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Desde la casa roja

Los héroes, la ficción y 'Juego de tronos'

Publicada el 22/05/2019 a las 06:00 Actualizada el 21/05/2019 a las 18:21
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(Lean sin miedo, aquí no hay spoilers).

En la madrugada del lunes se emitió el episodio final de una de las series más vistas por este, nuestro intenso y alegre mundo occidental. Y hay decepción generalizada. Cómo no. Hay hasta un change.org para cambiar el final (es tan ridículo que no me he fijado en a quién va dirigido, pero sí que tiene más de un millón de firmas). También hay quienes han vivido al margen de este último fenómeno audiovisual. Y quienes hemos caído en su canción de hielo y fuego. Bien también. Yo no he sido una fan entregada, me dormí una temporada entera que coincidió con la gestación de mi propio dragón, ignoro y confundo los apellidos de todas las estirpes periféricas y me encanta comentar en voz alta los momentos de clímax para disgusto de mis compañeros de sofá: ¿es o no es un folletín de fantasía?

Lo que pasa es que esperábamos cosas, esperábamos que Juego de tronos, la serie estrella del poderoso canal estadounidense HBO, una obra de monarquías y dragones, de caballeros y zombies, de mujeres desnudas y cabezas decapitadas que ruedan por escenarios medievales, nos viniera además a contar cosas de la familia, del sexo, de la política, de feminismo, de secretos de Estado y, si apuramos, de la independencia de Cataluña convertida en Winterfell. Algo así como una lección universal mainstream. Tampoco es que exageremos, hasta Felipe VI recibió un intencionado pack de temporadas de manos de Pablo Iglesias.

Yo misma me pregunté en cierto momento por qué dedicaba parte de mi escaso tiempo a ver una serie en la que, de pronto, una mujer desnuda emergió del fuego con tres crías de dragón sobre los hombros (una tiene la memoria literaria que tiene) y traté de encontrar una metáfora. ¿Y saben cuando las metáforas están cogidas con pinzas pero uno se aferra a ellas?

Lo bueno de la ficción, de la fantasía, es que no es la vida, aunque aluda todo el tiempo a ella. No tiene que serlo. Sus mecanismos no son los nuestros y deben rendirle respuestas únicamente a su propia unidad creativa. La esencia de la ficción es que alguien la levanta desde la nada. Crea mundos con sus estaciones: que pueden ser cuatro o puede ser un eterno verano. En una ficción, el invierno tarda en llegar lo que al autor le parezca oportuno hasta que consigue que te recorra un escalofrío previo a la nevada. Y ese espasmo contiene toda la verdad. Y esa verdad no es fácil de conseguir.

En una ficción, basta que el autor diga que ha nacido un personaje para que este empiece a caminar por el mundo. Con una voz, con unos ojos, con una forma de besar, de cabalgar y leer un libro. La muerte llega lenta o a cuchilladas. Limpia o sangrienta. Y lo mejor, si al creador le parece, la muerte se revierte. Es el fascinante ejercicio de una imaginación bien entrenada. Por eso, no esperamos que la ficción nos diga lo que debemos pensar. No tiene que indicarnos la moraleja. Una ficción no tiene que estar a otra altura que a la de sí misma. Si acaso permitimos que nos siente a reflexionar en medio de nuestro propio caos. Pero ni siquiera eso es necesario. Queremos disfrutar lo que dura el libro. Lo que dura la imagen. Lo que tarda en apagarse la música. Esto no es, claro, un alegato por la frivolidad de las narraciones. Pero sí es un agradecimiento al entretenimiento. A la fantasía. A todas aquellas historias que, durante un rato, nos alejan de nuestra vida, a veces, cruda, y a veces, solo vida.

Lo que nos deja Juego de tronos no es ninguna enseñanza que debamos aprender o que no sepamos ya. Lo digo otra vez: ¿de verdad no sería raro que una superproducción americana de señores feudales en un mundo imaginario fuera el esperado relato feminista del siglo XXI como tantos indicaban? Pero parece que cada espectador y espectadora que se ha sentado delante de la pantalla, cada lector y cada lectora han atendido al famoso test de psicodiagnóstico de Roscharch y reciben diferentes lecturas de un programa diseñado para mantenernos pegados a sus ocho años de dinastías enloquecidas y muertes injustificadas.

Mi test frente a su argumento es perverso, me ha confirmado cosas falsas que a veces se instalan en mi intuición, por ejemplo: que después de un ciclo bueno, vendrá uno malo y que, a veces, viene otro peor. Que tras la muerte de los valores, se instala el caos. Que siempre ondea, lo primero, una bandera. Y que todos los héroes tienen caducidad, mujeres y hombres. Y me deja con esta pregunta: ¿es posible salvarse del veneno que irremediablemente inocula el poder? Es una pregunta antigua como las ficciones. Y nueva como la última edición de nuestro periódico.
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7 Comentarios
  • RFripp RFripp 22/05/19 14:40

    Leí " Muerte de La Luz " alrededor de 1985 y después " Los viajes de Tuf " y luego los maravillosos relatos y novelas cortas de Martin. Este rollo macabeo en torno a la obra de Martin y su " Canción de hielo y fuego ", me parece la parida universal. Políticos, periodistas y todo diós tratando de buscarle no se que............mentecatos y colgados exigiendo que se ruede de nuevo. Esto es la creación de un escritor y unos creadores de una obra de ficción y fantasía, nada mas, y nada menos. Lo demás, paridas.
    Por cierto, Aroa, me gustó su articulo. 

