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Escuchar a las urnas

Publicada el 16/12/2019 a las 06:00
Ese miedo que agobia a las clases medias occidentales, aterradas ante la posibilidad de perder los derechos que conquistaron a partir de la II Guerra Mundial —en España, tres décadas después—, favorece el desarrollo de opciones simplistas, autoritarias, descaradamente demagógicas y absolutamente identitarias. Los nacionalismos cotizan al alza frente a un globalismo que muchos perciben como una amenaza. Johnson ha vencido en las elecciones británicas agitando la bandera de un Brexit excluyente. Pero no en Escocia, donde precisamente otra onda patriótica de signo contrario le ha plantado cara con enorme éxito. Mientras, en España, la investidura de un nuevo gobierno se juega en el mismo tablero de las emociones territoriales. Conviene interpretar bien las señales, a menudo equívocas y cambiantes en el tiempo, para conocer eso que ahora se llama el "estado de ánimo" (que no de opinión) de una sociedad.

Igualdad, sostenibilidad, calidad democrática o cualquier otro objetivo vinculado al bienestar de la sociedad palidecen ante la potencia del reclamo identitario. El círculo vicioso de los constantes ciclos de acción-reacción generados por la polarización nacionalista ha sido percibido como una ventaja electoral a medio plazo por parte de la derecha españolista de un lado, y del independentismo catalán del otro. El PP de Rajoy vio una oportunidad en la renovación del Estatuto de Cataluña, que procuró anular, y luego en el desafío de Artur Mas, quien a su vez aumentó su propia apuesta soberanista para salvar a una Convergencia necesitada de reinventarse y evitar la hegemonía de Esquerra. Abierta la partida y tras sucesivas y cada vez más arriesgadas manos, el resultado es dispar. El nacionalismo puede ser un buen, o mal, negocio cuando de ir a las urnas se trata.

Al PP aquella pretensión de perder terreno en Cataluña a cambio de barrer en el resto de España atizando la hoguera del centralismo le ha provocado enormes sobresaltos: ha visto cómo perdía el control de su espacio ideológico y cómo Ciudadanos primero y Vox después se le subían a las barbas. Simultáneamente, el independentismo catalán ha ganado terreno gracias a una polarización sin fin, en la que JxCat, Esquerra y la CUP rivalizan entre sí y se impiden mutuamente cualquier concesión al diálogo.

Ahora entran en liza otros argumentarios nacionalistas igualmente destinados a rentabilizar electoralmente los sentimientos identitarios. Barones del PSOE como el manchego García Page o el aragonés Lambán acuden a los micrófonos para tronar contra sus compañeros catalanes, exhibirse como españolistas radicales e intentar boicotear o poner aún más caro el ya difícil entendimiento entre su secretario general, Pedro Sánchez, y Esquerra.

Se supone que los citados barones creen que su clientela territorial ha de afianzarse y crecer impulsada por la catalanofobia. No les importa causar daños quizás irreparables a las siglas que les amparan ni hacerles el juego a las derechas. Quizás tampoco son conscientes de que apuntándose al fácil recurso de la polarización no evitarán que un número significativo de catalanes siga respaldando a los partidos y organizaciones independentistas, pero a cambio quizás estén echando leña a la hoguera de la extrema derecha.

Obvian estas reacciones la lectura de los resultados de las diferentes convocatorias electorales que se han celebrado este año. Tanto en clave catalana como española, los electores han premiado a aquellas opciones que, desde las posiciones ideológicas propias, eran más tendentes al acuerdo. Lo estamos viendo si acudimos al histórico en la relación de resultados entre CiU/JxCat y ERC en clave catalana, o al castigo que las urnas infligieron el 10 de noviembre a las formaciones que, pudiendo haber formado un gobierno, no lo hicieron. Es cierto que el análisis de cada formación no se explica únicamente por estas circunstancia y es necesario acudir a otros factores, pero este no es baladí en un momento en el que vuelve a ser necesario el concurso de distintas fuerzas para formar gobierno y una apuesta inequívoca por la búsqueda de caminos que puedan conducir al acuerdo.

Las urnas acostumbran a decirnos mucho más que los números que de ellas manan la noche electoral. En unos días, cuando el estudio post-electoral del CIS vea la luz, seguirán hablándonos de forma mucho más clara. Si se mantuviera el entusiasmo por interpretar los resultados electorales más allá de las 24 horas siguientes a la apertura de las urnas, se conocería más y mejor la sociedad en la que se vive.
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6 Comentarios
  • Azalea Azalea 17/12/19 10:52

    Me ha parecido un análisis muy certero y desde luego cuando tu propia gente te pone la zancadilla lo único que se consigue es darle alas a tus rivales , que se envuelvan más y mejor en la bandera del patriotismo, pero cada vez menos democrática , obviando la brecha social...
    Gracias por tu articulo Cristina Monge .saludos cordiales!!

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  • Silk Road Silk Road 16/12/19 11:01

    En las actuales negociaciones para la formación de gobierno hay más escenificación que negociación. PSOE y ERC están de acuerdo en lo básico desde el principio, de lo contrario no se habrían puesto a negociar ni Sánchez habría ido a entrevistarse con el rey. Todo lo que están haciendo ahora es la puesta en escena de un acuerdo que ya está tomado. Puesta en escena que tiene como fin hacer digerible el acuerdo para comensales de estómago delicado. Lo digo porque lo de Page y Lambán, así como lo de Revilla, podría ser parte de la puesta en escena, aunque ellos mismos no lo sepan. Una escenificación grandilocuente de las presiones que está sufriendo Sánchez para no hacer concesiones a ERC. En la otra parte sucede lo mismo: Torra es tanto la mosca cojonera como el tonto útil de Rufián.

