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Publicada el 29/01/2020 a las 06:00 Actualizada el 28/01/2020 a las 20:21
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“Las leyes nunca mejorarían si no hubiera personas valientes con altura moral y sentido de la justicia superiores a los del Derecho en vigor”.
Reflexión camusiana del helenista Pedro Olalla en un texto publicado por Ctxt el 27 diciembre de 2019

 

Al nacionalismo ultraderechista español y sus muchos altavoces propagandísticos les fastidia que de Cataluña lleguen buenas noticias, noticias que apunten a una posible solución dialogada y pacífica del conflicto. Están instalados en un espíritu cenizo que magnifica cualquier nubarrón y ningunea cualquier rayo de sol. Es normal, claro. Si de algo se nutre el nacionalismo –tanto el centralista de los territorios con Estado como el periférico de los territorios sin Estado– es del conflicto. Le sirve para cultivar la visceralidad, para apelar a las más bajas pasiones de la tribu.

Los que no somos nacionalistas (ni catalanes ni españoles en el caso que nos ocupa) no tenemos, en cambio, el menor problema en recibir con moderada esperanza las declaraciones o los gestos de buena voluntad de las partes. Por ejemplo, las palabras que este martes pronunció el preso Oriol Junqueras en el Parlament de Cataluña: “Me muero de ganas de hablar con todo el mundo”. Resulta prometedor que un líder independista catalán tan notorio tenga tantas ganas de hablar.

Pero el sentimiento de Junqueras no es compartido ni por el resto del nacionalismo catalán (JxCat y CUP) ni por la totalidad del nacionalismo español (Vox, PP y Ciudadanos). Unos y otros aspiran a prolongar y exacerbar un conflicto que es su razón de ser. En el caso del nacionalismo español, el deseo de seguir con la bronca se ve reforzado por el hecho de verse ganador. En todos y cada uno de los frentes.

La ultraderecha de Abascal, Casado y Arrimadas se opondrá a todo aquello que pueda desinflamar el conflicto catalán. Y será jaleada por esa caterva de editorialistas, columnistas, tertulianos y reinonas de las mañanas audiovisuales que ocupan en la España actual el papel del No-Do franquista. La ultraderecha sueña con que el conflicto catalán culmine con el cese de la autonomía de esa comunidad, el desfile de las tropas de la bandera rojigualda por Las Ramblas y la suspensión en toda España de muchos derechos y libertades. Todo ello, por supuesto, de modo legal, que no estamos en 1936 ni en el 23F. Con el aval de sus correligionarios del Constitucional, el Supremo, el Senado o cualquier otra Autoridad Competente.

Eppur si muove… Desde su predisposición a facilitar un Gobierno progresista en España hasta su negativa a montar una escandalera por la inhabilitación de Torra, Junqueras, Gabriel Rufian y Esquerra Republicana llevan meses enviando señales de renuncia a la vía unilateral para conseguir la independencia catalana. Una renuncia, por supuesto, temporal, provisional, condicional, replanteable. Esperar lo contrario es de imbéciles. ¿Por qué iban a renunciar de un plumazo a sus ideales?

Esta evolución de ERC conforta a la gente de Unidas Podemos, que lleva tres o cuatro años defendiendo la tercera vía, la del diálogo y la negociación, y que por ello ha recibido, y recibe, hostias a mansalva, y quizá también a gran parte del PSC. Pero el conjunto del PSOE aún no ha construido un relato que cuente a esa mayoría de españoles que no desea más líos que también en este asunto se abre un período nuevo y de posibilidades sugerentes. Un relato optimista a la americana, como lo harían Roosevelt, Kennedy y Obama.

Me irritan esos políticos y periodistas de centroizquierda eternamente achantados por el griterío ultra. Los que aceptan la agenda, el temario, el formato, el lenguaje y lo que sea menester de los amos del casino político y mediático nacional, sin darse cuenta de que ese mero hecho ya les pone a la defensiva y les convierte en perdedores. Son los que ahora no saben dónde esconderse para no tener que apoyar una reforma de los artículos del Código Penal relativos a la sedición y la rebelión.

Creo que no había ninguna necesidad de poner este asunto sobre la mesa del modo y en el momento en que lo hizo Pedro Sánchez, pero de sus notorias torpezas de comunicación ya hablaremos otro día. Lo cierto es que, una vez traído a colación, nadie, excepto los portavoces gubernamentales de oficio, ha salido en el campo socialista a proclamar alto y claro que la sedición y la rebelión tienen redacciones y castigos anacrónicos en el Código Penal. Y que también en otros muchos asuntos este Código está lleno de despropósitos autoritarios, así que sería bueno ponerlo al día.

