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En Transición

Que no nos distraigan: la mejor defensa de Europa es su reconstrucción

Publicada el 20/05/2019 a las 06:00 Actualizada el 31/05/2019 a las 18:16
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El próximo domingo elegiremos a nuestros representantes en el Parlamento Europeo en un momento muy especial de la historia de la UE, cuando las debilidades que viene arrastrando se juntan con la crisis de representatividad surgida de la errónea e interesada gestión de la gran recesión, impidiéndole abordar con la audacia necesaria los grandes retos que tiene ante sí.

No descubro nada nuevo si digo que los problemas de déficit democrático de las instituciones europeas han lastrado buena parte de su desarrollo. La tensión entre aquellos que quieren mantener Europa como un ámbito de coordinación entre Estados –intergubernamental– y los que apuestan por visiones transnacionales desde la óptica federalista no ha sido capaz de solucionar las carencias de un diseño institucional complejo, una dinámica ininteligible –en expresión de Innerarity, La democracia en Europa (Galaxia Gutemberg)–, junto con innumerables carencias en lo referente a la rendición de cuentas, la transparencia y la trazabilidad de buena parte de las decisiones, de forma que la participación se hace, si cabe, mucho más difícil.

A estas carencias hay que añadir las que se sumaron fruto de la gestión que hizo la Unión Europea de la gran recesión del 2008. Debía elegir entre apostar por las políticas de cohesión social, solidaridad y democracia que le hicieron superar los traumas de la Segunda Guerra Mundial o ceder a los grandes intereses financieros olvidándose de los valores que la vieron nacer. El resultado es conocido. Optó por la segunda opción, y con ello traicionó no sólo sus propios principios, sino las bases de adhesión y confianza social que necesita cualquier democracia.  Allí estuvo el despiadado ataque a Grecia para dejar claro quién manda aquí y en beneficio de quién jugaban las instituciones europeas. Hoy vemos a líderes comunitarios pedir disculpas por lo que allí se hizo, pero el daño será difícil de superar en términos de confianza y legitimidad democrática. Lo contaba muy bien Helena Resano hace unos meses aquí en infoLibre.

Es en este contexto de crisis de eficacia, y por lo tanto de confianza y legitimidad en la política –tanto en los Estados miembros como en las instituciones europeas–, donde se están produciendo desafíos de notable magnitud. La revolución tecnológica, la crisis demográfica, la gestión del fenómeno migratorio y el enorme reto que supone el cambio climático coinciden en un momento en que buena parte de la población se siente desprotegida, vulnerable y temerosa. El auge de los nacionalpopulismos de extrema derecha es un síntoma de todo lo anterior y nos recuerda que lo que está en juego en la gestión de estos retos es la propia democracia.

Sabemos que todos estos fenómenos son imparables, que no van a desaparecer aunque escondamos la cabeza bajo la tierra, y que o se gestionan con criterios de equidad y justicia social, o se llevarán por delante cualquier idea de eso que hoy llamamos democracias avanzadas. Lo explica muy bien Joaquín Estefanía en El País en relación al cambio climático, del que dice que “...es una cuestión directamente política, la principal amenaza que se cierne sobre las democracias y sobre el ideal de tener sociedades más justas y libres”, y afirmaciones semejantes se podrían hacer del resto de los desafíos pendientes.

La pregunta fundamental que debemos hacernos el próximo domingo cuando cojamos la papeleta para elegir a nuestros representantes en el Parlamento Europeo es ¿cómo puede abordar la Unión Europea una transición múltiple y de enorme ambición como esta sin morir en el intento?

Paradójicamente, en el abordaje de esos desafíos Europa puede reconciliarse con los valores que la vieron nacer y volver a hacer de la solidaridad, la justicia y la cohesión social el paradigma desde el cual gestionar la transición ecológica, el fenómeno migratorio, la crisis demográfica y ofrecer un relato que transmita seguridad a la parte de la población más vulnerable que se siente especialmente temerosa ante una revolución tecnológica percibida como amenaza.

