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Desde la tramoya

Encuentre la mentira: tres juegos de palabras

Publicada el 10/01/2020 a las 06:00

Algunos dicen que estamos en tiempos de posverdad. La Real Academia Española, emulando a la versión inglesa de Oxford, incluyó el término en 2017 en el diccionario de nuestra lengua: “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Yo creía que decir que algo es blanco cuando es negro, inventarse una cifra o afirmar que hiciste algo que no hiciste era sencillamente “mentir”, un verbo que existe desde siempre y en todo lugar. Pero hemos tenido que inventar un neologismo para describir lo que no es verdad ni es mentira sino que anda en la frontera entre ambas. Esa necesidad obedece con seguridad a la proliferación, gracias a Internet, de mensajes rápidos, cortos y muy virales, que simplifican torticeramente y con eficacia inusitada hasta nuestros días, realidades mucho más complejas.

 

Porque la “distorsión de una realidad” o la pretensión de influir en la gente son tan antiguas como la humanidad. Desde que el ser humano lo es, quienes detentan la autoridad y el poder siempre “manipulan creencias y emociones para influir en la opinión pública”. Manipula emociones y creencias el sacerdote, como lo hace la presidenta de la República, el alcalde, la rectora o el jefe scout. Por supuesto, manipulo yo emociones y creencias cuando escribo esto o cuando hablo en la televisión. Y lo hacen quienes me dan este o cualquier otro espacio público. Manipulan, manipulamos, porque seleccionamos los espacios, los temas, las palabras y los argumentos. También cuando ante el público decidimos dónde vamos, con quién nos abrazamos, a qué manifestación asistimos o las banderas que ponemos en el tiro de cámara.

 

Yo sé que mentiría si dijera que nací en Cuenca en 1980, porque nací en Madrid en 1969. Y esa es una realidad que no admite distorsión. Pero la política no trabaja solo con la verdad, sino también con lo verosímil, con lo que admite interpretación, lo que no está nítidamente definido, sino que permite distorsiones de uno u otro lado. Si uno quiere realidades inapelables que no admiten distorsión puede dedicarse a las ciencias duras – la física, las matemáticas, la química, o incluso, aspiracionalmente aún, la antropología, la sociología o la historia. O puede dedicarse a la prédica, la catequesis y la expansión de dogmas, que no tienen nada de científicos, pero que son “verdades reveladas” para quien quiera creerlas. En la práctica –para los creyentes católicos– es incuestionable que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, que Jesús nació de una virgen, o que el papa es el vicario de Cristo en la Tierra.

 

Pues bien, para todo lo demás está la política. Es cierto que hoy más rápida y maliciosamente que nunca, se difunden afirmaciones rotundamente falsas. Y por eso nos hemos inventado el concepto “posverdad”. Pero la inmensa mayoría de nuestros debates, de nuestros enfrentamientos y nuestras decisiones políticas no tienen su origen en la tensión entre “la verdad” y “la mentira”, sino en la interpretación que cada parte hace de una misma realidad, para configurar su propia realidad, tan válida como es la realidad alternativa para la otra parte. Para que la lectora o el lector observe la sutilidad de ese trabajo de construcción de realidades alternativas, propongo tres juegos de palabras que se refieren a hechos políticos de este mismo momento que vivimos:

 

Trate el lector de encontrar una sola mentira –nítida, evidente, inapelable, incuestionable– en las afirmaciones que yo hago en las próximas tres situaciones imaginarias:

 

Primer juego de palabras. Busque el lector o la lectora dónde se dice aquí alguna mentira contundente:

 

Jordi dice que existe un conflicto político entre España y Cataluña. Que el Estado español utiliza la Policía y los jueces para la represión de quienes defienden el derecho de los catalanes a decidir su futuro libremente. Por eso pide la libertad de los presos políticos, obedeciendo además las decisiones de la Justicia europea, que ha determinado, por ejemplo, que Junqueras es un eurodiputado electo. Jordi da la bienvenida a la intención de diálogo franco, sin censuras previas, en el marco jurídico actual, entre los gobiernos legítimos de España y Cataluña.

 

Inés dice que los políticos independentistas catalanes están presos o huidos porque la Justicia española a la que están sometidos los ha imputado y juzgado con todas las garantías procesales. Y que han sido condenados por vulnerar gravemente las leyes, cuando trataron de subvertir el orden constitucional y destruir España promoviendo la escisión de una de sus partes. Y que el presidente Sánchez ha cedido a la pretensión de diálogo bilateral ante sus representantes para permitir su investidura. De los socios del PSOE, alguno de los cuales ha llegado a decir que la gobernabilidad de España le importa un comino, depende ahora, precisamente, la gobernabilidad de España.

 

Segundo juego de palabras. Tratemos de contradecir con puros hechos cualquiera de las afirmaciones:

 

Pablo dice que si un candidato a presidente dice que, como el 95 por ciento de los españoles, no podría dormir tranquilo con Podemos en el Gobierno, y luego pone a Podemos en el Gobierno, entonces ese candidato, hoy presidente del Gobierno, está en fraude electoral y que por tanto es un presidente inmoral. Santiago cree que, desde ese punto de vista, es un presidente también ilegítimo, aunque sea legal.

