluz de Vox y la abstención de buena parte de la izquierda la que dejó a Andalucía en manos de un tripartito de derechas de facto. Ahí se creó el escenario en el que habrían de librarse el resto de las batallas. Escenario arriesgado, sí, pero también con incentivos para una izquierda que esta vez no ha tenido dudas en salir a votar. Con más o menos convicción, y con más miedo que ilusión, pero entendiendo la urgencia del momento. En Moncloa supieron leer bien el estado de ánimo de la sociedad española y lo aprovecharon para movilizar voto progresista.

Ahora llega la tercera vuelta y esta es, si cabe, más compleja. En buena parte de España el 26 de Mayo depositaremos tres papeletas: una para formar ayuntamientos, otra para elegir a los parlamentos autonómicos y otra lejana, desconocida y complicada, para mandarla a Bruselas. Da acuerdo con la misma lógica que ha funcionado hasta ahora, será necesaria de nuevo una importante participación para parar a la extrema derecha. Y siendo como son importantes todos los espacios donde se juega el partido, el europeo es especialmente relevante.

Las elecciones al Parlamento Europeo han sido consideradas históricamente en España –y en otros países de la UE– elecciones de segundo grado: el déficit de conocimiento y de apropiación de la ciudadanía que tiene la UE es uno de sus problemas de base, y la falta de interés en sus elecciones viene a ser el síntoma que lo evidencia. En España la participación en los comicios europeos ha pasado del 68,5% de la primera vez en 1987 al 43,81% de la última, en 2014, dibujando una clara línea descendente. No somos especiales: en el resto de Europa la tendencia es similar, como puede verse aquí.

Se saben más cosas del comportamiento electoral en las europeas. Como se ha comprobado a lo largo de los años en estos comicios, existe en los electores cierta licencia para actuar con más descaro, de forma más gamberra, y mostrar a las claras su malestar con opciones que se quedan en los márgenes o directamente fuera de lo políticamente correcto. Son, para muchos votantes, una fantástica ocasión de darle un buen corte de mangas al gobierno y en cierta medida, al sistema. Recuérdese, por ejemplo, la sorpresa de las elecciones europeas de 2014, que bien podrían considerarse el nacimiento oficial de Podemos. La fuerza morada emergió de forma sorprendente de la nada recogiendo 1.250.000 votos, un 8% del total, que se convirtieron en 5 eurodiputados.

La tercera gran característica que tienen las elecciones europeas es que se vota en circunscripción única. Cada voto vale exactamente lo mismo, no perdiéndose ninguno en circunscripciones provinciales y rentabilizándose de manera estrictamente proporcional lo obtenido en el conjunto del territorio.

Estos tres elementos que, como es sabido, definen las elecciones europeas en buena parte del continente pueden hacer las delicias de Bannon y sus secuaces. Porque si importante es para ellos ir abriendo espacios y alcanzando cotas de poder en cada uno de los estados europeos, el objetivo final de la extrema derecha en Europa apoyada por el que fuera asesor de Trump y uno de los adalides del nacionalpopulismo es acabar con esa idea de democracia –imperfecta, sí, pero democracia–, redistribución y equidad, gracias a la cual Europa ha conseguido ser uno de los lugares más prósperos, igualitarios y seguros del mundo.

Quizá hoy el viejo continente se parezca más a un geriátrico suizo –pequeño, envejecido y con un altísimo nivel de vida en comparación con el resto del mundo– que a un hervidero de ideas e innovación, o al templo de la ética y la coherencia, pero sus enormes grietas y goteras, que las tiene, no las arreglará la vuelta a un nacionalpopulismo excluyente, autoritario y neoliberal. Las grietas de la democracia, en Europa como en el resto del mundo, se arreglarán con más democracia.

Por eso, el 26 de mayo, además de elegir ayuntamientos y parlamentos autonómicos, encargados de gestionar buena parte de nuestro día a día, allá lejos, en la gris y húmeda Bruselas, esa que ni conocemos bien ni entendemos del todo, se juega una de las grandes batallas por la democracia. ¿Bajar la guardia? Ni un minuto.
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6 Comentarios
  • CinicoRadical CinicoRadical 06/05/19 19:13

    Como nos distraigamos,la bajada de la guardia,nos saldrá caro.,mucho.Iberia el inicio de la reconquista de la socialdemocracia.? Sánchez tiene la llave.

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  • FFgaro FFgaro 06/05/19 18:51

    Lo mas triste y desolador es que la mayoria de los ciudadanos españoles creen que la UE es un lugar en la luna y no se dan cuenta que son los que en mayor medida tienen un efecto directo sobre nuestro dia a dia y en el futuro de nuestra sociedad.

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  • baja chico baja chico 06/05/19 06:39

    Pués a mí el Parlamento Europeo siempre me ha parecido un gran florero frente a la derechona Comisión Europea. Y para muestra la tramitación de aquel famoso asqueroso tratado comercial TTIP, que por suerte pudo parar el impresentable Trump.
    Y me temo que no he exagerado al tratarla de derechona favorecedora de los grandes intereses financieros y olvidando a los europeos de a pie desde aquel Barroso de las Azores seguido del impresentable Junker, antiguo presidente del paraíso fiscal luxemburgués. Y me temo que el siguiente será aún peor. Y que a Arias Cañete el petrolero le sucederá un polaco derechón o un Orbanito cualquiera.
    ¡Cómo para no estar desilusionados con la próxima votación! Pero votemos.

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  • Fernandos Fernandos 05/05/19 21:20

    No debería llevarnos a votar el miedo, debería ser el raciocinio y saber que ninguna clase de capitalismo nos va a regalar nada, ni aquí ni en Europa, los recortes sociales son el adn del capitalismo.

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    • cexar cexar 06/05/19 15:15

      Aun coincidiendo contigo soy de los que piensan que "en tiempos de guerra cualquier agujero es trinchera". En Europa se cuecen muchas de las cosas que nos afectan diariamente. Así que votemos, aunque sea por miedo (un miedo fundado, soplan vientos favorables para los facinerosos), pero votemos.
      Salud y República,

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 05/05/19 21:19

    No bajemos la guardia pero no nos hagamos ilusiones. En el Europarlamento se debaten cosas que luego tienen que ser aprobadas por el Consejo. Le llamaban "codecisión" pero lo cierto es que el Consejo no es elegido directamente por los ciudadanos, sino que lo componen los 28 (serán 27 por el Brexit) jefes de gobierno de los países miembros. Dicen que no legislan, pero tienen el poder de vetar iniciativas del europarlamento. El procedimiento legislativo europeo es complejo pero precisa la aprobación del europarlamento y del Consejo Así que el problema del europarlamento no es que lo veamos lejano, es que sus decisiones sólo nos afectan "para mal". Porque cada jefe de gobierno piensa en sus nacionales en clave nacional y no europea. Y con la cantidad de euroescépticos que presiden hoy gobiernos en Europa, cualquier decisión en favor de una Europa unida, solidaria y de los pueblos está condenada al fracaso. Espero que no nos hayamos quitado la pinza de la nariz.

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