Fue significativo que el único socialista que salió a comentar la jugada lo hizo por la derecha. “Con el Código Penal no se mercadea”, dijo García-Page, aspirante a sustituir a Susana Díaz en el corazón del Abc y El Mundo. Pues bien, le admito la observación al señor García-Page. No se mercadea con el Código Penal, en efecto; pero, si se es socialista, tampoco se compadrea con la ultraderecha, ni se contribuye a la construcción de su argumentario golpista.

Es muy probable que Sánchez se haya planteado una posible reforma del Código Penal no tanto por convicción moral y política, sino porque puede favorecer sus negociaciones con Esquerra Republicana. Y dicen que esta reforma podría acortar las condenas de Junqueras y los demás presos del procés. ¡Pues miel sobre hojuelas! Junqueras y compañía no deberían pasar mucho más tiempo entre rejas. Me parece triste que en la España actual haya que explicar lo que debería resultar obvio para cualquiera con unos mínimos de sensibilidad democrática y decencia moral. Los del procés no protagonizaron ninguna rebelión violenta, no se alzaron en armas, no secuestraron, hirieron o mataron a nadie. Los del procés intentaron aplicar sus ideas políticas de un modo tan abusivo como torpe. Abusivo porque en Cataluña no tenían a su favor la amplísima mayoría política y social necesaria para algo tan grande como es la independencia. Y torpe porque no tuvieron en cuenta que la correlación de fuerzas nacional e internacional les resultaba terriblemente desfavorable.

Probablemente cometieron algunos delitos: desobediencia, desacato, malversación… Cuestión de un período de inhabilitación y, si me apuran, de una condena a cárcel razonable. Uno, dos, tres años. No más. Pero ni el juez instructor Llarena ni el Tribunal Supremo son modelos universales de probidad e independencia. A los del procés no les aplicaron justicia, sino venganza. No es de extrañar que en Europa rechacen sus actuaciones porque apestan a autoritarismo revanchista.

Pedro Sánchez, el PSOE, Unidas Podemos y el conjunto del Gobierno progresista deben defender sus buenas causas sociales, fiscales y territoriales, las que van por el camino de la libertad, la igualdad y la fraternidad, porque son buenas y sin el menor complejo. Este Gobierno no necesita recibir un certificado de buena conducta de la ultraderecha, la patronal y el episcopado, no necesita que le den palmaditas en la cabeza como a un chucho manso, bueno y obediente. Su legitimidad es superior a la de cualquiera de las otras instituciones del Estado: procede de los millones de ciudadanos españoles que votaron a los partidos que los apoyan.

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47 Comentarios
  • BARET BARET 01/02/20 10:37

    A Javier Valenzuela le suelo leer con gusto. Siempre aporta reflexiones que me hacen creer en la comunicación inteligente y libre. En este artículo, no se desvía lo más mínimo de su veraz costumbre informativa. Con este su análisis de la realidad política establece el mapa de responsabilidades y auténticas dignidades patrióticas. Seguramente queda, en nuestros políticos de centro izquierda, un miedo residual al tardo franquismo redivivo. El griterío de la extrema derecha y de la derecha extrema semejan los vivas de los vencedores que nunca enmiendan sus delitos. Pero de todo ello, lo más claudicante es el "convencimiento" de cierto sector del electorado que vive con satisfacción e hipocresía tanta mentira sectaria. Existen demasiados cómplices con esta política de venganza y odio al discrepante.

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  • CarlosP58 CarlosP58 01/02/20 00:24

    Muchas gracias Javier por la claridad, la valentía y por poner muchas cosas en su sitio.
    Me quedo, y hay mucho y bueno, con :"Me irritan esos políticos y periodistas de centroizquierda eternamente achantados por el griterío ultra. Los que aceptan la agenda, el temario, el formato, el lenguaje y lo que sea menester de los amos del casino político y mediático nacional, sin darse cuenta de que ese mero hecho ya les pone a la defensiva y les convierte en perdedores. Son los que ahora no saben dónde esconderse para no tener que apoyar una reforma de los artículos del Código Penal relativos a la sedición y la rebelión"
    Y eso lo vemos oímos y leemos todos los días, tanto da medios públicos, privados o cloacas. Y son muchos, buen financiados, manipulando y sin parar.
    Por eso es muy importante la valentía de lo dicho en el contexto que vivimos. Recular hacia el NoDo, vías Ppcorrupto - Cs-Vox, o atrevernos a encarar el presente y el futuro con los errores de la T78 y los horrores del nacionalcatolicismo franquista que pudre el ambiente.
    Saludos y Periodismo Libre.