 

Adriana dice que Sánchez se refirió a ministerios estratégicos como Hacienda, Energía o Pensiones, y que cumple con su palabra dejando esos ámbitos fuera de las manos de Podemos. Y, por supuesto, que el Gobierno actual es un gobierno perfectamente legítimo, el primer Gobierno progresista de coalición desde la restauración de la Democracia.

 

Y tercer juego de palabras. Encontremos alguna mentira que lo sea sin ambages:

 

Rocío dice que el nuevo Gobierno social-comunista se propone subir los impuestos; perpetuar la desigualdad de hombres y mujeres ante la violencia intrafamiliar; proteger a los extranjeros que entran ilegalmente en nuestro país; seguir limitando la soberanía de España ante la burocracia de Bruselas; e imponer su modelo de sociedad progre.

 

Rafael aplaude que con el nuevo Gobierno progresista el uno por ciento que más ingresos tiene pague más impuestos para favorecer políticas de igualdad; que las mujeres sigan siendo protegidas contra la violencia machista; que España siga siendo solidaria con quienes huyen de la violencia y el hambre en sus países, y respetuosa de los derechos humanos; que sigamos reforzando nuestros lazos con la Unión Europea; y que no se acepte la imposición del modelo reaccionario de la Derecha.

 

No, no es sólo ni prioritariamente combatiendo las mentiras como progresaremos como sociedad. La mentira es mentira y hay que pelear contra ella venga de donde venga. Pero el trabajo más relevante de la comunicación política consiste en entender que para la mayoría de los hechos, para cada una de las “realidades” que nos encontramos en la vida pública, hay interpretaciones verosímiles –y también veraces– que alteran de hecho la percepción de esos mismos hechos, de esas supuestas “realidades”. A esto lo llamamos “enmarcado” o framing. Y es comprendiendo su fuerza como los progresistas (o si no nuestros adversarios), ganaremos la batalla por los fundamentos en los que creemos: el papel del Estado en la protección de la libertad, la igualdad y la justicia social. No es emperrándonos en explicar que el otro miente –excepto cuando lo haga, claro – como lograremos el favor del público, sino seduciendo con una interpretación de la realidad que además de ser veraz y verosímil, resulte atractiva para nuestros compatriotas.

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19 Comentarios
  • Jonaca Jonaca 11/01/20 10:19

    Es evidente quién miente, Sr. Arroyo, lo sufrimos diariamente. Lo hacen además insultando la inteligencia de un niño. No se trata de que expliquen sus argumentos contrarios, mienten porque conociendo la verdad argumentan lo contrario con un fín. Ahora bien su artículo invita a la reflexión y no solo nos lleva a la alegoría del Mito de la Caverna, sino que nos recuerda a Hermann Hesse: "lo contrario a toda verdad también es verdadero(...)"
    La verdad siempre es unilateral.

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  • GRINGO GRINGO 10/01/20 18:27

    Sólo los "mentirosos, trafulleros, gentuza, lameculos, pelotas, traidores, cobardes, y demás epítetos despectivos", son los que utilizan y contribuyen a popularizar éste tipo de vocablos, para no hablar claro y decir las cosas a la cara......

    Deberían sobrar en nuestro lenguaje, junto a anglicismos que se usan con el mismo fin.

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 10/01/20 18:22

    Las opiniones no son mentiras, son errores de opiniòn.Lo único que acreditan ls opinionoes que no son conformes con la realidad es lo que ya acreditado el informePISA. En España ya practicamente gtod el mundo es alfabeto, es decir, sabe leer y escribir en lo que ello tiene de mecánica, pero no tiene comprensión lectora. Eso le ocurre incluso a los Magistrados más eximios. El asunto es ¿qué hacemos con ellos? Me refiero a los funcionarios del Estado que no entienden lo que leen pero también a los diputados y senadores que, porque no entienden lo que leen ¿vale de algo su voto a la hora de aprobar leyes o de oponerse a alguna propuesta? ¿No sería conveniente hacer un minimo examen de comprension lectora en vez de que anden jurando delante de crucifijos, billias o coranes cuando está demostrado que el espíritu santo ni les da el don de lenguas ni el de entender la suya propia?

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 10/01/20 18:22

    Las opiniones no son mentiras, son errores de opiniòn.Lo único que acreditan ls opinionoes que no son conformes con la realidad es lo que ya acreditado el informePISA. En España ya practicamente gtod el mundo es alfabeto, es decir, sabe leer y escribir en lo que ello tiene de mecánica, pero no tiene comprensión lectora. Eso le ocurre incluso a los Magistrados más eximios. El asunto es ¿qué hacemos con ellos? Me refiero a los funcionarios del Estado que no entienden lo que leen pero también a los diputados y senadores que, porque no entienden lo que leen ¿vale de algo su voto a la hora de aprobar leyes o de oponerse a alguna propuesta? ¿No sería conveniente hacer un minimo examen de comprension lectora en vez de que anden jurando delante de crucifijos, billias o coranes cuando está demostrado que el espíritu santo ni les da el don de lenguas ni el de entender la suya propia?