Para que esto sea posible, los nacionalpopulismos de extrema derecha no deben distraernos. Es probable que obtengan una notable representación en el conjunto de países europeos y que contaminen, como están haciendo ya, buena parte del debate público, pero su capacidad de penetración en el discurso público dependerá de la solidez del trabajo de los que apostamos por más y mejor democracia. El primer paso, acudir a votar el próximo domingo para reconstruir una Europa capaz de reconciliarse con sus valores y afrontar los retos que tiene ante sí.
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4 Comentarios
  • Makarenko Makarenko 21/05/19 10:45

    La izquierda tiene por delante el reto de denunciar los Tratados europeos cuyo contenido permite era deriva escorada a proteger los intereses de la minoría rica en detrimento de esa " Europa de la solidaridad, la justicia y la cohesión social", Pues la derecha que defiende esos intereses espúreos preferirá en cualquier caso la deriva autoritaria antes que ceder derechos a la mayoría, pues el discurso y programa de derecha populista no toca un ápice sus intereses; antes al contrario los defiende con más ahínco, sólo que como siempre busca un chivo expiatorio para desviar la atención, antes fueron los judíos ahora son los migrantes o los musulmanes.

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  • GRINGO GRINGO 20/05/19 15:10

    Lo que urge es, recuperar y quizás recomponer el concepto de la UNIÓN EUROPEA.

    Ha pasado poco tiempo desde el punto de vista de los países, aunque para los ciudadanos, que son los principales afectados, la desigualdad ha crecido a pasos agigantados, creando un caldo de cultivo que está socavando los cimientos de ésa unión creada en teoría "para mejorar todos"...

    Sólo han mejorado unos pocos, y se ha dado prioridad a salvar los pilares económicos, asestando un golpe mortal a la credibilidad de ése mismo sistema, donde sus políticos se pasan el día repitiendo que "trabajan para mejorar la vida de todos".

    La unión ha sido, de los fuertes en contra de los más débiles, y ahí no les han temblado el pulso, algo que no ha pasado con situaciones tan graves o más que han afectado a grandes grupos industriales, como por ejemplo a VW, o las entidades financieras que han robado utilizando el engaño y el abuso sistemático, y se niegan a devolver el "Botín".

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  • itnas itnas 20/05/19 11:20

    Como artículo que propaga, con el objetivo de 'tocar a arrebato', la idea de que otra Europa es posible me parece bien prof. Monge. No obstante, el uso de lugares comunes - en el sentido de uso excesivo - de ciertas afirmaciones llama la atención pues, a mi me parece, se dicen cual axioma; por ejemplo, 'el auge de los nacionalpopulismos de extrema derecha es un síntoma de que la población europea se siente desprotegida, vulnerable y temerosa (y también a causa de la revolución tecnologica, crisis demográfica, migración y cambio climático)' . A decir verdad, esta correlación (supongo que lineal) parece a veces la típica afirmación que se extiende y nadie sabe en qué estudio se basa. Al menos, yo no he visto dicho análisis, y me gustaría mucho pues, tengo la impresión, de que es lo mismo que decir que la población es estúpida, es decir, ¿dónde está el hecho histórico de que dichos nacionalpopulismos de extrema derecha han resulto en alguna ocasión tales deficiencias? Antes al contrario, creo poder asegurar que la gente lo que tiene es la experiencia personal o histórica contraria (en España sabemos algo, ¿verdad?). ¿La gente se refugia en ideologías que sabe solucionan todo salvo todo? Si así fuera, lo siento, ante tal deficiencia educativa, merecen esos gobiernos de ultraderecha para, con el tiempo, aprender empíricamente que estaban en un error gordísimo. 

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  • paco arbillaga paco arbillaga 20/05/19 08:34


    Estoy de acuerdo con lo que se plantea en este artículo: «la mejor defensa de España es su reconstrucción». Bueno, ¿de Europa? Diría que se parecen mucho los problemas que tenemos aquí (territorios, justicia social, control del poder político), con los europeos.

    Quizá si en vez de hablar tanto de Europa, países, patrias, hablásemos más de las personas, de quienes habitan los territorios, de quienes individual y colectivamente tenemos problemas para vivir, pudiera ser que entonces prestásemos más atención a quienes nos hablan de montar grandes sociedades aunque casi no sean capaces ni de organizar el país donde viven.

    Una pregunta a los gurús de derechas: si como proclamáis a cada momento aquí no hay que votar a los enemigos de España, como decís son los independentistas, los amigos de los etarras, de Maduro, los inconstitucionalistas, ¿cuáles son los equivalentes enemigos de Europa? Osasuna.

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