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  • Coronel Dax Coronel Dax 22/05/19 09:32

    Le felicito, Aroa, por su magnífico artículo. Tengo poco tiempo para contestar, lo que es una pena, porque me gustaría realizar un comentario largo y bien escrito.

    Al igual que Subechico (no se cambie tanto de nombre, Platanito, que nos marea) soy de los que he quedado “al margen del fenómeno audiovisual”, como usted dice. No del todo, pues me vi un capítulo, así, al azar, para saber de qué iba, conocer la estética, la acción, el estilo. Creo que no lo acabé, posiblemente porque, al no ser el primero, no entendía gran cosa. Es evidente que hay genio en esas superproducciones. Donde hay dinero se puede comprar talento. Aun y así creo que las series siempre degeneran. Me refiero a esas series que van “improvisando” nuevos capítulos; otra cosa son las películas largas que se ofrecen por episodios, de las que, los que tenemos una edad, recordamos bellos ejemplos, como “Los Gozos y las Sombras” o “Yo, Claudio”.

    Nos dice que “la ficción no es la vida”. Tiene usted razón, siempre que oponga “vida” a sueños, anhelos y fantasías. Pero también se puede pensar que la vida, nuestra vida, es la “realidad” de fuera, la objetiva, pero también la interior, la que incluye nuestros sueños, no necesariamente los que se tienen cuando se está dormido. Y ahí la ficción es vida y, la mayoría de las veces resulta más intensa que la aburrida y vulgar “vida real”.

    Un saludo.

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    • baja chico baja chico 22/05/19 10:09

      Estimado coronel, voy a intentar explicarle mis cambios de avatar. Se debe a que de tiempo en tiempo me inundan las publicidades que infolibre impone a los no socios.
      recurro al peoncillo negro de nuestras identidades y veo que sigue apareciendo, en el fichero de mis datos, el primero que fue "vianero" que elegí por el nombre de mi pueblo de adopción. Algún tiempo despés, por liarme con la vuelta a la normal sin anuncios, emplee el del pueblo donde nací "quintanaro". En alguna de las trifulcas que tuve con algún comentarista pesado, y para terminar con un hilillo de humor, elegí "platanito", como aquel boxeador curioso que caricaturizaba el humorista Leblanc, si la memoria no me trahiciona. De nuevo asediado por los anuncios recurrí a ciertas letras de mi rúbrica y salió "bajachico". Y por último ante el último asedio, y que pido a manitú que sea el último si el maquetista de nuestro digital me escucha y remedia, en vez de bajar, elegí subir al guindo, o a la encina del huerto de mi abuelo donde tanto disfruté de niño, imaginándome piloto de jet o aguila imperial desde su cima, salió "subechico" con el que espero jubilarme de InfoLibre. Perdón por no haber sabido resumir más el periplo de mis peleas con los misterios de la web.


      Estoy contigo en que se compran talento y añadiría "para llevar el agua a sus molinos".
      Y también estoy totalmente de acuerdo con tu párrafo final: La ficción es vida más intensa.
      Feliz día para "mi coronel" y para los demás "tecleros" matinales.

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      • subeChico subeChico 22/05/19 16:52

        ¡Aquí debe haber brujas!
        Mi comentario respuesta a Coronel Dax de las 10.08 aparece con mi anterior avatar que era bajachico y un árbol. Voy a denunciarlo al controlador para que me explique esta tomadura de pelo o que busque el duendecillo bromista.

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  • luzin luzin 22/05/19 09:11

    ¿Es posible salvarse del veneno que irremediablemente inocula el poder? esa pregunta no es ninguna ficción, es pura y dura realidad histórica. Y lo que expone el final de la serie Juego de tronos es precisamente eso, el poder absoluto corrompe absolutamente, aunque sea bajo la mejor de las intenciones, algo que la Historia ya ha corroborado. Pensar que el poder tiene sexo y si es femenino es mejor es absolutamente falso. A mi me ha gustado, me ha gustado ver como triunfa el gobierno de los chorizos, de los que pretenden reconstruir antes los prostíbulos que la flota marítima, que el gobierno de los iluminados, de los que no nos van a dar opciones, nos van a construir la "sociedad perfecta", aunque antes nos "desinfecten" con el fuego purificador ... realmente una buena y correcta lectura política, como toda la serie, que pone de manifiesto los entresijos y los juegos del poder ...

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    • Anselm Llorenç Anselm Llorenç 22/05/19 12:30

      Es posible, a condición de que los demás te controlen. Lo cual no es lo corriente.

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  • subeChico subeChico 22/05/19 07:00

    Me tragué en un tiempo récord los casi 60 cap de Castillo de naipes (House of cards) sobre las intrigas y navajeos en el camino hacia la presidencia US.
    Mis vísceras han rechazado empezar a devorar 8 temporadas de Juego de tronos. He preferido quedarme con las intrigas de la mitología griega. Ni el ver a mi admirado PI ofrecer el paquetón de DVD s al monarca preparao hace algún tiempo me movió de mi decisión inicial. Estas nuevas mitológicas, historias interminables, guerras galácticas, tierras medias y extremas, gnomos y bestias corrupias me ponen menos que un ensayo de Ferlosio, una trilogía de Almudena Grandes o unos campos de Castilla de don Antonio, y apurando hasta un Ordesa de Vilas o Las Alicias de Carroll.
    Escuché en una Tuerca debatir al gurú Iván Redondo, entrevistado por Iglesias, sobre esos juegos de estrategia política que parecen ofrecen en segunda lectura estas series que nos llegan desde el imperio. Y me los imagino intencionados. ¿Cuándo nos empezarán a llegar del otro extremo del mundo, desde Bolybood, o desde el imperio del Medio, temáticas similares? Me las imagino más digeribles.

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