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  • Lola Mc Lola Mc 31/01/20 20:06

    Muy bueno, valiente y clarito. Con tanta información y con tanto ruido, he decidido informarme leyendo a unos pocos periodistas, Javier Valenzuela es uno de ellos. Su columna semanal, nunca me defrauda.

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  • Grandota Grandota 31/01/20 06:56

    Muchas gracias por el artículo, muy bueno

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  • TCP TCP 30/01/20 23:59

    Felicitar al autor por su claridad y valentía.

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  • Argaru Argaru 30/01/20 23:35

    Schopenhauer decía que la religión es como la luciérnaga, necesita de la oscuridad para brillar. El nacionalismo, sea de cualquier signo, no es una religión aunque pudiera parecerlo. Sus fieles responden con fe ciega cualquier consigna procedente de sus sumos sacerdotes. Si se llega a establecer una confrontación entre nacionalismos de signo contrario el conflicto se plantea como una guerra cruenta, una guerra que tiene prohibido hacer prisioneros. No interesa el diálogo, interesa imponer el criterio propio por la razón de la fuerza y no por la fuerza de la razón. Es la oscuridad total, donde “los santones” se retroalimentan a base de dar bocados en la mismísima yugular del contrario. Con estos personajes la solución del problema es totalmente imposible.

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  • cromwell cromwell 30/01/20 23:11

    ¡EXCELENTE SR. VALENZUELA!

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  • GRINGO GRINGO 30/01/20 19:45

    Se confirma todavía más que, "escribir mucho, mucho, mucho.........no es garantía de escribir bien,.........ni de haber leído.....".

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    • Arkiloco Arkiloco 30/01/20 22:00

      Lo había entendido, Toto, pero puedes probar con otra fórmula para manifestar tu enorme creatividad y capacidades con los puntos suspensivos. Los huecos son de un realismo arrebatador y puedes producir más, muchos más. Así se hace historia: "El había puesto tres puntos suspensivos a la historia... Ella borró dos".

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  • GRINGO GRINGO 30/01/20 09:40

    Se confirma que, "leer mucho y escribir mucho, mucho.....", no garantiza haber entendido algo.

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    • Arkiloco Arkiloco 30/01/20 13:38

      Así es,Toto, y bien que lo sabes tú que no necesitas leer mucho pero sí escribir sin cesar, mucho y todos los dias. Oh, oh, oh, Señor de los Anillos, de las Moscas y las Mareas, Pífano de la Verdad, Maraca del Ruido y funcionario del Ministerio del Entendimiento Garantizado que almuerza bocadillo de sardinillas en aceite de girasol. Sí, Toto, sí, tuyo es el Reino, el tampón y la tinta de lo auténtico y garantizado. Sín más....eres el puto amo del entertainment. Me chiflas.

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  • Arkiloco Arkiloco 30/01/20 01:05

    El interés y la motivación por comentar en infoLibre que, en mi caso, parecen agotados, se han reavivado ligeramente al leer hoy a Valenzuela. Cierto discurso de izquierda, cuyo reconocimiento e identidad se ha basado principalmente en la crítica gruesa al PSOE y en nombrarse guardián de esencias, principios e intransigencias respecto a la subordinación de la política a la ética, está hoy en mutación y adquiriendo nuevos hábitos críticos. La defensa del gobierno pero, sobre todo, de la coalición y la participación en el mismo de UP, condiciona, limita y dirige. No es difícil y sí muy comprensible participar en la defensa de un gobierno de izquierdas, frágil y que tiene muchos y poderosos adversarios. Y también, participar de la esperanza y la comprensión de que, en general, contiene más y mejores propuestas para abordar unos cuantos problemas y reformas necesarias.
    Lo que ya no me parece tan normal ni necesario es elaborar un pensamiento de trinchera y asedio y empaquetar cualquier matización, crítica o análisis que no sea la defensa incondicional y apología del gobierno de coalición y sus medidas y actos, como pensamiento y acción ultraderechista o franquista, compadreo con el mismo o colaboracionismo con el “argumentario golpista”. Ni necesario ni útil y más bien contraproducente, es seguir caricaturizando a la ultraderecha, magnificarla y convertir cualquier crítica, discrepancia o reticencia en frente ultraderechista y nacionalismo español.

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    • Damas Damas 30/01/20 11:24

      ¡Vaya! algo positivo que encuentro en un artículo de Valenzuela en este digital: consigue que Arkiloco vuelva a comentar. Me alegra seguir contando con tus estimables aportaciones, Arkiloco, las echaba de menos. Saludos.