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 10/01/20 18:22

    Las opiniones no son mentiras, son errores de opiniòn.Lo único que acreditan ls opinionoes que no son conformes con la realidad es lo que ya acreditado el informePISA. En España ya practicamente gtod el mundo es alfabeto, es decir, sabe leer y escribir en lo que ello tiene de mecánica, pero no tiene comprensión lectora. Eso le ocurre incluso a los Magistrados más eximios. El asunto es ¿qué hacemos con ellos? Me refiero a los funcionarios del Estado que no entienden lo que leen pero también a los diputados y senadores que, porque no entienden lo que leen ¿vale de algo su voto a la hora de aprobar leyes o de oponerse a alguna propuesta? ¿No sería conveniente hacer un minimo examen de comprension lectora en vez de que anden jurando delante de crucifijos, billias o coranes cuando está demostrado que el espíritu santo ni les da el don de lenguas ni el de entender la suya propia?

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  • leondebarro leondebarro 10/01/20 17:33

    Otilio, has escrito tu "posverad". ¿Te has dado cuenta?

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  • Otilio Otilio 10/01/20 15:06

    Estimado señor Arroyo:
    Estando de acuerdo con algunos de sus planteamientos aquí, si me atrevería a aconsejarle que se aplique la máxima que tan sabiamente predica al contenido y la forma de sus propios artículos: información veraz y opinión atractiva. Me temo que muchas veces retuerce vd. sus argumentos para favorecer al partido al que sirve.

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 10/01/20 12:23

    Pues en esta ocasión señor Arroyo, le atribuyo una muy buena parte de razón aunque no lo hago habitualmente. No miramos el "marco" de la realidad porque tenemos las anteojeras puestas para enfocar sólo en nuestra dirección. Pocos amigos míos que comparten mi forma de organizar la sociedad entienden que tenga amigos en la parte contraria de la calle política. O que lea o escuche o vea (sólo de vez en cuando porque todo tiene un límite) a "periodistas" de derechas. Por eso creo que la primera gran labor de la gente de izquierdas es quitarnos la anteojeras que nos enfocan sólo a lo nuestro y permitirnos reconocer lo bueno que hace gente con otro pensamiento. A mí por ejemplo me encantó la intervención de Aitor Esteban, político de derechas, cristianote y vasco no español según su propia confesión, afeando a la derecha española su comportamiento incivilizado. El reproche hizo mella en Casado y Abascal porque les venía de alguien que saben que comparte su ideología (al menos formalmente). De Arrimadas no digo nada porque parecía estar en el salón de maquillaje en vez de en el Congreso. Así que lo que hay que hacer es fijar el campo de discusión porque al hacerlo has ganado la mitad del debate. Hay que hablar de nuestro terreno, no responder al suyo. Y muchas veces callar porque somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras. Mientras Podemos ha callado le ha ido bien. Cuando ha hablado de los ministros antes que el presidente, han abierto un campo de discusión que la derecha se ha apresurado a usar. Y se ha refocilado cuando la respuesta ha sido la creación de la cuarta vicepresidencia. Si jugamos en su campo perderemos siempre. Traigamos la discusión al nuestro, abramos el debate y si no sabemos, dejemos a quien sepa. No responder a lo que digan sino decir para que nos respondan. Y usemos el famoso "manzanas traigo" cuando la derecha abra un campo que no es el nuestro, porque estará minado y el árbitro comprado. Y cambiemos de una puñetera vez la justicia para que sea de verdad un árbitro neutral y no una herramienta en manos de quien detenta (que no ostenta) el auténtico poder: el capital cerril, absurdo, meapilas y fascista de este país.

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  • Grever Grever 10/01/20 12:18

    La ley mordaza sigue vigente y es una amenaza real para la libertad de expresión, el derecho de reunión pacífica y el derecho a la información. Derogarla no supone gasto económico solo VOLUNTAD POLITICA

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  • Atea Atea 10/01/20 09:48

    Menuda chorrada sr. Arroyo. Por supuesto que hay un montón de mentiras en esas afirmaciones que además se quedan a medias. Parece que defiende usted que todos tienen su parte de razón con esos resúmenes de primaria. Es mentira que la gobernabilidad solo depende de ERC, también de PNV, de Compromís, de Teruel etc. Mentira que se fuese a destruir España por una consulta, mentira que se quiera perpetuar la desigualdad de hombres y mujeres y mentira es que haya que usar un lenguaje determinado para dar verosimilitud a una idea. No hacen faltan florituras ni retorcer el discurso, a no ser que nos tomen por idiotas al electorado, demostrar con datos ciertos es lo único que desmonta la mentira.

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