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  • Maestro Galiano Maestro Galiano 16/12/19 09:27

    Buen artículo, pero falto de algo más, como la consideración que la lucha antiglobalización sea la causa que justifique la vuelta de los nacionalismos, pero el independentismo no tiene nada que ver con la globalización, sino que tiene imbricada su justificación en cuestiones identitarias y racistas, que son una traición al grupo previamente consolidado. Precisamente el "botiflerismo" tiene mucho más que ver con la separación que con la falta de integración a una causa común que es perversa en sí mismo que causar ruptura con el grupo del que históricamente se ha formado parte. En su subconsciente se refleja la crisis de instintos asesinos que tuvo lugar en los Balcanes en pleno siglo XX. aunque el Sr. Torra haya preferido la línea eslovena, que es la que causó menos muertos. Absolutamente demencial y despreciable e impropio de democracias occidentales del S XXI, que tienen aún los instintos freudianos a flor de piel y vergonzoso que en este proceso participen los partidos de izquierda como ERC y la CUP. La locura colectiva ha hecho mella y los incitadores, Sr Mas y PP que han jugado a sus intereses persdonales con fuego y a los rectivos Cs y VOX que han echado fuego sobre la gasolina acumulada. Los españoles estamos muy preocupados por esta atmósfera irracional y explosiva.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 16/12/19 10:51


      Maestro Galiano: «Los españoles estamos muy preocupados por esta atmósfera irracional y explosiva.» No sé si seré español pero a mí lo que más me preocupa es que avanzado el siglo XXI, teniendo la mejor tecnología que ha tenido la humanidad, haya personas en este país que por su falta de trabajo, por su falta de ingresos, por tener un trabajo precario, no puedan vivir con dignidad o planificar un futuro estable para sus vidas.

      Junto a lo anterior me indigna el juego que se traen algunos políticos que parece les interesan más «sus cosas» o las de sus partidos que solucionar los problemas para los que se les ha elegido. Osasuna2 salu2.

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  • luzin luzin 16/12/19 08:16

    Cuando uno tiene problemas de "identidad" lo que debe hacer es ir al psiquiatra ... pero resulta que cuando el problema de "identidad"es considerado político entonces estamos a punto de convertir el espacio público en un gran psiquiátrico ... esto es precisamente lo que está ocurriendo ... estamos en un psiquiatrico donde los principales psiquiatras (los políticos) están peor que los propios enfermos (ciudadanos) ... pero los enfermeros (periodistas y pseudo-intelectuales) aspiran a pontificar diágnósticos pensando en su posible ascenso partidista, generalmente sus diagnósticos no tienen fundamento ni siquiera un mínimo de conocimiento de la enfermedad ... mientras que los camilleros (la izquierda ecologista-feminista-confederalista-federalista con principio de ordinalidad de los pueblos auténticos y las ocho naciones de los ocho segundos) sueñan con pasar a ser psiquiatras curando el mal de "identidad" ...

    Por lo visto uno de los síntomas es la "catalanofobia", una especie de odio hacia lo "catalán" que se manifiesta con el lanzamiento de butifarras a las cabezas de los gigantes y cabezudos, con lanzamiento de piedras a los castellers para tumbarlos y que el pequeñín se rompa la crisma, una especie de urticaria lacerante al oír el acento catalán, un estreñimiento crónico ante una mirada al caganer de la Rosalía ...
    Otro síntoma es el "españolismo de derechas recentralizador" que pone los bellos de punta con sólo escuchar un par de notas del himno nacional que tiende a elevar el brazo derecho de los pacientes. Un odio profundo a las comunidades autónomas u 8 naciones que no son centralistas porque como se llaman autonomistas no pueden ser centralistas dado que estamos descentralizados centralizadamente ... así quién no se vuelve loco ...
    Todos los pacientes de este conflicto de "IDENTIDAD" padecen una especie de pensamiento mágico que les permite interpretar en cada momento, según la hora de día o la estación del año, la voluntad del pueblo expresada en las urnas ... una expresión que no es elección, dado que no se elige nada, pero que los psiquiatras suelen plasmar en medicamentos a porrillo para los desnortados pacientes.

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    • luzin luzin 16/12/19 08:29

      Unos psiquiatras nos recomiendan la pluri-identidad-confederada-descentralizada-desespañolizada, otros la uni-identidad-españolizada, otros afirman la uni-identidad de los pueblos auténticos con hecho diferencial, otros como el genial Asens nos recomiendan cualquiera menos la murciana que no existe y es pura imaginación ...
      Por mi parte he decidido hacerme de la República de Ikea, que encima es de Suecia y por tanto superior. En mi República, en invierno me levanto romano, dado que soy de un pueblo sin identidad fundado hace más 2000 años pero no soy histórico, ni me reivindico ya que no me hace falta, lo veo cada día que me levanto. En mi República, en primavera me levanto extremeño ya que me gustan mucho las cerezas y el Valle del Jerte, la Sierra de Gata, las Hurdes, ... joder, hasta Badajoz y mira que siempre nos hemos odiado los de Mérida y Badajoz ... En mi República, en verano me levanto europeo, que tocan vacaciones y viajes al norte para evitar esa mierda de clima que tengo con los 45 grados ... y en otoño me levanto esquimal,que es lo que siempre he sentido como mi identidad auténtica ...

      Ah ... y que no se me olvide, en mi República no hay tren ... pero en serio ....

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