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      • Arkiloco Arkiloco 30/01/20 13:39

        Gracias amiga. Un abrazo.

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    • Arkiloco Arkiloco 30/01/20 01:06

      “Relato optimista a la americana” sobre un “periodo nuevo que se abre de posibilidades sugerentes” respecto a Cataluña o sentirse perdedores y achantados por el griterío ultra no es la disyuntiva ni se debería plantear así. Es un periodo nuevo pero tan limitado como ayer y sus sugerentes posibilidades parecen depender de la agitación de la palabra “diálogo” y la magia que se le atribuye a su invocación y no de límites que están muy definidos y que, ahora mismo, no son traspasables. Se sigue pensando en el “diálogo” como un fin cuyo resultado tiene que ofrecer alguna solución más que como un planteamiento que ambas partes necesitan para darse tiempo y espacio. En la exploración y peligros que contiene para ambos mientras se ensayan medidas y simulacros que ayuden a la desinflamación y asimilación de parte del independentismo de que el viaje iniciado en el procés no lleva ni a la independencia ni al reconocimiento del derecho de autodeterminación.
      Más allá de este uso defensivo y de obtención de tiempo y espacio, quienes hablan de diálogo como sinónimo casi de solución o establecen como antagónicos, política y judicialización, deberían desarrollar, ya que nunca lo hacen, el “qué” del diálogo y por qué o desde cuándo, de hablar de todo y con todo el mundo, tiene que surgir o contener no ya una o alguna “solución” sino “la solución”. Discutir sobre esto se ha convertido en un imposible. Lleno de inconcreción o rellenado con inconcreciones que parecen sugerir algo, como “ser imaginativos”, lograr el “encaje de Cataluña en España” o “negociar con cesiones por ambas partes”, el “dialogo” carece de sustancia y valoración crítica y todo su sentido parece que empieza y acaba en la pronunciación. Y en las enigmáticas y omnipotententes posibilidades que se le atribuyen o adhieren de forma personalizada y cargada de deseos al hablar. Efectos produce o puede producir pero no sabemos cuales.

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      • Arkiloco Arkiloco 30/01/20 01:07

        Lo que no ayuda a la crítica del nacionalismo español y menos a los aspectos más problemáticos de todo nacionalismo, es blanquear, justificar o relativizar las ideas, acciones, propósitos y consecuencias de lo que el nacionalismo catalán inició con el procés. La crítica, eso sí “a posteriori”, de lo que solo serían “errores estratégicos”, “excesos”, “abusos” y “torpezas” pasa por alto muchas cosas y entre otras la grave responsabilidad y consecuencias de tanto “error, abuso, excesos y torpezas”. La crítica ponderada a determinadas calificaciones y actuaciones judiciales y expresar la opinión que se tenga sobre la dificultad o facilidad para juzgar de forma equilibrada hechos tan insólitos como los que acontecieron en Cataluña, debería poder hacerse sin tener que apelar a una justicia personalizada y filtrada por nuestra jerarquización de sensibilidades, deseos, intereses o conveniencias políticas. Sugiere Valenzuela que aquello fue nada más “pasarse un poco”. Ni rebelión, ni sedición, ni pasarse las leyes e instituciones de un estado democrático por el arco del triunfo, ni excluir de sus decisiones a la mitad de su población. Bastaría con “malversación, desacato o desobediencia”, una inhabilitación y quizás, si le apuran, un par de añitos de cárcel. Podemos ir haciendo nuestras escalas bien personales sobre delitos y las penas que les corresponden. El consenso está asegurado. Lo que se salga de ahí serán “venganzas” para el otro y bien calada que tienen a la Justicia española la “despolitizada” justicia belga o europea. Cualquier argumento, hasta los falsos o las medias verdades, sirven para la cruzada que solo puede ser contra la ultraderecha.

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        • Arkiloco Arkiloco 30/01/20 01:08

          Como problema de estas opiniones es que siguen sin satisfacer a los que piensan que no hubo delitos ni cabe ninguna pena. Revisar los delitos de sedición y rebelión será aconsejable y necesario. Como gesto quizás obligado pero difícilmente se puede separar del diálogo con ERC. No hay torpeza y sí clara elección del momento, cuando se piden gestos y al comienzo de la legislatura para que pese menos. Pero dialogue con eso y a ver cómo les convierten los doce años en dos. O como les convence a los que no ven delito alguno que, hombre, que dos añitos… igual sí merecen.

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