x

Nos gustaría enviarte notificaciones de las últimas noticias y novedades

PERMITIR
NO, GRACIAS
X

La buena información es más valiosa que nunca | Suscríbete a infoLibre por sólo 1 los primeros 15 días

Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
¡A la escucha!

Caprichosa vida

Publicada el 29/02/2020 a las 06:00

Hay momentos en los que me obligo a parar y a congelar la imagen. Guardarla como un tesoro en mi retina, en mi memoria, para tirar de ella más adelante. Recuerdos que tejen la vida con pequeños momentos, con una sonrisa, con una mirada, con un moflete. Intentando tirar de freno y lograr que la vida, que va demasiado deprisa en esta segunda etapa vital, baje de velocidad. Que no se me pasen los días y los años sin enterarme. Jugando a ser más rápida que ella y a ponerle paradas de stop y ceda el paso para que me dé tiempo a disfrutar de todo y de todos.

El otro día leía a una madre reflexionar sobre las diferentes maternidades que vivimos con nuestros hijos. Cuando nacen te sientes como un zombie. Apenas duermes, apenas comes, apenas descansas. La baja maternal es un mini respiro en una rutina que, ingenua de ti, crees que durará toda la vida. Y no. Como todo, pasa, y pasa más rápido de lo que quisieras. En ese momento eres incapaz de creértelo, pero es una etapa que echarás de menos mucho después. Sí, echarás de menos su olor, sus risas contagiosas, su lenguaje inventado, su forma de andar torpona porque los pañales no dan más de sí. Luego llega otra, en la que intentas ser algo más que su suministradora de comida y cuidados. Intentas que esa personita aprenda a relacionarse con los demás, aprenda a compartir, a respetar, a escuchar. Aprenda a que el mundo es mucho más que SU mundo. Y la vida, que es así, te enseña que quien sigue aprendiendo no son ellos, eres tú. Que has olvidado muchas cosas en tu camino y una frase, una pregunta inocente, “Mami, ¿por qué esa persona está en la calle sentada?”, te hace de nuevo levantar la mirada y descubrir que has puesto demasiados muros en tu camino, que has dejado de mirar como lo hacías antes, que necesitas de nuevo redescubrir dónde estás y qué pasa alrededor de ti.

Una etapa que, de nuevo, crees que durará eternamente, que ésa será la vida que te espera los próximos 20 años. Y no, pasa. Y vuelve a pasar demasiado rápido. Y de repente, cuando tú todavía estás saboreando el final de tu etapa universitaria, cuando todavía te sientes casi como una becaria aprendiendo tu profesión, creciendo profesionalmente, te das cuenta de que tu hija está a punto de empezarla. No sabes en qué momento has pasado tú de estar en esos pasillos de la facultad a que sea ella la que esté a punto de empezar una etapa maravillosa.

Leía hace unos días que los padres vivimos estos cambios casi como pequeños duelos. Que aprender a verlos y mirarlos como casi adultos es todo un proceso de despedida de esos niños que hace nada se colaban en tu cama por la noche y te agarraban de la mano porque tenían miedo. Afortunadamente para mí, todavía me queda un retazo de eso, todavía hay un pequeño que me pasa en altura, sí, pero que sigue colándose en nuestro cuarto cuando se siente intranquilo. Que duerme pegado a ti, y que por la mañana sigue teniendo unos mofletes estupendos de los que me puedo servir sin pedir permiso. Pero soy consciente de que me quedan minutos de esta etapa, de que tendré que empezar a despedirme de esa personita y que en nada se convertirá en otro hijo, con otra voz y, lo que más pena me da, con sus mofletes poblados de pelos.

Hay días en los que me permito parar y pensar en esto, sí. Porque al fin y al cabo, la vida es caprichosa, preciosa y tramposa, y te hace olvidar que el tiempo se escapa demasiado rápido.

Más contenidos sobre este tema
Relacionados




3 Comentarios
  • Jonaca Jonaca 29/02/20 09:27

    Así es Elena, pero luego se compensa todo, como si la caprichosa vida intentara equilibrar esos momentos fugaces que no pudimos prestar atención, cuando aparece la nieta o el nieto. Si siendo Mamá te planteas y replanteas todo ésto vas camino a ser una gran abuela. La revolución emocional empieza ahí, el amor tiene otro regalo para tí más allá del amor materno incondicional que has experimentado. Serás ese recuerdo imborrable del que nadie quiere desprenderse. Te convertirás en inmortal.
    Elena, no te apures por mediodías habiendo días enteros, decía mi abuela. Te aseguro que vendrán esos días cuando aparezca la nieta o el nieto.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    6

  • paco arbillaga paco arbillaga 29/02/20 07:47


    La vida es un viaje que sabemos qué final tiene, aunque ignoramos cuándo acabará. Hacer ese viaje disfrutando de las numerosas alegrías y sorpresas que nos depara me parece que es la mejor manera de vivirlo. En ese viaje vital, como en tantos otros, lo mejor de él es el «camino», saber elegir las «sendas» adecuadas, disfrutar de ellas, ¡y no tener ninguna prisa por llegar a la «meta» final! Osasuna.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    10

  • ROSA TARRAGONA ROSA TARRAGONA 28/02/20 23:42

    Hermoso y real como la vida misma. Gracias, tu artículo me ha hecho pararme y rebuscar algunas imágenes congeladas .

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    8

Lo más...
 
Opinión